ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL
por Raúl Minchinela
nº 22 - La perspectiva y el contexto
Puestos a poner los cimientos en algún lugar fácilmente identificable,
olvidando los purismos cronológicos, vamos a quedarnos brevemente con
Marcel Duchamp. Duchamp es un señor que reconocerán en los libros de arte
por su habilidad para colocar en un museo una pala de quitar nieve (121,3
cm., madera y hierro galvanizado) y lograr abrir la caja de los truenos por
el simple hecho de titularlo "a cuenta del brazo partido". Para
entendernos, el trabajo de Duchamp consistió en coger la pala, trasladarla
a una galería de arte, asociarle una frase y dejarla apoyada en la pared.
Este tipo de trabajos, por llamarlo de alguna manera, iniciaron el
concepto de "ready-made", un eufemismo para la obra ya hecha que el autor,
en un ejercicio de pereza, convierte en suya. El colmo del concepto del
intermediario y el límite de la cara dura.
No hay que olvidar que la galería estaba organizada con la esperanza de
que, bajo la excusa del arte, un adinerado mecenas pagase una cantidad
considerable por un elemento que podía conseguir intacto en la ferretería
más cercana. Con el tiempo, la inercia y el reducido volumen de ventas
llevó al concepto del ready-made modificado, en la que la aportación del
artista convertía la pieza en distinta de sus gemelas de fábrica. En
consecuencia, Duchamp en su obra "fuente" toma un urinario de pie y se
dedica a la agotadora tarea de firmarla en un lateral, eso sí, con un
nombre falso. Asombrosamente, se vendió. Asombrosamente, sigue en
exposición. Asombrosamente, ochenta años después, sigue siendo una obra
conocida. En el vaticano sólo se necesitan tres milagros para ser santificado.
El concepto del ready-made sacó a relucir unas cuantas cuestiones sobre el
arte, particularmente sobre la naturaleza del elemento, sobre la percepción
del observador y sobre las tomaduras de pelo en general. El concepto del
artista, que hasta el momento se había asociado con el del artesano, fue
forzado hasta poder incluir un tipo de actividad más cercana a las agencias
de contratación inmobiliaria. Se inician a partir de esa tesitura -insisto
en que simplificamos, no se pongan puristas- ciertas teorías sobre la
naturaleza del arte, que se desvían naturalmente hacia la justificación de
las obras que se consideran válidas. Como consecuencia, con el paso del
tiempo hemos llegado a una situación en la que las teorías que acompañan a
las obras son imprescindibles para entender la obra. En otras palabras, la
obra por sí misma no es suficiente para expresarse: necesita notas a pie de
página. Y se justifican una serie de élites con la simple excusa de que se
conozcan o no las reglas de la obra y, lo más asombroso, que se den por
válidas. En suma, o comulgas -es decir, te lo crees- o, a ojos de los
demás, no entiendes la obra.
La aparición (y la justificación) del ready-made llevó a una cuestión
artística de gran importancia, y que no se me enfade nadie. La obra de arte
no es un objeto sino una perspectiva. La calidad artística no es una
dimensión cuantificable sino una calidad de apreciación, de modo que la
obra de arte en realidad es construida en nuestra cabeza y es el espectador
por tanto el ejecutante, lo que convierte la obra en sí en un catalizador.
Este razonamiento trompicado ha servido para justificar cosas como el
expresionismo abstracto, conocido entre las personas poco familiarizadas
con el léxico artístico como "esos lienzos salpicados y con churretones".
Por otra parte, el ready-made en particular apuntó la validez artística de
la acción de sacar un elemento de su contexto: en otras palabras, la pala
de nieve tiene mucho más valor al ser colocada en una galería de arte que
al estar en un expositor de tienda de jardinería con un distintivo del
treinta por ciento de descuento. En mi caso particular, siempre pensé que
estos dos puntos (la perspectiva y el de-contexto) lograban construir una
base teórica robusta -que permitía introducir en el saco cualquier elemento
por peregrino que fuese- que a efectos prácticos, a efectos de vía rápida
para la creación de obras de arte de primer orden, sólo significaba un
callejón sin salida. Los desiertos lo abarcan todo pero no tienen caminos.
Tenía esta encerrona en la cabeza cuando me acerqué al número 15 de la Rue
de la Chaîne en Rouen, Francia. Allí encontré la obra de Bernard Pras.
Pras es un artista cuyo paso final es la fotografía. Pras compone, encaja,
precisa, perfila y finalmente fotografía instalaciones de comprensión
accesible para todo el mundo. Sería un flaco favor definirle como un
Arcimboldo del material de reciclaje, un Arcimboldo Pop y Trash a un
tiempo. Mientras Arcimboldo construye sobre una base bidimensional, creando
rostros a base de acumular vegetales sobre una mesa con jarrón, Pras juega
con la distorsión de la perspectiva, la confusión de la distancia. Y más
allá de simplemente construir un rostro, Pras es capaz también de recrear
incluso estilos artísticos. En sus obras, Pras crea magia. Como en un truco
de cartas, sabemos que hay truco, pero en el truco reside precisamente su
belleza. Pras es un prestidigitador que nos convierte a todos en niños con
ojos muy abiertos.
Pero si desde un punto de vista práctico la obra ya es escalofriante, desde
un punto de vista teórico su aportación es extraordinaria. De un plumazo
-relativo, porque el tiempo invertido por Pras en cualquiera de sus obras
es cualquier cosa menos despreciable- el bueno de Bernard, vete a saber si
voluntariamente o por puro accidente, logra salvar de la quema toda la
estructura teórica del arte construida de emergencia durante el siglo para
seguir evitando los escollos propuestos. En otras palabras, construye una
obra artística comprensible sin ningún tipo de conocimiento sobre tesis
artísticas. Construye una obra artística en la que los elementos no sólo
son sacados de contexto sino que definen uno nuevo que entra en consonancia
con la obra. Construye una obra que sólo tiene sentido desde un cierto
punto de vista, uno justo y exacto, materializando la teoría de que "la
obra no es un objeto sino una perspectiva" no sólo en sentido figurado -que
también: la obra no deja de ser un enorme almacén de elementos que toma
forma en nuestra cabeza- sino también en sentido etimológico: ese exacto
punto de vista es el que nos permite entender la obra; uno diferente sólo
nos revela una desordenada parada del Rastro. Si los suman, hacen tres
milagros.
En alguna parte, un señor con su material de derribo y su cámara
fotográfica ha logrado salir de la trampa más compleja imaginable y le ha
dado todo el sentido. Ya tenemos un genio para el siglo XXI.
Ya tenemos un mago para nuestros ojos incrédulos.
***
Les incluyo con este articulo una obra -tal vez la más espectacular- de
Bernard Pras, titulada ' Inventario nº 16 "Van-Gogh" ', para que puedan ver
por ustedes mismos la calidad y cualidad de su apuesta artística, asi como
otro documento con el propio Bras realizando una de sus piezas. No sería
mala idea que releyeran este módem después de familiarizarse con su obra.
Pueden encontrar más trabajos suyos en la dirección *
http://laurentn.free.fr * . Esta página web incluye videos que permiten
comprobar la profundidad de la obra y el proceso de ejecución, para asombro
del más pintado.
La exposición de Bernard Pras en el Centre Photographique de Normandie de
Rouen estará disponible hasta el 24 de diciembre de este año. Si pueden
acercarse no pierdan la ocasión.