"... - Nuestro paìs no gusta blancos, ¿oyes? - aullò, fuera de sì, el
miliciano analfabeto, dirigiendo sus ojos como poseìdos ora a Àngeles,
ora a mí, ora a Rut, con una violencia impetuosa y sosteniendo con sus
manos crispadas y temblorosas su arma con el cañòn dirigido hacia
nosotros. Me entrò miedo, es verdad, un miedo terrible y frìo, no por
la posibilidad de morir, sino por la extraordinaria facilidad de una
muerte tan estùpida, fusilado por un miliciano drogado o borracho,
analfabeto y nervioso, sin causa aparente, en medio de la autovìa. ..."
(Los poderes de la tempestad, DONATO NDONGO, Ed.Morandi, 1997, pag.32)