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Cultura y Relaciones Internacionales: un grano de arena para (animar
a) pensar una Guinea mejor.
escrito por Cesar A. Mba Abogo
La suerte ha querido que, tras un escabroso camino lleno de
desarrollos dramáticos y significativos, Guinea Ecuatorial esté en la
actualidad capacitada para acometer el reto de emanciparse de muchas
de las argollas que las relaciones internacionales, ya sea desde el
punto de vista económico o político o una interrelación de ambas
esferas, reservan a los países en vías de desarrollo. Esta reversión
de las expectativas ha sucedido en muy poco tiempo, apenas hemos
tenido tiempo de conceptualizar los cambios, si bien existen
interpretaciones polarizadas, afortunadamente cada vez menos
polarizadas, acerca de la idoneidad y la profundidad de los cambios
operados, una mirada atenta y lucida no puede dejar de evidenciar el
hecho de que Guinea camina.
Tradicionalmente la acción exterior del gobierno de
Guinea Ecuatorial ha venido centrándose en los campos económico y
político. Económico porque, al igual que el resto de los estados
poscoloniales africanos, (1) su inserción efectiva en el sistema
internacional dependía de la capacidad de atraer para sí los recursos
disponibles en el circuito internacional de cooperación al
desarrollo y (2) en la negociación colectiva en los espacios
internacionales para (intentar) subvertir las triquiñuelas que rigen
el comercio internacional o, visto desde otro prisma, en una apuesta
decidida por la integración en bloques económicos supranacionales a
través de los cuales la posibilidad de situar las demandas de la
pequeña Guinea Ecuatorial en el amplio campo de las relaciones
económicas internacionales aumentaría. Político porque la garantía de
supervivencia, durante mucho tiempo, de Guinea Ecuatorial, al igual
que otros estados poscoloniales africanos, dependía de la defensa a
ultranza de la idea y práctica de la soberanía. El hecho de que los
regalos de nuestra madre naturaleza nos permitan emanciparnos de
muchas de nuestras argollas tradicionales nos permite, sin romper con
el pasado, imaginar, idear, formulas más exitosas de cara a la
proyección de nuestro Estado hacia el futuro.
En los últimos tiempos se ha hablado del deseo de Guinea
Ecuatorial de estrechar relaciones con la comunidad CPLP. Para muchos
esta decisión está amparada en la búsqueda de nuevos espacios
políticos y/o económicos. Sin quitar relevancia a estas
aproximaciones, considero que esta señal (al igual que la existencia
de una Dirección General de Cultura Iberoamericana, por citar un
ejemplo) es alentadora porque evidencia una incipiente preocupación
del Gobierno por utilizar eficientemente todas las bazas de las que
dispone Guinea Ecuatorial en sus políticas en las relaciones
internacionales. La cultura se ha convertido en un elemento esencial
de las relacionas internacionales, con múltiples implicaciones que
afectan a intereses políticos, económicos o estratégicos. El estudio
sobre el papel del factor cultural en las relaciones internacionales
ha contado, en las últimas décadas, con importantes aportaciones de
varias disciplinas de las ciencias sociales o de los propios
protagonistas de la acción cultural en los diversos ámbitos de la
práctica diplomática, añadiéndose más recientemente las
contribuciones realizadas por la historia de las relaciones
internacionales. Dentro del campo de análisis de esta última, se ha
concedido una particular atención a la vinculación entre la acción
cultural y la política exterior. Por ejemplo, en los últimos
cincuenta años Estados Unidos, Francia y España, por citar algunos
ejemplos, han utilizado de forma intensa el vector cultural como un
instrumento de sus relaciones internacionales. Para no andarnos por
las ramas, los Centros Culturales españoles y francés son parte
integrante de la acción diplomática de España y Francia en Guinea
Ecuatorial. Guinea Ecuatorial, sin que con ello queramos hacer
apología de la imitación, está emprendiendo esta senda. Que los
portugueses pasarán por aquí, que tras dos siglos (como reza nuestro
himno) hayamos conseguido desgajarnos de lo que algunos llaman la
madre patria, que estemos rodeados de Estados desgajados del imperio
africano de Francia, que las inversiones que tiran de nuestra
economía sean americanas, etc., todos estos son factores que modelan
(o son susceptibles de) nuestras relaciones internacionales. A los
tradicionales ingredientes económicos y políticos, le estamos
añadiendo ya un nuevo elemento: el cultural.
Como hemos señalado antes, el contexto y las
restricciones de situación y posición, han venido obligando a la
diplomacia de Guinea Ecuatorial ha centrarse únicamente en los
aspectos económico y político. Esta práctica ha venido teniendo como
sombrío correlato la poca atención del Estado a su propia
institucionalidad cultural, a la accesibilidad de los guineanos a las
manifestaciones de la cultura y, en consecuencia, a una falta de
definición de sus políticas culturales. Esta actitud, merecedora de
todas las críticas de las que puede haber sido objeto, es
perfectamente justificable si tenemos el coraje de reconocer que
hasta hace apenas diez años nuestro Estado era un barco que se hundía
por la imposibilidad de acometer el rango de tareas que permiten a un
estado lucir orgullosamente su soberanía. Dicho poéticamente, que es
como se hace por aquí, estábamos en una época de "vacas flacas". Al
existir un reconocimiento general de que ya no estamos en época
de "vacas flacas" es necesario retomar la indagación del patrimonio
cultural, entendiendo la cultura como una categoría en movimiento y
en vinculación con la vida cotidiana de los ciudadanos de nuestro
país y sus referentes identitarios. Más aun, si estamos de acuerdo
con la afirmación de muchas autoridades del país de que petróleo sin
educación (y cultura) es un mal camino, o sea, si reconocemos la
cultura como columna vertebral de una nación, columna eslabonada de
temporalidades y espacios que sostienen un cuerpo de significados que
dan dignidad y sentido a nuestras vidas, y a través del cual
construimos nuestra relación con los demás y con nosotros mismos, no
podemos dejar de aplaudir este esfuerzo del gobierno por incluir en
su política de relaciones internacionales la dimensión de la cultura.
No se trata de, como algunos se temen, pasar del español, o de
atemperar la cacofonía del francés con la saudade… Se trata de
utilizar todos los elementos disponibles para abrirnos más espacios.
Nuestra lucha no es llegar a hablar un español más español que el de
los españoles, un francés más francés que el de los franceses, etc.
Somos un estado soberano y es necesario hacer uso de esta soberanía
de forma efectiva implementando estrategias que amplían las
posibilidades de nuestro Estado. De esto se trata.
Ahora bien, al convertir la cultura en una herramienta de
nuestras relaciones internacionales, es ineludible mirarnos ante el
espejo y preguntarnos por el estado de la cultura en nuestro país.
¿En qué estado está el sector de la cultura en nuestro país? Que
responda el que pueda.
Cesar A. Mba Abogo es Doctorando en Relaciones Internacionales.