Entrar
¿Usuario nuevo? Regístrate
losamantesdelaopera · los amantes de la opera - Todo sobre la
? ¿Ya estás suscrito? Entrar en Yahoo!

Consejos de Yahoo! Grupos

¿Sabías que...?
Puedes buscar mensajes antiguos en un grupo.

Mensajes

  Mensajes Ayuda
Avanzado
Sobre Sebastián Spreng   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #4869 de 6050 |
Exhibit Review

Wagner's "Ring" infuses artist's landscapes

By Lucia Enriquez

Special to The Seattle Times


Picture a green field glowing slightly yellow where its edge meets the sky,
touched by a vertical shaft of light from above. The canvas shimmers with a
lush surface, in the restrained yet emanative manner of Sebastian Spreng's
landscapes. Spare, nearly abstract and punctuated by iconic, minimal forms,
these landscapes depict not so much places as states of mind.

In his exhibit at Friesen Gallery, Spreng's mind is on Wagner's four-opera
cycle, "Der Ring des Nibelungen." Long known for both his landscapes and his
writing about classical music and opera, contemporary Argentinean artist Spreng
has previously devoted art exhibits to musical pieces. A stage designer in his
early years, he is sensitive to repetition, rhythm and groupings of motifs to
particular effect. The paintings in this show are conceived and hung as such: a
set of canvases is keyed to a contrasting color harmony; a motif such as a tree
or a ring will repeat with variation across a series.

Spreng uses elements that have been staples of his earlier landscape work, such
as his signature trees, as stand-ins for characters. The islands are landmarks
for the journeys of Siegfried and Wotan.

For "The Ring," Spreng incorporates new motifs as well, and these point out a
limitation of pairing landscape themes with epic sagas. In a few canvases where
Spreng equates characters with landscape objects, the objects diminish their
intended epic themes. Valhalla, home of the gods, is a dark ship. Fafner and
Fasolt, the giants who built Valhalla, loom like tornadoes over a forest.
Freia, goddess of love and charged with taking care of apples that keep the
gods young, is represented by an apple tree. While the imagery is clear, these
depictions lack the emotional power of pieces Spreng treats more purely - as
statements about color, or as abstractions that give a place added mystery.

Humans don't have much of an imprint in Spreng's landscapes. For an opera that
is about transaction between humans and gods, marked by roiling rounds of fate,
betrayal, love and deceit, the minimized human presence is disorienting.
Siegfried and Wotan appear in two canvases not as heroes but as slivers,
smaller in proportion than humans in a Chinese landscape. They are not in
harmony with nature and heaven - they face it with overwhelming odds against
their very existence.

Nature, not human fate, is the pervasive power in these paintings. And while the
overall feeling in these landscapes is expectation and foreboding, they also
offer hope. In "The Ash Tree," the mythical tree of the world stands alone,
white against an off-white landscape, but its branches reach out like tendrils
hanging on to life. And in "Siegfried," the chasm hanging over the figure
recoils, as if even it can't stand the sight of the dragon hiding within its
caverns.





Ring Landscapes

ADRIANA HERRERA T.

El Nuevo Herald


La serie Ring Landscapes de Sebastián Spreng, que se exhibe en Friesen
Gallery en Seattle, todo el mes de agosto durante la temporada de ópera de esta
ciudad, representa el místico intento de pintar, en la cumbre de su madurez
artística, la exaltación que transmite la obra musical Der Ring des Nibelungen,
para cuya representación completa se construyó el teatro Bayreuth.

Si el músico alemán le dedicó 26 años de su vida y la titánica voluntad
necesaria para crear "la obra total'' de la que fue compositor, dramaturgo,
guionista y escenógrafo; Spreng se consagró a recrearla con tanta humildad como
fervor durante seis intensos meses, aunque toda su vida llevó consigo el sueño
de pintarla.

Como los justos del poema de Borges, él "agradece que en la tierra haya
música''. De niño vio la felicidad en las lágrimas que corrían por el rostro de
su abuelo, inmóvil frente a la radio que transmitía una ópera, con la expresión
transfigurada, en presencia de ese lugar sin tiempo donde la belleza toca todos
los sentidos.

Spreng, que nació en Esperanza, de la provincia de Santa Fe, Argentina,
fue también escenógrafo de El aguila de dos cabezas de Jean Cocteau, cuando aun
no tenía 20 años, y llevaba dentro de sí las leyes de la perspectiva de tal modo
que diseñaba planos sin haber pisado una escuela de arquitectura. Así que como
Wagner, a quien debe la temprana experiencia del éxtasis, posee la visión del
arte total.

Pero al enfrentar el reto descomunal de pintar la música del poema
medieval que narra la gloria y la muerte del héroe Sigfrido, la senda del
conocimiento de lo divino y la redención por amor tras el hundimiento del cielo
de los dioses, Spreng no quiso hacer una puesta en escena y eludió la tentación
de ilustrarla.

Antes de trazar la primera imagen, guardó silencio y empezó casi de la
nada. Oyó "el acorde largo y misterioso con que comienza el oro del Rhin, ese
sonido sacro que prodigiosamente acaba de ser grabado en la constelación de
Orión'', y de esa nota, que quizás estuvo al comienzo de todo lo existente,
partió para pintar una de las obras musicales más grandiosas, con los mismos
elementos simples con los que ha creado un lenguaje de conmovedora pureza,
capaz de hacer sentir, a quien contempla sus árboles o sus rocas en parajes
atemporales, toda la pulsación de las emociones humanas.

Como los jóvenes de los cuentos de hadas iniciáticos -los menores, los más
sencillos, pero también los que poseen el don secreto- se encaminó al
cumplimiento de su difícil tarea pensando en mantenerse fiel a ese lenguaje
inconfundible que ha tallado en soledad, sin otra escuela que la disciplinada
exploración de la sensibilidad y de la singular habilidad que ya en los
terribles años de su adolescencia le permitía pintar pueblos blancos y
arquitecturas imaginarias que encandecían la imaginación.

Con una dedicación rayana en el delirio, forzando su cuerpo hasta el
límite de sus posibilidades físicas, se consagró a pintar durante 180 días y
noches, 44 cuadros que persiguen el resplandor de ese oro de los dioses del que
Sigfrido se apoderó en las regiones del Rhin. Contemplar los pasajes heroicos
que Spreng recrea, no con el ojo externo, sino con la conmoción interior que
provocan, obliga a remontarse al antiguo tratado anónimo Del sublime, que
intenta apresar ese "no se qué'' que hace al arte capaz de producir lo
inefable.

En sus cuadros no sólo habita la música que produjo la épica del mundo
germánico, sino la fuerza de los mitos y símbolos que estructuran las
civilizaciones y labran el inconsciente de los hombres y la misteriosa
sicología de sus vínculos. Su obra escapa a escuelas. Puede hilarse por igual
con las atmósferas de De Chirico, el sueño de Magritte o el halo de Rotkho;
pero alcanza el contacto con lo más íntimo de sí mismo que es, a un tiempo,
común a todos los seres humanos.

En El cantar de los nibelungos, el divino Wotán debe perder su ojo para
tener el conocimiento, pero al ser incapaz de renunciar a los dos ojos -de
cegarse por completo a lo aparente- no puede tener la visión interna completa.
Spreng pinta en volcánicos marismas el ojo de Wotán recordando la frase de
Wagner: "Creo que todo es ilusión''.

Como el legendario alemán, sabe que la verdad reside en las profundidades,
pero también que no se desciende a éstas sin levedad. Por eso emprendió su
odisea artística como quien se dispone al juego. "El arte es un juego, pero es
el juego más serio'', dice. Pintó ese volumen de obras con una inspiración
febril que no le permitía detenerse, e ignorando las limitaciones físicas que
le impone su distrofia muscular, alcanzó esa dimensión que acerca el arte a la
ofrenda y abarcó en su obra una escala de sensaciones que va desde la
exaltación ante la grandiosa marcha de las Walkirias, hasta los gestos de humor
que vuelven humanos a los dioses.

En ese punto en que el arte se convierte en sacrificio, en sacro-oficio,
conecta al ser humano con lo sagrado. Quizá por ello, uno de los cuadros cuya
creación desató un grado más alto de emoción fue Siegfried Out to de World,
donde pintó al héroe saliendo al mundo, dispuesto a entregar toda su voluntad a
un destino que lo supera.

En esta exposición que recorre la senda del misterio, el espectador no se
enfrenta simplemente a una serie cohesionada por un tema, sino a un modo de
articular la estructura wagneriana en la organización de conjuntos pictóricos,
a una obra que funciona como un todo de prodigiosa estructura.

Si Wagner recomendó dar preferencia a las notas pequeñas respecto de las
grandes, y prohibió aplaudir al final de cada acto, para preservar "una
sencillez solemne y digna'' y el efecto de lo sublime; Spreng ha condensado la
belleza y el misterio de la obra wagneriana en esta serie que desarrolló en
subconjuntos de pequeñas dimensiones. Algunos tienen un solo elemento. Son los
cuadros que condensan en una imagen los ejes axiales del mito, como el que
sirve de umbral a todos los Paisajes del Anillo.

Gates to the Ring es un homenaje a Caspar David Friedrich, el único pintor
romántico que dibujó un arco iris emergiendo de las profundidades de la noche.
Con esta imagen Spreng cruza el umbral e inicia el viaje artístico hacia las
profundidades. Otras pinturas individuales son World Ash Tree, el portentoso
árbol del conocimiento del mundo, cuya naturaleza es de fuego; Brühnhilde's
Rock, que captura los mundos infraterrenales, la tierra y el cielo y condensa
en el sueño de la amada la descomunal acción que se desatará; Winterstürme, el
umbral donde el destino de dioses y hombres está a punto de fundirse; Sigmund
and Sieglinde, con su reflejo de un sol invisible en el horizonte que ilumina
el curso del río en cuyas orillas están los espíritus de los gemelos amantes,
padres de Sigfrido; The Rhine, la representación del río mítico, un anillo rojo
que serpentea entre el valle pintado de negro de donde emergerá el tiempo de los
hombres; y Twilight of the Gods, la magnífica representación del ocaso de los
dioses entre una bruma venida de otras orillas.

Los conjuntos de trípticos son episódicos: Siegfried's Rhine Journey, los
cuadros dorados de la travesía del héroe; o la serie de The Rope, que
representa las figuras femeninas que tienden, hilan o cortan los destinos
humanos. En consonancia con la estructura de la ópera de Wagner, compuesta como
una tetralogía, Spreng pintó otros conjuntos de cuatro cuadros que evocan
secuencias temporales y simbólicas como Ring Eclipses, y la conmovedora serie
Prelude to the Twilight of the Gods, que contiene en composiciones de enorme
sencillez, la perfección de un orden cósmico.

Basta contemplar la diminuta figura de Sigfrido entre las altas rocas que
sirven de intersticio a la inmensidad, o la silueta del árbol solitario en un
cielo azul eléctrico atravesado por una franja de oscuridad que anuncia el
preludio del fin, para sentir el sobrecogimiento ante la obra de este pintor y
crítico musical que encontró en Wagner las notas de su propia alma.Rebasado por
su grandeza, le rindió homenaje con la humildad de ofrendar la médula de su
propio lenguaje para condensar en él la indecible belleza de esa música,
proveniente del mismo mundo de dioses que Wagner oyó dentro de sí. Eso le basta
para expresar la ansiedad de los amantes que huyen bajo la luna y no saben aun
que son hermanos, o la solemnidad de la espada de luz que oficia en un cielo
rojo la muerte de Sigfrido, sin dejar de lado la risa que permite nombrar lo
más tráfico, con un gesto de humor en Bye, bye Wallhalla.

En las 14 pequeños cuadros que conforman la sub-serie Ring Racconto, se
advierte la prodigiosa capacidad de Spreng de crear obras de amplísimas
modulaciones emocionales, a partir de composiciones sobrias, tensadas por la
contención. Su alfabeto de símbolos está hecho de unas cuantas formas mínimas:
árboles, cielos y aguas difusas, rocas y cimas. Temas simples, pero sujetos a
una luz que se mira como si nunca antes se hubiera contemplado; a colores que
despiertan la nostalgia de un lugar olvidado en el interior del ser humano al
que se quisiera volver. Spreng admite que pinta siempre el mismo cuadro. El
arte es lo que va quedando, como residuo en el alma de quienes se estremecen
contemplándolo. Queda más pintura en el trapo, en el filo de las cuchillas que
retiran los pigmentos de una técnica no transmitida por ningún maestro, que en
la obra de este artista que, como un aprendiz de lo sagrado, aspira a la
totalidad de un lenguaje que sintetiza en sus trazos puros, música, arte y
filosofía.

Si no fuera posible escribir más que dos líneas sobre esta exposición que
debe ser vista como una estructura total, bastaría decir que Ring Landscapes es
la consagración de Spreng. En esta obra él ha dado luz y vida a la definición
que Wagner daba a la forma artística ideal: "Aquella que puede ser enteramente
entendida sin reflexión, la que pasa directamente del corazón del artista''.



Lun, 5 de Sep, 2005 10:45 am

archivow@...
Enviar mensaje Enviar mensaje

Reenviar Mensaje #4869 de 6050 |
Desplegar mensajes Autor Ordenar por fecha

Exhibit Review Wagner's "Ring" infuses artist's landscapes By Lucia Enriquez Special to The Seattle Times Picture a green field glowing slightly yellow where...
archivow@...
Enviar mensaje
5 de Sep, 2005
10:45 am
Avanzado

Copyright © 2009 Yahoo! Todos los derechos reservados.
Política de Privacidad Actualizada - Condiciones del servicio - Directrices - Ayuda