".... pero el alma destrozada por el agotamiento, por el sueño, por el
hambre, por las vejaciones, por descubrir que Guinea se habìa convertido
de verdad en un infierno en el que mandaba un puñado de mozalbetes
ociosos y analfabetos, sòlo atentos a descubrir las miserias humanas
para refocilarse en ellas, hasta el punto de que parecìan encontrar un
placer especial en el sufrimiento de sus semejantes. ¿Ya no existìa ese
guineano cortès, comprensivo y hospitalario, vehemente pero veraz, que
tantas veces habìa ponderado ante mis compañeros de estudios, ante mis
amigos españoles en las noches de vino tinto en los mesones de Madrid, y
....................................................................."
(Los poderes de la tempestad, DONATO NDONGO, Ed.Morandi,1997,pp.33-34)