http://www.elmundo.es/elmundo/2009/07/12/opinion/17369324.html
IMPRESIONES/ COMPLACENCIA ANTE LA DICTADURA DE OBIANG Y REPRIMENDA A LA PRENSA
Esperpéntica visita de Moratinos a Guinea
12.07.2009 NO SIENTE Obiang, dictador de Guinea Ecuatorial, más aprecio por los
periodistas que por las ratas. Muy presente lo han tenido los que han acompañado
a Moratinos a la ex colonia española, tras ser alojados en hoteles donde enormes
roedores campaban a sus anchas. Aunque desagradable, es sólo una anécdota, pero
simboliza bien la esperpéntica visita del ministro de Exteriores, junto a varios
parlamentarios -con Fraga a la cabeza-.
El Gobierno quiere abrir una nueva era en las complicadas relaciones
bilaterales, aunque el trasfondo es sobre todo económico, ya que nuestras
empresas buscan incrementar las inversiones y participar en la explotación de
los recursos petrolíferos de Guinea. Pero una cosa es que el Gobierno favorezca
las relaciones comerciales, y otra que nuestra diplomacia se preste a
escenificaciones vergonzosas.
Y es lo que ha ocurrido en este viaje, en el que Moratinos se ha mostrado
complaciente con la dictadura de Obiang hasta extremos insoportables, llegando
incluso a abroncar a una periodista por una crónica sobre la violación de los
derechos humanos en Guinea. Por su parte, el dictador no ha dejado de hacer
reproches a España por su «abandono» y ha emplazado a Zapatero a que viaje al
país, dolido porque no lo haya hecho aún y él sí haya estado en Madrid. Además,
en el colmo del despropósito, esta visita se ha transformado en un homenaje a
Fraga, por ser quien en 1968 firmó el acta de independencia guineana. Su
protagonismo ha sido tan excesivo como inapropiado, puesto que aquello lo hizo
como ministro de una dictadura y este agasajo se ha producido en otro régimen
igual de tiránico.
El propio Obiang se reconocía, ante los medios españoles, orgulloso de ser un
dictador. «¿Qué gobernante no lo es?», se preguntaba ufano. Después soltó perlas
como que él no reparte los beneficios del petróleo entre los ciudadanos para que
«suden un poco», porque un gobernante no debe «hacer regalos a los holgazanes».
No cabía otra guinda al esperpento de una visita oficial que nunca debió
producirse en estos términos.