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La Mano Negra, por Paco Vigueras   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #13808 de 13860 |
Creo que a todos nos pasa que recibimos más correo del que podemos
buenamente procesar. De vez en cuando, hago limpias y repaso mensajes
que no pude o supe leer en su vida. En uno de ellos Paco Vigueras
(fravime&nospam#@...), un amable lector de la página de leyendas
urbanas del Augustóbriga, me envía este relato, que os remito a mi vez.

* LA LEYENDA DE LA MANO NEGRA*

* *Solamente las personas que tienen mas de 80 años podrán recordar
haber visto un partido de liga del equipo del Real Murcia en el campo de
fútbol llamado Torre de la Marquesa inaugurado en 1918, ya que lo del
campo la Condomina vino después, donde por cierto se hizo el estadio en
una zona de la huerta donde se edificó también el hospital provincial y
la plaza de toros.

Esa zona era regada por la acequia que se llamaba de la Condomina que
transcurría y aun hoy lo hace por debajo del Río Segura a la altura del
hospital Reina Sofía mediante un sifón, para regar el condominio a que
me refiero, de ahí viene el nombre del estadio próximo a desaparecer y
que ha dado paso a otro llamado la Nueva Condomina.

Bien volvamos a la Torre de la Marquesa y si miramos la única foto que
he podido conseguir de esos años en la que la casa todavía estaba en
pié, podremos observar la torre que en ella había en aquellos años de
principio de siglo, y que al parecer, una extraña leyenda que llamaron
de la Mano Negra hizo que la gente no se acercara por allí hasta que
solo quedaron en pie los cimientos no muchos años después.

De la finca llamada Torre de la Marquesa muy poco o nada se sabe ni
quien pudo ser la marquesa, solo de su último propietario que la vendió
para construir la estación de Caravaca y la cárcel cuyos edificios aun
persisten.

Pero este asunto de lo que trata no es de desentrañar la leyenda que se
forjó en la casa cuya torre o torreta resalta en esta vieja fotografía
sino hacérsela llegar a los que nunca han tenido noticias de ella.

Dicen los relatos que a mis oídos han llegado y a los escritos que he
podido encontrar y leer, que un atardecer del mes de noviembre, quizás
en los primeros días, alguien que pasó cerca de la casa pescando
anguilas de las que habían por la acequia que trascurría paralela a la
mas importante de todas que corría mas abajo, llamada acequia Mayor o
Aljufia.

Este hombre llamado Sebastián de apodo el Largo, vio según se decía
asomar una mano por la ventana de la torreta haciéndole señas para que
se acercara.

Por aquel entonces la casa ya estaba muchos años sin habitar incluso
tantos como se hablaba en la leyenda.

Despavorido huyó Sebastián de aquel lugar dejándose las anguilas que
había pescado tiradas en la mota de la acequia. Tal carrera hizo que
poco tardó en llegar a su casa que la tenia no muy lejos de allí pues
vivía en Santiago y Zaraiche, se metió en la cama y titiritando de frió
y miedo y le contó a su mujer lo que le había pasado.

Como siempre ocurre en estos casos Carmela su mujer dudó de lo que le
decía su marido y preparándole un tazón con leche, miel y aguardiente,
se sentó junto a él esperando que se durmiera y se le pasara lo que ella
creía que podría haber sido una alucinación momentánea, callada y sin
hacerle el más mínimo comentario.

Pero Sebastián de apodo el Largo no volvió hablar ni una palabra mas ni
se alejó de su casa mas allá del entorno de su vivienda. Nadie que yo
haya podido averiguar escribió algo mas sobre el caso de Sebastián,
aunque después ocurrieron muchas mas cosas que con mucho trabajo y
perseverancia he ido sabiendo y son las que a continuación voy a contar:

Alguien llamado Carmelo que pasó por la mota de la acequia también
pescando días después, encontró las anguilas en el mismo sitio donde las
había dejado Sebastián cuando huyó, estaban vivas tal y como si
estuvieran recién pescadas y atadas con un esparto que atravesaba los
pómulos de todas entre sí.

Las anguilas que las había en abundancia en aquella lejana época era un
plato exquisito por lo que al no ver a nadie a lo lejos, quiso meterlas
en su zurrón. Pero su sorpresa vino cuando intentó cogerlas y aunque
vivas y resbaladizas no pudo despegarlas del sitio donde estaban, una
fuerza extraña se lo impedía, esto lo dejó muy intrigado aunque no
asustado, las dejó donde estaban, que remedio tenía, y se fue al
ventorrillo que frecuentaba casi a diario en el camino de Churra, allí
lo contó como cosa extraña cuando no extraordinaria tal y como le había
pasado.

Se echaron a reír sus amigos y quedaron en ir al sitio al día siguiente
para demostrarle que estaba mintiendo, pues si eso era así uno que se
las daba de forzudo, todo esto dicho en broma las arrancaría del suelo y
luego las guisarían y se las comerían.

Al día siguiente ya anocheciendo pues en esa época las noches son mucho
mas largas que los días fueron los cuatro amigos al sitio frente a la
torre donde decía Carmelo que había visto las 5 anguilas que estaban
unidas y atravesadas con un esparto con un esparto.

Cuando intrigados se acercaron a ellas vieron con asombro que estaban
vivas y moviéndose convulsivamente intentaron después de largo rato de
estar observándolas moverlas de donde estaban con un palo que cogieron
de por allí ya que no se atrevían a cogerla con la mano pero no hubo
forma de moverlas, en esto estaban cuando se vino la noche casi sin
darse cuenta.

De pronto vieron como un resplandor de una fogata aparecía tras la
ventana de la torre, cuando sobresaltados se fijaron en la ventana, los
cuatro vieron otra vez la mano negra que les hacia movimientos como para
que se acercaran.

De un grupo de cuatro personas siempre hay una que se toma las cosas a
cachondeo y encuentra alguna explicación a respecto por lo que cuando ya
se preparaban para salir corriendo, el que se llamaba Claudio de apodo
El Cantero, buscando explicación al suceso dijo que el fuego en la casa
lo mismo que la pesca sería cosa de zagales incluso la mano, y que
habría que entrar en la casa, pero que eso seria otro día. En cuanto a
las anguilas tenían mal fario y alguna explicación habría aunque en ese
momento no se le ocurría ninguna y que al día siguiente lo descubrirían
si es que seguían allí porque con seguridad al volver que se las habrían
llevado los zagales que hacían fogata en la torre.

No convenció esto a Carmelo que mientras se iba alejando no paraba de
volver la cabeza y mirar hacia la venta de la cual el resplandor que
había desapareció totalmente.

Al día siguiente ya fueron mas personas a ver si lo que habían divulgado
estos hombres era cierto, y ocurrió exactamente lo mismo, allí estaban
las anguilas vivas y haciendo culebrinas en el suelo si desplazarse del
sitio ni unos centímetros, la hoguera y la mano cuando anocheció también
apareció pero esta vez duró solo unos minutos, fue visto y no visto,
pero lo suficiente para que se corriera la voz.

Murcia en los años que se forjó esta leyenda posiblemente no tuviera ni
15.000 habitantes así pues era una población muy pequeña pero por lo que
en ella no se hablaba de otra cosa y como es natural salió a relucir el
caso Sebastián el Largo, el cual se había quedado lelo quizás fuera
porque el miedo lo atontó al estar solo cuando esto le ocurrió, el caso
es que el asunto en este caso no se divulgó porque lo que se sabe de
este hombre fue por boca de su mujer, ya que a él no se le pudo sacar ni
una palabra.

No solo la gente, que tenia valor de acercarse en aquellos anocheceres
de invierno a ver la extraña pesca y los fenómenos anormales, estaba
intrigada, también la iglesia observaba callada en espera de
acontecimientos. Por su parte el corregidor de la villa envió unos
alguaciles a que entraran en la casa una mañana. Más cuando estos
salieron después de haberla recorrido en su totalidad hubieron de decir
que nada habían visto ni incluso restos de la hoguera que se suponía
ardía tras la ventana al anochecer, lo cual puso a la gente más
intrigada y la vez mucho mas sobrecogida.

Empezaron a correr las supersticiones y tenebrosas fantasías que mentes
extrañas voceaban todos los atardeceres y empezaron a ocurrir casos que
hicieron investigar a la Santa Inquisición como era llamada en aquella
época, desde ese momento nadie habló de brujerías ni de cosas parecidas
porque el que lo hiciera se jugaba la vida, pero el tema allí estaba, un
asunto sin explicación de la extraña pesca la sobrecogedora mano y a la
misteriosa hoguera, estas dos últimas que aparecían al anochecer, solo
eso, ni mas ruidos raros ni mas fenómenos que no fueran simplemente estos.

Pero claro cuando la gente empezó con miedo hablar de la mano negra a
todo el mundo, empezaron a acudir de todas las pedanías. Fue entonces
cuando la Iglesia tomo parte en el asunto y ya que nada había que
exorcizar y nada había que descubrir que no estuviera ya visto, ordenó
al obispo de aquella época Juan Daza que también lo fue de Oviedo, que
solucionara el tema y remitiera una explicación verdadera por si fuera
preciso emitir el criterio de la Iglesia a tal misterio.

Juan Daza que todavía no conocía bien el carácter ni la diócesis por
estar recién llegado a Murcia, ordenó a su arcediano que resolviera el
tema y así trató de hacerlo.

Un anochecer apenas casi sin mas luz que la de las velas que portaban
los curiosos y cubierto con una capa que apenas le dejaba ver el rostro
llevando un crucifijo de metal apretado con su mano derecha y con mas
curiosidad que valentía se acercó a la casa cuya puerta estaba encajada
pero no cerrada.

La gente se quedó inmóvil y sorprendida de ver aquello.

El arcediano empujó la puerta y se introdujo en la casa con paso
tembloroso y lento, subió las escaleras dejando en cada peldaño unas
gotas de sangre que salía de su mano derecha ocasionada por el apretón
tan fuertísimo que estaba dando al crucifijo, y si rezaba mientras esto
ocurría o no lo hacía, eso nunca se sabrá.

Pero lo que si ocurrió fue que en el momento de entrar en la sala de la
" Hoguera sin Fuego" como así la llamaban, los que miraban desde lejos.
El arcediano vió como un fogonazo inmenso invadía la estancia.

En ese momento quedó como ciego pero antes,en solo un segundo, vio que
la mano que no era negra sino como de cera, dejaba en el suelo a sus
pies un pergamino escrito a la vez que desaparecía.

Los curiosos de fuera al ver el tremendo resplandor huyeron despavoridos
sin esperar acontecimientos y no salieron de sus casas hasta pasados mas
de dos días.

Cuando por fin se atrevieron, ya todo estaba como si nada hubiera
ocurrido. Nunca más volvió a repetirse fenómeno alguno. Ni mano, ni
hoguera, ni las anguilas que habían desaparecido sin rastro.

Dos horas después de lo ocurrido el arcediano que como ya sabemos era la
sombra que la gente vio entrar a la torre, salía de ella con paso
cansino y tembloroso hacia una residencia en los anexos a la Catedral
donde lo esperaba el obispo.

Cuando el arcediano hombre alto y moreno de cabellera abundante que
tendría unos 30 años, partió hacia la Torre de la Marquesa iba con buen
paso y semblante sereno aunque sobrecogido.

Cuando volvió, se presentó ante el obispo, y se despojó de la capa. En
aquel momento en la cara del obispo se reflejó un terrible asombro y
hasta sin habla se quedó, ya que lo que tenia delante era el arcediano,
de eso no había duda, pero era también un viejo de muchísima mas edad,
encorvado y con el pelo completamente blanco, la mirada huidiza y la
piel arrugada.

En una mano, la patética figura del servidor de la Iglesia portaba el
crucifijo manchado con la sangre de su mano y en la otra, muy
temblorosa, el pergamino escrito que entregó al obispo. Corría
posiblemente el año 1.512

El arcediano ya no volvió hablar ni una palabra se sentó en un sillón
que había en un rincón de la sala se quedó como dormido en un sueño del
que jamás despertó.

El obispo Juan Daza miró el pergamino vio que estaba escrito en
caracteres cirílicos, y lo dejó entre las hojas de un libro que guardó
en un cajón de su mesa para traducirlo al día siguiente pero nunca se
llego a abrir ese cajón, no se sabe el porqué, aunque la leyenda dice
que fue tanto el miedo que le cogió al asunto que no pudo dormir en toda
la noche.

Ya bastantes años después un archivero guardó el incunable junto con
otros en los archivos episcopales y catedralicios que estaban situados
entonces, y aun hoy lo están en el primer cuerpo de la torre bajo la
maquinaria del reloj y allí estuvo el libro muchos años mas.

Se accede al gran archivo por una puerta que se puede ver de color gris
subiendo la rampa 12 a la derecha y los documentos que se guardan en el
son actualmente de un valor inestimable.

Al edificarse en el siglo XVIII el Palacio Episcopal, pasaron los
incunables a la biblioteca museo del palacio y fue allí donde el
documento fue descubierto por un estudioso de los temas inquisitoriales.
El fue el que desentrañó el secreto de la Leyenda de la Mano Negra y lo
fue trasmitió a su sucesor y este al siguiente y así hasta nuestros días.

He conocido en mis años de búsqueda a una persona que dijo conocer a un
clérigo que sabe el secreto de esta leyenda y conoce su historia, por
fin lo encontré y viendo mi interés me reveló el secreto el cual tal y
como prometí jamás se lo he revelado a nadie hasta este momento aunque
me autorizó a revelárselo a quien yo creyera que demostraba gran interés
en conocerlo, seguramente encontraré a esta persona algún día.

Paco Vigueras

En Murcia Septiembre del 2007

Nota del escritor: Basada en la leyenda murciana La Mano Negra de la que
muy poca gente se acuerda y casi en ningún sitio está reflejada





Lun, 30 de Mar, 2009 9:33 pm

agonza59
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Alejandro González
agonza59
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