Estimados;
Copio y pego, buena lectura
El 13 de octubre de 1968, en el Colegio de La Salle de Arucas, y concretamente en el aula que albergaba a los cuarenta y tantos alumnos de Bachillerato de 2º A, sucedió un hecho realmente pintoresco: uno de los alumnos, Miguel, natural de Bata, capital de la hasta entonces provincia española de Río Muni, avanzaba por el pasillo central, luciendo la mejor de sus sonrisas. Vestía todo de blanco, con camisa holgada y pantalón corto, completaba su vestimenta con una visera, gafas Ray Ban de montura dorada y cristales verdes, además de una pequeña cámara fotográfica. Tan pronto lo vimos, todos improvisamos un coro de risas y aplausos, mientras él, eufórico, levantaba las dos manos y con sus dedos hacía el símbolo de la victoria. El Hermano Emilio, nuestro tutor y profesor de geografía, reprimió prontamente el jolgorio, e interrogó al “moreno” ¿Qué pasa Miguel, a que viene
todo esto? A lo que un Miguel, todavía sonriente, contesta ¿Es que no lo sabe hermano? Desde ayer 12 de octubre, día de la Virgen del Pilar y de la Hispanidad soy extranjero.
Era cierto, ante las presiones internacionales y aconsejado por los tecnócratas del Régimen, el General Franco había cedido y, fue cuestión de meses la consecución de una independencia, que todos los naturales del lugar no deseaban en igual grado.
Un Manuel Fraga Iribarne, ataviado con traje y condecoraciones para la ocasión, tras los discursos protocolarios y en representación de “Su Excelencia el Generalísimo Francisco Franco Bahamonde, Jefe de los Tres Ejércitos, Jefe del Gobierno y del Estado, además de Caudillo Invicto”, liquidaba la Soberanía Española sobre las tierras de Río Muni, la Isla de Fernando Poo, y otras varias que desde distancias más o menos largas les hacían cohorte. Aquella misma que un hijo de Telde y Gran Canaria, Fernando de León y Castillo, había sabido consagrar, tras arduas negociaciones, en el célebre Tratado de Algeciras, del que este año celebramos su primer centenario. Razón ésta que le valió su entrada en el la nobleza ostentando el título de I Marqués del Muni.
La naciente República de Guinea Ecuatorial, tendría un régimen democrático, basando su política en elecciones libres que conformarían un parlamento. A la cabeza del Estado su Presidente y un Gobierno refrendado por la Cámara de Representantes. Su capital, que pronto cambiaría su nombre por Malabo, sería la risueña New Clarence, castellanizada tras un brevísimo tiempo en manos británicas como Santa Isabel. Las riquezas naturales del nuevo país, con una agricultura basada en la exportación de cacao, caña, maderas nobles, etc. Con un sector pesquero muy prometedor. Y con estudios geológicos muy avanzados que hacían augurar petróleo en abundancia y calidad. Era más que suficiente para sus, aproximadamente ciento cincuenta mil habitantes.
Los Padres Claretianos y los Hermanos de La Salle, se desvivían por la protección efectiva de la población autóctona, a la que habían apartado de algunos usos tribales, tales como la antropofagia. Hospitales, estaciones de radio y televisión, cines, centros de avituallamiento, aeropuertos, y las propias redes urbanas se entregaban en perfecto estado. La nueva Nación dispondría de moneda propia en paridad con su “tocaya” la peseta. Bandera e himno, ejército y constitución… nada podría haber hecho presagiar “el desastre”. Sólo mi amigo Miguel, nos lo dijo ese día. El flamante Presidente Macias era un ser despreciable, en él germinaba la espumera semilla del dictador… Una vez más, el pueblo llano no se equivocaba en sus temores. Pero algo más tarde llego “el libertador Obiang” sobrino del primero, y tras meses de jugar a caperucita roja, se trocaría en lobo feroz.
Hoy, muy a nuestro pesar, los titulares periodísticos que nos hablan de la República africana e hispana, no son para comunicarnos cosas tales como: El dinero recibido por el Gobierno de Obiang como impuestos petroleros, se invierten en su totalidad en infraestructuras o bien Guinea Ecuatorial el primer país de África donde queda erradicado el analfabetismo. Muy al contrario, las letras de los rotativos insulares, nacionales e internacionales, no pueden otra cosa que reseñar la triste realidad: Pucherazos en las elecciones, Cacicadas y represiones, Penas de muerte, Torturas, Desaparecidos, Enriquecimientos desmedidos e ilegítimos de Teodoro Obiang y sus secuaces…y así un tan largo etcétera como también va siendo, larga, muy larga; diría yo inexcusablemente larga la dictadura, coartando la vida cotidiana de unos hermanos con los que nos unen lazos indestructibles.
Los fang y los bubis, pues así se llaman los dos principales pueblos de la Guinea Ecuatorial, necesitan recobrar cuanto antes la libertad, y para ello debemos prestarles tanta ayuda como a cubanos o a saharauis. Se lo debemos, entre otras muchas cosas, porque gracias a su país encontraron trabajo muchos teldenses y canarios, pero también por ser los únicos que en el corazón del África Negra, siguen pensando y hablando en español, a pesar de la invasora y desleal política del Gobierno Francés, que diseñó un plan para borrar del mapa nuestra influencia lingüística y cultural. Una vez se equivocaron con nuestros hermanos ecuatoguineanos, defendieron la tradición idiomática como gato panza arriba; a sabiendas que en la diferencia, en este caso, estaba su fortaleza.
(*) Antonio María González Padrón es cronista oficial de la ciudad de Telde, director de la Casa-Museo León y Castillo y vicepresidente de ACAMFE (**).
(**) ACAMFE es la Asociación de Casas-Museos y Fundaciones de Escritores, actualmente pertenecen a ella unas 60 Instituciones Museísticas de España y México, estando a su vez asociados a la Asociación Francesa de Casas de Escritores.
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Si quiere expresar su opinión sobre este artículo puede remitir un correo a: opinion@...
Era cierto, ante las presiones internacionales y aconsejado por los tecnócratas del Régimen, el General Franco había cedido y, fue cuestión de meses la consecución de una independencia, que todos los naturales del lugar no deseaban en igual grado.
Un Manuel Fraga Iribarne, ataviado con traje y condecoraciones para la ocasión, tras los discursos protocolarios y en representación de “Su Excelencia el Generalísimo Francisco Franco Bahamonde, Jefe de los Tres Ejércitos, Jefe del Gobierno y del Estado, además de Caudillo Invicto”, liquidaba la Soberanía Española sobre las tierras de Río Muni, la Isla de Fernando Poo, y otras varias que desde distancias más o menos largas les hacían cohorte. Aquella misma que un hijo de Telde y Gran Canaria, Fernando de León y Castillo, había sabido consagrar, tras arduas negociaciones, en el célebre Tratado de Algeciras, del que este año celebramos su primer centenario. Razón ésta que le valió su entrada en el la nobleza ostentando el título de I Marqués del Muni.
La naciente República de Guinea Ecuatorial, tendría un régimen democrático, basando su política en elecciones libres que conformarían un parlamento. A la cabeza del Estado su Presidente y un Gobierno refrendado por la Cámara de Representantes. Su capital, que pronto cambiaría su nombre por Malabo, sería la risueña New Clarence, castellanizada tras un brevísimo tiempo en manos británicas como Santa Isabel. Las riquezas naturales del nuevo país, con una agricultura basada en la exportación de cacao, caña, maderas nobles, etc. Con un sector pesquero muy prometedor. Y con estudios geológicos muy avanzados que hacían augurar petróleo en abundancia y calidad. Era más que suficiente para sus, aproximadamente ciento cincuenta mil habitantes.
Los Padres Claretianos y los Hermanos de La Salle, se desvivían por la protección efectiva de la población autóctona, a la que habían apartado de algunos usos tribales, tales como la antropofagia. Hospitales, estaciones de radio y televisión, cines, centros de avituallamiento, aeropuertos, y las propias redes urbanas se entregaban en perfecto estado. La nueva Nación dispondría de moneda propia en paridad con su “tocaya” la peseta. Bandera e himno, ejército y constitución… nada podría haber hecho presagiar “el desastre”. Sólo mi amigo Miguel, nos lo dijo ese día. El flamante Presidente Macias era un ser despreciable, en él germinaba la espumera semilla del dictador… Una vez más, el pueblo llano no se equivocaba en sus temores. Pero algo más tarde llego “el libertador Obiang” sobrino del primero, y tras meses de jugar a caperucita roja, se trocaría en lobo feroz.
Hoy, muy a nuestro pesar, los titulares periodísticos que nos hablan de la República africana e hispana, no son para comunicarnos cosas tales como: El dinero recibido por el Gobierno de Obiang como impuestos petroleros, se invierten en su totalidad en infraestructuras o bien Guinea Ecuatorial el primer país de África donde queda erradicado el analfabetismo. Muy al contrario, las letras de los rotativos insulares, nacionales e internacionales, no pueden otra cosa que reseñar la triste realidad: Pucherazos en las elecciones, Cacicadas y represiones, Penas de muerte, Torturas, Desaparecidos, Enriquecimientos desmedidos e ilegítimos de Teodoro Obiang y sus secuaces…y así un tan largo etcétera como también va siendo, larga, muy larga; diría yo inexcusablemente larga la dictadura, coartando la vida cotidiana de unos hermanos con los que nos unen lazos indestructibles.
Los fang y los bubis, pues así se llaman los dos principales pueblos de la Guinea Ecuatorial, necesitan recobrar cuanto antes la libertad, y para ello debemos prestarles tanta ayuda como a cubanos o a saharauis. Se lo debemos, entre otras muchas cosas, porque gracias a su país encontraron trabajo muchos teldenses y canarios, pero también por ser los únicos que en el corazón del África Negra, siguen pensando y hablando en español, a pesar de la invasora y desleal política del Gobierno Francés, que diseñó un plan para borrar del mapa nuestra influencia lingüística y cultural. Una vez se equivocaron con nuestros hermanos ecuatoguineanos, defendieron la tradición idiomática como gato panza arriba; a sabiendas que en la diferencia, en este caso, estaba su fortaleza.
(*) Antonio María González Padrón es cronista oficial de la ciudad de Telde, director de la Casa-Museo León y Castillo y vicepresidente de ACAMFE (**).
(**) ACAMFE es la Asociación de Casas-Museos y Fundaciones de Escritores, actualmente pertenecen a ella unas 60 Instituciones Museísticas de España y México, estando a su vez asociados a la Asociación Francesa de Casas de Escritores.
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