Se me están muriendo todos los mitos. Recuerdo la muerte de
Stravinsky cuando yo acababa de descubrir Le Sacre y me había dejado
casi tumbado de espaldas. Murió Louis Armstrong casi delante de mis
narices cuando yo me embobaba con sus Hot Five. Ahora se me ha muerto
Stockhausen, a quien no llegué a entender porque yo me había quedado
en Hindemith, Bartok y Prokofiev. Pero me he quedado con un amargo
dolor de estómago y la sensación de haberme perdido algo
irreemplazable; de haberme quedado en la puerta por haber llegado
tarde. Todavía no lo conocía cuando me compré mi primer Revox y unas
tijeras antimagnéticas después de haber escuchado la Sinfonía para un
Hombre Solo de Schaeffer. Enseguida me percaté que todo ello era un
bocado demasiado grande para poder ser masticado.
En fin. Vaya tarde.
==================================
Mis residuos mentales, en:
http://www.telefonica.net/web/fmercaderr
==================================