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#32 De: abz@...
Fecha: Jue, 21 de Dic, 2000 12:53 am
Asunto: modem 028 - La locura a presupuesto industrial
abz@...
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por  Raúl Minchinela

nº  28  -  La locura a presupuesto industrial

Usted no sabe en qué están gastando su dinero.  Las cuentas del estado
tienen muchas líneas -no sólo la asociada con fondos reservados- que
son eufemismos para gastos incontrolados y, a qué esconderlos si no,
indeseados. Las cuentas claras, sin embargo, llegan a su vez a
extremos equivalentes de caos. El periodista y escritor Pérez-Reverte,
en su visceral 'Territorio comanche', narra cómo los contables de la
televisión pública española se negaban a admitir como gastos el dinero
que el periodista de guerra debe invertir para que la picaresca local
le mantenga actualizado. El cronista debe de este modo pagar a los
informadores de su propio bolsillo, excepto, claro está, a los
soplones con factura.

Así que se ha elegido el negro porque el blanco, el "luz y
taquígrafos" de los oradores, sólo queda funcional y lustroso en los
discursos. Y como no podemos detener los descomunales gastos no
registrados y realizados a cuenta del erario público, lo mejor que
podemos hacer es, al menos, intentar convertirlo en diversión. Es así
como nace la subcultura de las conspiraciones.

La cultura conspirativa nace del interés inusitado sobre las
actividades practicadas por los servicios secretos del gobierno de
interés, si bien huelga decir que el que más tinta de interés ha
generado ha sido el estadounidense. Igual que ocurre en los contenidos
de los programas televisivos, la importancia de las conspiraciones no
es averiguar si por la adquisición de una flota de tanques se ha
pagado diez veces su precio con beneficios a cargo del bolsillo de
tres privilegiados. El atractivo está en las campañas más peregrinas
llevadas a cabo por los servicios de inteligencia, por un lado en el
sector puramente frívolo (servicios de investigación de apariciones
extraterrenales y de percepciones extrasensoriales) y por otro en el
trágico -disolución, mediante evidencias falsas e incluso masacres, de
gobiernos elegidos democráticamente; falsas vacunas que son en
realidad material radioactivo para comprobar la supervivencia humana
en caso de bomba atómica-. Como en los programas de máxima audiencia.

Las revelaciones conspirativas se basan muy particularmente en los
documentos desclasificados que los servicios secretos, varias décadas
después de la fecha impresa en el informe, deciden hacer públicos.
Siempre y cuando, claro está, uno sepa cual es la puerta escondida
donde se realizan las peticiones y conozca los larguísimos trámites
necesarios para que la demanda llegue a buen término. Unos cuantos
individuos que han decidido invertir su tiempo en esta disciplina han
sido los valientes que nos han revelado todas estas desventuras, eso
sí, con el lógico retraso. Han iluminado de esta forma las estrategias
más criminales, las actitudes más canallas y -este punto nos interesa
particularmente- las actividades más enloquecidas, con gastos
cubiertos y con pingües beneficios.

Ubiquémonos en plena guerra fría. La CIA, con el objeto de derribar
cualquier elemento con aroma a comunismo, gastaba un dinero atroz y
-vayan ajustando sus cinturones- daba luz verde a los proyectos más
descerebrados. Theodore Shackley y su segundo Thomas Clines fueron los
encargados durante 1962 y 1963 de quitar de en medio al simbólico
Fidel Castro, que en la época era una imagen simbólica en la
contracultura norteamericana a la altura de la del Ché en nuestros
días. Según informes de los expertos de la compañía, gran parte del
atractivo de Castro residía en su imagen varonil, de modo que Shackley
y Clines incluyeron la imagen y no sólo la muerte como objetivo de sus
acciones. En total durante esos dos años se intentaron treinta y tres
intentos de asesinato, que incluyeron -no se rían, que lo estoy
diciendo en serio- puros explosivos y puros envenenados. La división
química de la compañía trabajó arduamente, atentos, para impregnar un
puro con una sustancia que lograra que a Castro se le cayera su
varonil barba. El surrealismo a presupuesto industrial con la excusa
del comunismo.

Las conspiraciones siempre han hablado de aventuras en países lejanos
y de fraudes billonarios que involucran varios continentes; cosas, en
general, muy grandes y muy lejanas al individuo medio. Los cientos de
miles de asesinados, las fabricas de refrescos de cola -ambas marcas-
encubriendo toneladas de estupefacientes no son elementos que uno se
cruce accidentalmente. Da la impresión de que las acciones de la CIA
no le afectan a uno a menos que las busque voluntariamente. Hasta que
te enteras de cierta pieza clave para entender el arte contemporáneo.
Las consecuencias de las acciones de la compañía rebosan las revistas
de arte más selectas y los suplementos culturales de su periódico
favorito

Una pausa para los fumadores.



***

La información sobre las actividades de la CIA no son precisamente un
secreto, pero una de las fuentes más fiables -el Christic Institute de
Washington- realizó una demanda de gran interés para los interesados
en la narrativa de alto nivel. El informe presentado fue recogido por
el escritor inglés Alan Moore, que lo condensó magistralmente, lo pasó
por los inspirados pinceles de Bill Sienkiewicz y lo convirtió en un
carrusel brillante de acidez y humor negro en el álbum "Brought to
light" (Eclipse, 1989). Es un cómic que no paso la ocasión de
recomendar fervientemente. Si tienen ciertas nociones de inglés,
háganse un favor.




Raul Minchinela
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aquella persona, pronto dudaré de que exista una parte de mi relato
que con propiedad pueda contarse."

Thomas de Quincey, "Confesiones de un inglés comedor de opio"

#30 De: abz@...
Fecha: Vie, 15 de Dic, 2000 12:51 am
Asunto: 027 - La erudición de quien no vale
abz@...
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por  Raúl Minchinela

nº  27   -    La erudición de quien no vale


Fue uno de esos errores que revelan el subconsciente. El presentador
del informativo daba paso al colaborador encargado de la sección de
deportes a fin de que presentara un anticipo sobre los contenidos que
versarían en su sección, y el presentador deportivo comenzó su
intervención... dando la bienvenida al presentador. "Bienvenido,
Pedro". Bienvenido a *mi* programa. El coordinador de la sección de
deportes, en un lapso del que no se retractó, definía el apartado
deportivo como el núcleo del telediario. Y no se equivocaba. Primero
porque la duración del tramo deportivo era de la misma extensión, si
no mayor, que el resto del informativo; y segundo porque a fecha de
hoy -anoten mis palabras- el periodismo de verdad es el que se hace en
la sección de deportes.

Los informes deportivos demuestran una erudición considerable. Cada
nuevo acontecimiento -pongamos, el partido del próximo domingo- es
relacionado con una larga trama de sucesos acontecidos en los últimos
años con gran profusión de imágenes de archivo. Los protagonistas son
interrogados insistentemente en todos los canales. Los objetivos de
cada suceso quedan abiertamente definidos, así como sus consecuencias
a medio y largo plazo (emparejamientos, gol-averages,...), y en caso
de que dichos objetivos no se cumplan, se les pide abiertamente
explicaciones sobre lo sucedido. A partir de ese punto, los
protagonistas y sus acciones quedan a disposición del clamor popular.
Poca trampa y lo justo de cartón.

Imaginemos esa estructura para hablar de las actividades del
ministerio de trabajo, de la aprobación/derogación de nuevas normas en
el sistema judicial o de la estructuración de los presupuestos
generales del estado. Imaginemos que cada una de las actividades
sociales y políticas que ocurren en nuestro país fueran reflejadas con
la misma erudición con la que se estudia un partido de octavos de
final de la recopa. Se mostrarían a la luz los verdaderos objetivos de
cada nueva medida social, los elementos que han llevado a dicha
medida, quiénes han sido los personajes que han disparado la
iniciativa, cómo se había resuelto hasta ahora, cuál había sido la
mejor acción hasta el momento (el excelente gol de Santillana en el
81), si los intereses que los mueven son sociales o particulares, en
qué medida beneficia -de nuevo- a las entidades financieras frente al
ciudadano de a pie, quiénes han doblado la espalda para aprobarlo
(incomprensible fallo del defensa central), quienes fueron los
principales resistentes (gran trabajo del líbero), y principalmente
cuales son las medidas a tomar para remediar la situación (hay que
ganar al Lyon por lo menos con dos goles de diferencia y esperar a que
el Spartak de Moscú pierda en Roma). En particular este último punto
es el que considero totalmente ausente en el periodismo tradicional.
No sólo se da una visión sesgada de lo que pasa sino que, lo que es
peor, se nos pinta como irremediable. La situación nos ha forzado a
aprobar una ley que. No podemos seguir apoyando una política social
que. El uso excesivo de los hospitales no es rentable para. Ustedes
déjenlo en nuestras manos.

Si podemos decir que la sección deportiva de los noticiarios -al menos
en su versión actual de extensión infinita- nace del interés popular,
igualmente podemos afirmar que se ha establecido un movimiento social
a partir de los programas deportivos. En otras palabras, el movimiento
social que deberían generar hipotéticamente los informativos si
generasen información y no analgésicos, ha acabado desarrollándose en
el mundo virtual -por su nula acción social en el sentido de política
social- deportivo. Tanto es así que da reparos ver las últimas
muestras de demostración popular, o mejor dicho, a qué manifestaciones
está dispuesto a ir nuestro vecino de enfrente. Ha habido
manifestaciones por descensos de categoría de clubes y por expulsiones
de jugadores sin su merecidísimo partido de homenaje. De hecho, hasta
que ha llegado la aberrante subida de los precios de los carburante y
sin tener en cuenta las caminatas antiterroristas, podría decirse que
el único motivo por el que el ciudadano medio era capaz de molestarse
en salir a la calle a protestar sin que afectase a la manutención de
sus hijos -mantengamos el concepto solidario de las manifestaciones-
era el balompié. El campo donde la fuerza del pueblo puede cambiar las
cosas. El mundo virtual donde se informa, donde se revela abiertamente
los objetivos a cumplir y donde los fracasos se llaman fracasos es el
mundo donde hay deseos de participar. La información real lleva a
movimiento social real.

La gran paradoja periodística que presentan los especialistas
deportivos es que han solucionado, casi sin querer, los supuestos
problemas del Apocalipsis de la información. Frente a la temible -y
actual- estructura de la confusión, basada esencialmente en
sobrecargar de información banal los canales principales de consumo de
manera que sea imposible separar el grano de la paja -no olvidemos que
el mejor sitio para esconder un objeto es dejarlo a la vista allí
donde hay millones de copias similares-, el periodismo deportivo ha
logrado construir un sistema de depuración y de interrelación en el
cual el consumidor siempre sabe ubicar en el lugar apropiado el nuevo
dato que, lejos de acumularse en una montaña de referentes similares,
está siempre correctamente enmarcado. El desorden y la información
pobre es castigada con la pérdida de oyentes.

Entre los periodistas hay un viejo dicho: "el que vale, vale; y el que
no, para deportes". Supongo que porque el objetivo no es informar,
sino dirigir una cadena.

Ahora el que vale es el que está en deportes. Hasta que sale.

#29 De: abz@...
Fecha: Mar, 5 de Dic, 2000 3:14 pm
Asunto: modem 026 - Más real que el desastre
abz@...
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por  Raúl Minchinela

nº 26  - Más real que el desastre


De nuestro enviado especial.

Los telediarios son como los policías que dan excusas tranquilizadoras
mientras evacúan un centro comercial. No pasa nada, resulta que, ya
saben, lo de siempre, procedimiento estándar. El verdadero e
inquietante motivo se revela mucho después. De momento nos acercamos
calmados y sumisos a la salida más cercana.

No sé ustedes, pero yo estoy particularmente cansado de que para
enterarse de las cosas uno tenga que comprarse un libro -en general
publicado entre tres y cinco años después de los hechos- en el que se
han molestado en recopilar y vincular la información. Los informativos
se dedican a lanzar pastillas inconexas -a menos que guardes con
memoria fotográfica lo recitdo en días anteriores- que por si solas
son, vaya sorpresa, totalmente carentes de contenido. El telediario y
la palabra desinformación no son precisamente antagónicos, pero eso no
es ninguna noticia. La conciencia popular tiene esa idea como
permanente rumor de fondo, y algunos ilustrados se han dedicado a
comprobarlo poniendose al tajo.

Un buen refererente -porque ese artículo le salió particularmente bien
al interfecto- es Umberto Eco, que en cierta ocasión se dedico a
tragarse todos los informativos televisivos de la semana. La
experiencia se llevó a acabo en los años setenta, pero el texto sigue
rabiosamente vigente.En los telediarios se lleva a cabo lo que
podríamos llamar un proceso de desplazamiento: a base de trufar el
informativo con noticias irrefutables, se cuelan aquellas que tienen
menos visos de "realidad". Lo de la realidad lo he entre comillado
porque entronca con varios conceptos del posmodernista Jean
Baudrillard, que enuncia que si una mentira se repite con la
suficiente insistencia no sólo se vuelve real sino que es más real que
lo real.

Baudrillard bautizó este proceso como hiperrealidad. Pongamos un
ejemplo inmediato: jamás he conocido a Michael Jackson pero no dudo
que es real. Sé (¿lo sé?) que tiene dobles que distraen la atención de
los observadores, pero no minimiza su cualidad de ser real. Michael
Jackson podría, a fecha de hoy, no ser ninguno de ellos y todos ellos
al mismo tiempo, igual que en las actuaciones del grupo musical Man or
Astroman no sabes ante qué franquicia de la banda te encuentras. Con
sus dobles, sus operaciones quirúrgicas, sus zoologicos, sus
esqueletos famosos, sus máscaras de oxígeno, Michael Jackson tiene los
menores visos de realidad imaginables. Pero -he aquí la jugada-
Michael Jackson es más real que yo. Pregunten a sus amigos si es más
real Charlot (un personaje de ficción) que Raúl Minchinela (un
individuo al que no conocen). Michael Jackson, la torre Eiffel, todos
los iconos pop, ciertos eslogans televisivos, los parques temáticos de
Disney son hiperreales. Esta es la emisión nuestra de cada día.

De los visionados de Eco trascendían varios conceptos que siguen
siendo contemporáneos. Durante la semana de encierro catódico de
nuestro apocalíptico integrado había movimientos mineros de protesta.
Eco nos recalca como los motivos de la protesta eran ignorados
sisetmáticamente y sólo se remitían a las complicaciones que había
producido la revuelta (el habitual "en las tres semanas de
movilización minera se han perdido tropomil millones de dolares y se
han cerrado las vías de transporte público con el consiguiente
malestar entre la ciudadanía"). Los micrófonos estaban en la boca de
los afectados por la situación y cuando se mostraba en pantalla a los
representantes sindicales sólo se mostraba, de toda la declaración, la
parte que relataba las próximas acciones. El concepto de
desplazamiento de información tomaba cuerpo el día en que comenzaron
las nieves en Italia: las cámaras de la televisión se desperdigaron
por todas las ciudades para mostrar como caían los copos por las
plazas más conocidas. La actividad social de aquel día fue resuelta
con un comentario sin imágenes. En palabras de Eco, las cámaras
estaban tan liadas en registrar la nieve que no había quedado ninguna
para cubrir lo que verdaderamente era noticia. En consecuencia, como
gran corolario global, se informaba muchísimo mejor y mucho más a
fondo de las noticias del extranjero que de las noticias locales.
Porque aquí -evacúen con calma y sin atropellos- no sucede nada que no
podamos controlar.

Ahora pónganse en el proceso de deducción del televidente. El
informativo está saturado de imágenes de nevadas que coinciden con el
panorama que asoma por la ventana. El telediario dice la verdad acerca
de las (mis) nevadas, así que lo que digan de aquello que no vea por
mi ventana también es osmóticamente cierto. De ahí el interés en poner
el mayor número de cámaras posibles en eventos multitudinarios.

Decía Palahniuk que en caso de emeregencia en los aviones caen
máscarás de oxígeno no por motivos respiratorios sino para conducir a
los pasajeros a un estado de éxtasis en el que la muerte acaba siendo
el menor de los problemas. En nuestro caso, las emergencias
permanentes están ocultas tras una dosis de opio constante en forma de
retransmisiones deportivas.

El Madrid y el Oviedo han empatado a uno. Tengo miles de testigos.


***

#28 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Vie, 1 de Dic, 2000 2:24 am
Asunto: modem 025 - La opinión sin papeles
abz@...
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por  Raúl Minchinela


nº 25   -   La opinión sin papeles


"¿Qué derecho tienes tú a hablar de esto?"

A estas alturas no pocos de ustedes se estarán planteando la fidelidad de
estos textos, considerando que el arriba firmante no tiene opiniones que se
deban tomar seriamente. Así que en lugar de justificar los conocimientos de
uno -que sería caer en la trampa- voy a acudir al bueno de Noam Chomsky,
que por dos motivos esenciales es un pilar básico de esta columna.

Noam Chomsky es un lingüista, es decir, una persona especialmente
interesada en los complementos circunstanciales de lugar que tan nerviosos
nos ponían al subrayarlos en el bachillerato. La lingüística es, considero,
un vehículo importante para entrar en el funcionamiento de la mente humana,
principalmente porque Freud me convenció de que muchos de los procesos
mentales están basados en el lenguaje con la curiosa situación de que en
particular el subconsciente se siente muy inclinado por los juegos de
palabras y, para entendernos, por los chistes malos. Increíble pero cierto.

Chomsky es famoso por haber desarrollado las gramáticas generativas, una
disciplina que ya tiene medio siglo de existencia y que- me van a permitir
condensarlo en un resumen breve y basto- estudia cuándo notamos
espontáneamente que una frase está mal construida, más allá de los
conocimientos gramaticales que tengamos.

Pero Chomsky nos interesa más por los artículos que, fuera de su
especialidad, escribe acerca de política, esencialmente de política
internacional, y que sirven para poner en evidencia los anzuelos que asoman
de los telediarios y que mordemos con fruición. Los artículos de Chomsky
son, en mi opinión, un prodigio de condensación de los contenidos y un
ejemplo de la estructura básica de un texto a la hora de defender la tesis
del artículo. En consecuencia, para las personas corrientes y molientes
como nosotros, Chomsky es famoso como analista. Un analista acerado, mordaz
y brillante.

Por supuesto, los artículos de Chomsky levantan sistemáticamente ampollas
dentro del pensamiento único, o sea, del grueso de los comentaristas
sociales. La actitud de Chomsky, que es la que en cierta medida ha
impulsado "Enamorado de mi módem juvenil", aparece en sus propias palabras
en el libro "Noam Chomsky- Conversaciones con Mitsou Ronat" en un párrafo
que no me resisto a transcribir :

"He sido invitado a menudo por distintas universidades" -nos dice Chomsky
en la página 47- "a hablar de lingüística matemática en seminarios de
matemáticos. En Harvard, por ejemplo. Nadie me ha preguntado jamás si yo
poseía las referencias intelectuales apropiadas para hablar de estos temas:
los matemáticos hacen caso omiso de esto, lo que quieren saber es qué tengo
para decir. Nadie se ha presentado, después de la conferencia, a
preguntarme si yo tenía un doctorado en matemática, o si había hecho cursos
de antropología. Esto ni siquiera se les ocurría. Querían saber si yo
estaba equivocado o tenía razón, si el tema era o no interesante, si había
algún medio mejor. La discusión giraba en torno al tema, no certificados.
En cambio, constantemente, en los debates políticos sobre el estado de la
sociedad o de la política exterior americana, Vietnam o el Medio Oriente,
me objetaban: ¿qué títulos tiene usted para hablar de estas cosas? Según
los doctores en ciencias políticas, gente como yo, considerada como intrusa
desde un punto de vista profesional, no está habilitada para hablar de
tales asuntos. Compare usted la matemática y las ciencias políticas: es
sorprendente. En matemática, en física, se preocupan por lo que uno dice,
no por los títulos. Pero para hablar de la realidad social, se necesitan
diplomas: no se preocupan por lo que uno dice."

Ahí, en alguna parte, está el motor que mueve estas líneas.

¿Eh? Sí, de acuerdo. Ya me callo.



***

--- La mala herencia de la Marvel

Mi exceso en el consumo de tebeos de superheroes me ha llevado a una serie
de malas costumbres, como la de aprovechar los números digamos redondos
para hacer variantes juguetonas. De ahí que haya aprovechado el numero 25
del modem para esta especie de declaración de intenciones (y de
corta-y-pega considerable) que espero me disculpen.

El libro "Noam Chomsky- Conversaciones con Mitsou Ronat" publicado por
Gedisa. Y una enorme parte de la obra de Chomsky se puede encontrar -en
ingles, eso si- en http://www.zmag.com







Raul Minchinela
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persona, pronto dudaré de que exista una parte de mi relato que con
propiedad pueda contarse."

Thomas de Quincey, "Confesiones de un inglés comedor de opio"

#27 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Jue, 23 de Nov, 2000 1:41 am
Asunto: modem 024 - El horror de lo que une
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por  Raúl Minchinela


nº  24   -   El horror de lo que une


Me planteé por primera vez el vacío entre la orquesta tradicional y los
conciertos rocanroleros que frecuentaba -y frecuento- cuando, mientras
ordenaba mi cuarto al ritmo del primer elepé de Mano Negra, vislumbré a mi
madre en la cocina bailando al compás de "Mala Vida". Ese acto involuntario
-ustedes ya me entienden- colocaba al grupo francés como candidato para
enlazar el hueco entre el grupo de rock actual y la orquesta tradicional.
Francia era un buen lugar de partida porque un buen número de bares
importan su secuencia de canciones de diversión directamente de los últimos
sanfermines y la conservan intacta hasta la vuelta de calendario,
practicando un populismo radical digno de consideración.

Como contrapunto, meses antes había visto a Manu Chao y compañía dar botes
en una sala repleta de asistentes con ganas de mover el esqueleto
-principalmente en dirección vertical- y sabía que mi madre habría vivido
la apretada experiencia como un verdadero purgatorio. De alguna manera esa
imagen mandaba al garete mi propuesta de Mano Negra como enlace -solución,
vaya- del problema planteado. O la poníamos como el siguiente paso
evolutivo de la orquesta de pueblo, o la colocábamos como una banda de rock
and roll que retomaba la diversión que etimológicamente le correspondía.
Pero no completaba la ecuación, no enganchaba los dos extremos de la zanja.
Era el andamio incompleto de un puente que debería haber existido desde el
principio.

En 1998 -avanzamos unos ocho años- un sitio estupendo para pasar las noches
era "El Fantasma de los Ojos Azules", un bar de selección musical extraña y
variada pero impecable en el gusto. Me encontraba allí con Rubén, un fino
catador de entregas musicales, cuando sonó una versión de "Where is my
Mind" de los Pixies que he sido incapaz de quitarme de la cabeza desde
entonces. Rubén me insistió para que acudiera al concierto del grupo en
cuestión, que iba a actuar dos días consecutivos -jueves y viernes- en un
céntrico bar zaragozano. Perezoso y con poquitas ganas de nada, acudí a la
sala Morrisey para ver por primera vez a los Azucarillo Kings.

A la  mañana siguiente, llamé a todos los nombres de mi agenda.

En aquella actuación, ante mi permanente sorpresa, se llenaba el vacío
entre la diversión tradicional y el espectáculo actual y se creaba -se
recreaba- el eslabón perdido en la cadena evolutiva de la música para el
pueblo llano. Delante tenía un grupo que bajaba los castillos construidos
en el aire y trabajaba en esa difícil zona que comparten los sibaritas, los
ruidófilos, los creativos inquietos, las comisiones de fiestas, los
peñistas ebrios y nuestras madres. Una banda capaz de convertir una lista
de éxitos de todas las épocas y estilos en elementos de fiesta para todas
las edades y condiciones, sin necesidad de someterse a los taladrantes
éxitos del verano. Gente capaz de interpretar a David Bowie y a Francisco,
a Deep Purple y a Barón Rojo, a Madonna y a Alaska y Dinarama, a los
Prodigy, a Human League, a Jane's Addiction, a los Bee Gees y a los
Chichos, y ganarse las plazas más peregrinas sin caer en el 'cachete y
pechito' o en 'el negro no puede'. Un grupo que sacaba a la luz los
cimientos que sustentan la fiesta musical. Todo para el pueblo pero sin las
radiofórmulas. Dispuestos a construir la programación que merece la
audiencia, poniendose a tiro de las cervezas vacías. *La* orquesta para la
juventud.

El aspecto más admirable de los azucarillo kings es su capacidad -es una
apreciación personal- de mejorar casi todas las canciones que interpretan,
y viendo el elenco es verdaderamente meritorio. Sus versiones aceleradas y
juguetonas se pegan a la cabeza y ya se es incapaz de escuchar el original
sin ser asaltado por la visión azucarilla. Por otro lado, son conscientes
de que una orquesta toca para su público y no es cuestión de estar una hora
cantando en guachiguachi, así que, en plena coherencia con el carácter
popular de sus actuaciones, no han tenido inconveniente en adaptar las
letras de las canciones a nuestro idioma, dándoles un lógico giro de
diversión pura. A menudo lo hacen jugando directamente con el cariz musical
de las mismas, y convierten el "Losing my religion" de los REM en "Sufro a
saco" el susurro atormentado de un cantautor enrollado ("y me duele/ cerca
del corazón/ ¿será el piercing, señor?"). En otras ocasiones, recogen el
tema principal de las canciones y las adaptan a la época actual,
convirtiendo así el "Todos los rockeros van al infierno" de Barón Rojo en
nada menos que una canción tecno bajo el título "Mi rollo es el house", una
justa interpretación porque a fecha de hoy mucho el rock por aquí y por
allá pero los que se pasan tres días sin volver a casa son los bakalas de
discoteca.

Por supuesto, esto a los comentaristas gafapastas de revistas musicales les
ha dejado completamente descolocados. El concepto de orquesta de pueblo, la
verdadera síntesis de la diversión que se ha mantenido y se mantendrá
durante generaciones, les es tan extraño como un pintor hiperrealista o un
vodevil de Juanito Navarro. Están tan acostumbrados a lo antinatural que no
reconocen lo habitual. Lo normal es un grupo serio, aburrido, ruidoso, al
que hay que mirar de pie y, siendo generosos, saltando. No se explican que
semejante singularidad no pare de hacer bolos. No ven ningún valor en que
un grupo desmitifique canciones beatificadas, les de un somero barniz que
las mejora -el horror de mejorar lo sagrado-, las traduzcan al gusto
popular -el horror de que les gusten a tu madre- y prediquen la buena
música a base de acercarla y no de imponerla -el horror de que las conozca
todo el mundo-.

Hay que ver lo que nos fastidia que nos unan. Adios a la paz mundial..


***

--- Al césar lo que es del césar

El historietista, dramaturgo y qué-se-yo-cuantas-cosas Mauro Entrialgo
contestó al modem anterior señalando que él ya había hecho una apreciación
muy similar sobre los conciertos en su Tyrex (Colección TMEO,1997). No
sería ninguna tontería decir que esa página dejó la idea en mi cabeza hasta
concretarla en el artículo enviado, porque leo sus obras con interés y de
hecho más tarde o más temprano Mauro será comentado en estas lineas. Por
poner dos ejemplos, sus aportaciones sobre moda juvenil (Herminio
Bolaextra) y sobre el arte (Alter Rollo) me han servido como punto de
arranque para consideraciones de cierta solidez. O sea, que las ideas de
Mauro seguirán goteando en esta columna, entre las de muchos otros.

Pueden leer regularmente a Mauro en El Jueves, en El Vibora, en el TMEO y
en un buen número de revistas especializadas (Nemo, Linacero Express, ...).
Su ultimo tomo publicado ha sido Recortes de Hostias (Ponent ediciones,
2000). Feliz caza.



Raul Minchinela
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#26 De: abz@...
Fecha: Jue, 16 de Nov, 2000 6:28 pm
Asunto: modem 023 - El refinado gusto de los aguafiestas
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por  Raúl Minchinela


nº 23  -  El refinado gusto de los aguafiestas



No hay fiesta sin orquesta. Nuestra deuda hacia las orquestas es
enorme. Siendo sinceros, la mayoría de nosotros estamos aquí gracias a
que nuestros padres "festejaban", pues el ejercer como novios siempre
se dejaba para las celebraciones populares. Se presentaba entonces la
ocasión para arrimar los cuerpos al ritmo de las canciones del momento
y arrancar el proceso que la naturaleza lleva hasta lo que ustedes ya
conocen. Al menos eso espero.

Las orquestas, por exigencias alimenticias, recurren a diferentes
repertorios según el lugar y las circunstancias de la actuación.
Personalmente me siento muy cercano a las orquestas cuando ejercen el
repertorio de fiesta de pueblo -no confundir con las de sala de
fiestas-, a las que tocan en el casino a la sombra de las parras junto
a las mesas corridas donde apuras el carajillo. Hay en ellas un
componente lúdico, a veces muy oculto entre la tosquedad y la sal
gorda habitual, que encuentro muy próximo, a pesar de mi resistencia a
tocar palmas al son de Paquito el Chocolatero-. Cierto es que el
aspecto de la orquesta típica es lamentable: trajes de telas
brillantes con claves de sol bordadas en las solapas, la inevitable
corista en minifalda y, misterios de la música contemporánea, el
bajista como director musical, cantante principal, líder del grupo y
finalmente objetivo primordial de los impactos hortofrutícolas. Atroz.
Pero una vez inmunizado ante esa imagen dantesca, las orquestas son
para el ojo entrenado un ejercicio de antropología de la diversión.

No debemos confundir churras con merinas, a pesar de que la orquesta
sea la misma. No debemos confundir el repertorio clásico, dirigido
básicamente a los matrimonios, con esa otra rama, más infecta, que en
terminología de programa de festejos se conoce como "música para la
juventud": una actividad consistente en interpretar, o mejor dicho
ejecutar, piezas de éxito reciente para dar cancha a las nuevas
generaciones y a sus cada vez más extraños bailes. Como consejo base,
si tras su sesión de boleros y salsas la orquesta anuncia que va a
comenzar el repertorio para la juventud, apuren sus copas y abandonen
el recinto cuanto antes. Los músicos han sido poseídos por el diablo e
insisten, a base de intentar agradar a todos, en no contentar a nadie.
Desde siempre, el infierno han sido las orquestas con sus temas para
la juventud, patéticas en su selección musical y limitadas en su
capacidad interpretativa -que permite la intercambiabilidad de las
orquestas; igual da esta que aquella-, incapaces de conseguir un solo
momento de disfrute.

Las bandas de rock, las formaciones independientes y demás grupos
musicales de sala de concierto son evidentes herederos de las
orquestas, y tras una evolución no precisamente ideal. En lugar de
conservar las orquestas en el terreno de lo lúdico y retomar la
diversión como el centro de los conciertos -¿quién va a un concierto a
amargarse?-, a fecha de hoy la práctica totalidad de las actuaciones
musicales se producen en la estirada tradición de la música de cámara:
se requiere la atención plena del asistente, que se ve obligado a
atender lo que sucede en escena y debe reprimir sus instintos más
urgentes sobre la groupie más cercana, que ha acudido también a
abstraerse mirando un escenario sin novedades. La extroversión en los
conciertos, el promover la diversión desde los micrófonos incluso en
las actuaciones de grupos de última ola, ponen particularmente de los
nervios a los comentaristas musicales que gustan en sus artículos en
revistas especializadas de defender la pureza en los sonidos, de
alabar la formalidad en la escena y, genéricamente, de hacerse los
duros en sus columnas.

Afortunadamente no está todo perdido y hay -al menos- una banda que ha
recuperado la tradición de las orquestas, pero esta vez dando
verdadero sentido a la música para la juventud.  Primero haciendo gala
de un brillante gusto en las piezas, que deben ser naturalmente de
éxito para disfrute de los asistentes. Y después modificándolas, por
un lado para aumentar la diversión de los asistentes y por otro para
que su orquesta sea diferente de todas las demás. Ya no contratas al
grupo que intenta tocar las canciones como aparecen en el disco, sino
al que coge el tema y lo transforma, lo enriquece desde el
conocimiento y el respeto, transforma éxitos en canciones propias,
convierte su actuación en personal, única, no reemplazable con
cualquier otra.

Por supuesto, los comentaristas musicales no han dudado en marcarles
con el estigma de lo hereje. Los aguafiestas vuelven a gritar a la
multitud que deje de pasárselo bien con lo que de veras les divierte y
que atiendan a lo que los intermediarios de lo divino les dicen que es
espectáculo. Insistiendo e insultando porque no nos divertimos como la
gente estirada y aburrida. No se revuelvan, no se rían, no bailen
agarrado. Los gafapastas convertidos en agrios sacerdotes de perilla y
colgante.

Olvídenlos y acérquense a bailar. Parece que empiezan...


******


--Hay un "Enamorado de mi módem juvenil" cerca de usted

Por orden de aparición:

* La revista Monográfico en su numero 65 ha incluido el modem nº 2
"La integración de los insociables". Lo pueden encontrar en los bares
y locales más peregrinos, listados en la pagina web
www.monografico.net

* La revista Mondo Brutto en su número 22 ha incluido el modem nº 8
"La caza del insensible".
- En esta misma revista podrán ustedes encontrar un artículo más
extenso -y mucho más humorístico- que ha salido de estas mismas manos.
Dicho texto habla del libro Guinness de los  récords y se titula
"Guinness y mártir".
- Por otra parte, el servidor www.mondobrutto.com incluyó a su vez el
modem nº 13 "Pequeñas señales de vida"

* El servidor www.islatortuga.com, mítica referencia de la publicación
alternativa en red, ha incluido en su pagina principal de contenidos
el "Enamorado de mi módem juvenil", vinculándolo al archivo de
mensajes de egroups. Este sí ha tenido la delicadeza de informar a sus
visitantes cómo suscribirse a la columna. Como valor extra, es curioso
ver a qué figuras recurren los demás para describirle a uno.


Desde aquí un abrazo a todos ellos por confiar en la columna.

#25 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mié, 8 de Nov, 2000 6:29 pm
Asunto: modem 022 - La perspectiva y el contexto
abz@...
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por  Raúl Minchinela

nº 22  -  La perspectiva y el contexto


Puestos a poner los cimientos en algún lugar fácilmente identificable,
olvidando los purismos cronológicos, vamos a quedarnos brevemente con
Marcel Duchamp. Duchamp es un señor que reconocerán en los libros de arte
por su habilidad para colocar en un museo una pala de quitar nieve (121,3
cm., madera y hierro galvanizado) y lograr abrir la caja de los truenos por
el simple hecho de titularlo "a cuenta del brazo partido". Para
entendernos, el trabajo de Duchamp consistió en coger la pala, trasladarla
a una galería de arte, asociarle una frase y dejarla apoyada en la pared.
Este tipo de trabajos, por llamarlo de alguna manera,  iniciaron el
concepto de "ready-made", un eufemismo para la obra ya hecha que el autor,
en un ejercicio de pereza, convierte en suya. El colmo del concepto del
intermediario y el límite de la cara dura.

No hay que olvidar que la galería estaba organizada con la esperanza de
que, bajo la excusa del arte, un adinerado mecenas pagase una cantidad
considerable por un elemento que podía conseguir intacto en la ferretería
más cercana. Con el tiempo, la inercia y el reducido volumen de ventas
llevó al concepto del ready-made modificado, en la que la aportación del
artista convertía la pieza en distinta de sus gemelas de fábrica. En
consecuencia, Duchamp en su obra "fuente" toma un urinario de pie y se
dedica a la agotadora tarea de firmarla en un lateral, eso sí, con un
nombre falso. Asombrosamente, se vendió. Asombrosamente, sigue en
exposición. Asombrosamente, ochenta años después, sigue siendo una obra
conocida. En el vaticano sólo se necesitan tres milagros para ser santificado.

El concepto del ready-made sacó a relucir unas cuantas cuestiones sobre el
arte, particularmente sobre la naturaleza del elemento, sobre la percepción
del observador y sobre las tomaduras de pelo en general. El concepto del
artista, que hasta el momento se había asociado con el del artesano, fue
forzado hasta poder incluir un tipo de actividad más cercana a las agencias
de contratación inmobiliaria. Se inician a partir de esa tesitura -insisto
en que simplificamos, no se pongan puristas- ciertas teorías sobre la
naturaleza del arte, que se desvían naturalmente hacia la justificación de
las obras que se consideran válidas. Como consecuencia, con el paso del
tiempo hemos llegado a una situación en la que las teorías que acompañan a
las obras son imprescindibles para entender la obra. En otras palabras, la
obra por sí misma no es suficiente para expresarse: necesita notas a pie de
página. Y se justifican una serie de élites con la simple excusa de que se
conozcan o no las reglas de la obra y, lo más asombroso, que se den por
válidas. En suma, o comulgas -es decir, te lo crees- o, a ojos de los
demás, no entiendes la obra.

La aparición (y la justificación) del ready-made llevó a una cuestión
artística de gran importancia, y que no se me enfade nadie. La obra de arte
no es un objeto sino una perspectiva. La calidad artística no es una
dimensión cuantificable sino una calidad de apreciación, de modo que la
obra de arte en realidad es construida en nuestra cabeza y es el espectador
por tanto el ejecutante, lo que convierte la obra en sí en un catalizador.
Este razonamiento trompicado ha servido para justificar cosas como el
expresionismo abstracto, conocido entre las personas poco familiarizadas
con el léxico artístico como "esos lienzos salpicados y con churretones".
Por otra parte, el ready-made en particular apuntó la validez artística de
la acción de sacar un elemento de su contexto: en otras palabras, la pala
de nieve tiene mucho más valor al ser colocada en una galería de arte que
al estar en un expositor de tienda de jardinería con un distintivo del
treinta por ciento de descuento. En mi caso particular, siempre pensé que
estos dos puntos (la perspectiva y el de-contexto) lograban construir una
base teórica robusta -que permitía introducir en el saco cualquier elemento
por peregrino que fuese- que a efectos prácticos, a efectos de vía rápida
para la creación de obras de arte de primer orden, sólo significaba un
callejón sin salida. Los desiertos lo abarcan todo pero no tienen caminos.
Tenía esta encerrona en la cabeza cuando me acerqué al número 15 de la Rue
de la Chaîne en Rouen, Francia. Allí encontré la obra de Bernard Pras.

Pras es un artista cuyo paso final es la fotografía. Pras compone, encaja,
precisa, perfila y finalmente fotografía instalaciones de comprensión
accesible para todo el mundo. Sería un flaco favor definirle como un
Arcimboldo del material de reciclaje, un Arcimboldo Pop y Trash a un
tiempo. Mientras Arcimboldo construye sobre una base bidimensional, creando
rostros a base de acumular vegetales sobre una mesa con jarrón, Pras juega
con la distorsión de la perspectiva, la confusión de la distancia. Y más
allá de simplemente construir un rostro, Pras es capaz también de recrear
incluso estilos artísticos. En sus obras, Pras crea magia. Como en un truco
de cartas, sabemos que hay truco, pero en el truco reside precisamente su
belleza. Pras es un prestidigitador que nos convierte a todos en niños con
ojos muy abiertos.

Pero si desde un punto de vista práctico la obra ya es escalofriante, desde
un punto de vista teórico su aportación es extraordinaria. De un plumazo
-relativo, porque el tiempo invertido por Pras en cualquiera de sus obras
es cualquier cosa menos despreciable- el bueno de Bernard, vete a saber si
voluntariamente o por puro accidente, logra salvar de la quema toda la
estructura teórica del arte construida de emergencia durante el siglo para
seguir evitando los escollos propuestos. En otras palabras, construye una
obra artística comprensible sin ningún tipo de conocimiento sobre tesis
artísticas. Construye una obra artística en la que los elementos no sólo
son sacados de contexto sino que definen uno nuevo que entra en consonancia
con la obra. Construye una obra que sólo tiene sentido desde un cierto
punto de vista, uno justo y exacto, materializando la teoría de que "la
obra no es un objeto sino una perspectiva" no sólo en sentido figurado -que
también: la obra no deja de ser un enorme almacén de elementos que toma
forma en nuestra cabeza- sino también en sentido etimológico: ese exacto
punto de vista es el que nos permite entender la obra; uno diferente sólo
nos revela una desordenada parada del Rastro. Si los suman, hacen tres
milagros.

En alguna parte, un señor con su material de derribo y su cámara
fotográfica ha logrado salir de la trampa más compleja imaginable y le ha
dado todo el sentido. Ya tenemos un genio para el siglo XXI.

Ya tenemos un mago para nuestros ojos incrédulos.



***

Les incluyo con este articulo una obra -tal vez la más espectacular- de
Bernard Pras, titulada ' Inventario nº 16 "Van-Gogh" ', para que puedan ver
por ustedes mismos la calidad y cualidad de su apuesta artística, asi como
otro documento con el propio Bras realizando una de sus piezas. No sería
mala idea que releyeran este módem después de familiarizarse con su obra.

Pueden encontrar más trabajos suyos en la dirección  *
http://laurentn.free.fr   * . Esta página web incluye videos que permiten
comprobar la profundidad de la obra y el proceso de ejecución, para asombro
del más pintado.

La exposición de Bernard Pras en el Centre Photographique de Normandie de
Rouen estará disponible hasta el 24 de diciembre de este año. Si pueden
acercarse no pierdan la ocasión.
Raul Minchinela
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"Si me detengo a reflexionar en lo que es propio decir a esta o aquella
persona, pronto dudaré de que exista una parte de mi relato que con
propiedad pueda contarse."

Thomas de Quincey, "Confesiones de un inglés comedor de opio"

#24 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mié, 8 de Nov, 2000 6:13 pm
Asunto: modem 021 - La inmortalidad relativa
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por  Raúl Minchinela

nº 21  -  La inmortalidad relativa


La obsesión del pensamiento apocalíptico es el punto de no retorno, el
punto de fuga, el horizonte más allá del cual no existe nada. Los
pensadores de hoy en día acogen entusiasmados cada carga de profundidad
colocada sobre cualquier disciplina humana conocida, celebrando esos puntos
críticos en los que las actividades han entrado en contradicción con las
características que lo definen;  cuando un acontecimiento así se produce
las disciplinas se ven obligadas a renunciar a sí mismas y ser
diagnosticadas como muertas. O obligadas a cambiar su definición, que es
matar el modelo y construir uno nuevo. La cuestión es poder darlo por
terminado, levantar acta de su extinción.

En un acto de sadismo un servidor de ustedes incluyó con mala fe hace unas
semanas la frase "los diálogos han alcanzado el horizonte en sus temáticas,
han llegado al fatídico punto de no retorno", a pesar de que este texto,
que ya estaba abocetado, iba a entrar en conflicto. Si lo hice es para
hacerles ver lo ilustrativa que es la metáfora, o mejor dicho, lo cercanos
e incluso felices que nos encontramos al descubrir los puntos límite. Se
citarán los puntos de no retorno muchas veces a lo largo de estos textos
porque el objetivo de las metáforas es ilustrar y definir un marco. Lo
importante es que a ninguno de ustedes les pareció una idea descabellada.
Esperen unas líneas y no se sorprenderán tanto.

Si se dan cuenta, la muerte de lo que nos rodea encaja con el muy humano
deseo de inmortalidad. Durante siglos la inmortalidad se conseguía o bien
mediante obra -con la célebre creación una y trina de árbol, hijo y libro-
o bien mediante no morir, una disciplina en la que, hasta que se demuestre
lo contrario, los humanos hemos fracasado miserablemente. No por ello hemos
dejado de fantasear sobre el tema y hemos llegado a una cuantas figuras con
las que, por diversión o precaución, nos hemos acabado familiarizando:
zombies, criogenización, el elixir de la eterna juventud, el traslado de la
mente a cuerpos ajenos, los rayos del doctor Frankenstein... Seguro que
todas les suenan.

La cuestión es que, si se fijan, la inmortalidad a través del
arbol-hijo-libro depende de los demás, mientras que la inmortalidad-ficción
depende de uno mismo; soy yo el que bebo el elixir, soy yo el que me meto
cual espinaca envasada en la cámara frigorífica. En general, el árbol es
cortado, el hijo nos ignora (bastante problema tiene con ser inmortal él),
el libro es masacrado por la falta de ventas, y la ley de vida junto a la
falta de espacio tira las libretas y las fotos al contenedor. La única
forma de inmortalidad es aquella que dependa sólo de uno mismo, pero hasta
el momento eso es imposible...

...o tal vez no.

La inmortalidad es un sentimiento puramente egoísta, una respuesta
desesperada del yo ante lo inevitable. No queremos que sea inmortal todo el
mundo, no si eso incluye a la vecina gritona con voz de pito. El yo se hace
plural en los casados y en los enamorados, pero sigue siendo, aunque dual,
un yo: sólo no moriremos nosotros dos. No nosotros dos y todos los que
acudieron a la última fiesta de cumpleaños. La inmortalidad egoísta no es
seguir vivo para que nos sigan llamando por teléfono, sino no morirse para
ver la próxima serie de televisión, hojear la próxima novela, degustar el
próximo cómic... para no perderse nada. La base de la inmortalidad es que
no queremos faltar cuando lo siguiente suceda. No puedo permitir que la
película de la vida siga sin mi.

Y para no perdernos nada lo que estamos haciendo es acabar con lo que nos
rodea. Matamos el arte para saber que ya hemos visto todas las obras
magnas; matamos las conversaciones para saber que no echaremos ninguna a
faltar; matamos los simbolismos para no tener que afrontarlos y
asimilarlos... A base de matar las disciplinas estamos acabando la película
de la vida; aparecimos en el mundo a mitad de película pero la vamos a ver
terminar aunque -qué fatalidad para nuestro orgullo- ninguna hecatombe
destruya el universo. Cuando anunciamos la decadencia de tal o cual
elemento cometemos la extrema sutileza de conseguir que todo muera cuando
morimos nosotros, manteniéndonos a la última hasta nuestro último suspiro.

Esta es la inmortalidad que sostiene de forma subyaciente el pensamiento
contemporáneo. Una inmortalidad con todas las cualidades para ser perfecta
ya que depende de uno mismo hacerla perfecta. Soy yo el que mato las
actividades conocidas hasta el momento y me despreocupo de las que nazcan
de sus cenizas; termino mi película e inauguro la siguiente, que, horror
para mis sucesores, no me tiene a mi como actor principal. Con un solo
pensamiento, logro acabar con todo.

Para ser inmortal, realizo el crimen perfecto.



****

La frase "los diálogos han alcanzado el horizonte en sus temáticas, han
llegado al fatídico punto de no retorno" aparece en el Enamorado de mi
modem juvenil número 9, titulado 'La opinión inofensiva'.



Raul Minchinela
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persona, pronto dudaré de que exista una parte de mi relato que con
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Thomas de Quincey, "Confesiones de un inglés comedor de opio"

#22 De: abz@...
Fecha: Jue, 26 de Oct, 2000 9:31 am
Asunto: modem 020 - Confianza en la masa crítica
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por  Raúl Minchinela

nº  20  -  Confianza en la masa crítica


El pensamiento de final de milenio ha sido apocalíptico. El
posmodernismo, una tendencia de pensamiento que ya tiene algunos años
y se empeñan en enterrar sin ofrecer por el momento ninguna
alternativa de peso, se apoya convenientemente en esta premisa.
Mientras tradicionalmente las tendencias éticas han definido una
directriz bien como camino o bien como objetivo, el pensamiento
contemporáneo, también escaldado por los correctivos que sufrieron
movimientos anteriores, ha tomado una posición nunca vista, con toda
la gracia que tiene la novedad.

La premisa es que por fin, después de varios siglos de posturas
monolíticas en las que el grueso de la población mundial estaba
esencialmente hecha unos zorros,  la escolarización general y los
aparatos reproductores -la imprenta, la fotocopiadora, el aparato de
música,...- han permitido que el individuo pueda establecer su voz
como consumidor y como autor. De este modo, más allá de las
estrategias de marketing -que no nos paran de recordar que sólo
funcionan o no funcionan según las sabias decisiones de los
consumidores-, los movimientos de masas, la cultura popular y demás
movimientos sociales de elección libre son perfectos reflejos de
nuestra verdadera naturaleza como personas. Ya que el colectivo lo ha
deseado, un mero cálculo probabilístico nos sirve para darnos cuenta
de que nosotros como individuos hemos participado y participamos en
cierta medida en su mecanismo. El hecho de que podamos comprenderlo
-nos puede ser más o menos cercano, pero siempre es comprensible- nos
involucra directamente.

En este estado de cosas, la mayor crítica que podemos hacer al
posmodernismo es que analiza las cosas a toro pasado, o como diría mi
padre, "después que la vi dije que era hembra". Uno tarda en darse
cuenta -pero lo logra- de que el posmodernismo es en realidad la
aplicación definitiva del "quien no conoce la historia está condenado
a repetirla", incluyendo la historia de la última media hora. Lo que
ha pasado nos identifica, y cuanto más reciente, más refleja nuestro
carácter.

De esta forma, el pensamiento contemporáneo no defiende un horizonte
ético que alcanzar sino una postura ética permanente, actual, que
corresponda a las características del momento. Dadas estas
circunstancias en las que estoy inmerso, y sabiendo que la pasividad
es en sí misma una postura, ¿cuáles son las acciones que debo tomar
para mejorar las cosas? Esta decisión a corto plazo es la que intenta
solventar el pensamiento contemporáneo, caducando de manera implícita
los objetivos a largo plazo. Sabemos que un movimiento de las alas de
una mariposa puede producir kilómetros más allá un huracán, pero no
podemos aletear teniendo en mente el provocar un tornado. En suma, la
esperanza -que comparto- es que a base de movimientos individuales en
el entorno personal,  en algún momento y en algún lugar los factores
alcancen la masa crítica y se conviertan en posturas globales
éticamente correctas.

Con esta disposición de respuestas inmediatas y en ámbito corto, la
tradicional tendencia de los ideales lejanos a los que nos tenemos que
acercar paso a paso, tal vez una opa hostil a las creencias religiosas
para combatirlas con sus propias armas, han caído en desuso y todo lo
que nos lo recuerde, como la tendencia política que quieran elegir,
nos produce una repugnancia inmediata. El paso de inalcanzables
objetivos divinos a acciones manejables nos ha costado mucho y no
tenemos ninguna gana de soltarlo a las primeras de cambio.

De hecho, basta con recordar el hippismo y compararlo con los
beatniks. La filosofía de los primeros, el individualismo a ultranza,
la bandera de "soy lo bastante mayorcito para hacer lo que quiera" ha
sobrevivido con bastante más salud que la voluntad naturalista
extrema, pese a que ambas han dejado un poso considerable. De hecho es
frecuente que nos citen el multitudinario concierto de Woodstock y el
célebre verano del amor en el 68 para darnos fe del abrumador
seguimiento de la conciencia hippy. Lo que no nos cuentan es por qué
desapareció toda esa masa homogénea. La excusa más habitual son las
drogas y las historias ramificadas entre las personas con dinero que
se fueron a casa después de la gran fiesta y las personas menos
pudientes que terminaron enganchadas y sin sitio donde ser acogidos;
ante esta excusa la pregunta inmediata es por qué acabó la gran
fiesta. La razón, amigos míos, es que los supuestos cabecillas del
movimiento social decidieron encarrilarlo en la dirección de lo que
tradicionalmente ha sido un movimiento social, o sea, lo politizaron.

La politización fue lo que mató al hippismo; los beatniks han salido
indemnes del proceso porque a ver quién es el guapo que politiza a
Ginsberg, a Kerouac y a Burroughs. Dicho de otra manera, se politizan
colectivos sociales, no individuos con voluntad independiente. Es
curioso porque no se tiene conciencia a fecha de hoy sobre el derrumbe
del movimiento hippy . De hecho se le mira con cierto cariño como
opción personal pero, en cuanto a movimiento social, lo recibimos con
un asco perfectamente transmitido por osmosis en generaciones
siguientes.

Sin embargo, por deformación cultural o tradicional, a pesar de
imponernos la premisa de no horizontes, tanto el pensamiento
contemporáneo como el grueso de la población de hoy en día ha
terminado creándolos, eso sí, en sentido inverso.

Bienvenidos al fin del mundo.




****


La cuestión del objetivo del posmodernismo -que como les digo, aunque
me convencía plenamente, me parecía una línea de pensamiento a toro
pasado- me ocupó la cabeza durante mucho tiempo y con el tiempo llegué
a la conclusión que les he incluido en estas líneas. Primitivo, al que
envié este texto hace algunas semanas, me dijo que Deleuze y Guattari
-dos popes posmodernistas- llegaron a una conclusión muy similar. En
una parte es halagador y en otra es frustrante. Así que me siento en
la obligación de incluir sus nombres al enviar este texto.

Espero mejores resultados la próxima semana. Al menos de momento no
han identificado ningún equivalente. De momento.


****



Raul Minchinela
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#21 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mié, 18 de Oct, 2000 8:11 pm
Asunto: modem 019 - El comercial que nos persigue
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por  Raúl Minchinela

nº 19


Ha aparecido un buen número de veces. El personaje principal de la tira
cómica Pogo llega junto a su amigo puercoespín a un bosque totalmente
repleto de basura y espeta la que sería la frase más famosa de toda su
trayectoria: "hemos encontrado al enemigo y somos nosotros". La serie de
televisión "El prisionero" trata sobre un espía que abandona la profesión y
despierta en un apacible pueblecito del que no puede escapar, que le
bautiza como numero seis ("soy una persona, no un número") y que está
maquinado por el nunca visto número uno. Finalmente, en un giro de guión
rompedor para la época, se descubre que el número uno, creador y supervisor
de la prisión, es nuestro conocido número seis. Nuevamente el enemigo era
uno mismo. Lo curioso de los espejos es que la imagen que devuelven no nos
inquieta. Nos pensamos inofensivos a nosotros mismos.

Cuando hablamos de ser nuestros peores enemigos no estamos hablando del
célebre "el hombre es un lobo para el hombre"; no es una cuestión de cómo
el vecino no tiene inconveniente en fastidiarnos para su beneficio,  sino
de cómo una persona se autoperjudica conscientemente. Eso sí, convencido de
que es lo mejor para él mismo. Ahora bien, si no hace lo mejor para sí
mismo, habrá que entender que lo hace por lo que el mundo político ha
denominado el "bien general". ¿Cómo logramos que un individuo se abstraiga
de sus intereses y ponga en primera línea otros totalmente diferentes?
Convenciéndolo de ello. Cambiando sus criterios y sus escalas de valor. En
las sabias palabras del humorista Jaime Perich: "si hiciéramos caso de los
consejos de los demás, andarían mucho mejor las cosas de los demás.".

En contraposición con lo que venden como interés general, hay que notar las
campañas de concienciación a las que estamos acostumbrados no corresponden
con una ética. No se está transmitiendo una estructura, sino una serie de
eslóganes puntuales. Por una parte se debe a esa mala costumbre de los
cerebros de ir atando cabos -que no es muy recomendable que se extienda- y
por otra porque la sencillez de ideas, la reducción al analfabetismo como
tronco de comunicación, es una directriz esencial del marketing. El
marketing para vender ideas, el marketing para vender productos, el
marketing para justificar impuestos y nuevas directrices policiales.
Ambitos tan radicales deberían tener asignadas palabras diferentes, pero
todo es marketing. Todo es reducible al marketing. Si repites el estilo del
último éxito, es marketing. Si haces justo lo contrario es marketing. Si te
enfadas cuando te lo dicen es marketing -"hay mucho dinero en el público
indignado"-. Si apareces en un programa televisivo para decir que has
sacado un libro con respuestas a los misterios físicos es marketing. Besar
a un niño es marketing. Sonreír es marketing. Estamos bien jodidos.

Esta aplicación del marketing a cualquier actividad imaginable nos parece
normal y natural gracias, sonrían conmigo, a una estupenda campaña de
marketing, que ha logrado también que nos hayamos olvidado de llamarlo
mercadotecnia. Marketing es más guay que mercadotecnia, principalmente
porque las palabras extranjeras no nos asaltan con las palabras raíz de las
que provienen. Marketing es el arte de convertir todo en un mercado, exista
o no exista, sea obra, palabra u omisión. Porque hay marketing de la
omisión, amigos míos. Recuerden conceptos como "la mayoría silenciosa" para
hacer justificar apoyos inexistentes o las actitudes de los supuestos
grupos liberales hacia la abstención frente al voto en blanco. El marketing
de lo inexistente está tan arraigado como las cifras de distribución.

Lo guay es el reflejo automático de nuestra total aceptación del
liberalismo, por más que queramos disimularlo con excusas. Sonreír es
marketing pero hay sonrisas sin mercadotecnia. Lo guay, sin embargo, es una
figura que solo existe a partir de la mercadotecnia. Para entendernos,
partimos de que hay niveles de la mercadotecnia que separamos según la
cantidad de clientes potenciales. Lo que es guay en unos círculos no lo es
en otros. La figura de lo guay, con ese nombre o con cualquier eufemismo,
se repite a todas las escalas, y es un mecanismo del que todos somos
agentes comerciales. Lo guay nos convierte en vendedores a puerta fría, en
cool-hunters, en personas que enuncian que los chupetes rosas se van a
llevar la siguiente temporada. Da igual que los pendientes, por misterios
de la acupuntura, relajen el agotamiento; no es el efecto lo que interesa,
sino el elemento, y terminamos teniendo pendientes en el ombligo y en las
cejas.

En una página de Matt Groening aparecían dos abuelos muy arrugados, llenos
de tatuajes y de pendientes por todas partes, y uno de ellos le decía al
otro: "veo que tú también fuiste un gilipollas en los noventa".

Pongámonos pendientes y llevemos esos carísimos pantalones que se apoyan en
el límite de las caderas y enfademos mucho a nuestra madre. Engañémonos y
pensemos que somos diferentes de los demás, de los que atienden a las
radiofórmulas y de los que practican interiorismo, de nuestro compañero de
trabajo y de nuestro vecino y de nuestros padres. Hagamos las cosas
diferentes para ir a ninguna parte.

Para llegar a un mismo objetivo, a una misma tesis, se pueden utilizar
varios caminos. Lo guay es la adquisición sin la tesis. Y todos somos
vendedores.

Hemos encontrado al enemigo y somos nosotros.


***

La próxima semana nos ponemos posmodernos; y la siguiente les cuento cómo
ser inmortales sin plantar, sin escribir, sin procrear y sin que nadie les
recuerde. Lo de siempre.


****




Raul Minchinela
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persona, pronto dudaré de que exista una parte de mi relato que con
propiedad pueda contarse."

Thomas de Quincey, "Confesiones de un inglés comedor de opio"

#20 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mié, 11 de Oct, 2000 4:42 pm
Asunto: modem 018 - Espejos de los domingos
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por  Raúl Minchinela

nº 18


Miren la pelotita y no pierdan ojo. La mano es más rápida que la vista.

Estamos en 1990. Supongamos que usted y yo hacemos una apuesta para imponer
para imponer los zapatos de plataforma, o mejor aún, para lograr que
retorne con fuerza la imagen Sonny Crockett que tanto lucía los planos de
Corrupción en Miami, en particular el lucir trajes sin calcetines.
Propongámonos, en general, intentar popularizar la práctica más peregrina,
que nunca ha interesado a nadie y que estamos convencidos de que volverá a
no interesar a nadie en un plazo medio-corto. Pongamos de moda, por
ejemplo, jugar al pádel.

Es evidente que si usted y yo nos ponemos a jugar con raquetas en mitad de
la gran vía o en la calle mayor no vamos a tener a la mañana siguiente una
legión de seguidores. Ni siquiera despertaremos una mínima curiosidad por
"lo que están haciendo estos pringados". La cosa cambia, claro, si la cosa
se filma por profesionales, es montado por un realizador al que no le damos
ningún crédito, y lo emitimos repetidamente en las pausas publicitarias
cerrando las imágenes con una línea curva y puntiaguda que sirve como
logotipo a una marca deportiva. En un momento pasamos de ser dos locos que
hacen el ridículo en la vía pública a ser respetables símbolos del espíritu
deportivo que luchan por popularizar una disciplina desconocida.

No pierdan la bolita de vista. Si las imágenes se emiten en un telediario,
somos los minutos de la basura, el patético testimonio de las intenciones
desquiciadas. Si las imágenes aparecen en las pausas publicitarias, y más
si se cierran con un símbolo comercial, lejos de conseguir el desprecio a
la naturaleza humana, obtienen una patina de respetabilidad. Esta cualidad
se pierde si, por ejemplo, sustituimos la marca deportiva del cierre por
una marca de conservas en aceite. Vuelve a mejorar si el logotipo final es
el de una bebida refrescante. Cae en picado si la imagen final corresponde
a una lejía que respeta los colores. No se si están viendo el juego de
espejos.

Volvamos atrás y reconsideremos las personas que entran en plano. Dejémonos
de ideas "vamos a aparecer nosotros" y contratemos a personas más efectivas
para llevar el estandarte de nuestra causa. ¿A quiénes situamos como
protagonistas?, es decir, ¿quién va a ser nuestro agente comercial? Haga
una encuesta entre los que le rodean y verá que la alineación vendría a ser
algo así: deportistas de prestigio, músicos populares, actores conocidos,
conocidas modelos de pasarela, presentadores de televisión. En suma, carne
de suplemento dominical.

La cosa cambia. Ya no estamos siguiendo las tendencias del pringado que se
cruza con nosotros en la calle con unos zapatos de plataforma. Estamos
siguiendo las tendencias del pringado que sale en portada este domingo en
el periódico de turno. Un momento, dirán. Ese no es un pringado ¿verdad?
No, cielos, es una persona de éxito. No como tú. Por muy bien que te
encuentres.
"Si un gusano pudiera pensar, pensaría que no está tan mal". Basta una
frase tan poco sólida como esta para mandar al garete cualquier defensa de
un modo de vida no homologado. Debemos de vivir como dios manda,
trabajando, produciendo, y no viviendo de la mujer como Jean Luc Godard. La
única manera de mejorar a ojos de los compañeros de cortado es fardando de
coche, fardando de casa y fardando de viajes, pero sin fardar. Hemos
reducido la guerra a los mismos términos. O sea, hemos perdido.

El éxito, que es el eufemismo con el que aderezamos la receta, viene de una
línea de convencimiento que se ha venido a llamar liberalismo
norteamericano: el hombre hecho a sí mismo, la ascensión social, un
automóvil reluciente, una casa sin vecinos. Y no hay nada que discutir. Si
quieres ganar a baloncesto tienes que meter el balón por el aro más veces
que tu adversario, si quieres que no te tomen por el pito del sereno tienes
que tener la cuenta corriente en jugosos números negros. Si quieres otras
reglas, cambia de deporte. Baloncesto está asociado a aro, éxito está
hermanado con dinero.

El éxito, como tantas otras cosas, suele ser un truco visual. ¿Están
siguiendo la bolita? La imagen es tan importante como la trayectoria. Un
asesor de imagen no deja de ser un prestidigitador que contratamos para que
lance palomas y pañuelos anudados cada vez que mostramos una imperfección.
Los montajes de vídeo convierten a cualquier persona en irreal; seguro que
han estado en algún festival que, visto en televisión, tenía un aspecto
considerablemente más lúdico. Los montadores de vídeo se califican como
manipuladores de emociones y no les falta razón. Todas las personas son
ideales con la secuencia de planos correcta, igual que todo tiene un final
feliz si detienes la cinta en el momento apropiado.

El éxito es el elemento crítico, es decir, el dinero es el elemento crítico
de las tendencias. Los mecanismos de la envidia, que son los que hacen
vender las revistas del corazón y las modernetas con los últimos muebles y
aparatos de música. Y que son capaces de generar incongruencias como un
presidente del gobierno poniendo de moda la práctica del pádel.

Lo interesante viene cuando haces saber que todo lo guay orbita, por su
naturaleza, alrededor del dinero porque -aquí viene lo cómico- seguir el
dinero no mola. "Ah no, yo seguir los criterios del dinero no. No soy de
esos que llevan polos de cocodrilo y pantalones de corte. A mí no me veras
jugando al pádel". Los mecanismos de las tendencias se ocultan a sí mismos
en una cortina de humo propia. Espejos delante de espejos.

La bolita estaba a la derecha. ¿Otra partida?



*********

NOTA EXTRA

Les juro que no voy a abusar más de su paciencia y que el próximo artículo
cerrará esta serie sobre lo guay. Gracias por seguir al otro lado.


Raul Minchinela
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Thomas de Quincey, "Confesiones de un inglés comedor de opio"

#19 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mié, 4 de Oct, 2000 6:08 pm
Asunto: modem 017 - Sexualmente justificado
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por  Raúl Minchinela

nº 17


Puestos a resumir la naturaleza humana en tres palabras me viene a la mente
Manuel Vicent, que decía que todo lo hacemos con el fin de poder practicar
el sexo. Esta es una frase que todos entendemos, y por tanto esconde dentro
de sí una realidad compartida. La frase "todo lo hacemos para instalar
letras de plástico en un teclado" nos suena mucho más extraña. Mencionar el
sexo es una forma relativamente sencilla para engatusar los argumentos más
peregrinos. Las industrias cosméticas y las de cirugía estética se basan en
esa premisa, pero si preguntas al gremio femenino jamás escucharás que se
arreglen y se maquillen para acabar acompañadas en el dormitorio. El sexo
es un tabú y en consecuencia un justificante. Igual que dios, amor y otras
cuantas palabras de uso común, no tenemos ninguna definición estricta sobre
ellas, y les podemos echar la culpa de lo que queramos.

Como ejemplo práctico, intenten rebatir este silogismo:
"la culpa de todo la tienen las mujeres. Si para ligar tuviéramos que
aprender húngaro y vestirnos de lagarteranos, lo haríamos. Si las mujeres
decidieran que los soldados son repulsivos, con lo que estos no tendrían
posibilidad de cariño más allá de los compañeros de ducha y los animales de
compañía, no habría nadie dispuesto a acudir al ejército. Si los chulos de
instituto fueran menos valorados que los gafotas amantes de la matemática,
en las aulas se estudiaría mucho más. Si en lugar de embobarse con actores
de cine y cantantes y deportistas se inclinasen por los filósofos y los
químicos teóricos tendríamos una televisión sin entrevistas con videntes.
Si quisieran, a base de tratamiento lisístrata, el mundo sería un lugar con
mejores vibraciones."
Estamos de acuerdo, este razonamiento es falso. Pero ¿lo es en su premisa,
en su desarrollo o en su desenlace? Suponiendo un acuerdo general -algo que
hemos logrado para cosas como, por ejemplo, no arrojar los excrementos por
la ventana-, ¿cuál es el error del crucigrama?

El problema planteado asienta buena parte de su armazón alrededor de lo
guay, que es ese concepto extraño que nos arrastra aunque no queramos -no
tenemos en identificar las décadas de las fotos mirando los peinados y los
jerseys- y que nadie nos quiere definir de dónde viene. Lo guay es, según
la perspectiva, el horizonte o el vórtice: es la lejana referencia a
alcanzar o la fuerza gravitatoria que no se puede evitar. La metáfora me
viene que ni pintada, porque el objetivo de esta serie de modems no es
identificar qué es lo guay sino qué lo provoca, del mismo modo que sabemos
que la gravedad que nos pega al suelo la provoca la masa pero no tenemos ni
idea de en qué consiste ese mecanismo de atracción. Estamos buscando causas
a partir de ejemplos empíricos. Así que mírense y volvamos al laboratorio.

Hay una parte de nosotros que necesita lo guay. Quizá la ecuación completa
se resume en que necesitamos ser aceptados por los demás y los demás nos
aceptan según los parámetros de lo guay. Lo digo porque al hablar de lo
guay la palabra operativa es "los demás", y lo divertido es que todos
estamos familiarizados con las reglas. Comparen el ganar el Nobel de física
con obtener un Oscar al mejor actor principal: sopesen qué tiene en su
consideración personal más importancia y cuál es más valorado por "los
demás". O mejor todavía, echen mano al bolsillo y publiquen dos revistas,
una que tenga en portada al premio Nobel y otra que tenga en portada al
actor y observen cuál de las dos vende más, en cuál "los demás" están más
dispuestos a invertir su dinero. En suma, sopesen quién de los dos tiene
más cosas que decir y a quién le ponemos el micrófono más a menudo.

El factor "los otros" desemboca inmediatamente en la valoración social. Así
que vamos a ir mirando los ingredientes que mejoran nuestra valoración
social y graduar su importancia a presión atmosférica. Y empezaremos con el
sexo. Para ello vamos a acudir a la sala número uno, más conocida como
-sorpresa- el bar de la esquina.

Deténganme si se lo saben: un hombre corriente y una mujer muy deseable por
el grueso de la población (póngase Marilyn Monroe o la supermodelo de
turno) naufragan en una isla desierta. La lucha por la supervivencia, día
tras día, lleva de una cosa a la otra y acaban relacionándose sexualmente.
El hombre está encantado hasta que unos meses más tarde cae en una profunda
tristeza. La mujer le pregunta si puede hacer algo para ayudarle, y el le
pide que se vista de hombre. Ella se viste de hombre y se sienta junto a
él. Poco a poco,  él esboza una sonrisa, la mira de reojo y empieza a
decir: "no me vas a creer, macho, pero a que no sabes a quién he estado
follándome los últimos tres meses..."

El chiste puede hacerles más o menos gracia, pero todos lo han entendido Y
el hecho de que se repita de tertulia en tertulia -"es potestad del bufón
decir verdades que los demás callan", decía el bardo- significa que toca
una parte de nosotros que es común, que todos entendemos. El mensaje que
lleva el chiste en su interior es de considerable magnitud: cuando el
hombre por fin puede contar la aventura, modifica su posición en la escala
de lo guay. Acostarse con la supermodelo es guay, pero contándolo el que
logra ser guay es el narrador. El hombre pasa de tener algo guay a ser
guay: ese es el salto cualitativo. Hay niveles de lo guay por encima del
sexo. Así que nuestro ingrediente crítico debe encontrarse en otra muestra.

Eso sí, no vayan diciendo que hay cosas por ahí que son más influyentes que
el sexo, porque van ustedes a dejar de ser guays (el sexo como gran
justificante; una cortina de humo que, a su vez, disimulamos con la
confusión). O si lo hacen, no mencionen mi nombre.

Bastante difícil lo tengo sin saber húngaro.


*********





Raul Minchinela
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Thomas de Quincey, "Confesiones de un inglés comedor de opio"

#18 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Jue, 28 de Sep, 2000 10:36 pm
Asunto: modem 016 - Donde va Vicente
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por  Raúl Minchinela

nº 16

Puede sonar a paranoia, pero hay algo extraño con lo guay y lo que mola.
Por una parte, he estado largo rato rastreando el diccionario en busca de
un sustituto más clásico y con menos impedimentos para los lectores
latinoamericanos. Huelga decir que no ha valido para nada. Por otra parte,
el corrector ortográfico de mi procesador de textos subraya insistentemente
todas las apariciones de la palabra guay y todas las conjugaciones del
verbo molar, como si fueran palabras peligrosas que es necesario mantener
en los bajos fondos del vocabulario.

Pero la cosa no termina ahí. Basta una pequeña incursion en los kioskos y
en los bares para comprobar el veto secreto. Ocurre en todo tipo de
publicaciones. Sucede igualmente en las revistas de diseño, en las
rockeras, en las de mujeres inseguras, en las revolucionarias alternativas,
en las literarias, en las cinematográficas,... ustedes escojan. Ocurre en
las revistas más elevadas y también en las más subterráneas; en las que
señalan las tendencias de los más modernos y en las que recomiendan
actividades para amas de casa. La idea se expresa permanentemente en cada
uno de los textos, pero con palabras diferentes, con eufemismos para evitar
mostrar abiertamente lo que se quiere expresar. Todas quieren decir lo
mismo, pero la palabra guay no está en ninguna parte. El verbo molar está
sometido a un marcaje, si cabe, más duro.En suma, cualquier uso escrito de
la palabra guay, perdonen que sonría, no mola nada, nada.

Esta complicación es importante a la hora de afrontar este artículo, porque
quiero mirar hacia dónde nos dirigimos, qué es lo que seguimos cuando no
hay ninguna fe que nos guíe de la mano. Ahora que todos tenemos recursos
suficientes  para averiguar que las religiones no son sino refranes
desarrollados, debería ser en un principio el momento idóneo para el
anarquismo intelectual. Craso error. Cuando estamos ante una persona nueva
no esperamos encontrar una forma radicalmente diferente de concebir el
mundo, precisamente. Mas bien partimos de la idea de que vamos a encontrar
más de lo mismo. Más de lo que nos rodea. Y es normal, porque la
experiencia manda. Si amanece todos los días, lo que esperamos cuando llega
un nuevo día es que amanezca.

Y tampoco hay sorpresas porque todos estamos familiarizados con el molde, o
mejor dicho, con el camino. A intervalos regulares nos enteramos de cuáles
son los nuevos referentes. La pregunta entonces es inmediata. ¿Cuál es el
camino? ¿Qué forma el camino? Baste que intentemos identificarlo para que
se nos escurra entre los dedos, porque no estamos siguiendo una via sino -y
esto es lo verdaderamente interesante- estamos siguiendo a unos guías. No
seguimos un trayecto, sino que vamos detrás de unos cuantos individuos en
los que ponemos, digámoslo así, nuestra confianza. Y que siendo sinceros
nos llevan por donde les da la gana. Somos un grupo del inserso en
vacaciones comentadas. Siganme por aquí. No se pierdan.

Estos guías son los que llevo algún tiempo intentando discernir a la luz de
los textos que les he presentado las últimas dos semanas. En ambas,
hablábamos del integrismo de biblias grapadas, de los que encuentran la via
de la perfección en los sagrados escritos de las revistas de papel
satinado, los que se adelantan al resto de los mortales para saber el
siguiente paso lateral de nuestros profetas. Estamos siguiendo a otra
persona porque nadie nos sigue a nosotros. Si nadie nos sigue a nosotros,
tampoco nosotros seguimos al primer colgado que se cruza y hace algo
diferente. No, amigos, somos muy quisquillosos para elegir la gente a la
que seguimos. Eso sí, si preguntas, cada uno te dirá que sigue a alguien
diferente. Los cool-hunters no siguen, dicen, a los mismos exploradores que
la fauna del chupete rosa. Y sin embargo, los dos procesos -¿lo recuerdan?-
eran idénticos. Lo mismo pero muy distinto. La obsesión por ser diferente
nos vuelve detallistas con las fotocopias.

Ahora, un poco de lógica: si los dos casos son iguales, ¿por qué van a ser
diferentes las formas de señalar a los lideres? En otras palabras, igual
estamos todos siguiendo al mismo grupo. Piensen en ello como en una
multinacional: sección espectáculos, sección textil, sección interiorismo,
sección compramos-emisoras-y-periodicos.  Cambiamos de jefes, pero la
empresa sigue siendo la misma. Pero en cierta medida, los jefes los
elegimos nosotros.

¿Con qué criterio?

Dejenme que les cuente un chiste...


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Raul Minchinela
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Thomas de Quincey, "Confesiones de un inglés comedor de opio"

#17 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mar, 19 de Sep, 2000 11:14 pm
Asunto: modem 015 - El integrismo de biblias grapadas ( simetría )
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por  Raúl Minchinela

nº 15

Hay una serie de chavales que se dedican a identificar futuras tendencias.
Lo sé porque lo estuve viendo en uno de esos programas juveniles nocturnos
interesados en hacernos saber qué es lo que mola, o mejor dicho,
interesados en incidir en que nosotros, la gente de la calle, no molamos
nada. Y si queremos molar vamos a tener que invertir seriamente en nuestro
armario.

El reportaje nos introducía en el mundo de los cult-hunters (o
cool-hunters, no me quedó muy claro), unos chicos que se dedicaban a tomar
nota mental, cuando no fotografías y similares, de las aportaciones más
extravagantes realizadas por pertinaces y originales asistentes a los
núcleos de los guay, porque -no hay que pensar mucho- no hay cazamovidas en
Bujaraloz. La necesidad de estar a la última hacía pensar inmediatamente
que leer libros, una inversión de tiempo no inmediatamente rentable, no
estaba entre sus fuentes de interés. Una vez recogidas las anotaciones y
definidas las directrices, los cazamovidas entregan informes a la empresa
madre, que las vende a multinacionales por desembolsos considerables,
detalle este último que contrasta con las apreciaciones de uno de los
cazamovidas entrevistados: "no te puedes ganar la vida sólo como
cult-hunter". Una aportación muy reveladora.

Con todo, estaba viendo el reportaje del programa guay para gente
concienciada de no ser guay con un informe en el que gente guay ganaba
dinero por el hecho de ser guay y frecuentar lo guay. Tengo unos cuantos
amigos adictos a las últimas tendencias -lo que viene muy bien para saber
lo que se cuece y no estancarse en los recopilatorios a la hora de visitar
tiendas de discos- que, pensaba yo, no le harían ningún asco a este trabajo
tan anárquico, tan libre, tan creativo, tan fresco, tan original, tan fuera
de los carriles establecidos, tan especial...

"O sea, marketing para jóvenes".

Me giré. Mi invitado -Primitivo dormía en mi casa aquella noche- había
destrozado un perfecto momento guay con el arquetipo guay de las
aspiraciones guays con una sola frase que era imposible rebatir. Los
cazamovidas, el objetivo supremo del cool anónimo con intención de marcar
tendencias, estaban en el mismo estatus que las encuestas a pie de
supermercado sobre la satisfacción del suavizante de turno. Como testigos
de jehova en evangelización a puerta fría, el mundo guay aparecía ante mis
ojos de repente luciendo un distintivo con su nombre y paseando a la caza
de elementos con los que incrementar la tradición sagrada. La fe que logró
desengacharnos de las hombreras gigantes y las mangas ranglán tomaba en un
instante el registro de los vendedores de enciclopedias, la fe y el dogma
de las compras en cómodos plazos. Si el vendedor de seguros afianzaba su
corbata y su peinado, el líder "in" se ajustaba su gorro playero, lucía sus
mejores piercings y removía entre el común denominador para buscar
variantes de lo mismo que pudieran, una vez pulidas y envueltas para
consumo, pasar por novedad.

En suma, el abismo devolvía la mirada.

No sé si lo ven tan claro como yo, pero esta historia y la de los chupetes
de la semana pasada son la misma foto con distintos revelados. Las dos
ilustran la misma cuestión: a quién seguimos en la época en la que no hay
religiones. Tras estas dos historias trasluce el mismo fondo, el mismo
sustento, la misma esencia,... son la misma historia. Cambian los
decorados, los protagonistas en lugar de ser marujas son jovenzuelos con
piercings y pelos de colores, la banda sonora pasa de los boleros al tecno,
pero no ha de engañar a nadie. En ambas sucede lo mismo. Por todas partes,
mientras unos señalan burlones a los que creen en el campo contrario, está
sucediendo lo mismo.

Así que me veo en la obligación de saber, poco a poco y modem a modem, en
qué consiste esa religión. Vamos a intentar desentrañar qué es lo guay.

¿A que mola?


Raul Minchinela
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#16 De: abz@...
Fecha: Jue, 14 de Sep, 2000 10:26 am
Asunto: modem 014 - El integrismo de biblias grapadas
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por  Raúl Minchinela

nº 14


Yo estaba asombrado, pero repetidos planos que enfocaban el público
del plató me hacían pensar que probablemente era el único en perder
la compostura. Bien es cierto que los asistentes a programas
televisivos son una raza insondable capaz de aplaudir cualquier
eventualidad y cualquier aparición viva o inerte: basten como ejemplo
las ovaciones que se profesan regularmente en programas como El
Precio Justo a taburetes y frigoríficos. Así pues, no debían ser un
conjunto representativo de los telespectadores que, generalizando mi
caso, estábamos totalmente descolocados.

Nos encontrábamos en la inevitable sección de chismorreos, o de
prensa del corazón como ellos lo llaman, en la que no faltaban los
contertulios estándar de estos días: la señora mayor repeinada que
integra de un plumazo al sector de las marujas, el gay locaza con
licencia permanente para despotricar la ropa y las maneras de quien
se ponga por delante, y el elemento chic -puede ser hombre o mujer-
de habitual trato con la nobleza, especialista en protocolo, buenas
maneras y otras ramas del tupido árbol de la alienación social.

En ese preciso instante nuestros protagonistas estaban repasando
páginas de papel couché con grandes imágenes y poco texto (una
característica común entre la prensa rosa y las revistas
pornográficas que curiosamente revela su relación intrínseca) que se
centraban en Carolina de Mónaco, un elemento que concentra los
elementos base de las temáticas rosa: es guapa, rica, famosa, noble
y -recordemos los escarceos musicales de su hermana Estefanía- tiene
relación directa con el mundo del espectáculo.

El debate se centraba alrededor de la decisión de Carolina, quien
para conseguir dejar el tabaco había sustituido el cigarrillo por -
agárrense- un chupete. Una elección poco usual pero que se sopesaba,
ojo, con una absoluta seriedad.

De hecho, una de las participantes nos indicaba que era obvio que en
adelante el chupete se iba a llevar mucho por el sólido motivo de que
Carolina era, y cito textualmente de labios de una señora entradita
en años, "lo más fashion".

Para entendernos, en la más pura tradición "Alá es Dios y Mahoma es
su profeta", los intermediarios entre las inalcanzables divinidades
de nuestro tiempo y los simples mortales habían dado la buena nueva y
teníamos que obrar en consecuencia. El chupete ha sido bendecido por
las divinidades "fashion" y es nuestra obligación no tomar tal
mandamiento en vano. Que nadie se plantee si optar por los
complementos infantiles es la elección más inteligente: la lógica es
la oposición a la fe y no es lícito aplicarla. Los caminos del señor
son inescrutables.

Yo continuaba paralizado mientras el chupete rosa de Carolina se
revelaba como la aportación más rompedora ofrecida por realeza
alguna. Los contertulios no podían, nosotros miembros del marasmo
social no podíamos, limitar el detalle del chupete a una paranoia
individual, a una elección de una persona que aplicaba su solución a
su problema. No, es nuestro deber asimilar, compartir -tal vez sea
una herejía decir "disimular entre la masa"-, hacer nuestra la señal
enviada desde la dimensión que se encuentra al otro lado del papel
satinado.

En un místico instante catódico dos elementos reactivos se conjugaban
en un balancín en el que los reyes fashion no podían tener caprichos
instantáneos y personales -sus creyentes no se lo permiten- y las
personas molientes sacralizaban y propagaban cualquier nueva de la
fátima de la cuatricromía.

Se levantaba la veda de los impíos, que se revelarían al reírse de
los divinos chupetes, y retornaba la ocasión de colgarles el
sambenito de lo cutre y de quemarles atados a una estaca en la más
fiel tradición del borreguismo. El mundo se dividía en dos bandos
ante un catártico acto de fe. O estás con nosotros o estás con ellos.

Atrapado entre las llamas, he visto un mundo de chupetes y no he
salido de mi asombro.



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Raul Minchinela
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#15 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mié, 6 de Sep, 2000 5:39 pm
Asunto: modem 013 - Pequeñas señales de vida
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por  Raúl Minchinela

nº 13

Todo comenzó en Groningen con un robo. Groningen es una ciudad holandesa
conocida en el país por su actividad nocturna, que es el caldo de cultivo
de las actividades más peregrinas. Nuestros protagonistas, un grupo de
pillos holandeses, decidieron en una de esas noches robar un gnomo de
jardín, réplicas minerales de los personajes de Blancanieves que, según el
gusto de los neerlandeses, le dan a la entrada un aspecto ideal. A tal
efecto, tomaron papel y bolígrafo, y confeccionaron un mapa de las casas
donde recordaban haber visto enanitos decorativos. Con el trabajo teórico
adelantado, llevaron a cabo el proceso habitual: hicieron una visita de
reconocimiento para ver la dificultad de la acción y de paso observar a sus
posibles objetivos en busca de un amor a primera vista, porque vete a saber
si hay muñecos con cara de querer marcharse.

Tras los preparativos, y llegados al punto decisivo, no eligieron el gnomo
más vistoso ni el más juguetón, sino que prevaleció el sentido común -no es
cuestión de hacer la broma más grave de lo que era-, y optaron por tomar
una figura del jardín que más enanitos tenía. La perdida iba a ser
igualmente irreparable pero no desesperante.

Pueden imaginarse el proceso del robo, todo muy peliculero porque al fin y
al cabo el objetivo era divertirse. Puestos de observación, cuidado,
disimula, movimiento en la casa, han salido, repito, han salido, estamos
dentro, no hay novedades fuera, lo tenemos, dicen que lo han cogido, lo
tenemos, por ahí salen, sube, sube, rápido, vroooommmm.

Hasta aquí la aventura le puede parecer poco original a aquellos que
conozcan las actividades del TBF (Tuinkabouter Bevrijdings Front), pero  la
historia de hoy no tiene que ver con el Frente de Liberación de Enanitos de
Jardín. El objeto de este robo no era robar un gnomo para abandonarlo en
mitad de un bosque con el convencimiento de que ese es su ambiente ideal.
Tengan ustedes paciencia y acompáñenme de vuelta al lugar de los hechos.

Cuando los dueños regresaron a casa, además de la ausencia del muñeco
encontraron en su buzón una carta en la que el enano daba las razones de su
marcha: "queridos amos", comenzaba, "estar en el jardín es un aburrimiento
y he decidido marcharme a correr aventuras por el mundo. No me quejo del
trato recibido, sino que he estado pensando y esto es lo mejor para todos.
Abrazos."  Era el 24 de mayo del año 2000. Esa noche, el Gnomo, que ya
había sido bautizado como Roel, estaba de copas celebrando su libertad. Y
no estoy inventándome nada.

Así que para aliviar la tensión que seguro sentía la familia ante el
secuestro, el gnomo decidió enviar una foto de esa primera juerga de
liberación. Roel posando junto a sus cervezas fue una imagen
suficientemente tranquilizante como para que la familia asumiera la marcha
del enano y no acudiera a la policía a denunciar el robo. Por otra parte,
bastante disuasoria la imagen de uno mismo entrando en una comisaría de los
países bajos diciendo: "Agente, esta es la última foto que tenemos; mi
enanito se ha ido de bares y aún no ha vuelto".

Pero Roel había dicho que abandonaba el hogar para recorrer el mundo y,
desde entonces hasta la fecha de hoy, está cumpliendo sus palabras. El
buzón donde entregó su carta de libertad recibe regularmente señales de su
viejo amigo en la forma de una fotografía en la sonriente cara de Roel les
saluda junto a los monumentos más alejados del planeta. En el reverso,
aparece siempre un texto reconfortante:

"Queridos amos: ¿Qué tal todo por allí?. Os saludo desde (...). Este lugar
es encantador y ya veis que me lo estoy pasando bomba. Saludos a todos."

Y en la instantánea el enano aparece, por citar casos reales, admirando el
Gran Cañón del Colorado, frecuentando malas compañías en el Love Parade
berlinés, tomando el sol tumbado en la playa de Santa Bárbara, posando
junto al estadio olímpico de Sydney -no falta la foto con los canguros- o
admirando los luminosos casinos de Las Vegas, en ocasiones subido a un
taburete para jugar a las máquinas tragaperras. Todas lógicamente
mataselladas en el lugar de la foto. Y todo eso en sólo tres meses.

Todas estas instantáneas, en mi opinión imprescindibles, las pueden ver en
internet visitando la página web http://oomroel.bizland.com .Sus dueños no
lo saben, pero sus futuros destinos incluyen Bélgica, Indonesia y Japón.
Roel, así se ha decidido, va a dar la vuelta al mundo y a contarlo a vuelta
de correo.

Nuestro grupo de holandeses ha ido creciendo en número. Son muchas las
personas que, lejos de verlo como un inconveniente, se presentan
voluntarias a incluir al gnomo en su mochila, pasearlo por el mundo,
retratarlo en los rincones más conocidos y remitir la fotografía a sus
antiguos propietarios. La bola de nieve ha crecido y ya se llama "proyecto
Oom Roel" (que vendría a ser "tío Ruul", así que ya se imaginan cómo me
llegó la historia), y hay tanto miembros de categoría -aquellos que han
incluido a nuestro protagonista en su equipaje- como simples afiliados.
Todos organizados, y esto es lo que derrota al TBF por goleada, para que
una familia holandesa a la que no conocen reciba satisfecha la confirmación
de que su antiguo inquilino está disfrutando de unas vacaciones de ensueño.

Llámenme romántico, pero esta es una historia que alegra mi corazón: toda
una conflagración secreta con el único propósito de dar diversión a unos
desconocidos, para que cuando abran el buzón encuentren, entre las facturas
y la publicidad "usted puede ser el ganador" un destello de optimismo a
fecha de hoy nada despreciable.  Una cara sonriente que se acuerda de
nosotros en los lugares más recónditos del globo. Pónganse en su lugar y
díganme que no estarían ansiosos por la próxima llegada del correo.

El proyecto, si todo va bien, terminará el año que viene en Barcelona. Con
un poco de suerte podré asistir y averiguar qué hace una figura decorativa
cuando termina sus vacaciones.

De modo que si en algún momento una pequeña figura de cerámica les pide que
cojan la cámara y le retraten en un rincón conocido, háganlo gustosos.
Tengan en mente que tal vez, con ese pequeño gesto, están contribuyendo a
la alegría de alguien, en alguna parte, en algún momento, a franquear en
destino.

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Raul Minchinela
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"Si me detengo a reflexionar en lo que es propio decir a esta o aquella
persona, pronto dudaré de que exista una parte de mi relato que con
propiedad pueda contarse."

Thomas de Quincey, "Confesiones de un inglés comedor de opio"

#14 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mar, 5 de Sep, 2000 3:21 pm
Asunto: regreso al futuro
abz@...
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Hola de nuevo!!

Solo unas lineas para avisar de que mañana vuelve a la carga "Enamorado de
mi modem juvenil" con una historia de esas que te alegran el corazon y que
de hecho tiene que ver mucho que ver con el periodo estival. Es la historia
de unas vacaciones.

En mi caso personal, esperaba haber escrito bastante en este periodo y no
he plasmado una sola linea. Sin embargo, tantas horas en vagones de tren
-gracias al bono interrail- me han servido para encajar un tapiz bastante
grande y que tardare en revelar por completo. Si hay personas que quieran
correr en paralelo para ver si llegan a los mismos resultados, les dire que
ha partido de la confrontación de la lectura de "The Invisibles" de Grant
Morrison (Vertigo/DC 1993-2000) con la consulta del libro "Pop Control" de
Miguel Ibañez (Glenat 2000). En ambos se tratan con intensidad las teorias
de las conspiraciones. Ibañez las zapea con la perspectiva del "mundo
guay", mientras Morrison intenta aglutinarlas en un gran arbol de las
verdades/mentiras contemporaneas. Al cocido le he añadido unas cuantas
dosis de Foucault (esencialmente sobre el capitalismo) y creo tener un
tronco presentablemente solido y que difiere sustancialmente de las obras
consultadas. Pero todo eso llegará poco a poco -si llega, no sea que
futuros analisis me hagan deshacer una teoria tan bonita-, y con suerte,
con textos ligeritos y divertidos.

Pues eso, que mañana toca una historia bonita. Al menos a mi me lo parece.

Abrazotes,

Raul Minchinela
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Thomas de Quincey, "Confesiones de un inglés comedor de opio"

#13 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mié, 9 de Ago, 2000 11:48 am
Asunto: descanso estival
abz@...
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Hola a todos!!

Gracias por seguir al otro lado.

Este mail es para avisar -aunque ya lo comenté en el modem 11- que la
columna va a sufrir -en realidad, gozar- una pausa estival hasta el mes de
septiembre.

Me marcho para asistir al festival de Musica de Reading, a cincuenta Km. de
Londres. Asi que si van por alli y ven a un tipo de metro noventa
acompañado de una chica morena de mas o menos la misma altura, no duden en
detenerlos para echar una cerveza.

Respecto a la columna, por si estan interesados en las promociones, en
otoño les contaré cómo ser inmortales sin necesidad de tener un hijo, de
escribir un libro, de plantar un arbol ni de que nadie se acuerde de
nosotros. Como la mayoria de las cosas, los medios están delante nuestro y
se estan llevando a cabo regularmente.

Espero haberles picado la curiosidad.

Dentro de un mes, volvemos a la carga.

Abrazos a todos.

Raul Minchinela
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#12 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mié, 9 de Ago, 2000 11:41 am
Asunto: modem 012 - La opacidad de los gafapastas
abz@...
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por  Raúl Minchinela

nº 12

El concurso "¡Adelante, indigentes!" del que les hablaba la semana pasada
lo vi en la exposición "Mundo TV" que organizó el Centro de Cultura
Contemporánea de Barcelona. La exposición, como se pueden imaginar, se
quedaba bastante corta; para hacerse una idea imaginen una muestra titulada
"mundo pintura" o "mundo escultura". Esperemos que con el tiempo se
produzcan exposiciones centradas en el humor en televisión, las series de
ficción, las programaciones infantiles o las grandes mentiras de los
telediarios emitidos, que lo íbamos a pasar un rato bien.

Uno de los grandes aciertos de Mundo TV fue que, tras las salas con los
habituales montajes de "mejores momentos" y "grandes sintonías", había una
zona final en la que se emitían integramente los cien programas que habían
sido votados por críticos de todo el mundo como los mejores de la historia.
Se emitían cinco cada día en monitores diferentes, y la programación, de
cara a ofrecer los cien elegidos, cambiaba diariamente. Calculando a ojo,
visité la exposición unas cuarenta veces.

En el último mes de exposición, la organización decidió proyectar los diez
programas más votados en pantalla grande acompañándolos de una charla
debate. Estaba interesado en particular por el concurso para los sin techo
que nos ocupa, con objeto de saber la impresión que había causado sobre una
muestra representativa del resto de asistentes. Tristemente, los asistentes
a la sala, lejos de ser el espectador medio de televisión, entraban casi de
pleno en la categoría de los gafapastas, una especie cuyo hábitat natural
se encuentra en las salas de arte moderno y que no cejan en el empeño de
traducirnos lo que el artista ha querido expresar con cada una de sus obras
a pesar de que en apariencia solo sean lienzos monocromos o un centenar de
coladores de café apilados en una esquina. Es habitual que el gafapasta le
explique al propio artista lo que en realidad ha querido expresar, en
ocasiones para enorme diversión del respetable.

Los gafapastas, que pueden acudir sin compañía a las galerías y museos, se
aparean a base de interpretar en voz alta las obras del artista, un reclamo
sonoro que el resto de especies identificamos como repugnante pero que los
de su propia especie contestan sin dilación. Los gafapastas, que reciben su
nombre por la habitual gruesa moldura de sus gafas -en ocasiones con lentes
sin graduación-, pueden tener aspectos muy diferentes: desde el sobrio
siniestrismo al hippismo recalcitrante pasando por neutras modas unisex o
por revivalismos de los progres de los setenta, y ni siquiera es necesario
que lleven gafas. No siempre es fácil identificar a un gafapasta por su
aspecto, pero sus libres exclamaciones en busca de pareja o sus respuestas
a las mismas los separan del resto de la asistencia.

Así pues, ante un público granado de gafapastas, se proyectó "¡Adelante,
indigentes!". Cuando terminó la proyección, en una sala repleta de grandes
videntes inasequibles al desaliento por incomprensible que sea la obra y
capaz de ver ventajas incluso debajo de las piedras,... el público estaba
indignado. Toma castaña. Los oráculos amateur del arte contemporáneo no
sólo habían caído en la brillante maraña tejida por los responsables del
programa sino que además eran incapaces de comprender qué había pasado.
Sólo sabían que estaban indignadísimos, que no había derecho a humillar en
público a los pobres, dejando entrever que lo único legítimo era
destrozarlos legal y sistemáticamente, eso sí, fuera de plano.

Cuando, tras insistirles mucho, se les convenció de que era para fines
didácticos, el espectáculo alcanzó cualidades surrealistas. Por un lado
estaban los muy pagados de si mismos, muy sensibles a la poesía y a los
trazos violentos sobre lienzo, que seguían viéndolo como un insulto
personal. Y luego estaban los que, aceptando el éxito educativo y de
impacto del programa, hacían notoria su opinión de que por ahí no se iba a
ninguna parte. "Caracoles, que visión tienen", pensé, "sólo se ha dado un
paso, confiesan que con ellos ha funcionado y ya tardan en juzgarlo como
inviable". No había más bandos entre los amigos de coger el micrófono y
compartir sus impresiones. Los que lo quemarían y los que pensaban que se
quemaba por si solo.

El segundo bando -un paso evolutivo sobre el primero, que algo es algo-
incidía en que este tipo de iniciativas acabarían por insensibilizar al
público: ponían sobre la mesa un programa semanal donde noche tras noche
mendigos concursarían por una casa y obtendrían como premio
sistemáticamente un juego de mobiliario para el jardín. En otras palabras,
no se enteraban de nada.

La segunda entrega del programa no serían tres mendigos a los que vamos
zancadilleando mientras luchan por una casa. La segunda entrega sería otro
ámbito de protesta -he aquí el punto importante, la protesta, y hay miles
de temas- en el que las causas, los procesos y los efectos se expresarían
de la misma manera. La segunda entrega nos mostraría tres gitanos luchando
por un puesto de directivo en un banco. La tercera tres marroquíes luchando
por documentación formalizada. La cuarta tres chicas que desean un aborto
cuyo coste no pueden permitirse. Y seguiría indefinidamente. Mostrando cómo
se zancadillea sin compasión. Exponiendo los datos y las acciones sin
necesidad del tedioso formato documental.

¿No son ustedes felices y quieren espectáculo? Pues tomen espectáculo. E
indígnense de poder verlo.


***********


Raul Minchinela
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propiedad pueda contarse."

Thomas de Quincey, "Confesiones de un inglés comedor de opio"

#11 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mié, 2 de Ago, 2000 11:41 pm
Asunto: modem 011 - Penicilina en un azucarillo
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por  Raúl Minchinela

nº 11


Déjenme que les hable de las cosas bien hechas.

Tuve ocasión de ver uno de los mejores programas de la historia de la
televisión. Era un programa concurso, diseñado por reputados creadores de
concursos televisivos y presentado por una pareja habitual de las pruebas
catódicas, que a efectos nacionales podríamos equivaler a Joaquín Prat y
Mayra Gómez Kemp. Tenía un lujoso decorado, un enorme estudio, publico en
directo,... todos los ingredientes obligados del entretenimiento en hora de
máxima audiencia. El programa, que se emitía en el cuarto canal de la
televisión nacional inglesa, se llamaba "¡Adelante, Indigentes!". En él,
tres personas sin techo participaban para conseguir el gran premio del
programa: una casa con jardín. Y era evidente que iban a dejarse las uñas
para hacerse con ella.

A fin de que vean la mecánica del programa, les voy a narrar lo que sucedió
específicamente en el programa que vi. Comenzaba presentando a los tres
concursantes, que eran respectivamente un obrero en paro, una mujer
embarazada de su segundo hijo a la que la familia expulsó cuando se
embarazó del primero, y un reputado arquitecto que, tras llevar una vida de
excesos, cayó en desgracia cuando su empresa quebró. Las preguntas que nos
permitían conocer estos datos eran realizadas y respondidas sin ningún tipo
de sensacionalismo. Eran personas contando sus vidas, y era evidente que no
estaban contentas con ellas.

La primera prueba, presentada como es normal con cabecera y fanfarrias, era
una prueba de cámara oculta: al primer concursante un policía falso le
obligaba a dejar de pedir limosna y le pedía una documentación que el
indigente no tenía porque el gobierno no se la concedía; a la segunda
concursante una siquiatra y una agente femenina de policía le quitaban la
custodia de su hija porque había caducado el plazo de estancia en una casa
social y no había encontrado una casa propia; al tercer concursante le
habían cancelado el subsidio de desempleo por una falsa ley recién aprobada
y el falso funcionario no quería saber nada de las objeciones del parado y
hacía oídos sordos a sus quejas. Tras cada escena de cámara oculta, el
público aplaudía intermitentemente -por puro horror y asombro ante la
crueldad de lo visto- y se hablaba con el concursante, que nos hacía saber
que lo que había aparecido en pantalla o bien lo habían vivido en carne
propia, o bien lo habían visto con sus propios ojos. No había más crueldad
en la broma que la que se les ofrecía diariamente. La votación del público
concedía los primeros puntos a los concursantes.

La segunda prueba (aparece la cabecera, suenan las fanfarrias) era un test
sobre los porcentajes de personas sin techo y mendigando en Inglaterra: su
número, sus ingresos, los porcentajes acogidos en centros de ayuda. Apenas
hubo aciertos porque las cifras que inicialmente parecen más desmesuradas
son las correctas, y la clasificación apenas se movió.

La tercera prueba (cabecera, fanfarria) consistía en, a partir de dos palés
de madera, tres tablones, un poco de cartón y un forro de plástico y
utilizando un tiempo máximo de un minuto, construir una chabola. Pasado el
minuto, aprovechado para la publicidad, se comprobaba la chabola primero
regándola y viendo que el agua no entraba al interior y después dándole una
patada para comprobar su resistencia. La de la mujer cayó con la patada; la
del obrero -que tenía curiosos detalles de originalidad, como un buzón y
una chimenea falsa de cartón- filtraba agua; la del arquitecto aguantó
ambas pruebas. Los puntos concedidos colocaban al arquitecto en cabeza de
la clasificación, y la satisfacción iluminaba su rostro.

Tras tres pruebas, era el momento de eliminar a un concursante. Le
preguntaron al arquitecto si conocía el golf. "Sí", dijo él, "¿por qué?".
"La tarjeta más alta pierde", dijo la presentadora poniendo cara de qué se
le va a hacer. Al hombre le crecía la indignación mientras los ayudantes
del programa le conducían fuera del plató y sonaba la fanfarria de
eliminación. Había luchado lo mejor posible tal y como le habían ordenado
para conseguir la casa y ahora se la quitaban para siempre.

Este programa concurso era un programa único emitido en un día en el que
las veinticuatro horas de emisión del canal británico se dedicaban a
sensibilizar a la audiencia sobre la situación de los sin techo. Los
concursantes eran actores, pero ni el público ni los televidentes lo
sabían. Llegados al ecuador del programa, sin efectos sobreactuados, sin
lentos textos documentales y sin tediosos gráficos comentados por expertos
nos habían descrito no sólo lo difícil que es la vida de los indigentes
sino lo activa que es la creatividad de la sociedad para hundirles en
cuanto intentan levantar cabeza.

Ante mis ojos tenía uno de los mejores programas de la historia, uno que
llegaba a la sensibilidad del espectador con un lenguaje actual, en el que
formar, informar y dar espectáculo se fundían para conseguir el verdadero
objetivo: movilizar a la audiencia. Nadie podía quedar indemne tras ver el
programa. El mensaje había sido transmitido en un formato que todo el mundo
comprende. Como a los burros, nos habían dado la penicilina metida en un
azucarillo.

Por si alguien tiene curiosidad, el concursante que llegó a la última
prueba  -el obrero- tenía que elegir entre tres puertas. Eligió la tres,
pero tras la insistencia del presentador se decidió por la puerta dos. La
casa estaba tras la puerta tres. El concursante se llevó un conjunto de
mesas y butacas de exterior para un jardín que no tenía. Fanfarria final y
créditos.



***********************************

Este es el penultimo Modem antes de un justo y merecido -no olvidemos que
soy mi proio jefe- intervalo vacacional. Gracias por su comprensión

***********************************








Raul Minchinela
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Thomas de Quincey, "Confesiones de un inglés comedor de opio"

#10 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mié, 26 de Jul, 2000 4:01 pm
Asunto: modem 010 - La lente en el ojo ajeno
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por  Raúl Minchinela

nº 10


Para cuando el desarrollismo permitió un televisor en cada casa ya se había
asegurado la conversación del día siguiente. La parrilla de emisión era
cortísima y los programas para elegir eran tan escasos como para,
precisamente, no tener que elegir. Antes del océano de horarios, canales y
ofertas ya teníamos definido el tronco compartido. Lo bueno estaba ante
nuestros ojos o no estaba en ninguna parte. Y como no había con lo que
comparar, no cabía valoración posible. Resumiendo: veíamos lo único y era
-por definición- lo bueno.

A día de hoy, entre la selva del canales de la televisión digital y por
cable escondemos nuestras falsas esperanzas. Aunque estemos viendo basura
en estado puro en el canal sintonizado, tenemos la fe convencida de que en
alguna parte están poniendo algo interesante, o de que está a punto de
comenzar.

Todos tenemos un amigo que vive permanentemente en este estado. Cuando está
en casa se aburre una barbaridad y está convencido de que debería ir a un
bar; cuando está en el bar se aburre inmediatamente y quiere estar en otra
parte. La idea subyaciente en todo el proceso es que tiene la seguridad de
que están pasando innumerables cosas interesantísimas, pero todas ellas
siempre suceden en otra parte. La vida de los demás -ese es su criterio- es
siempre más interesante que la propia.

Estas dos instantáneas gemelas definen y acotan, en positivo y en negativo,
el arrollador éxito del programa Gran Hermano, una aberración televisiva en
la que -para los que vivan al otro lado del atlántico o que acaben de
despertar de un coma profundo- una decena de individuos neutros son
recluidos en una casa infestada de cámaras que retransmiten su convivencia
veinticuatro horas al día.

(No es del todo cierto; hasta muy recientemente, sintonizar su canal
temático a altas horas de la madrugada no servía para sorprender a sus
habitantes durmiendo el sueño de los justos; aunque sea reemitiendo
aventuras grabadas, el espectáculo debe continuar).

El persistente espectador de Gran Hermano cae en la trampa del glamour de
lo bidimensional. Marilyn Monroe impresa enorme en un cartel de reclamo,
proyectada en una pantalla de cine o expuesta concienzudamente en el
televisor es mucho más excitante que cualquier mujer tridimensional que
pase por nuestro lado, aunque sea la propia Norma Jean. La Marilyn plana
tiene la estatura apropiada, el porte adecuado, el gesto exacto elegido
entre treinta tomas. La televisión nos ofrece elementos que adecuamos a
nuestra escala. Lo emitido es justo lo que necesito, y es intrínsecamente
mejor que yo.

Abundando en esta dirección del glamour de la pantalla se hace evidente que
al espectador regular de Gran Hermano le sería inmediatamente insoportable
el encontrarse en esa casa sin libros ni música, en esa prisión
insoportable en su tridimensionalidad. Pero el consumirlo como espectador
es una tentación irresistible, la posibilidad de enfrentar, de escalar la
vida de uno a la medida de esas vidas retransmitidas que, a la vista de los
resultados y con un poco de visión crítica, podrían ser perfectamente
cualesquiera otras. Por el hecho de aparecer en pantalla, más allá de su
patente vulgaridad, sus vidas son dignas de ser vistas porque -piensa el
consumidor compulsivo- mi vida retransmitida no les interesaría a ellos,
del mismo modo en que tenemos la seguridad de que, a pesar de ser
reproducidos a tamaño gigante, no lograríamos despertar las hormonas de
Marilyn.

Pero no todos son televidentes adictos y de hecho la gran mayoría de los 11
millones de interesados son espectadores centrados en los especiales de
resumen. Para comprender su posición comencemos con una visita a las
tiendas sofisticadas de hoy en día, en las que, junto a las regaderas de
diseño y las bolas de espejo con rotor, se venden, para ayudarnos en la
lucha contra el estrés, cintas de vídeo que durante sesenta minutos nos
ofrecen el permanente espectáculo del fuego de un hogar. La visión de una
hoguera, nos dicen, relaja nuestros nervios: más aún una hoguera a la que
no es necesario alimentar con leños, no impregna nuestro techo con humo de
combustión y no nos sofoca con sus olas de calor. La idea puede parecer, en
nuestras horas de menor lucidez, incluso sensata. En Japón, aunando el
factor chimenea y la retransmisión permanente, existe el canal pecera, otra
acción antiestrés con la que podemos disfrutar de un nutrido acuario al que
no necesitamos alimentar, limpiar ni cambiar el agua.

Gran hermano es, para su espectador promedio, el canal pecera, el canal
bueno por falta de comparaciones y baremos, la nueva raíz común para las
conversaciones banales. Pero frente a los peces, tiene la incomparable
ventaja de que comprendemos sus actividades. Sabemos quienes se llevan
bien, quién es sociable o arisco, quién tiene qué tics de comportamiento. Y
nos interesa del mismo modo que hablamos de nuestros perros cuando juegan
entre ellos como delgado aunque sólido hilo de comunicación con
desconocidos ("mi perro y el suyo se lo pasan muy bien juntos"). Los
habitantes de Gran Hermano -no tenemos otras mascotas que se insulten y se
hagan bromas entre ellos- son las mascotas globales de principios de
milenio. Hacemos nuestras cosas, levantamos la vista y ahí, en el monitor,
están nuestros animalejos, haciendo su vida: satisfechos, podemos volver la
vista a la mesa.

Esta estructura nos integra a los no televidentes en la posición de dueños
de animales, con una postura a elegir entre fingir que nuestras mascotas no
nos de nuestra incumbencia o hacer el feo de que las mascotas -o pongan los
hijos para hacerlo más transparente- de los demás no nos interesan. Ambas
actitudes, que de hecho son la misma, entran en conflicto con la buena
educación. Más aún, la disyuntiva es parecida a la que planteaba Albert
Monteys en El Jueves ante el caso de las mascotas muertas: "¿la tiro a la
basura y quedo como un ser insensible, o la entierro y quedo como un imbécil?"

La existencia de los seres de Gran Hermano, al ser retransmitida, nos
involucra por activa o por pasiva. Cuando salgan definitivamente de plano
tendremos que seguir interesados del mismo modo que preguntamos
regularmente en el caso de que nuestro gato se lo haya quedado un amigo, y
cuando haya nuevos habitantes habremos adoptado a nuestro pesar nuevas
mascotas que serán obligatoriamente de interés general y -de nuevo- nos
incluirán por palabra, obra u omisión.

La salida de este bucle pasa por romper la programación única -donde no hay
que elegir y todo es bueno- e introducirnos en otra selva de canales de
vidas tediosas, en la que haya suficientes mascotas como para perder el
tronco común de conversación banal.

Pero los canales de nueva oferta entrarían en una dinámica en la que el
objetivo no sería obtener audiencia sino disolver la mole de seguimiento de
la casa de muñecas actual. Lo que en ajedrez se llama gambito, sacrificar
elementos para obtener una posición ventajosa o eliminar la del adversario.
Ningun beneficio propio a menos que haya perjuicio ajeno. Excepto, ojalá,
el beneficio global.

Con todo, las primeras mascotas son las que se recuerdan y, vistos los
honorarios que les acompañan, vamos a seguir alimentándolas largo tiempo.
Han nacido iconos pop a los que, finalmente, no sabremos si enterrar o
tirar a la basura.


****



Raul Minchinela
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#9 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mié, 19 de Jul, 2000 9:05 pm
Asunto: modem 009 - La opinión inofensiva
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por  Raúl Minchinela


nº 9


Deténgase en la máquina de café de la oficina y escuche. Preste atención al
esperar turno en la carnicería. Los diálogos han alcanzado el horizonte en
sus temáticas, han llegado al fatídico punto de no retorno. Ya se han
revelado los obeliscos culturales definitivos de la interacción humana. Los
puntos de referencia de la cultura contemporánea a pie de calle son tres, y
si obviamos la televisión -que va perdiendo entidad a base de empaparse de
sus iguales- las biblias actuales se reducen a dos: el Marca y el Lecturas.

Ahora bien, y he aquí la pregunta del millón, ¿qué es lo que tienen en
común estos dos mundos? Muchos dirán que el acceso gratuito a la
información, pues la televisión cubre exhaustivamente tanto el deporte como
la prensa rosa. De ser ese el motivo esencial, la televisión no tendría
necesidad de recurrir a esos temas para incrementar la audiencia: la propia
programación, de puro gratuita, sería el tema de conversación base; pero la
oferta de las 365 líneas está aprovechándose del tirón de sus vecinos.
Otros lectores, más inflados de ego, dirán que la clave está en el mínimo
esfuerzo intelectual que necesitan. Eso son ganas de insultar: basta echar
una mirada a los contenidos de los suplementos semanales de cualquier
periódico para confirmar que estamos rodeados de cultos a la idiocia. Y de
todas ellas, dos son las claras ganadoras. Es justo respetar a los campeones.

Lo que une al deporte y a la prensa rosa, lo que lo diferencia de los demás
temas, es que nos permiten nadar y guardar la ropa. No hay muchos temas que
no nos impliquen. Cuando hablamos de política, si uno defiende posturas del
  marxismo queda marcado como un rojeras para el resto de su vida; si
defendemos los derechos de los homosexuales, el detalle será recordado
fácilmente; si insistimos en la dudosa financiación de la Iglesia se nos
guardara en la agenda negra con frecuencia. En la mayoría de los temas
somos marcados para siempre por la postura que reflejamos en un momento
determinado. Si durante una época practicamos el sadomasoquismo y luego
volvemos al habitual sexo heterosexual, no podremos deslindarnos a ojos de
los vecinos de nuestro pasado. Los oportunistas que cambiaron de chaqueta
con el sol que más calentaba nos han herido de muerte: o somos siempre lo
que dijimos que fuimos o los demás se encargarán de mantenernos ahí. Toda
declaración es un baño en arenas movedizas.

Pero el Marca y el Lecturas son dos ámbitos en los que se nos permite
cambiar de opinión cada semana, incluso cada diez minutos. Podemos decir
que tal equipo de fútbol es un grupo de mantas y dos goles después clamar
llenos de orgullo que son lo mejor que ha parido madre. De la hija del
marqués podemos opinar el viernes que es una pelandrusca y el jueves
reclamar su beatificación. Nadie nos va a tener en cuenta lo dicho.

Solo unos minúsculos sectores de los mundos atlético y rosa nos llevan de
nuevo al sectarismo: por un lado está muy mal visto que uno alterne las
preferencias blancas y blaugranas; por otro, comentar las actividades
extraescolares de la familia real nos puede crear las antipatías más
diversas. Existen temas que de nuevo nos sumergen en el lodazal de la
apreciación de los demás. Lo importante es denotar que el lodazal en el que
nos sumergimos es social, es creado por los demás en el perfil que se crean
de uno mismo. Un lodazal que sólo podemos evitar comentando aquellos temas
que no nos comprometen.

Y como hay conversaciones todos los días, hay que nutrirse regularmente con
novedades sobre los temas protegidos. Para qué si no iba a pagar nadie un
periódico cuyo contenido básico es la crónica del entrenamiento de ayer.
¿Acaso interesan los ensayos de las obras de teatro? La del diálogo actual
es la política de la desesperación, la del único territorio que nos queda
una vez que nos han acorralado. Tengo que seguir hablando y cada día hay
trampas dialécticas que evitar. Estamos rodeados.

En el diario El País del 22 de junio de 2000, la portada nos anunciaba que
la crónica de la remontada de la selección española de fútbol abarcaba las
"Páginas 50 a 68". Imaginen el atentado, el magnicidio, la masacre más
extrema y pregúntense si el tema ocuparía 18 páginas, o se reduciría a
cuatro más editorial y columna de opinión. El gobierno ha declarado el
fútbol como asunto de interés general. No hablen de injusticias sociales.
No hablen sobre si es pertinente levantarse de madrugada para potenciar el
beneficio de otros. No hablen. Parece que hace buen tiempo.


***

NOVEDADES CONTRACULTURA  (lo prometí, ¿no?)

La sección de televisión de "Mi generación" alcanza su ecuador y cubre a
fecha de hoy CINCUENTA de los cien programas televisivos elegidos por
nosotros para demostrar que no tenemos la culpa de ser personas no
normales. Echenle un ojo a los veinte ultimos fichajes.

Por otro lado, sacamos de la nevera la entrevista exclusiva que sergio
aragones (MAD, Groo) nos concedió en el salón del comic de barcelona. Que
la disfruten.

***


Raul Minchinela
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"Si me detengo a reflexionar en lo que es propio decir a esta o aquella
persona, pronto dudaré de que exista una parte de mi relato que con
propiedad pueda contarse."

Thomas de Quincey, "Confesiones de un inglés comedor de opio"

#8 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Jue, 13 de Jul, 2000 11:14 pm
Asunto: modem 008 - La caza del insensible
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por  Raúl Minchinela

nº 8


Voy a intentar decir esto sin ofender a nadie.

Siguiendo con la tendencia planteada en la pasada columna de ser más
papistas que el papa uno llega por inercia al perfecto extremo de las
posturas civilizadas, ese monstruo tremendo, protegido permanentemente por
un matón desagradable llamado "buen gusto", que conocemos generalmente como
"lo políticamente correcto".

Ya que existen enormes parrafadas acerca de lo políticamente correcto
tejidas por pensadores de gafas mucho más brillantes que un servidor, me
voy a limitar a narrar un hecho real que, por azares del destino, describe
perfectamente mi posición sobre el tema.

La historia tiene como protagonista a John Callahan, un humorista sindicado
en varios periódicos norteamericanos. Su humor es de difícil definición,
así que, echando mano del reverso de su libro "La noche, dicen, se hizo
para el amor" -en cuya portada aparecen dos ciegos cortejándose-, robaré
las palabras del también humorista P.J. O'Rourke: "Cuando la gente se ríe
sin parar y después dicen 'eso no tiene gracia', puedes estar seguro de que
están hablando de John Callahan".

Callahan no tiene reparos en sacar el humor de las situaciones más
violentas: en sus viñetas es habitual encontrar mendigos, cadáveres,
asesinos en serie, iconos religiosos y muy particularmente impedidos
físicos: invidentes, mutilados y personas en sillas de ruedas son colocados
sin compasión en gags que superan la supuesta barrera de lo reprobable pero
que cumplen la función básica del humorista: hacer reír.

Los sucesos arrancan en el defecto que tienen los periódicos
norteamericanos de publicarse en Estados Unidos, un lugar donde las
personas con exceso de tiempo libre no dudan en crear organizaciones para
protestar sobre prácticamente cualquier cosa y de paso aumentar la cuenta
corriente de abogados sin escrúpulos, valga la redundancia.

De modo que era natural que surgiera un grupo de personas sensibilizadas
que se ocupasen de marcar a Callahan como una persona insensible, tal vez
con la esperanza de que estigmatizarlo serviría para hacerle ver el error
de su actitud. La protesta estuvo enfilada esencialmente hacia los medios
de comunicación, que a base de los bombardeos habituales no tuvieron
inconveniente en que la población supiese que había un humorista enfermo
que se dedicaba a reírse cruelmente de los impedidos físicos. Así que
imaginemos un debate televisivo en el que se trata el tema y se concede al
grupo de sensibilizados un buen tiempo de micrófono para establecer las
bases de su lógico, poético y justo ataque a la insultante obra de
Callahan. El público, conmovido, ovaciona las sucesivas incisiones del
portavoz y coincide en que el castigo debe ser ejemplar: no se puede reír
uno impunemente de las personas en silla de ruedas. El presentador del
programa, conocedor de las bases del periodismo, nos avisa de que podemos
conocer el punto de vista contrario: el mismísimo John Callahan está en los
estudios y va a defenderse en el plató. El público va a ver cumplidos sus
deseos de sangre sobre el inhumano Callahan. Se abren las puertas y aparece
Callahan... en silla de ruedas.

Callahan es tetrapléjico.

Los más lentos pueden estar pensando, después del shock, "eh, un momento,
va en silla de ruedas, pero también hace chistes de ciegos y de monjas; y
él ni es ciego ni es monja". La historia que les he contado debería
ilustrar la obvia pero políticamente incorrecta moraleja: el hecho de que
Woody Allen sea judío no le da derecho a hacer chistes de judíos, sino que
le permite crear *excelentes* chistes de judíos.

Si, con todo, hay quien considera que Callahan merece un serio correctivo,
lo tienen fácil. No en vano su autobiografía se titula "Tranquilos, no
llegará lejos a pie".

Así demostrarán ustedes que son personas sensibles.


***

Pueden encontrar muestras de la obra de Callahan en
http://www.callahanonline.com

***

A todos ustedes que se preguntan por qué no estoy respondiendo sus mails
decirles que he pasado unos cuantos días en Grecia muy, muy apuradito de
tiempo. Hace dos horas que he llegado a casa de nuevo y juro ir
respondiendoles poco a poco. Gracias por el interés

La proxima semana, cosas nuevas en contracultura. Se lo juro.

***




Raul Minchinela
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Thomas de Quincey, "Confesiones de un inglés comedor de opio"

#7 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mié, 5 de Jul, 2000 11:29 am
Asunto: modem 007 - Nuevos tabus para nuevas eras
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por  Raúl Minchinela

nº 7


No voy a negarlo. Piqué como cualquier otro adolescente. Empiezas a
rebuscar en los primeros balbuceos de las cosas que te gustan y llegas al
principio del siglo veinte y te enganchas con los surrealistas -que por
alguna extraña razón, tal vez por puro extraños, son irresistibles a esa
edad para sumergirte en ellos- y te convencen de que es el subconsciente la
parte sobre la que trabajar porque es la común a todos los humanos, y te
presentan a Freud, el gran Freud, y acabas sin comerlo ni beberlo
acometiendo ese volumen enorme titulado La Interpretación de los Sueños.

De hecho, en mi opinión no es necesario acabarse el libro para tomar como
propia la apuesta de Freud. Y calcularía a ojo que el setenta por ciento de
la tinta corresponde a la presentación, desarrollo e interpretación de los
casos, y que sólo el treinta restante corresponde literalmente a la
formulación de las teorías. Tanto es así que recomendaría a los curiosos en
el tema que se sometan primero a Introducción al Sicoanálisis, una
recopilación de conferencias impartidas por Freud y recogidas en un volumen
considerablemente más delgado. Más aún, si nos limitamos a la
interpretación de los sueños librándonos de los otros dos grupos de
conferencias (los actos fallidos y las sicopatías) nos quedamos en unas
escasas y sabrosas cien páginas. Pero no está de más echar un ojo al
volumen original -hablo de la Interpretación- para ver que los casos en los
que se apoyó Freud están considerablemente bien identificados, y poder
hacer una extrapolación para poder sicoanalizarse a uno mismo, una práctica
que considero imprescindible para comprobar lo rastreros y repugnantes que
somos como individuos, convivamos con ello y no seamos más felices. Lo digo
en serio.

Saco a Freud a colación porque en la época en la que vivimos los siquiatras
se están haciendo de oro con los instintos reprimidos, que es una de las
directrices de nuestra sociedad. Evitamos, pese a que nos lo pida el
cuerpo, hablar solos, porque igual piensan que hemos perdido la cabeza.
Cuando vemos a los mendigos gritar a nadie en particular por la calle
pensamos que están locos, mientras que en los bufetes de analistas se
potencia la terapia del grito para liberar nuestras zonas más contritas,
eso sí, pasando por caja. Los mendigos -es lógico- están locos porque
gritan gratis.

Y Freud en particular es muy revelador por la fama que le persigue, y que
un buen número de ustedes han despertado con la sola mención de su nombre:
Freud es sexo, sexo, sexo. Que si cigarros, que si volar en sueños, todo es
un polvo o un falo o un oscuro fetichismo. ¿Cuántas veces han oído eso? ¿Se
lo han acabado creyendo? ¿Han leído sus textos sobre sicoanálisis y se lo
han creído? Sucede.

Lo que se nos escapa es el pequeño detalle de que la sociedad que rodeaba a
Freud era una sociedad represiva sobre el sexo, y que la gran mayoría -no
la totalidad- de los problemas que enfrentaba eran casos en los que el sexo
no expresado era la pieza crucial. En otras palabras, el sexo no es crucial
en la obra de Freud, es un accidente. Y si sabemos mirar más allá de ese
pequeño escollo podemos ver que la mayor parte de sus hipótesis son
aplicables a fecha de hoy si sustituimos la frustración sexual de la época
por la represión que nos afecta en cada época. En la nuestra, los más
suspicaces ya se han dado cuenta, es la que nos ha venido ocupando todo
este tiempo: la del único pensador en cuyo nombre levantan templos, que
hemos aplicado hasta más allá de lo necesario y que la película de Fincher
-el Club de la Lucha, para los recién llegados- propone como excesiva
(hasta el ecuador de la misma, momento en el que toma cuerpo otro
planteamiento igual de básico e interesante pero que comentaremos en el
futuro con ayuda de Grant Morrison): hay que reprimir los instintos.
Vivimos en una época de frustración -porque no hay ningún segmento que la
permita- de la violencia: violencia física, violencia sexual, violencia
sicológica... y terminamos con sicopatías -que las llamamos "comportamiento
normal" para no desentonar- idénticas a las descritas por Freud. El
autosicoanálisis nos demuestra que estamos llenos de basura, pero sólo es
basura bajo la luz de lo que nos han metido en la cabeza.

Así que esto es la civilización. Una estructura montada sobre una directriz
que es antinatural, que somos obligados a hacer nuestra hasta convencernos
de que es la natural. Un lugar en el que no somos lo que somos para no ser
hipócritas, curiosa paradoja, y en el que nos dedicamos a atacar a todo
aquello que nos indica que no es necesariamente imprescindible llevarlo
hasta sus últimas consecuencias.

Igual yo soy el único que se sorprende.

***


Raul Minchinela
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Thomas de Quincey, "Confesiones de un inglés comedor de opio"

#6 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mié, 28 de Jun, 2000 5:12 pm
Asunto: modem 006 - La legitimación de la calma
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por  Raúl Minchinela

nº 6


La persona de referencia a la hora de plantearse la civilización como lugar
donde las personas hacen cualquier cosa con tal de evitar una pelea es, lo
creo evidente, Jesucristo. Ese señor que vete a saber qué aspecto tenía
realmente, qué dijo realmente y cómo era realmente con todas las mentiras
que se han construido, se construyen y se construirán con su nombre como
excusa, no fue tanto uno de los grandes pensadores de la humanidad como una
de las personas con más agallas -o menos instinto de conservación, son
cosas equivalentes- que han pisado la tierra. El legado de Jesucristo,
resumido a un solo axioma, es bien sencillo: no hace falta que nos matemos
cada vez que no estamos de acuerdo en algo.

La idea, podemos estar seguros, no era ninguna originalidad en la época,
pero los que la pensaron antes, o bien callaron ante la perspectiva de una
espada estratégicamente introducida en su abdomen, o bien no tuvieron el
carisma suficiente para que el mensaje perdurase conservando su nombre.

De hecho, para que las gentes tuvieran en consideración a Jesucristo se
construyó espontaneamente -un poco aquí, un poco allá- una campaña de
promoción adecuada al público del momento. Teniendo en cuenta que las
imprentas tardarían siglos en aparecer, y los colegios públicos más aún, el
nivel cultural medio de la población era digamos borroso, y, la verdad, no
tenían gran admiración por los pensadores sino más bien por los hábiles con
el hierro forjado. Así que para que tuviesen en consideración a una persona
de la lógica hubo que inventarse que podía hacer cosas extraordinarias, que
murió porque le dio la gana y no por bocazas, que era hijo/siamés
triangulado del supuesto creador del universo -evidentemente, para las
personas de la época si su jarrón estaba fabricado, también el universo
tenía que estar fabricado, pensamiento hoy simplón donde los haya- y vete a
saber cuantas cosas más. No vamos a hablar de cómo unos cuantos se han
aprovechado de todo esto utilizandolo como método de control social, de
prosperidad económica o de mordaza de censura -tiempo habrá para todo ello-
sino que nos quedaremos con esa linea. De hecho, no nos ha de importar que
a fecha de hoy haya gente que todavía se crea la multiplicación de los
peces o a los paseos sobre el agua, siempre y cuando se hayan quedado con
la idea esencial tras todo ese marasmo de mentirijillas. La primera persona
-la primera vedette, para hacerlo más gráfico- de la que tenemos referencia
en esto de "no hace falta que nos matemos" es Jesucristo.

Y es notable que la civilización, tal y como la entendemos a fecha de hoy,
se ha construido en buena parte de acuerdo con este axioma, lo que no deja
de ser en el fondo una buena noticia. ¿O no? Tal vez no, y esa es la tesis
-retomando la columna de la semana pasada- del film El Club de la Lucha,
pues igual que no es bueno el irse matando por cada trifulca por un kilo de
manzanas, igualmente malo es el exceso de apatía y manierismo, la completa
pasividad ante los estímulos externos que, de hecho, entra en contradicción
con la naturaleza del hombre, que ya sabemos cómo se comporta cuando
despiertan los instintos.

  Hemos construido una sociedad en la que el comportamiento natural es el
menos natural de todos, una sociedad que hemos diseñado partiendo del
precepto esencial de Jesucristo pero en la que nos ha podido el exceso de
celo hasta que hemos terminado -únanse conmigo en esta paradoja- siendo más
papistas que el Papa.

En consecuencia estamos entre la espada y la pared, ante las puertas de la
dama y el tigre. No podemos -de hecho no debemos- borrar la estrutura que
nos permite ser pacíficos, pero tampoco podemos cerrar los ojos ante la
química que nos hace lo que somos. Como los jueces que valoran un proceso
de acoso sexual, hemos de sopesar la naturaleza física y las normas de
comportamiento. Estamos obligados a establecer un término medio, una
estructura paralela y complementaria, un club de la lucha y del fornicio
-nótese lo lejanos que estamos de un club del fornicio y lo cercanos de un
club de la lucha-, una esquina para no terminar como el habitual asesino en
serie descrito sistemáticamente por los vecinos como "una persona muy normal".

Créanme, no hay nada más peligroso que una persona normal.


Raul Minchinela
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Thomas de Quincey, "Confesiones de un inglés comedor de opio"

#5 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mié, 21 de Jun, 2000 4:52 pm
Asunto: modem 005 - Santa Bárbara y la perspectiva
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por  Raúl Minchinela

nº 5


Decíamos en los orígenes de esta columna que es una conducta sana la de
empezar a dar patadas a las cosas para ver si realmente se sostienen o son
en realidad un decorado de cartón piedra. De hecho, se supone que la
facultad de filosofía es un lugar en el que, lejos de tomar las hipótesis
de los pensadores como axiomas, lo que se enseña es a recorrer el camino
del pensamiento por la propia cuenta de cada uno; forma que, al parecer, no
es la más apropiada para obtener una nota óptima en las asignaturas ("he
estado pensando un buen rato y...").

De hecho, incluso las disciplinas más sólidas tienen una base que, de
resultar frágil, obligaría a derrumbar toda la estructura. Incluso las
matemáticas, que pasan por ser la disciplina más coherente y robusta
desarrollada por el ser humano, tiene una serie de axiomas raiz de los que
arranca todo el andamiaje y que dan pie a que uno más uno sean dos. Para
ver si las matemáticas son o no de fiar, antes de invertir tiempo y
esfuerzos en el acoso y derribo del teorema de Cauchy o de los polinomios
de Legendre, debemos atacar a fondo esos axiomas raíz, sin miedo a
descubrir que todo es mentira. De hecho cada vez que se ha descubierto una
mentira la ciencia ha adelantado una barbaridad. El paso de las leyes de
Maxwell -un brillante zapatazo al concepto que se tenía del
electromagnetismo hasta ese momento- a la teoría de la relatividad así lo
demuestra.

¿Cuáles son las bases de la sociedad? ¿Cuáles son los axiomas de la
civilización? ¿Son lo suficientemente seguros como para aguantar unos
cuantos envites? Una de las reflexiones más entretenidas que sobre este
tema se han dado a finales del siglo veinte ha sido la película El Club de
la Lucha, que en lugar de ser una disertación lenta y tediosa identificando
los orígenes y desarrollos desde el medievo, es un largometraje
brillantemente ejecutado con explosiones, persecuciones -incluso de uno
mismo-, sexo, jabón y muebles del Ikea. Una cinta hiperactiva pero no
alocada, en la que un personaje con la cara de Edward Norton se aparta de
lo que la sociedad ha preparado para él hasta acabar alejándose de ella; y
es gracias a este distanciamiento que podemos ver cosas que, de puro
corriente, las damos por hechas. Igual que nos acordamos de Santa Bárbara
cuando truena y de la salud cuando nos falta, podemos ver la civilización
cuando salimos de esa velocidad insoportable en la que nos mete y la
observamos con cierta perspectiva.

En El Club de la Lucha se propone un grupo de personas que se reunen a
espaldas de la sociedad para olvidar las normas impuestas de forma tácita
por la sociedad y liberar los instintos más básicos, en particular el de
dar rienda suelta a la rabia a base de puñetazos con, eso si, la norma de
parar en cuanto uno de ellos lo desee o se lesione. De hecho la persona que
seguimos como protagonista es el icono de la sociedad actual: horario de 9
a 5, en un cubículo, rodeado de personas de conversación superficial, que
tiene el dinero como escala para todas las cosas y que compra sus muebles
en los grandes almacenes del diseño. El guionista nos lo presenta con
tremenda brillantez, en particular cuando el personaje se pregunta por qué
diablos sabe el nombre correcto de ciertos elementos de decoración.

La tesis de la película, un metraje con una cantidad considerable de
matices en todos los aspectos, aparece condensada cuando Tyler Durden/Brad
Pitt, coprotagonista -y nunca mejor dicho- de la cinta, les da deberes a
los miembros del club de la lucha: "vais a salir y a empezar una pelea con
una persona a la que no conozcais de nada. Vais a empezar la pelea..." -y
aquí pone el énfasis de lo crucial- "...y vais a perder."

Y añade lo más interesante: "No es tan fácil como parece; la gente hará
cualquier cosa con tal de evitar una pelea."

¿Es ese el axioma de la civilización?

Continúa...

***

Novedades

1) Diez programas de television más comentados en mi generación (hasta los
cien que completaran la lista

2) Vuelven del pasado los artículos sobre Andy Warhol y The Factory , y el
de los Directores malditos en el cine.


Los veran visitando nuestra pagina de novedades:

http://contracultura.8m.com/novedad.htm

***


Raul Minchinela
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#4 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mié, 14 de Jun, 2000 6:26 pm
Asunto: modem 004 - La dictadura de los intermediarios
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por  Raúl Minchinela

nº 4


La crítica de arte es importante cuando cumple una función de desarrollo.
Es posible encontrar obras en las que los críticos hayan sido un elemento
esencial que, mediante su participación, hayan empujado la obra hasta
lograr que superase el nivel común y se convirtiese en una obra de
referencia. En literatura, el ejemplo más famoso lo encontramos en "La
Tierra Baldia", de T.S. Eliot, que sin la participación del crítico
literario Ezra Pound no habría tenido el mismo calibre. Del mismo modo,
críticos pictóricos  han dado base teórica a los artistas plásticos más
heterodoxos, dándoles una explicación formal de lo que buscaban
instintivamente y allanándoles el camino de la caza a ciegas. Igualmente,
Alan Moore, gran capo del comic cerebral de los ochenta, confesaba su
lectura regular de la sesuda The Comics Journal. Así, en todas las
disciplinas artísticas la aportación de los críticos es valorada, asimilada
y potenciada,  excepto en aquellas donde no ayudan para nada. Por ejemplo
el cine.

Es bien sabido que no se puede dejar el cine en manos de los críticos. Y a
pesar de la tremenda publicidad que se da a las películas, con sus
entrevistas y sus making of, aún  estoy por descubrir el primer director de
cine que se lleva regularmente a un crítico al plató de rodaje -o mejor
aún, a la sala de montaje- para mejorar la calidad cinematográfica de la
cinta. Mientras en la literatura o en la pintura o el comic el crítico
pregunta si es necesario ser tan naturalista, si no se puede ser más
radical, si no podemos cambiar de cabeza en cabeza de los personajes a
mitad de frase, trabajando con texturas ásperas con objetos insertados en
los lienzos, o combinar ambas cosas -esa es la potencia del cómic-, en el
cine se considera que las cosas raras son para salas pequeñitas llenas de
universitarios con pelos teñidos y que las películas deben ser como La
Diligencia y Cleopatra y esas superproducciones que se ven siendo jovencito
en el cine de barrio donde Gary Cooper acababa besando a la chica recortado
contra una puesta de sol en el gran Cañón del Colorado.

Desde mi perspectiva de "invierto dinerito en el billete y espero sacar
algo a cambio", una de las películas más interesantes del final del milenio
ha sido El Club de la Lucha,  de David Fincher, basada en el libro homónimo
de Chuck Palahnuik que quizá ha tenido menos repercusión porque
-afrontémoslo- no aparecía Brad Pitt. La película ha sido bombardeada por
la crítica porque defiende -dicen- las prácticas de los grupos neonazis.
Claro. Igual que Delicatessen defiende el canibalismo o Garganta Profunda
la ubicación del clítoris en la epiglotis.

El problema se encuentra en dos direcciones complementarias: la primera es
que la crítica de cine es una crítica no para el cine sino para los
espectadores, que es algo así como hacer críticas de juguetes para los
niños -cosa innecesaria porque los niños ya saben lo que les gusta sin que
se lo diga nadie: aplíquense el cuento-; la segunda consiste en que, basta
leer la prensa, los críticos de cine ven demasiado cine, o, mejor dicho, no
se molestan en consumir otras cosas. Es poco habitual que haya alusiones a
otros medios -la fusilada que The Matrix cometió sobre el cómic The
Invisibles es aterradora, por mentar una cinta que nadie pueda pasar por
alto- y menos aún que se acuda a pensadores contemporáneos para interpretar
lo que la obra dice en lugar de lo que muestra, probablemente porque los
libros de filosofía no tienen actrices maquilladas y no se terminan a la
hora y media de proyección, curiosa medida de potenciar la creación
equivalente a obligar a todas las novelas a tener una longitud de cien
páginas. Así, todos los referentes en las críticas de cine son películas y
no salga de ahí. Como mucho algún libro, eso sí, best seller, no vaya a ser
que empecemos a ver de donde salen las supuestas originalidades del cine de
última generación, cuyos autores sí que se molestan en buscar por ahí para
ver qué se cuece, y demos el crédito a quien en realidad lo merece. Por
otro lado, todo esto no es nada nuevo. En el tardofranquismo, me contaba
Luis Carandell, los contenidos incendiarios en revistas definidas como
"para intelectuales" eran hasta cierto punto permitidos, pero cosas
peligrosas que pudiera ver el público general eran atacadas por todas
partes. Quiero decir que ahora que no hay dictadura de gobierno, hay
dictadura de intermediarios, y los mecanismos son idénticos.

Así que, para ver si podemos aportar luz sobre lo que llevamos hablando en
esta columna desde sus inicios, echaremos mano de eso que los críticos han
tildado con preciosos "eso no se hace".

Pero con tanto hablar de la esclerosis de la crítica de masas en prensa, me
he quedado sin espacio. En siete días.

***

Novedades!!

Ya pueden ustedes visitar las TREINTA primeras entregas de la sección "MI
GENERACION" de CONTRACULTURA el webzine correspondientes a televisión.
Programas como El tiempo es Oro, El Precio Justo, Los angeles de Charlie,
Mash, y muchos más son resumidos al máximo y condensados para personas con
prisa y sentido del humor.
A otros como Verano Azul o La Bola de Cristal  no nos hemos resistido a
dedicarles textos más extensos pero igualmente reveladores.

Los textos han sido realizados en comandita por Miriam Piquer, Rubén
Sánchez, Oswaldo Somolinos y quien suscribe,  y se divirtieron una
barbaridad en el proceso (así que recomiendo que prueben a hacer estos
ejercicios de condensación máxima con sus amistades).

Los encontrarán en http://contracultura.8m.com/migen.htm

(O por el más tradicional método de consultar en la portada las novedades.)

***


Raul Minchinela
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"Si me detengo a reflexionar en lo que es propio decir a esta o aquella
persona, pronto dudaré de que exista una parte de mi relato que con
propiedad pueda contarse."

Thomas de Quincey, "Confesiones de un inglés comedor de opio"

#3 De: abz@...
Fecha: Mié, 7 de Jun, 2000 4:00 pm
Asunto: modem 003- Sobre aplicar la teoria hasta olvidarla
abz@...
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por  Raúl Minchinela

nº 3

Cuando en la columna anterior decíamos que la civilización es la
democratización de los asociables,  puede que algún lector viera en
ella una reivindicación o una justificación para el enchufismo y el
nepotismo, que manda narices como bandera a reivindicar. Esto es por
la costumbre que hemos desarrollado al comparar -en casi cualquier
ejemplo de la historia de la humanidad- el original con su base
teórica, momento en el que nos damos cuenta de que, como dice la
sabiduría popular, nos hemos pasado tres pueblos.

La teoría frente a la práctica lleva a procesos curiosos. Por ejemplo,
en el reino animal, como durante miles de años en el hombre, rige la
ley del más fuerte; visto de este modo, las armas son una forma de
democratizar esa ley, y si antes se necesitaba una buena musculatura
para manejar la espada (ríanse cuando en películas con caballeros vean
que sujetan la tizona entre los dientes para trepar acantilados), la
smith and wesson automática hace que el mas triste de los pusilánimes
pueda colocarse bien arriba en la pirámide alimentaria. Esta teórica
democratización se ve llevada a la práctica en Estados Unidos, un
lugar donde los colegios tienen detectores de armas en la puerta. El
humorista Bill Hicks, en su video Relentless, enfrentaba las cifras de
muertes por arma de fuego entre Estados Unidos e Inglaterra, país
donde ni siquiera los policías de calle llevan armas. Mientras en un
año en  Inglaterra habían muerto catorce personas por disparo, en
Estados Unidos ese mismo año se contaron ventitres mil muertes. "No
hay ninguna conexión entre tener una pistola y disparar a alguien, y
no tener una pistola y no diparar a nadie", señala Hicks, "serias un
tonto y un comunista si la hicieras".

Si saco el tema de las armas, un filón para extraer buenos consejos
realizando el negativo, lo hago porque es un excelente ejemplo de un
proceso habitual en el que, partiendo de una idea que está bastante
bien, se construye una regla de convivencia que se va extendiendo
hasta que se toma su propia directriz como un dogma inmutable que
aplican con un exceso de celo  ("las armas son un derecho para los
americanos; ¿y si nos atacan en nuestras casas?") hasta olvidar que la
norma base no es una verdad absoluta que se aplica a todo el mundo (se
me ocurre como ejemplo la ley de la gravedad, si bien no es aplicable
a todo el universo, cosas del misterio infinito que nos rodea), y que
no necesita modificaciones periódicas conforme las cosas vayan
cambiando.

Por alguna extraña razón -qué puñetas extraña, la codicia, y luego los
otros seis, que son conseguibles con el éxito del primero- las
aplicaciones de las ideas llevadas a gran término -estamos hablando de
la civilización, poca broma- acaban con excesiva frecuencia en la
ejecución loca, bruta y estrecha de mentes consistente en el viejo,
axioma "no cambies nada que siempre hemos ido bien así", o mejor aún,
"a mi me han dicho que". Supongo que les suena.

Como contraejemplo de aplicacion que no ha pecado en exceso de celo
podemos citar al sistema jurídico, o mejor dicho, a las leyes. Igual
que antes mencionabamos la posición en la escala por la cultura
muscular, durante mucho tiempo lo que se estiló fue la graduación
utilizando la estirpe sanguinea: el hijo del rey era el rey, el hijo
del campesino era campesino, y cualquier modificación requería el uso
del artículo uno, o sea, la musculatura -con las prolongaciones
metálicas pertinentes-.

La regla básica del comportamiento en la época era esencialmente
aquella que en ese momento se inventase el jefe, entendiéndose como
jefe cualquiera a partir de nuestro inmediato superior. Los que
estaban abajo, ya un poco cansados de tanto cambio y de aquello de "y
mi palabra es la ley", deciden cortar unas cuantas cabezas para
aplanar la pirámide al ras. Cuando las cosas fluyeron y algunos de los
de abajo empezaron a subir sintieron de sopetón un intenso apego a sus
pescuezos. De ahí que retomaran la vieja idea de las leyes, para el
pueblo, pero -eso sí- sin el pueblo.

Así que, bajo esta luz, las leyes son, reconozcámoslo, una buena idea.
Están pensadas para  procurar que las personas discriminadas disfruten
de una serie de derechos, que por muy mal que le siente a los
poderosos del lugar, se defienden con el simple acto de señalar una
linea de texto. Por otra parte, estamos muy acostumbrados a que los
poderosos cambien las leyes o, si son sutiles, hagan lo justo para
engrandecer la sabia máxima de "hecha la ley, hecha la trampa". Pero
aun con todo nos las hemos arreglado para tener un buen número de
derechos inalienables.  Como tiempo habrá para comentar dónde se ha
quedado tan buena idea, nos quedaremos con que el concepto de arranque
no está nada mal y que la aplicación es, dentro de lo que cabe,
incluso decente.

Pero obviando excepciones como la comentada, en el caso general,
seamos sinceros, nos vamos de madre a la hora de aplicar las reglas
hasta olvidar la función para la que fueron creadas y al final
terminamos edificando moles considerables sobre un acto de fe que,
bien mirado, lleva bastante tiempo carcomido y necesita un buen barniz
y un par de cambios de consideración.

Y de hecho, cada vez que alguien señala con el dedo las cosas que
fallan, uno no se preocupa en exceso porque suele ser un tío gafas
pesado que escribe libros para tíos gafas pesados. Afortunadamente, no
todas las denuncias necesitan ser así y de vez en cuando son
entretenidas, espectaculares, brillantes, y a esas hay que aplicarles
el hacha; y si logran torear la censura, hay que soltar a los
intermediarios.

Ah, los críticos. En siete días.

***

Noticias:

Pueden encontrar un artículo de humor firmado por un servidor de
ustedes que ha sido publicado en la revista madrileña Mondo Brutto

Lo pueden encontrar en la librería de documentos de modem, que se
encuentra enla dirección

http://www.egroups.com/files/modem/


***

Por motivos hospitalarios, la primera entrega de "Mi generacion" se
esta retrasando un poco. Disculpas y les tendre informados.

***


           Raul minchinela


           abz@...



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#2 De: abz@...
Fecha: Mié, 31 de Mayo, 2000 12:54 pm
Asunto: modem 002 - La integracion de los insociables
abz@...
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por  Raúl Minchinela

nº 2


No sé a quién tenemos que agradecer la existencia de los Reyes Magos,
pero hay que reconocer que es una aportación imprescindible para
nuestro desarrollo como personas. Hay un momento de nuestras vidas en
el que descubrimos que las personas con las que convivimos, las que
teóricamente más nos quieren, nos han engañado como a idiotas y se
han reido bien a gusto a nuestra espalda como hienas traidoras. Hay
un momento en el que descubrimos que los Reyes no existen, que los
regalos los ponen los padres, y por fin nos libramos del mayor peso
que tiene la percepción infantil: que los mayores siempre tienen
razón y que todo existe por algún motivo. Ah, no, nos engañan como a
bellacos, con alevosía y nocturnidad. Todo, como las enormes
cabalgatas con calles cortadas, puede ser -y es- una gran mentira.

Pese a ello, es cierto que muchas de las cosas que encontramos de
pequeños se quedan agazapadas en la parte de atrás del cráneo como
verdades absolutas, y cuando desaparecen nos deja una sensación de
extrañeza difícil de despejar.

Recuerdo que antes se compartía más. Recuerdo que cuando era pequeño
era más frecuente tener un invitado que ocupaba tu habitación, que
dormía en una cama plegable en un rincón del salón, que tomaba el
café y sonreía mientras entrabas en la cocina con el pijama luchando
con las legañas. Y si he vivido las fiestas de pueblo ha sido porque
primos, tíos y demás familia no tenían inconveniente en que ocupase
la cama de arriba, en que bebiese su desayuno y en que llegase tarde
después de que hubiese terminado el concierto para la juventud, nos
hubiésemos perdido por las peñas, hubiesemos descubierto los
picaderos de sacos rellenos de paja y sillones reciclados y
hubieramos despejado la pereza para volver a casa sucios y bebidos.

Y lo recuerdo porque ya no se estila, tengo menos invitados y soy
menos invitado, y el comienzo de todo esto coincidió con la época en
la que por fin tuve un tocadiscos y un televisor en color y la cuenta
corriente estuvo un poquito más holgada y no había necesidad de
compartir. Ahora escuchaba a Prince y a Bowie, pero ya no me sentaba
en las cajas de cerveza a ver desde el balcón de la peña como los más
borrachos del lugar esquivaban ebrios a las vacas del encierro de las
tres de la madrugada.

Y pensaba en ello porque cuando he visitado los países civilizados,
precisamente lo que he notado es un concepto muy particular, de hecho
una evloución lógica desde lo anterior, del verbo compartir. En las
fiestas de Suecia, me contaban los estudiantes erasmus a su regreso,
tenían un concepto muy curioso de fiesta: tu llevas la bebida que te
apetece; y más vale que te apetezca, porque sólo tú vas a beber de
ella. Extrañado por el comportamiento, Dani, amigo estudiante de
ingeniería, decidió hacer una prueba: llevó una botella de vino de
rioja, la abrió, se bebió un vaso, se llenó un segundo, y marcó con
la uña en la etiqueta la altura del líquido. Hecho esto, dejó la
botella en medio de la sala y se fue con su vaso a charlar a otras
habitaciones. Cuando volvió, mucho tiempo después, el vino estaba
intacto.

En Holanda pasan cosas similares. "Sabemos que se invita a comer a la
familia porque lo hemos visto en el cine, pero no es común aquí", me
contaba Tanya en Rotterdam, insistiendo en la escasa riqueza
gastronómica del país, donde lo común es la patata hervida y la carne
frita. "Si quieren patata hervida que la coman en su casa", añadía
con una lógica aplastante. Lo notable era que el concepto verdadero,
el preparar un plato especial, una comida no habitual, no les entraba
en la cabeza. El molestarte para ser anfitrión. El deseo de compartir.

De alguna manera la civilización tal y como la entendemos está reñida
con el verbo compartir, por la sencilla razón de que la civilización -
el modelo de comportamiento contemporáneso- es la democratización de
los insociables. Antes tenías que ganarte el pan, ser simpático con
el panadero, procurar quedar bien con la gente para volver a entrar
en la peña en las fiestas del año que viene. Ahora está el sector
servicios, en el que les guste o no han de ponerme otra cerveza, en
el que no necesito sonreir a nadie para comprar una tarta de crema.
¿Compartir? Ya pago mis impuestos. Que acudan ahí quienes lo
necesiten.

(También es verdad que los países civilizados tienen un concepto de
los impuestos mucho más útil que los españoles. Por ejemplo, cuando
no tienes dinero te subvencionan los estudios hasta que decides dejar
de estudiar y ponerte a trabajar, momento en el que devuelves el
préstamo con un impuesto sobre tu sueldo. Compárese con España y el
desarrollo económico de los gestores de los fondos reservados. No es
lo mismo.)

Ya tenemos una: la civilización es la integración de los insociables.
Continuamos para bingo.


***



Noticias:

* Contracultura el webzine goza de nuevo diseño de portada en el que
las secciones son estrictamente secciones. No se lo pierdam. La
direccion es

http://contracultura.8m.com

* La proxima semana, si hay suerte, comenzara en el webzine la
seccion "Mi Generacion", en la que hablaremos de Series de
television, Jueguetes, Ropa, Gominolas y demas sucesos que han
marcado la forma de pensar de los que nacimos en los setenta.
Cuidadin.


***


           Raul minchinela


           abz@...



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#1 De: abz@...
Fecha: Mié, 24 de Mayo, 2000 1:13 pm
Asunto: modem 001: Jugar con cartas marcadas
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por  Raúl Minchinela

nº 1


Existen muchas palabras que impiden las discusiones, muchas, para las
que cada persona tiene una definición diferente, una definición que
es incapaz de enunciar pero sobre la que intuye perfectamente qué
está fuera de ella, del mismo modo que se tiene el instinto de que
los números pares son más redondos que los impares y que los números
que acaban en cero son incluso más atractivos, excepto en tiempo de
rebajas.

Son palabras con las que los diccionarios se comportan conciliadores
y ofrecen definiciones flexibles, adaptables como un guante,
perfectas cómplices de la tertulia. El ejemplo más claro son las
personas que gustan de invertir horas y horas en hablar de dios (o de
dioses) con el pleno convencimiento de que la discusión va a
continuar durante horas y horas porque la definición de cada uno es
igualmente válida. Y es cierto que las definiciones personales tienen
validez, pero no a la hora del diálogo, donde uno está forzado a que
las palabras que se utilizan tengan el mismo sentido para todos los
participantes. No tiene sentido que al decir mesa unos piensen que
hables de una silla, otros de un jersey y otros de un presentador de
televisión. Si Lewis Carroll avisaba de que las palabras significan
lo que nosotros queramos, nos hemos de dar cuenta de que llegar a
alguna conclusión en las tertulias, que se diferencian de las
homilías en la voluntad de sacar algo en claro, tenemos que adoptar
convenciones para ser comprendidos. Es decir, nos hemos de forzar a
jugar con las cartas del otro, y tragar si -como es habitual- están
marcadas.

Todo esto venía a colación por la palabra civilización, porque la
civilización y sus consecuencias van a ser un poco el hilo conductor
de esta columna, y por mi miedo inicial a caer en el bucle que
comentaba al principio. Y de hecho no es preocupante sólo el que cada
uno de los lectores tenga una definición personal que entre en
conflicto con lo que planteen estas páginas, sino también la
convención no escrita que es vendida sistemáticamente por la
televisón, el cine, los suplementos dominicales para toda la familia
y demás medios tibios de consumo masivo, en la mayoría de los casos
por puro aburrimiento. Esta convención la tenemos mucho más clara si
pensamos en lo que entendemos como amor, lo que practicamos como
amor, lo que los filósofos discuten como amor y el punto de partida
las revistas femeninas, cuatro esquinas que solo confluyen en los
mass media, donde la convención para entenderse es la cuarta de las
citadas, la version vamos-a-ponerle-azucar-a-Becquer-por-si-no-fuese-
suficientemente-empalagoso.

Así que ya empiezan a darse cuenta de la situación: vamos a estar
forzados a utilizar las convenciones para hablar de los temas,
tomando como punto de partida -fijense- lo que del amor dicen las
revistas femeninas; vamos a agitarlas un poco para ver qué parte se
sostiene, con lo que vamos a entrar en conflicto con las definiciones
personales, que son extrapolaciones hechas con la "versión comercial"
de los temas hasta ajustarlos a la experiencia personal; y finalmente
vamos a ver qué queda de pie, y qué podemos hacer con los trozos que
se han caido al suelo, que no están los tiempos para tirar nada,
preguntándonos qué hacían ahí, quién los ha puesto, para qué sirven
en realidad -póngase "realidad" en otras comillas igual o más
grandes- y dónde nos ha dejado todo esto, aparte de haber dejado el
suelo hecho unos zorros. Que a veces sólo conseguimos eso y nos
agarramos desesperados al punto de partida.

Y puestos a predicar con el ejemplo de dar unas cuantas patadas a la
base de las cosas, en la próxima columna miraremos la civilización,
entiéndase el comportamiento contemporáneo, que es el sustento de
esta columna, y veremos qué tiramos y con qué nos quedamos. Y a
partir de ahí ya veremos donde vamos a parar.

Que tampoco tengo muchas esperanzas.


***



		 Raul minchinela

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