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Gosacait, el Duende del Amor de los Pilagás
Escrito por Lic. Marta Juarez 15.09.2005
Que el árbol ha sido motivo de rituales y leyendas lo dice América que está
poblada de ellos. No existe árbol originario que no tenga un mito o una
leyenda que de cuenta de su origen o floración.
Así encontramos entre los Pilagá, aborígenes que habitaron la
llanura chaqueña un bello relato que cuenta sobre el Árbol Sagrado del Amor,
árbol que nosotros conocemos como “Palo Santo”. Este se distingue en el
monte por lo verdoso de su tronco y el rico aroma que despide cuando se
corta una rama o se enciende fuego con sus leños.
Dicen los Pilagá que en este árbol habita el Duende del Amor,
Gosacaít, dios bienhechor y guardián del puro sentimiento.
Con sus hojas las quetenlok, muchachas sin compromisos hacen el kotaíki, un
amuleto para el amor. El mismo consiste en una bolsita hecha con cuero de
anta que se cierra con hilo de cháguar del cual se cuelga al cuello y donde
se guardan hojitas de este árbol. La importancia que dan a Gosacaít se
observa en el ritual con que sellan la alianza de compromiso las jóvenes
parejas Pilagá.
Cuando una quetenlok elige su pareja, lleva al elegido monte adentro al
lugar donde ella ha encontrado una plantita tierna de palo santo. Ante ella
la muchacha le confiesa su amor y le entrega la “kotaiki” que el se cuelga
al cuello tocando su corazón. Es el símbolo de fidelidad y protección, la
que ella lo preservará de “Davicho” el espíritu contrario del amor que
siempre anda rondando a las parejas buscando destruir el sentimiento que los
une. Desde la entrega de la kotaíki son novios formales y se deben
fidelidad, pacto que sólo la muerte podrá romper. La alianza se guarda en
secreto hasta el momento de la ceremonia en la cual quedarán reconocidos
socialmente como pareja.
A partir de ese momento la plantita de Palo Santo es el altar
donde la pareja va a ofrendar a Gosacaít. La muchacha la riega y le deja
ofrendas de coca al Duende, y el muchacho la cuida, saca las malezas a su
alrededor y la cubre con ramas si el sol amenaza con dañarla, y de a poco
llena su kotaíki con las hojitas. Ambos se preocupan porque saben que tal
como sea el crecimiento de la planta será el desarrollo de su amor. Puede
crecer sana y fuerte o si es débil y se seca así morirá el amor. Davicho
entonces habrá sido más fuerte y triunfó sobre Gosacaít.
Luego una noche de celebración de fiesta tal vez por la
renovación de los frutos, aloja fermentada por medio, el novio fingirá un
rapto y la comunidad será entonces un gran teatro donde se desarrolla la
obra de cólera, de injurias, de persecución y venganza, todo en medio de un
gran estrépito que tiene como fin de engañar a Davicho para que no persiga
ni se interponga en el camino de los enamorados.
El raptor lleva a su amada junto al altar de palo santo donde
espera Gosacaít, y allí se la ofrenda, entonces el Duende del Amor encarnado
en el novio la posee y consuma la unión. Y la planta entonces que luego será
árbol, árbol sagrado para ellos permanece por siempre unido a esa familia. A
su sombra nacerán y crecerán los hijos, y les dará leña para iluminar la
choza y calentar el hogar los días de frío, y les dará remedios en la
enfermedad y junto a sus raíces morarán sus restos cuando llegue el momento
de partir.