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Re: _Oración_a_San_Ramón_de_Venecia   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #12444 de 13865 |
He estado mirando un poco a ver si textos paralelos nos dan alguna luz
sobre la oración a la que andamos dándole vueltas. En _Conjuros y
plegarias de tradición oral_, de José Manuel Fraile Gil (Madrid:
Compañía Literaria, 2001), hay material similar, recogido en el apartado
IV.B.6, "para encontrar novio" (pp. 242-3). No aparece san Ramón (sí san
Antonio bendito, san Juan, san Benito, san Andrés, san Rafael y santa
Rita de Casia). No se recoge ningún ejemplo extremeño. En todos los
casos, se trata de mujeres que piden marido o novio, y no de hombres que
piden compaña femenina. Así que yo me inclinaría por leer nuestro texto
también así:

A1. San Ramón de Venecia,
abogado de las solteras,
dime en este corto sueño
qué esposo me espera.
Que sea bueno, trabajador
y que me quiera.

El esquema de la rima parece entonces claro: asonancia en los pares
(-a-a-a), al modo de las coplas y los romances. La métrica está menos
clara: no parece que sea silábica (7 8 8 6 9 5); a mí me suena más bien
acentual, con tendencia a dos golpes por verso (y leyendo el verso sexto
más bien como dos versos distintos):

A2. San RaMÓN de VeNEcia,
aboGAdo de las solTEras,
Dime en ESte corto SUEño
que'sPOso me'sPEra.
Que SEa BUEno,
TRAbajaDOR
Y que me QUIEra.

El verso tercero es como si tuviera en realidad cuatro acentos, dos
principales (') y dos secundarios (`):

Dìmenéste / còrtosuéño

También se puede entender un acento secundario en el segundo verso:

abogádode làssoltéras

A partir delverso 3 cambia el ritmo, recogiendo el pulso binario de la
segunda mitad del anterior (làssoltéras), y puede entenderse que se
estabiliza silábicamente en pentasílabos biacentuales.

En los cuatro ejemplos que recoge Fraile Gil no hay nada realmente
parecido: tres de ellos son seguidillas (7- 5a o 7a 5a). El otro tiene
una estructura binaria, vocativo - imperativo, con rima lo más
consonante posible entre ambos:

B. «San Antonio, dame un novio;
san Benito, bien bonito;
san Andrés, mándamelo pues;
san Rafael, que me case con él.» (p. 243)

En este caso el primer hemistiquio es regular (tetrasílabo), pero el
segundo sólo se rige por la rima y los acentos (que vienen a ser dos:
DAmeun NOVIO / BIEN boNIto / MÁndamelo PUES / quemeCASE conÉL).

En nuestro texto, la musicalidad es bien curiosa, irregular y cambiante
pero, por eso mismo, efectiva. Los versos 1-2 forman una unidad: ambos
empiezan con dos sílabas átonas seguidas por un dáctilo (MONdeve,
GAdode); ambos son sintagmas nominales con complemento del nombre (x de
y); ambos presentan dos temas vocálicos dispuestos en el mismo orden
(a-o/e-a). El verso 3 no puede ser más distinto: empieza en sílaba
tónica, mantiene un ritmo trocaico (dìmen éste còrto suéño), contiene el
imperativo... El tema en é-a parece haber desaparecido: en realidad se
hace esperar hasta el final del verso siguiente: 'espera', lo mismo que
se demora la resolución de la frase con el CD. Es un verso lleno de
tensión: cortante, de pasos cortos, que se corresponden con la
impaciencia y con el apremio puesto en el plazo: 'corto sueño'. En el
siguiente verso se recupera, además del tema en é-a aprovechado como
asonancia, el inicio en átona y el ritmo dactílico (POsomes). La cosa
podría quedar ahí, con sentido completo y estructura cuaternaria
característica:

San Ramón de Venecia,
abogado de las solteras,
dime en este corto sueño
qué esposo me espera.

Pero el deseo impaciente de la soltera (que ya se palpa en la música
misma de lo dicho: lo larga que se le hace la soltería, en ese acento
secundario del primer verso: aboGAdode làssolTEras; eso mismo y la
tendencia a introducir exigencias, en ese 'corto', que se diría
sobrevenido: dime en este sueño: en este *corto* sueño...) no se
contenta con conocer su futuro. Hecho el pedido principal, en imperativo
(dime), salta ahora al triple optativo: "que sea bueno,/ trabajador / y
que me quiera". De la segunda petición a la tercera se vuelve a cambiar
de sintaxis y de idea: ya no se trata sólo de que sea así y asá, ¡lo
importante es que la quiera!

Todo parece regido por esa matemática de la impaciencia: lo quiero ya;
pero además no lo quiero de cualquier manera; quiero verlo; pero además
quiero que sea así y asá; y además que se muera por mí... Este tono
nervioso, que produce naturalmente irregularidad y la aprovecha
expresivamente, no lo encuentro tan acusado en los ejemplos que recoge
Fraile Gil, aunque hay ciertas analogías significativas. Por ejemplo, en
este caso:

C. San Antonio bendito, tres cosas pido:
salvación y dinero y un buen marido
que no fume tabaco ni beba vino
ni se vaya con otra más que conmigo.

Tenemos también una estructura que podría ser completa (los dos primeros
versos) y sin embargo se dilata en condiciones adicionales. Incluso
estas condiciones forman una pareja irregular: a1 a2 b, como en nuestro
ejempo: sea tal... sea cual... y que me quiera; que no fume tal... ni
beba cual... ni se vaya con otra. Hay también un cierto cambio de idea:
la salvación y el dinero, a pesar de ir por delante, quedan olvidadas en
beneficio del tercer término, que se desarrolla hasta adquirir toda la
importancia.

Lo que llamo, simplemente para entendernos, 'temas' vocálicos, también
está aprovechado aquí: la asonancia, además de servir como recurso
estructurador, contiene lo esencial del mensaje: pido... marido...
vino.. conmigo... Yo seré su único vino; lo quiero y lo quiero conmigo.

En nuestro texto la correspondencia habitual o-masculino a-femenino se
enriquece: si él es 'o' (espOsO), ella es 'é-a': soltera que espera
quien sea como ella quiera. Pero san Ramón la entiende: por algo él
mismo es de é-a, de Venecia, un santo femenil que entiende y atiende a
las mujeres. La asonancia es en este caso más significativa porque el
verso, siendo impar, no la exige para la estructura.

San Ramón es, por otra parte, masculino, a-o: Ramón, abogado. Influirá
sobre el esposo, que acaba teniendo sus mismas vocales y rimando con su
nombre: trabajador.

El marido deseado es el más cambiante, como corresponde a un deseo aún
esquivo y sin rostro: por corto tiempo es ó-o (corto esposo), para a
través de e-o (sueño bueno) y de san a-ó alquimiarse él mismo en a-ó y
ser al fin de ella: quien la quiera, como de ella es el solícito san
Ramón...

***

Algo de todo esto podría decirse sobre el poema como artefacto sonoro y
de sentido, en lo que tiene de especimen único. Luego está el tema de la
revelación en sueños, que introduce la oración en una serie larguísima
que habría que investigar. Los griegos practicaban algo similar, la
incubatio: se propiciaba al dios Asclepio y se echaba una cabezadita en
lugar santo para recibir en sueños la respuesta a tus desvelos. En un
extremo de la serie está el popular recurso a "consultar con la
almohada", y aun la crónica de tal o cual descubrimiento matemático o
artístico recibido por el afortunado en sueños (McCartney asegura que
'compuso' assterday). El intento de manipular los propios sueños,
preparándolos, engendra un mundo de ilusiones apasionantes: amigos que
se ponen de acuerdo para verse esa noche en sueños; las tentativas del
sueño lúcido, del que uno toma las riendas, tal como nos las detallan
Castaneda u otros. Bajo la almohada, ramitas u hojas de tal o cual
planta, tijeras, herraduras, piedras blancas...

Ver en sueños tampoco es muy distinto a ver en el espejo de una
habitación en penumbras, o en la pantalla de un cine, o hasta de la
tele. Un testimonio sobre Verónica asegura que si pronuncias su nombre
cierto número de veces "te sueñas con ella". La aparición de la terrible
dama de los espejos o del rostro de tu futuro consorte parecen casi cara
y cruz de la misma moneda (cuyo canto sería la visión de la propia
muerte, que también puede acontecer en estos casos).

***

Venecia porque é-a. Puede que haya más razones, claro. Un dios que
enseña rostros tal vez es un dios sin rostro, un dios que tiene mil
máscaras. Un dios que viene (¡ven!). Un dios que ve. Un dios de un lugar
lejano y prestigioso, de resonancias festivas y galantes, como de
romería divina en tierras de su Santidad. Italia es un buen sitio para
ser santo y milagrero: san Antonio de Padua, san Francisco de Asís
(¿santa Rita de Casia?). Venecia es también cristales (Murano), espejos,
imágenes. Ciudad agua, ciudad fuente, unión de tierra y mar. Sueños
eróticos, populares o meramente pop ("quiero spaghetti y mozarella, /
quiero tirarme a Donatella"...). Cualquiera se abisma pensando en
Venecia. Este mensaje, mismamente, se pierde ahora en su corriente.

Al



Mié, 8 de Sep, 2004 3:17 pm

agonza59
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He estado mirando un poco a ver si textos paralelos nos dan alguna luz sobre la oración a la que andamos dándole vueltas. En _Conjuros y plegarias de...
Alejandro González
agonza59
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8 de Sep, 2004
3:18 pm

¡Ostras!¡Esto sí que es un análisis pormenorizado de un texto rimado, desde tantos ángulos que, en fin, quien ose criticar a los poetas y su visión de...
mage
mage@...
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8 de Sep, 2004
3:35 pm
Avanzado

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