>Hoy es siete de diciembre, las callesde mi pueblo se
>llenarán de velas. Los hombres, las mujeres y los
>niños cogerán su atado de velas de cera enmielada y
>pondrán docenas de ellas por las calles, en las
>avenidas, en las ventanas. Y es que un día el niño
>Jes´su se le perdió a la Virgen María y entonces se
>pone de velas todo el camino para que pueda volver a
>su casa, volver a su mamá.
>
>El texto, cargándolo de terribilidad se asemeja en alguna manera a
>la leyenda de Utburd, así que lo dejo, creo que ya lo coloqué por
>aquí, disculpen los viejos la repetición y deseen los nuevos que no
>se repita dentro de un año...
utburd (del noruego antiguo "niño dejado a la intemperie"). En la
tradición popular de Noruega, fantasmas de los niños recién nacidos
que eran abandonados por sus padres por diversas causas:
deformidades, enfermedades, imposibilidad de manutención, hijos
ilegítimos... Éstos eran enterrados vivos en la nieve para que
murieran rápidamente. Alguno de ellos conseguía volver al mundo de
los mortales como un espíritu vengador y fiero, que atacaba a los
humanos, en especial a su propia madre. Podían pasar por debajo de
las puertas, a través de las rendijas de las ventanas o bajar por la
chimenea en forma de humo. Cuando se aparecían con forma corpórea,
tomaban aspecto de niño pequeño, congelado y marchito, de piel
amoratada. El Utburd puede tomar diferentes aspectos, en algunos
casos de descomunales proporciones, pero siempre terroríficos. Atacan
a los viajeros cuando pasan cerca de una de sus tumbas y la forma de
reconocerlos es escuchando sus terríbles lamentos. Su forma de matar
era arrojando a la víctima al suelo, para luego abrazarla y sentir su
calor (el afecto que nunca se le concedió en vida). La manera de
salvarse del mortal abrazo de un Utburd era mostrándole un objeto de
hierro, como un cuchillo, o cruzando la corriente de algún riachuelo
próximo.
El utburd está relacionado con el aoros de la mitología de la antigua
Roma. Los aori eran espíritus de niños muertos por accidente,
asesinato o enfermedad. Estos espíritus errantes gemían hasta el día
en que creían que debían haber muerto; pasado este tiempo descansaban
en paz.