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El músico maliense Ali Farka Touré
 
Por Jordi Tomàs, Doctor en Antropología Cultural por la Universidad de Barcelona y miembro de ARDA y LISA

Esa fue una de sus principales genialidades: no cayó en la tentación de terminar cantando sólo una música comercial, en lenguas que seguramente algunos de sus paisanos no comprenderían, sino que optó por seguir cantando en su lengua, o sus lenguas. No sólo eso. Las letras de las canciones de Ali Farka hablan de la paz, del amor y de la amistad, pero también sobre el Níger, sobre los espíritus del río, sobre la tierra, la lluvia y sobre Dios. Las letras de Ali Farka hablan a los africanos.

Murió el gran Ali Farka Touré. A la edad de 67 años, falleció el músico maliense más conocido en el mundo. Ali Farka deja tras de si cuarenta años de carrera musical. Considerado el padre de la música moderna maliense, su muerte dejó huérfano al pueblo de Malí, que le idolatraba por infinitas razones.

Efectivamente, Ali Ibrahim Farka Touré era un ejemplo para muchos jóvenes malienses. Nació en 1939 en una familia humilde y campesina, como tantas otras de Malí, en un pueblo llamado Kanau. A los cuatro años la familia se trasladó a Niafunke, pueblo al que Touré se sentirá unido toda la vida. Fruto de ese íntimo aprecio por el pueblo de su infancia, el músico le dedicó a los sesenta y un años uno de sus últimos álbumes (Niafunké, 1999), un CD que grabó en el mismo pueblo, donde no había corriente eléctrica, haciendo que se trasladara todo el equipo de grabación, así como los grupos electrógenos. Y él iba a grabar cuando terminaba el trabajo en el campo.

La infancia de Ali y su nombre se vieron marcados por una triste circunstancia: su madre perdió nueve hijos; por ello a Ali Ibrahim también le llamaron ''Farka'', que significa ''asno'', porqué el chico era tenaz, fuerte y resistente. Ali Farka trabajó el campo con su familia desde niño y no fue a la escuela. Fruto de esta experiencia, su divisa fue siempre clara: trabajo y educación. Efectivamente, incluso en los momentos más exitosos de su brillante carrera, no dejó de trabajar el campo. De hecho, en su tarjeta de presentación, rezaba: ''Artista y agricultor''. Comprometido con su mundo, luchó siempre para que sus triunfos personales beneficiaran a toda la colectividad. Además, a diferencia de otros músicos y artistas africanos, optó por no abandonar en ningún momento su pueblo de origen. Quizás esta actitud le llevó a convertirse en alcalde de Niafunké hace tan sólo dos años.

Entró en el mundo de la música cuando era muy joven. Y lo hizo sólo. Efectivamente las primeras nociones de música llegaron gracias a su empeño personal con una vieja guitarra. Sin embargo, antes de agarrar ese instrumento, Ali Farka se había sentido fascinado por los instrumentos tradicionales que en su pueblo se tocaban en las ceremonias, especialmente en aquellas dedicadas a los espíritus del río Níger, los ghinbala, a quien se referirá en diferentes canciones. Sin embargo, a pesar del interés por la música, la familia no promueve los estudios musicales en el pequeño Ali. En su sociedad, el oficio de músico se heredaba, no se escogía. Pero este mandato familiar no sería escuchado por el pequeño Ali Farka. En un principio se contenta sólo en oír la jurukelen, el djerkel y el ngoni, todos ellos instrumentos de cuerda. Finalmente, la fascinación le lleva, a los 12 años, a construir su propio djerkel. Cuatro años después, al oir en un concierto al guitarrista de Guinea Conakry Keita Fodeba, decide que aprenderá a tocar la guitarra. Y cómo decíamos, lo hace sólo. Poco después oirá famosos músicos norteamericanos de blues y descubrirá las enormes similitudes entre ese género y la música tradicional de diferentes pueblos malienses. Fruto de ello, algunos acabaran llamando a Ali Ibrahim Farka Touré el ''padre del blues maliense''. Pero, como bien decía Farka, no es que los malienses aprendieran del blues, es que el blues viene de la música africana.

En este contexto, empieza a tocar con grupos locales, dedicados tanto a la música como al baile y el teatro. A medida que pasan los años, la fama de Ali Farka Touré aumenta en Malí, donde termina dirigiendo una compañía formada por más de un centenar de personas, la Troupe 117. Finalmente, en 1968, es seleccionado junto a los guitarristas Kelètigui Diabaté y Djelimadi Tounkara para representar a su país en el Festival Internacional de las Artes de Sofía, en Bulgaria.

A principios de los setenta, Farka recorre casi todos los países de África Occidental, desde Senegal a Camerún, pasando por Costa de Marfil, Burkina Faso, Níger, Togo y Benín, entre otros. Mientras tanto, en Malí, colabora con la Orquestra Nacional. Poco después, en 1975, su primer disco LP se publica en París. A pesar de ello, el éxito a nivel mundial no llegará hasta más de una década después: a partir de 1987 y hasta poco antes de morir protagonizará un sinfín de giras internacionales que le llevarán, además de África, por Europa, América y Japón. Entre gira y gira, se dedica a la creación. Así, cada dos años, publica un nuevo disco: en 1990, The River; en 1992, The source; en 1994, con Ry Cooder, Talkin Timbuktu, por el que ganaría un Grammy, convirtiéndose así en el primer músico africano que lo obtenía. Obtendría otro por In the Heart of Moon en febrero 2006, que había compuesto con Toumani Diabaté, gran virtuoso de la kora, instrumento de 21 cuerdas típico del área malinké. Además de con Ry Cooder y Toumani Diabaté Touré colaboró también con músicos de la talla de Nitin Shawhney, Taj Mahal, Corey Harris o The Chieftains.

A pesar del gran éxito de su discografía, a la que debemos añadir Red and green (2004, redición de sus primeros álbumes), Ali Farka Touré (1988), Sidy Gouro, La drogue (1994), Songs from Mali (1989), la compilación Radio Malí (1996), Ali Farka se mantendrá fiel a sus raíces, combinando su inspiración con las músicas tradicionales songhay -su cultura-, pero también tamashek, peul o bamana. Efectivamente, Ali Farka -que hablaba seis lenguas-, no sólo puso ritmos y melodías de su tierra natal, no sólo lo hizo con sus instrumentos, también cantó en lenguas que, para sus fans no malienses eran totalmente incomprensibles.

Este músico autodidacta, políglota como tantos otros africanos, que en su temprana juventud hizo de mecánico y de conductor de piraguas, que se sentía más campesino que alcalde, optó por amar lo propio en todas sus dimensiones y con todas sus consecuencias.


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Mar, 5 de Sep, 2006 8:59 pm

michamiguel
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micha miguel
michamiguel
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5 de Sep, 2006
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