Esto no se hace, Antonio. O sea, sí se hace, pero sólo sin querer, como
suele pasar con todo lo interesante. Nos dejas pendiente de ese
endecasílabo final trunco, invitados fatalmente a completarlo. Y,
obediente, lo hago. Mi apuesta:
>
> Chocando con la recia fortaleza
> Los golpes y los besos se consumen
> y a mí, desde mi torre desalmada,
> inmune a la alegría y la tristeza,
> me resta como insípido resumen
> el pálido silencio de una espada.
>