Este agradable mensaje me llevó a desempolvar unos viejos versos que aquí
comparto.
Indicios
I
Acaso en la penumbra dolorosa
de un sinfín de recuerdos sepultados
se escuchan los latidos silenciados
por una voluntad más poderosa,
como de suaves ecos olvidados
arañando las paredes cavernosas
que hace eones izaron venturosas
las fuerzas de unos seres despiadados.
Pues, hoy esas memorias testimonian,
acuñadas por diez mil generaciones,
contadas en relatos y canciones,
celebradas en oscuras ceremonias,
dibujadas y escondidas en blasones,
espíritu inmortal de mil historias,
la existencia de entidades en las fobias
que subyacen en nuestros corazones.
Desde la esquina más lejana del estudio
dónde el Bóreas anima los tapices,
llega el cantar de las adoratrices
vuelto a la vida en este plenilunio
entonado en lúgubres matices,
prologando amargos infortunios,
vibrando atenazados en sus puños
notas oscuras y bemoles grises.
¿Son suspiros, tal vez? ¿Acaso estrofas?
¿Son frases y caprichos sin sentido
nacidos en rincones escogidos,
ahijados por la sombra de una sombra?
¿No son siempre rincones sustraídos
al fútil resplandor de las farolas?
¿No elevan estos ruidos negras olas?
¿No erizan misteriosos calofríos?
En noches como ésta me descubro
tentado a escudriñar en los misterios,
laberínticas razones que milenios
no han develado a nuestros ojos turbios.
Los días fatigados por el tedio
en vano intentan escalar los muros
que guardan los arcanos más oscuros.
Largas noches arremeten contra ellos.
¿Y no existen acaso los fantasmas
que creo descubrir en los rincones,
que delatan mis miedos y temores,
que dibujo entre las formas de la flama?
¡Me estremezco al sospechar que estos
terrores
al igual que otros sentires de mi alma
no son sino un reflejo sobre el agua,
no son más que vanas ilusiones!
II
Hoy nacen en mi mente
recuerdos que los textos olvidaron,
historias imposibles,
heroicas epopeyas que dejaron
una huella grabada en ningún sitio.
Repúblicas que nunca se forjaron;
Gloriosos epitafios en granito.
Recreo el universo en mi conciencia,
arte, religión, historia, ciencia,
red inefable urdida sobre el tiempo
de nudos y mentiras,
de glorias y tormentos.
Antiguas ascendencias escondidas
en céfiras regiones hiperbóreas,
o en áridos vergeles primordiales;
invasores que fueron conquistados,
conquistadores con espadas rotas
doblegados en las tierras más ignotas
por indios que no fueron derrotados.
Sí; ya todo es posible;
si es que todo es ilusión forjada en mí
por ubicuos sentidos,
no concibo distinción más baladí
que aquella señalada por los sabios
entre fantasmas y lamias que no vi,
y verdades contadas por sus labios.
Tan sólo imágenes en mi conciencia;
la única expresión de una existencia
caprichosa y real, tarda y briosa,
íntimo germen de horas infinitas
que barre las murallas temblorosas,
llena de luz el aire de la cripta,
perfuma una visión desempolvada
y exime un ánima hasta ayer contrita.
Cuenta un libro de páginas impuras:
«Son los sentidos representaciones,
excusas para nuestras emociones,
que nos resguardan contra la locura».
III
Se deslizan los velos,
la realidad estalla.
Calla la verdad; se abren los cielos.
Me sumerjo en blanca luz
mas no se altera
la penumbra de la sala.
Gala de razones y sentidos;
llano e incontestable entendimiento.
Tiembla en su cimbra desde los cimientos
La dudosa realidad de lo vivido.
A la infinita malla
dócil me incorporo,
y extático contemplo sin asombro
que en lo más profundo de mi alma
no hay secretos,
no hay escombros
sepultando preceptos escondidos.
¡Ay! Deliciosa y singular sapiencia
que ya desdeñas por innecesarias
vanas preguntas, entestada ciencia.
IV
La claridad remite;
regresa a las esferas superiores
su errática belleza.
No intento retenerla con razones,
vibra en mí su espléndida presencia,
suenan en mis oídos sus canciones.
¡No me abandones exquisita ciencia!
¿Cómo contar que todo es tan sencillo?
Me dejará esta luz acaso un brillo,
un destello, un reflejo, una promesa
para evocarla un día
desde la oscura brea,
y saber que a pesar de que me engañen
ilusiones, mentiras o apariencias,
me confundan absurdos sinsentidos
o me agobien preguntas sin respuesta
existe una verdad que he conocido
no es azar inconexo lo vivido
y el Supremo bien sabe a lo que juega.