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Boletín La Otra Realidad -
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2005-02-24 19:09
PROHIBIR EL OCULTISMO, EXIGEN LOS DIPUTADOS Y LA IGLESIA
Moscú, 24 de febrero. Por Vladimir Simonov, analista de RIA "Novosti".
Los diputados de la asamblea legislativa de Moscú se han dirigido al parlamento
y el Gobierno proponiendo modificar con urgencia la ley federal "De la
protección de la salud de los ciudadanos". La esencia de las enmiendas que se
quiere introducir en ésta se reduce a prohibir por completo en el territorio de
Rusia los servicios que prestan los ocultistas.
Rusia durante siglos miraba con benevolencia a todo tipo de magos y mediums,
permitiéndoles ganar fortunas y acercarse al alto mundo.
Por ejemplo, en 1779 todo San Petersburgo estuvo cautivado por el conde
Alejandro Caliostro, "coronel del Ejército español, auténtico mago y Gran
Maestro". Éste vendía diestramente su elixir de amor, hablaba con espíritus de
los muertos y en una ocasión hasta curó milagrosamente al niño de unos
cortesanos, sustituyéndolo por un bebé sano. Pero las dudas que se apoderaron de
los padres obligaron a ese conde falso a fugarse a Varsovia. Más tarde, el zar
Nicolás Segundo evitaba tomar decisiones importantes sin consultarlo con el
"santo anciano", Grigory Rasputin, quien, según se creía, poseía el don
sobrenatural de visionario y curador. Ya al ocaso de la existencia de la URSS,
Leonid Brezhnev mandaba ayudantes suyos a visitar a la vidente búlgara Vanga,
para que le diese consejos respecto a la salud, que empezaba a fallarle.
Pero el boom del ocultismo que se produjo a finales de los años 1980
difícilmente puede tener explicación en tradiciones históricas. Las brujas y los
magos impostores supieron captar bien la confusión que reinaba en las mentes
tras la desintegración del país. La inseguridad en el provenir se apoderó de
todos, desde campesinos hasta empresarios, y los ocultistas no tardaron en
ofrecer sus servicios.
El Estado soviético les quitó a las masas la costumbre de pensar de modo
independiente, de confiar en su propio juicio. En la URSS, las autoridades a
menudo decidían por el ciudadano dónde él tiene que vivir, qué estudiar, cómo
vestirse, qué libros leer, a dónde ir de viaje y a dónde no ir. Cuando el Estado
totalitario desapareció, muchos se sintieron cual niños extraviados en el bosque
de adversas relaciones de mercado, incomprensibles para ellos. Fue entonces
cuando levantaron su voz los ocultistas: "Acudan aquí, aquí resolveremos por
ustedes todos sus problemas".
Además, la población no tenía de qué elegir: tampoco hoy día en Rusia existe
psicoterapia como institución bien desarrollada. Como consecuencia, los magos
"negros" y "blancos" empezaron a cumplir las mismas funciones que cumple el
psicoanálisis en los países industrializados. Según ciertos datos, por cada mil
quinientos habitantes de Rusia corresponde, como mínimo, 1 mago de uno u otro
tipo. Es difícil creerlo, pero en nuestro siglo de Internet e ingeniería génica
el mercado de servicios ocultistas es comparable con el de narcotráfico en
cuanto a las ganancias que se obtienen. Tan sólo en Moscú funcionan cerca de
tres decenas de escuelas y centros de magia, cuyos ingresos mensuales oscilan
entre 60 y 120 mil dólares. El resto de ese campo lucrativo lo ocupan personas
"con dotes extrasensoriales", magos y brujas que trabajan por su cuenta, que son
de 3,5 a 6 mil en la capital.
Según muestran pesquisas sociológicas, la industria ocultista se controla al 70
por ciento por unos empresarios que no creen ellos mismos en lo sobrenatural, ni
recurren a los servicios de los mediums, pero buscan un nicho para colocar sus
inversiones. La aplastante mayoría de los magos, que llaman a sí mismos
parapsicólogos, no tienen instrucción médica ni otra y no son más que unos
granujas banales que se aprovechan de la credulidad y el estado nervioso de sus
clientes.
El surtido de las prestaciones ocultistas se actualiza y se adecua a las
demandas nuevas. Antes, los brujos prometían ayudar "con la garantía del 500 por
100" a que vuelva el querido, a liquidar un "hueco abierto en el biocampo" de
uno, quitar el mal de ojo o la "corona de soltería", pero hoy día están de moda
unos servicios más modernos. El mago "programará la riqueza" por un monte de 50
a 1000 dólares, le inspirará al deudor que hace falta devolver con urgencia lo
prestado, cobrando del 10 al 15 por ciento de ese dinero y, por último,
prometerá "eliminar" a un empresario rival por una cantidad de 200 a 2000
dólares.
Las autoridades urbanas están convencidas: ese tipo de negocio presenta cada vez
mayor peligro para la sociedad. En ciertos casos hasta para la policía le
resulta difícil establecer si un empresario se fue del negocio - y hasta de la
vida - a causa de manipulaciones de un mago o por otras causas, puramente
criminales. El ocultismo corroe la moral social, sume a la gente, especialmente
a los jóvenes, en un mundo irracional y quimérico. La Iglesia protesta
airadamente contra el desenfreno de la magia blanca y negra y hasta ha
instituido en Moscú un centro ortodoxo de rehabilitación de los afectados por el
ocultismo.
Todo ello ha incitado a los diputados de la asamblea legislativa de Moscú a
exigir que se perfeccione la ley de 1993 "De la protección de la salud de los
ciudadanos". En su variante anterior, ésta prohibía tan sólo sesiones de
curación masivas, en primer lugar aquellas que se practicaban utilizando medios
de comunicación de masas. Se tenían en cuenta las famosas sesiones televisivas
de Kashpirovski y Chumak, quienes a comienzos de los años 1990 "cargaban con
energía positiva el agua" y procuraban curar a distancia a los pacientes. Pero
desde aquel entonces los servicios ocultistas han progresado mucho.
La perspectiva de su total prohibición preocupa a los abogados de la llamada
medicina popular, aquella que utiliza métodos de diagnóstico y tratamiento
basados en tradiciones populares y conocidos por su eficacia. Los diputados no
sabrán trazar la línea divisoria entre la medicina popular y el ocultismo,
expresa sus recelos Yakov Galperin, director del Centro Nacional de Estudios de
la Medicina Popular. En todas partes hay charlatanes, les corresponderá un 13
por ciento en la medicina académica, dice él.
Pero Liudmila Stebenkova, responsable de la comisión de diputados que elaboraba
las enmiendas, está convencida de que a la medicina popular no le amenaza nada.
En Rusia hay cerca de dos mil galenos partidarios de ésta que están registrados
oficialmente, mientras que existen más de 100 mil magos, brujas y adivinadoras.
La nueva prohibición legislativa apuntará precisamente contra esa gente que
ofrece servicios de carácter ocultista, místico y seudorreligioso.
http://sp.rian.ru/rian/index.cfm?prd_id=140&msg_id=5441657&startrow=1&date=2005-\
02-24&do_alert=0
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