LA PROLONGACION DE NUESTRO YO
Gracias al invento de la fotografía, podría decirse que que no morimos del todo. Gracias a ella nuestra imagen perdura en unos papeles o cartones, más o menos resistentes o en el disco duro resultado de la cámara digital, que con el paso del tiempo permiten reconstruir nuestra peripecia personal. Según las ocasiones, aparecemos en blanco y negro o en color, con cara de ángel o de delincuente común, aniñados o envejecidos. Alguien escribió que los mejores y más objetivos biógrafos son los álbumes de fotografía familiar.
Por lo demás, dichos álbumes, según sea nuestra edad cronológica, podrían calificarse de activos cementerios, puesto que la mayoría de las personas que figuran en ellos han desaparecido. Su ventaja consiste en que nos permiten reencontrar, tal y como fueron, a nuestros padres, a nuestros abuelos, a nuestros bisabuelos. Los ahora chicos pueden retroceder más aún y establecer toda suerte de paralelismos en torno a los caprichos y los saltos de la genética. Un amigo mío descubrió hace poco que con sólo dejarse crecer el bigote y la barba era la viva estampa de uno de sus antepasados maternos, muy famoso en la política liberal de antaño en nuestro país.
Ojalá hubieran existido la fotografía, el cine y video en la época de los patriarcas bíblicos, de los filósofos griegos, de los conquistadores romanos o en nuestro caso los Incas, Mayas o Aztecas. En la época de Buda, de Confucio, de Cristo, de Mahoma. De los compositores como Bach y Mozart, de los artistas como Miguel Angel o el Greco. Las esculturas y el pincel nos han legado el rostro o el cuerpo entero……Para seguir con la lectura de este tema visitar la siguiente dirección: http://argosdeibarra.blogspot.com/