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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL
por Raúl Minchinela
nº 73 - El importe del rábano
De entre las muchas sorpresas que nos deparan las vidas de santos, me gustaría subrayar un milagro atribuido a San José Oriol (1650-1702). El milagro que nos concierne sucedió en las siguientes circunstancias: terminada una cena en la que el santo estaba presente, resultó que ninguno de los comensales tenía dinero para pagar al mesonero. Viendo cómo se iba complicando la situación a medida que el dueño del local se resistía a aceptar el lavado de vajilla como forma de pago, San José tomó decididamente uno de los rábanos que había sobrado y se puso a cortarlo con un cuchillo. Las lonchas que iba cortando, dice la hagiografía, se convertían en monedas según caían a la mesa. Por si quedaba alguna duda, la narración nos aclara que "cortó tantas lonchas como monedas hacían falta para pagar la comida".
Esta historia es notable en muchos aspectos. Primero, una cena de grupo en la que nadie lleva dinero no es precisamente un conjunto de santos. Segundo, llama la atención lo prosaico del milagro, que en lugar de conceder una curación o un bien general se materializa en lo que -quizá desde lo de Judas Iscariote- se conoce como vil metal. Pero, personalmente, lo que encuentro más relevante es la última frase, que he citado textualmente: "cortó tantas lonchas como monedas hacían falta".
Tal vez alguno de ustedes recuerde una historieta de Mortadelo y Filemón titulada "el Gang del Chicharrón". En una escena, Mortadelo, Filemón y el superintendente Vicente acuden a la celda de la que se habían escapado los miembros del Chicharrón, que tiene una pared visiblemente agujereada. Filemón, viendo el panorama, comenta: "Sólo a esos borricos podría ocurrírseles semejante estupidez". "¿Cuál?", pregunta el súper. "Pues hacer diez agujeros" -aclara Filemón- "en lugar de escapar todos por el mismo". ("Anda, pues es verdad. No se me había ocurrido", contesta el súper; "Ni a mí", añade Mortadelo).
La 'performance' monetaria de San José Oriol es oficial dentro de la iglesia católica. A efectos de los católicos apostólicos, fue la intervención divina la que convirtió cada loncha en una moneda. Ahora bien, ¿no bastaba con una moneda?
Es decir, ¿ha habido alguna vez en toda la historia una situación de acuñación en la que la moneda más grande fuera sólo una parte de una cena de grupo en un mesón? En épocas en la que los cheques no existían, que las tierras y las casas se pagaban al contado, ¿alguien concibe que la moneda más valiosa no cubriese una cena para seis? Incluso si este milagro se aplicase en nuestros días de dinero electrónico y monedas pequeñas, ¿no sería más normal que la loncha se convirtiera en un doblón de oro en perfecto estado, homologable por catálogo, en lugar de cortar una ristra interminable de monedas de, en el mejor de los casos, dos euros?
En suma, ¿qué hace que la intervención divina en el milagro de San José Oriol pueda ser valorada por Filemón como una estupidez que sólo se le puede ocurrir a Ese Borrico?
Quizá ayude a entenderlo la historia del matrimonio Mínguez de la Concha, una ficción incluida en el primer ejemplar del fanzine Dinero, la "revista de poética financiera e intercambio espiritual" que realiza Miguel Brieva para Ediciones Dobledosis. La historia de los Mínguez narra cómo, al sacar dinero en un cajero automático, les llegó un billete de valor infinito emitido por error en la fábrica de Moneda y Timbre. Cuando los Mínguez realizaban cualquier compra con ese billete, las tiendas les daban como cambio el propio billete. Asustados por la situación, decidieron ingresar el billete en un banco. "Mediante ese sencillo acto", dice el relato, "los Mínguez se hicieron propietarios de todas las riquezas del país", "y en cuestión de horas, de las de todo el mundo. El orden financiero colapsó, ya nadie poseía nada; todo pertenecía a los Mínguez como pago ínfimo y consolatorio de lo que la humanidad les adeudaba: infinito". Con esta frase termina la narración, pero hay un añadido al final de la página que dice así: "Feliz desenlace: El matrimonio Mínguez accedió, finamente, a destruir el billete a cambio de que la tierra fuera llamada Alberto M.".
A un lado, el estado puede imprimir un billete de valor infinito; a otro, las intervenciones divinas relativas al dinero están limitadas a la calderilla. Si las ficciones reflejan la situación del momento en que son creadas ("nada nace de la nada"), vivimos un momento en el que Dios es menos potente que el dinero.
El dinero es una representación, un concepto abstracto: una civilización no se sorprende diciendo un día "mira, eso que cuelga lo llamaremos tomate" y otro diciendo "mira, eso que cae lo llamaremos dinero". La idea de Dios sólo afecta si eres creyente, pero la del dinero te afecta creas o no. Y a la primera la llamamos nada menos que todopoderosa.
Tiene cierta lírica. Atendiendo al milagro de San José Oriol, Dios, desde el dinero, es calderilla.
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Raul Minchinela
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Alexander Solzhenitsin, Archipiélago Gulag (3a parte), "Los pilares del Archipiélago"
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Mié, 25 de Jun, 2003 6:19 pm
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