En el folclore británico, un boggart (o bogart, bogan, bogle o boggle)
es un espíritu doméstico, malévolo en ocasiones, servicial otras veces.
En el norte de Inglaterra, al menos, solía creerse que nunca se debía
nombrar al boggart, pues cuando recibía un nombre, ya no se podía
razonar con él ni persuadirlo y se volvía incontrolable y destructivo.
Se dice que el boggart trepa a las camas de la gente y les echa una mano
pegajosa en la cara. A veces les disputa las sábanas o les tira de las
orejas. Una herradura colgada en la puerta de la casa servirá para
alejarlo.
Una de las historias más comunes sobre boggarts nos dice que cuando una
familia no puede soportar más sus travesuras y decide mudarse para
librarse de él, el boggart hace las maletas y se apunta a la mudanza
—una conducta propia también del clurichaun. La familia le oye
empaquetar sus cosas, o escucha cómo dice que él también se muda.