"..... y no pude evitar pensar que el ejèrcito estaba desmoralizado,
aquellos soldados profesionales no mostraban interès alguno por su
trabajo, y es normal si viven con tanta estrechez, tan mal pagados
que todos estàn famèlicos y ni siquiera les alcanza para alimentar a
sus familias tan numerosas en un paìs donde es una desgracia no tener
hijos y todos aspiran a tener cuantos màs mejor, porque es un signo
de riqueza, es la herencia tradicional, y a lo tradicional se
superpuso el espìritu catòlico impuesto por los misioneros,
favorecido ademàs por la dominaciòn colonial, tan paternal y
protectora que concedìa los premios de natalidad con toda la pompa
posible, y algunos ya habìan abandonado las enseñanzas de la Iglesia
evangelizadora y tenìan hasta dos y tres y cuatro y cinco mujeres y
un montòn de hijos y allegados que alimentar, hermanitos, sobrinitos,
cuñaditas, un horror, pero ese es el legendario sentido de la
hermandad africana, el que tiene debe repartir entre sus familiares,
es el espìritu de casta, el mayor debe ayudar a los màs pequeños.
Pero todo eso era soportable en la vida de la aldea, donde todos
tenìan sus quehaceres y un deber que cumplir, cada uno ocupaba un
lugar en la tribu, los niños cazaban y pescaban lo que su edad les
permitìa, y ayudaban a los mayores en los pequeños trabajos de la
casa, hacer los recados, buscar agua en el rìo, lavar los platos,
cuidar de los màs niños, barrer; los hombres desbrozaban la selva
para hacer las fincas de comida que cultivaban las mujeres, cazaban,
construìan las casas donde habitaban y se ocupaban de la defensa de
la comunidad, mientras las mujeres pescaban, plantaban, cuidaban lo
plantado y alimentaban a la familia y traìan hijos al mundo para
mayor gloria del clan; y los viejos, despuès de toda una vida de duro
trabajo, se convertìan en maestros, velando por la continuidad del
espìritu de los antepasados y asegurando que las costumbres
permanecieran intangibles generaciòn tras generaciòn, para la
perpetuaciòn de las pràcticas ancestrales y el esplendor de la tribu.
Pero todo eso se habìa vuelto una infame caricatura en la estructura
urbana, cuando el cabeza de familia depende de un sueldo exiguo que
no alcanza ni para los cinco primeros dìas del mes y habita una casa
minùscula en la que los niños tienen que dormir en el suelo duro y
frìo, y debe alimentar a dos, tres, cuatro o màs mujeres, y a los
hijos habidos con cada una de ellas, y a los hermanitos, cuñaditas y
sobrinitos, una enormidad espantosa la familia amplia africana, y
comprar los medicamentos cuando estàn enfermos, y vestirlos, y
procurar su escolarizaciòn. Y asì, sucesivamente, la estructura de la
familia consuetudinaria se està desmoronando, què respeto puede
merecer un hombre que no sirve ni para alimentar a su familia. ....."
(Los poderes de la tempestad, DONATO NDONGO, Ed.Morandi,1997,pp.48-49)