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#91 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mié, 11 de Jun, 2003 10:15 am
Asunto: modem 072 - La televisión democrática
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por Raúl Minchinela



nº 72 - La televisión democrática



En la televisión ideal que estamos proponiendo, y supongo que ya lo habrán notado, hemos aplicado argumentos democráticos básicos: primero ³un hombre, un voto² ­la elección de programas por sufragio popular- y después la ³libertad de expresión individual² ­posibilidad de hacer programas propios sin obedecer al funcionamiento televisivo interno-. El numero de interesados en el primer apartado es mucho menor que el correspondiente al segundo, del mismo modo que hay más personas interesadas en leer revistas que en escribirlas. Les invito a que, usando el mismo método, apliquen el resto de ideales democráticos, y comprueben el escenario que les vamos a presentar.

Supongamos un número de personas que, por elección personal, propugnan la emisión de un estilo determinado de contenidos, una misma ³línea editorial². Puede ser la defensa de la fe cristiana, o el ataque al liberalismo económico, o la repulsa pública de los pantalones de campana. Puede ser el llamamiento a la revolución o la denuncia de vacíos legales. Elijan ustedes el que quieran; lo llamaremos en adelante opinión A. Un número de personas, mediante elecciones personales, logra que la presencia en antena de la opinión A sea relevante.

Conviene subrayar que lo de menos es si el programa ha sido asignado por tele-votación o por aprobación de formulario ordinario. Lo importante es que la opinión A es mostrada en antena, es decir, que tiene minutos de emisión. Naturalmente, si hay un gran número de ciudadanos con la opinión A, ésta aparecerá -de forma espontánea- en un porcentaje que un observador neutral ve desmesurado.

Como respuesta, las personas con opinión no-A (que pueden desglosar como opiniones B, C y sucesivos, si lo desean) hacen uso personal de sus herramientas para conseguir minutos de pantalla hacia su causa. Pero el desequilibrio numérico hace que la balanza de minutos se siga inclinando hacia el lado opuesto. Esta situación desemboca en la respuesta planificada: la agrupación de esfuerzos; la organización.

De modo que los individuos con opinión no-A deciden organizarse para superar de forma conjunta los movimientos desparejados del bando contrario. Si no lo consiguen, la situación se mantiene intacta, con un dominio claro de emisión de la opinión A; pero si lo logran, los partidarios del A, lógicamente, también se organizan. Votan, remiten formularios y reservan la emisión de un modo estudiado para minimizar la presencia de la acción no-A.

Con un poco de tiempo, la dinámica es identificada y, para ahorrar tiempo, se acude directamente a las asociaciones. De vez en cuando se recurre al ciudadano individual, pero es principalmente de cara a la galería. Atender a diez mil ciudadanos es diez mil veces más costoso que atender a un solo intermediario que los representa. Las asociaciones son las que cortan el bacalao. Las personas que quieren salir por televisión siguen enviando sus convocatorias, pero las que no quieren salir ­sea por timidez, por pereza o por desinterés- son las que, de forma pasiva y gestionadas por otros, colapsan la programación.

No sé si se han dado cuenta, pero esta es la televisión que tenemos hoy. Aplicando los ideales democráticos básicos terminamos naturalmente en la situación que tenemos ahora, al encender nuestro televisor. Y que a su vez es la misma que había hace veinte años: por mucho que se añore a Rico o a García Tola, los analistas del momento estaban ansiosos por la llegada de la televisión privada (¿a que, visto con perspectiva, es imposible no sonreír?).

En suma, la televisión es consecuencia del uso que hace el grueso de los ciudadanos con sus derechos democráticos. Más específicamente, con su indolencia hacia ellos. Con su desinterés en que sean usados por este o aquel colectivo para incrementar su supuesto número de apoyos. Con su propensión a venderlos ­ahí tienen aquello del autocar y el bocadillo en los mítines electorales, como venta propia, o lo del transfuguismo, como venta ajena- iniciando una dinámica en el que el grupo con más dinero es el que puede permitirse mayor número de participaciones. Con su neutralidad al elegir un grupo ­³a alguien hay que votar, o luego no te podrás quejar²- en lugar de forzar una mecánica en la que sean necesarios nuevas organizaciones. En general, con su capacidad para sentarse en el sofá y quejarse de cómo está la vida.

Al iniciar esta serie de artículos les mentí diciendo que iba a proponer una televisión irrealizable. La trampa está en pensar que otra televisión es posible. Cambiarán los ingredientes de la programación (más opinión C y menos opinión H) pero responderá a los mismos mecanismos: a la gestión de su voluntad por manos de terceros. Creían que la emisión que reciben en su salón no les incumbía. Pero su grano de arena está en funcionamiento, mediante quien ustedes permiten.

La televisión ideal es la que tenemos delante. La televisión ideal es la que nos esforzamos en mantener. Yo estaría satisfecho, si no fuera porque todo el mundo dice que la televisión es un asco. La diferencia entre los espejos y los monitores (en particular los de seguridad) es que en las pantallas uno tarda más en darse cuenta de que quien aparece delante es uno mismo.

***





                   Raul Minchinela



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Alexander Solzhenitsin, Archipiélago Gulag (3a parte), "Los pilares del Archipiélago"

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#90 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mar, 10 de Jun, 2003 10:45 am
Asunto: modem 071 - Apartado cinco- Las bailarinas: no rellene las casillas marcadas
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por Raúl Minchinela



Desde la última vez que lancé estas líneas ha habido una guerra, una ocupación, una redefinición de los derechos humanos según quién echa mano de ellos y en general situaciones que me hacían pensar que hablar de la televisión y cerrar el ciclo que empecé era una fruslería bastante vergonzosa. La onda expansiva de la guerra de Irak todavía se desplaza y nos envuelve, pero en algún momento hay que terminar lo empezado. De hecho, la televisión no ha sido un elemento inocente en todo el proceso.

En capítulos anteriores hablábamos de un posible sistema para elegir lo que ve el televidente: un pay-per-view global. Sigamos tirando del hilo.


**



nº 71 - Apartado cinco- Las bailarinas: no rellene las casillas marcadas


Pongamos a trabajar nuestros impuestos.

Los fondos de los ciudadanos se están empleando en mantener una televisión pública, varias autonómicas y más de una de menor alcance. Esos focos, esas grúas y esas salas de montaje son parte del erario público. Son valiosas y deben ser manejadas por personal cualificado realizando funciones precisas y familiares dentro del ámbito de cada especialidad,  pero eso no debería ser impedimento para que usted haga televisión. Piensen en el horizonte teórico al alcance: dar a los ciudadanos la posibilidad hablar con sus congéneres televidentes sin intermediarios, sin la presión del departamento de ventas y sin la tensión de mantener un porcentaje de audiencia. Tocar y correr, y volver a esperar turno. Los impuestos al servicio del ciudadano. Al fin y  al cabo, la televisión española se anuncia como ³la de todos². Pues a ello. Con dos narices.

Es necesario decir que las personas más reacias a este tipo de actividades, con novatos utilizando inconscientemente los minutos de emisión, no son los directivos, siempre abiertos a las posibilidades comerciales del reality-auto-show, sino los camaradas iluminadores, los camaradas realizadores y los cámara-camaradas, que se huelen tener que gastar su tiempo para pagar las clases del recién llegado. En el empleo de estado hay un manifiesto tácito inviolable: los ideales y las horas extras no se mezclan. Esta es la lección del funcionariado.

Pero en nuestro mundo ideal, los programas de novatos se pueden hacer sin impedir que los trabajadores arranquen a su hora el utilitario climatizado. No es necesario malgastar su precioso tiempo convenciéndoles de que esta o aquella combinación cae dentro de plano, de la posibilidad de que el escenario principal esté a la derecha y el de concursos esté fuera de tiro. Es irrelevante ser un novato. Ellos conocen perfectamente lo que tienen que hacer porque en nuestro mundo ideal lo tienen perfectamente estipulado. Ha bastado con rellenar el formulario.

En nuestro mundo ideal, para hacer un programa de televisión sólo se necesita comprar un papel timbrado en el estanco. El documento es una escaleta y se rellena según las instrucciones, en la arraigada tradición de los formularios. Una escaleta, para los que no conozcan el término, es una tabla que estipula en qué estado se encuentran los recursos técnicos y humanos del plató en un momento determinado de la grabación o emisión de un programa de televisión. Cada franja horizontal es un intervalo de tiempo (por ejemplo, los cinco primeros minutos) y cada franja vertical corresponde con uno de los recursos humanos o técnicos: iluminación, sonido, sección del decorado en uso, ubicación del ballet, actividad de las azafatas. De este modo el realizador sabe que, cuando se da paso al concurso, los micrófonos de solapa se desconectan, se abre el audio de la línea telefónica externa, se enciende la iluminación del sector cuatro. Y -principalmente- que llevamos mucho retraso con el horario previsto.

De modo que el ciudadano de a pie de nuestro mundo propuesto compra una escaleta oficial timbrada, consulta las instrucciones impresas en el reverso o en el anexo, y la rellena para hacer su programa. Los perfeccionistas dirán que no es posible rellenar la escaleta sin conocer la actividad real de la que se puede disponer. A ellos les recuerdo que también las posibilidades de compra, amortización e intercambio de objetos son innumerables, pero en el Plan General Contable no existe el apartado de ³otros².

Nuestro ciudadano toma la duración estipulada, meticulosamente dividida en tramos de un minuto rápidamente rellenables con ³idem² y se hace un programa a su medida. Entrevista a su cuñado, reportaje de investigación sobre el sinvergüenza que siempre aparca en la puerta del garaje, informe sobre las fiestas de Valdeturo, mis vacaciones por Bélgica en simpáticas diapositivas. Las posibilidades, eliminado la presión de la audiencia, son infinitas.

¿Son ustedes capaces de soportar las vacaciones del vecino? ¿Su retahíla de una hora sobre las subidas de los precios? ¿Su incesante interés por los calendarios de gasolinera de los ochenta?

¿Son ustedes capaces de soportar una democracia?


***



#89 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Lun, 3 de Feb, 2003 6:42 pm
Asunto: modem 070 - Llamando a la cola de emisión
raulmodem
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por Raúl Minchinela



nº 70 - Llamando a la cola de emisión




No es lo mismo "La Naranja Mecánica" que "2001" que "La Chaqueta Metálica". No es lo mismo "El Autoestopista Galáctico" que "Mañana No Estarán". No es lo mismo "El Sulfato Atómico" que "En Alemania" que "Mundial 78". El caso de las colecciones editoriales es especialmente revelador: no es lo mismo la entrega 326 de la colección Andanzas de la editorial Tusquets ("Archipiélago GULAG", de Solzhenitsin) que la entrega 494 ("El Arco Iris de la Gravedad", de Pynchon). Supongo que hasta aquí estamos todos de acuerdo.

En los programas de televisión no tenemos este punto de vista. Cuando recomendamos ver un programa, no estamos recomendando el próximo, porque no sabemos cómo es: estamos recomendando el pasado, el que ya hemos visionado. Para construir un criterio televisivo es necesario poder consultar las obras pasadas a voluntad, del mismo modo que podemos ir a una biblioteca o a una filmoteca o a un videoclub o a un museo o a una hemeroteca. En caso contrario, veremos "Dune" mientras pensamos que estamos viendo "El Hombre Elefante".

La mención del cine no es gratuita: el filósofo Gustavo Bueno enuncia que la televisión no es un objeto para ver lejos sino para ver a través de los objetos (es decir, que permite lo que tradicionalmente se llamaba "la clarividencia"), y afirma que, en consecuencia, la televisión sólo tiene sentido si es en directo. Una teleserie, al estar grabada, cae inmediatamente en la categoría de "cine". Un programa anterior pasa inmediatamente a ser cine.

Desde este punto de vista la cantidad de televisión que se emite por televisión ­o sea, la cantidad de horas que se emiten con contenidos en directo- es verdaderamente pequeña. Tras los informativos de la tarde, lo normal es la emisión, bien de películas comerciales, bien de series pregrabadas, bien de programas o concursos asimismo pregrabados. El límite se condensa en el concurso Operación Triunfo, un fenómeno mediático en el que la representación, en directo, ha sido cuidadosamente ensayada para que no aparezcan sorpresas, que son la sal del directo y la pesadilla de los políticamente correctos. Operación triunfo es todo lo pregrabado que puede ser un programa en directo.

Ahora bien, si los programas pasados son cine, las series pregrabadas son cine y los programas en diferido son cine, ¿qué impide la emisión de programas ya emitidos? Si nos dejamos de "conspiraciones en la sombra" que deciden ocultamente tal o cual cosa, y nos limitamos al aspecto comercial de la televisión, que sustenta la mayoría de sus arterias, la reemisión no da indicios de espectadores potenciales. No hay indicadores de audiencia. Así que hay que conseguir que sea la audiencia la que pida las reemisiones.

El mecanismo etéreo de medición de audiencias es, si se ponen en la piel de un programador o de sus jefe, muy conveniente: permite la supresión de programas con la excusa de falta de seguimiento aunque se intuyan otros motivos menos prosaicos. Incluso es impermeable a la pregunta evidente: ¿por qué en lugar de ser eliminado no se cambia su horario sustituyendo a otro programa con menor audiencia todavía?. Los indicadores de audiencia son en cierto sentido unilaterales: no sabemos lo que estamos decidiendo al ver o no ver, sino que algún señor, normalmente con dinero, decide amparándose en esas cifras. Operación Triunfo, un programa muy celebrado por esos programadores y por sus jefes, nos ofrece, sin embargo, una inteligente solución. Quién lo iba a decir, porque es un concurso donde se premia la menor resistencia a doblarse a los caprichos de sus profesores, y por extensión a los jefes de sus profesores, que serán sus futuros jefes propios. No da el perfil de generador de iniciativas individuales.

Fíjense: los concursos más seguidos en el momento de escribir estas líneas, Gran Hermano y Operación Triunfo, tienen un punto en común. En algún momento del programa final se enuncia la siguiente frase: "la audiencia ha decididoŠ". La decisión de la audiencia se realiza mediante llamadas de teléfono, es decir, mediante pago. Esa forma de decidir me gusta, porque en mi opinión si la gente pagase por lo que consume y no cogiera lo que sea solo porque es gratis, las cosas irían, creo, bastante mejor. Si supiese cuánto paga por un telediario, cuánto por un concurso veraniego con pueblos recortando vaquillas emboladas y cuánto por una gala de sábado con desfiles de ropa interior, igual el individuo podría decidir no dar ese dinero a esas actividades y en su lugar acudir al teatro o comprarse un libro decente. Igual han leído sobre sus respectivas "crisis".

Propongamos, pues, la decisión por teléfono: ¿y si, en lugar de elegir el concursante que se va, eligiésemos el programa que se va a emitir el día siguiente?

En lugar de etéreas mediciones de audiencia, tienen ahí sus votos. Y sustituyendo los telefilmes aburridos (1), que los publicistas detestan como "minutos de la basura", tendrán programas del gusto -y consumo, en todos los sentidos- del espectador. Y conservando la misma proporción cine-televisión (o, para entendernos, grabado-diferido) que tiene la televisión actual.

Pónganse en ese ideal: tienen un listado en internet con todos los programas que ha emitido, por ejemplo, Televisión Española. Eligen un par y ponen su dinero para proponer ese programa. Como deseamos que la televisión sea democrática -ese es el prestigio que nos venden con la audiencia-, y queremos que cada voto valga, bajamos a cero votos el contador de cada programa en el momento en que sale por antena. Así, los programas con menos votos se van emitiendo a medida que salen al aire los más votados. Y en un caso ideal, da tiempo a que se emitan todos, incluyendo aquella entrega de "No te rías que es peor" en el que salía su cuñado de usted.

Sólo tendrían poder de decisión las personas que pudiesen llamar, es decir, las personas con dinero: exactamente igual que ahora, pero con más individuos ­y más ideas locas- en la decisión: un solo voto garantiza que un programa esté en la cola de emisión. Si tanto se nos llena la boca con la democracia, apliquémosla.

Dejemos que el individuo medio diferencie la televisión como usted y yo diferenciamos los libros, las películas, los cómics, los cuadros. Permitiéndole que tenga acceso a las obras. El criterio mejora el medio.

Y el medio, olvidada la patraña de la televisión cultural, puede mejorar al espectador.



*

(1) Las películas se venden a las televisiones por paquetes, que incluyen un film famoso, dos mediocres y unos cuantos invendibles. Cuando ustedes compran un pack de libros de los cuáles sólo les interesan dos -el motivo de su compra- ¿se leen necesariamente los cuatro? Veamos, ¿por qué se emiten telefilme intragables? Porque tienen coste cero. ¡Pues también tiene coste cero la reemisión de programas propios!




*****





                   Raul Minchinela



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Alexander Solzhenitsin, Archipielago Gulag (3a parte), "Los pilares del Archipiélago"

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#88 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mié, 22 de Ene, 2003 4:15 pm
Asunto: modem 069 - El telespectador en pantalla
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por Raúl Minchinela



nº 69 - El telespectador en pantalla




Cuando se plantean nuevos modelos de televisión -una pregunta habitual
porque la ciencia-ficción nos gusta a todos- se propone, en la mayoría de
los casos, un cambio en los contenidos. Más dosis de esto, menos dosis de
aquello. Se habla del consumo televisivo como del gusto gastronómico, unos
diciendo que falta sal y otros que sobra pimienta. Y es una buena manera de
mandar al garete las propuestas, porque si al de al lado le encanta la sal,
la discusión se ha terminado. Sobre gustos no hay debate posible:
difícilmente convenceremos -racionalmente- a alguien a quien le den náuseas
las alcachofas para que las engulla. El convencer racionalmente sobre gustos
estéticos me parece la misma contradicción, y por eso me verán sonriendo
cuando consulto revistas de moda.

Igual que la pana es tan respetable como la lana o el tergal, la televisión
que tenemos ha de ser tan respetable ­o tan despreciable- como la que
tenemos en la cabeza. De modo que procuraremos desplazar el problema de la
televisión al comensal, a usted y a mí, evitando decir que tal o cual
cocinero es incorrecto. Lo que no es óbice para que, más adelante,
propongamos métodos que permitan cambiar de menú. Que ahí sí está el gusto.

De modo que nuestro objetivo es conseguir una programación que permita al
telespectador procesar lo que está viendo en pantalla, en lugar de obligar a
terceros a modificar propuestas que consideran viables. Curiosamente, si uno
comienza a hablar de formas de actuar sobre el espectador parece que esté
hablando de una ciencia-ficción aún más abstracta que la del cambio de
televisión. Es necesario poner ejemplos, y son en general modelos que han
llevado a cabo esa función de una manera oculta, cuando no inconsciente. Uno
de los casos más sorprendentes, por ser potencialmente más difícil de
conseguir, ha sido el del concurso "Confianza Ciega" (Antena 3, enero-abril
de 2002), que se hizo célebre por una concursante que cerraba todas sus
frases con la muletilla "tía", y que fue tachado como programa despreciable
por todas las personas consideradas Œde buen gusto¹.

Confianza ciega tenía como objetivo poner a prueba la confianza de tres
parejas en su mutua fidelidad. A tal efecto, se encerraba a los chicos en
una casa y a las chicas en otra diferente, y allí se les sometían a
tentaciones varias: chicas ligeritas de ropa y de cascos en la primera casa,
chicos musculosos y comprensivos en la segunda, que organizaban fiestas,
cenas, bailes y demás invitaciones al contacto físico. El desarrollo del
concurso tenía su centro de interés en el momento en que cada miembro de la
pareja veía en un monitor lo que sucedía en la otra casa, pero no en
directo, sino en un vídeo que resumía lo que allí había pasado. Los
televidentes estaban viendo a otra persona viendo la televisión, que no
peroraba sobre su contenido sino que intentaba procesarlo. La estructura
para "enseñar con el ejemplo" estaba dispuesta para desarrollar el temario.

En el vídeo aparecían las actividades lúdicas de la otra casa, se escuchaban
las conversaciones entre los concursantes y los "ganchos", y finalmente se
veía cómo del baile agarrado se había pasado a los abrazos, después a los
besos y después a movimientos poco definidos, detrás de unos matojos o unas
cortinas, que daban a entender un encuentro sexual. Basándose en ese vídeo,
el concursante decidía si su pareja le había sido infiel. El visionado se
realizaba delante de la conductora, una antigua presentadora de
informativos, que hacía saber a los concursantes que el vídeo podía ser
cierto o podía ser mentira.

No sé si me están siguiendo: los profesionales de la televisión estaban
mostrando en público que, sin trucos digitales ni actores dobles,
simplemente poniendo este segmento antes que este otro, insertando este
plano y cambiando de orden estos otros dos, podían engañar al telespectador.
Y lo decían en voz alta, en un programa de máxima audiencia.

Este programa despertó en mí grandes esperanzas: de pronto, todas esas
declaraciones que dicen que la televisión es partidista, selectiva,
condicionada e irreal iban a tener respuesta. Eso sí, en lugar de tener una
televisión que mostrase ese otro lado (igualmente partidista y condicionada,
no hay que olvidarlo), íbamos a tener una televisión en la que la audiencia
sabría que lo que aparece en pantalla no es necesariamente cierto. En lugar
de colocar un letrero en el que pusiera "esto puede ser mentira"(al modo de
los carteles "esto mata" que hay en los paquetes de tabaco"), tendríamos una
audiencia que vería las trampas habituales, las localizaría.

La mentira es parte del arte, de la expresión humana. El Quijote es mentira,
los relojes blandos de Dalí son mentira, el ratón Mickey es mentira. El
peligro de la mentira es carecer de argumentos para identificarla. Lo
primero que habremos de enseñar es educar al receptor a saber cuándo algo es
falso.

Los pasos iniciales para formar el telespectador que no cree ciegamente en
lo que aparece en pantalla, las clases de formación del escéptico sano, ya
se han comenzado a dar. Si, más que en la pizarra, se fijan ustedes en las
muletillas de los profesores, eso ya está fuera de temario. Tía.



***



Sé que debería haberles avisado a tiempo para hacer peticiones a las
amistades en tiempo de regalos navideños, pero supongo que lo recibirán bien
igualmente: hay un libro que no deben perderse.

Se trata "¡Vida mostrenca!" de Jordi Costa. Cada crítica publicada en prensa
ha elegido un extracto diferente para subrayarlo como sobresaliente, lo que
quiere decir que, con toda seguridad, su favorito será otro distinto, pero
lo encontrarán. Y encontrar esos extractos valiosos es digno del precio de
entrada.

Mi extracto favorito -a fecha de hoy- es la primera mitad del capítulo "Lo
sin nombre". Por si se lo preguntaban.





                     Raul Minchinela



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#87 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Lun, 13 de Ene, 2003 7:58 pm
Asunto: modem 068 - Emisión en pruebas
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por Raúl Minchinela



nº 68 - Emisión en pruebas




¿Qué pondría usted en la televisión?

Hace poco le realizaron esta pregunta a un articulista que cobra por ver la
televisión, o mejor dicho, por escribir artículos sobre la televisión, a
diario, en un periódico de distribución nacional. El crítico televisivo es
una figura que tiene poco peso; así como en los premios cinematográficos, en
los literarios o en los pictóricos hay ganadores que son elegidos por
especialistas a espaldas del éxito de público, no es habitual ­o al menos yo
nunca lo he visto- premiar un programa de televisión, por bueno que sea, que
haya desaparecido por falta de audiencia. La calidad en la televisión es la
capacidad de tener potenciales clientes a los que colocarles anuncios antes
de que alcancen el mando a distancia. De hecho, dada la costumbre de poner
la tele para que su sonido haga compañía, se puede decir que el mejor
programa es el que menos molesta, el que permite colar más cuñas
publicitarias. La calidad formal en televisión es un ente etéreo, no
definible, en el que las normas de la cinematografía no se aplican, en el
que hay parte de normas de mercadotecnia, parte de tratado de buenas maneras
y parte de tolerancia al aburrimiento.

Aquí teníamos a un crítico televisivo en una entrevista televisada, en el
momento en el que el presentador le formula la pregunta, amparándose en las
horas de vuelo ­o mejor dicho, de recepción- de su invitado, pero
probablemente con intención de sonsacarle alguna idea. La idea en televisión
es otro término no definible, porque lo que importa de las ideas no es su
existencia y planteamiento, sino la reacción del público y su permeabilidad
a los consejos publicitarios. Pese a todo, el especialista -tras fruncir el
ceño en un gesto de revelación- propuso su modelo idóneo de programa.

Oh, sorpresa: lo que el especialista proponía era un montaje consecutivo de
imágenes de riqueza y de miseria: primero un plano del presidente del país
en una cena del partido, luego unos indigentes siendo disueltos por las
fuerzas del orden, después las grandes mansiones de los presidentes de
empresas petroleras, más tarde un mar cubierto de combustible... creo que
pueden seguir por ustedes mismos. El especialista añadía que las fotos se
debían emitir sin comentarios, solo con una música que les diese unidad. En
eso consistía todo el programa, y se entendía que, si le daban pábulo, toda
la emisión.

Huelga decir que este ladrillo, este documental progre sin principio ni
final, resulta insoportable consumido por sí mismo. Es televisión no
realizable, a menos que uno consiga convertirlo en algo tragable. ¿Es
imposible? ¿Está este crítico, en la tradición del teórico futurista e
idealista, planteando un horizonte utópico e inalcanzable?

Para salir de dudas basta consultar el libro "¡Viva el mal! ¡Viva el
capital!" de Santiago Alba Rico (Orates/Virus, 1992), que recopila 12 de los
160 guiones del programa "La Bola de Cristal", una singularidad difícilmente
repetible que se emitió entre 1984 y 1988. Resulta que, como atestiguan las
páginas de este volumen, la fórmula que propone este crítico ya se utilizaba
quince años atrás: ese tipo de montajes de riqueza frente a miseria sin
comentarios y con audio unificador ya se usaban como imágenes de apoyo para
el desarrollo del programa, mientras éste versionaba, interpretados por
muñecos electrificados, extractos de "El Capital" de Marx. Pero eran tramos
de apoyo, para ilustrar enseñanzas: el documental insoportable se convertía
ya no en digerible sino en memorable. Hay pocas personas que hayan asistido
a emisiones de la Bola y hayan olvidado la existencia del programa. Al menos
todos lo han ocultado de forma muy solvente.

Resumiendo los párrafos anteriores: un especialista en televisión, recién
entrado en el tercer milenio, defiende como horizonte utópico un formato 1)
antiguo, 2) que decide empeorar,  3) que viene de un programa juvenil y 4)
particularmente de un programa que se ha decidido tácitamente no volver a
emitir. (Este cuarto punto requiere aclaración: se han reemitido programas
de la Bola, pero pertenecientes a la época "blanda" del programa;  es sabido
que los programas "duros", que recopila el libro, son ahora mismo material
reservado, si no desaparecido; se juzga que explica "El capital" demasiado
bien, que no es críptico, que se entiende, y eso de educar y enseñar está
mal visto: transmitir y emitir, al parecer, son términos opuestos).

A la luz de este planteamiento, explíquense que Lolo Rico, responsable de
ese formato ideal que supera las expectativas idóneas de este especialista,
esté alejada de las emisiones regulares de la empresa donde sigue trabajando
­sigue contratada, porque es funcionaria de la televisión del estado- y
donde, si los rumores no son equivocados, la tienen localizando defectos en
la imagen de cintas de emisión, supongo que porque no pueden obligarla a
pintar paredes. Tenemos a la mente más vanguardista de la televisión
­siempre según nuestro especialista- buscando drops entre fotogramas.

Como tengo una deuda con Lolo Rico y su "La Bola de Cristal" ­que me educó
de un modo que agradezco, no porque defienda particularmente "las
izquierdas", sino porque supuso un sanísimo contrapunto a las enseñanzas del
colegio: en clase tenía conservadurismo y orden, en la Bola tenía cambio y
caos- me he decidido a responder a la pregunta con la que arrancaba este
texto. Voy a intentar proponer una televisión irrealizable que, espero no
equivocarme, no se haya realizado mejorada el siglo pasado, probablemente
porque no soy un especialista.

Permanezcan en sintonía.



***





                     Raul Minchinela



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ingleses irían de vacaciones a Capri conduciendo su propio automóvil
climatizado y pedirían el libro de reclamaciones en un restaurante para
protestar porque la cerveza no estaba suficientemente fría, ¿acaso hubiera
escrito El Capital?"
Manuel Vicent, "Visionarios"

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#86 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Jue, 28 de Nov, 2002 6:28 pm
Asunto: modem 067 - Lo avanzado de las buenas ideas
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por Raúl Minchinela



nº 67 - Lo avanzado de las buenas ideas




Piensen en un sensor de vibraciones. Piensen en uno que soporte temperaturas
extremas, que pueda aguantar la falta de corriente eléctrica, que sea simple
y barato.

Un aerogenerador -seguro que  han visto alguno- es un ventilador enorme cuya
función es sacarle electricidad al viento. Suele sostenerse con una columna
alta, que mantiene las aspas a una altura en la que el aire no sufre la
fricción con el suelo. Desde abajo no lo parece, pero la parte superior de
la columna oscila por la acción del viento y el generador -la Œcabeza¹ de la
estructura- , da unos bandazos considerables de lado a lado. Lo sé porque he
estado ahí arriba.

Estas oscilaciones pueden dañar el aparato, de modo que se hace necesario un
sensor de vibraciones: un mecanismo para detener el rotor en caso de que la
flexión de la columna supere los márgenes de confianza. Yo, por deformación
de la experiencia, me lo imaginaba muy complicado: he realizado experimentos
sobre vibración de lavadoras, con acelerómetros instalados en buena parte
del tambor y del chasis, todos conectados a un ordenador que registra las
señales. Huelga decir que todo este montaje no es factible en una estructura
que se mueve tanto, en la que hace tanto frío y en la que la estabilidad de
la corriente no es precisamente ejemplar. De modo que cuando vi el verdadero
sensor de un aerogenerador me que dé sorprendido y petrificado a partes
iguales.

El sensor de vibraciones es una cadena con una bola de acero apoyada en un
tubo hueco. Si vibra en exceso, la bola se cae, tira de la cadena, y para el
generador.

Desde mi humilde punto de vista, eso es ingeniería. Un elemento fiable con
mantenimiento cero cuya fuente de energía sólo deja de actuar en gravedad
cero. Que también tiene su gracia, porque en gravedad cero no hay
convección, y por tanto, no hay viento.

Esta experiencia me hizo ver que yo también había caído en la trampa de la
falsa gran innovación: esa visión general según la cual las buenas ideas de
nuestro tiempo tienen necesariamente que tener una pantalla líquida, acceso
a internet, conexión con el teléfono móvil  y muchas lucecitas que den el
aspecto futurista que proyectaban las películas de los cincuenta. A veces no
es fácil diferenciar una buena idea de lo que pensamos que es una buena
idea. En ocasiones no es que el árbol no nos deje ver el bosque, sino que
nos empeñamos en que, hasta que no tengamos el árbol delante de las narices,
eso ni es bosque ni es nada.

Desde este punto de vista, entenderán que vea con una sonrisa las diferentes
encarnaciones de lo que llaman continuamente la Œcocina del futuro¹, un
grupo de electrodomésticos interconectados y manejados mediante una pantalla
de cajero o ­lo han adivinado- mediante el móvil. Se puede uno conectar a
internet, enviar fotos a las amistades, saber si los yogures están a punto
de caducar. Puede programar la casa para encender la calefacción a la hora
deseada o grabar el programa de televisión de nuestro deseo o calentar en el
microondas los platos preparados que sabiamente hemos dejado en su interior.

Pónganse en situación: lo de programar el vídeo es ya un clásico;  la
calefacción con temporizador ya lo anunciaba el actor Juanjo Menéndez cuando
la televisión se emitía en blanco y negro; sustituir el ordenador por la
nevera para navegar es llevar el miedo a los virus hasta el ridículo. Pero
lo que más gracia me hace es lo de los yogures: una persona lo
suficientemente maniática (u ordenada, ustedes eligen) para clasificar los
yogures por fecha no necesita ninguna ayuda digital para llevarlo a cabo.

La gracia estaría en tener ventajas para las personas desordenadas. Todos
los ordenadores tienen una función de búsqueda, porque los desordenados (o
naturales, ustedes eligen) ponen los ficheros donde mejor les viene. Si la
entropía de Kelvin demostró que el universo tiende naturalmente hacia el
caos, y que el orden (prueben con sus mesas) requiere trabajo, una máquina
que te da ordenado lo que le metes ordenado, no es siquiera una mejora. Una
persona que se olvida de que tiene yogures, creanme, no los mete en la base
de datos "el segundo piso de mi nevera". En suma: la Œcocina del futuro¹ es
la de ahora, con opciones que hemos decidido no realizar y que de hecho no
haremos por muy fáciles que las pongan.

La Œcocina del futuro¹ es la versión línea blanca de los aparatos de cocina
que se anuncian a altas horas de la madrugada, que sustituyen las funciones
de media docena de aparatos que no tienes y que, digámoslo ya, tampoco
necesitas. Pero a diferencia de estos, contiene las palabras internet y
móvil.

En mi exposición Transversal, hubo una pieza que no llegué a realizar porque
se me ocurrió durante el montaje, en directa inspiración por las reflexiones
de un artista de "nuevas tecnologías". La pieza consistía en una superficie
de circuitos impresos, placas madre, ventiladores y discos duros, encima de
la cual aparecía un largo cable del tipo que transmite los datos desde los
lectores de cd. El cable estaría colocado trazando el conocido dibujo de
"con un seis y un cuatro pinto tu retrato". La misma canción de siempre,
pero -eso sí- utilizando nuevas tecnologías.

Con el tiempo he agradecido no incluirla. Le faltaba la pantalla, y el
acceso remoto, y era barato de mantener. No era una buena idea.




***


La piezas que sí se incluyeron en la exposición transversal están descritas
en el dossier de prensa, que todavía pueden encontrar en
http://www.lasombradelsol-laluzdelaluna.com/creadores/rminchinela/proy/prens
atransversal.pdf
o a traves de
http://expotransversal.20m.com.





                     Raul Minchinela



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#85 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Jue, 7 de Nov, 2002 7:36 pm
Asunto: modem 066 - Idealistas mediante oposición
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por Raúl Minchinela



nº 66 -  Idealistas mediante oposición



No sé si recuerdan aquello de la Generación X.  Yo estaba encantado cuando a
principios de los noventa se decía que la camada a la que creía pertenecer
era tan confusa que sólo se le podía describir con la incógnita de las
matemáticas. Pero encantado. Una cosa era descolocar a papá con la ropa y el
pelo y la música bien alta, y otra era descolocar a todos los padres,
sicólogos incluidos. Qué tremendo potencial. Hay ecuaciones en las que equis
llega a valer infinito.

Un poco más tarde nos hemos dado cuenta de que la generación que me incluye
parecía tan poco resuelta porque todavía no sabía cómo conseguir el temario
de las oposiciones. En cuanto lo han averiguado, la equis ha pasado de ser
un posible valor estratosférico a ser la forma de rellenar el examen tipo
Tes. La mía es la generación cuyo objetivo en la vida es ser funcionario.

Y en ese aspecto, las cosas pintan bien. Hay un florecimiento de
funcionarios digno de consideración, unos reflotando juegos regionales que
hace siglos que cayeron en desuso por aburridos, otros confeccionando
encuestas que se publican según convenga al que las ha encargado, la mayoría
multicopiando cosas que serán multicopiadas para personas que las
multicopiarán hasta que, más por ubicuidad que por eficacia, llegue a la
persona que mueva el tema definitivamente. Bueno, pasa con todo. Un
histórico de una empresa automovilística me contaba: "esta factoría la
montamos doce y ahora somos ciento y pico. En lugar de una fábrica de
coches, esto parece una fábrica de papel". El multipapel permite las dos
funciones básicas de los funcionarios: echar las culpas a otro y cobrar tu
pum-púm a fin de mes.

Y lo curioso es que esto me ha venido por la tan traída ilegalización de
Batasuna, el brazo político de la banda terrorista ETA. Quietos, quietos.
Guarden las piedras para el final.

La respuesta a la ilegalización de Batasuna me ha descolocado más que la
ilegalización en sí misma. Quiero decir, la clandestinidad en cierto tipo de
prácticas ha sido tradicional a lo largo de la historia. Y en muchos casos,
esa clandestinidad ha dado un halo de misticismo que ha servido para
aumentar el prestigio y el número de miembros. El gobierno, esa cosa que nos
cierra los bares a horas intempestivas a menos que paguemos para encerrarnos
en lugares donde la consumición cuesta una semana de supervivencia en
Somalia, no ha tenido tradicionalmente una buena imagen entre la juventud.
Pero ahora la juventud quiere alcanzar el  funcionariado antes que la vacuna
contra el cáncer. Y el gobierno, desde ese punto de vista, mejora que da
gusto verlo.

La respuesta a la ilegalización de Batasuna parece afirmar que la
clandestinidad, que es el campo donde se ha gestado la organización hasta
convertirse en "el problema de España", puede ser un problema importante
para su actividad, o sea, su supervivencia. El grupo que se hizo fuerte
siendo clandestino puede morir por ser clandestino. Resolvamos la paradoja.
Pensemos un momento por qué la clandestinidad puede ser mortal para ETA y
Batasuna.

Pónganse en la piel de un miembro actual de la organización. Me entristece
decirles que se olviden de los tiempos anteriores a cuando Txomin se abrió
la cabeza haciéndose una casa en Argel. Que se olviden de tiempos en los que
los etarras corrían a desconectar las bombas cuando se enteraban de que el
portero, un compañero en la lucha de clases, aún estaba en el edificio.
Olvídense de los idealistas, de los que se empollaban el marxismo-leninismo,
de los que se planteaban la política como intervención del pueblo.

Tienen que ceñirse al momento actual. A la generación que ha madurado viendo
a los hermanos del Vicejefazo con despacho, a los hijos del jefe local con
encargos multimillonarios, a los amigos del Jefazo forrándose con empresas
públicas pagadas por todos.  Pónganse en la piel de estas personas y
plantéense si es posible un idealista a fecha de hoy.

No caigan, como la reciente película "800 balas", en el error de dibujar al
espíritu de Baracaldo resistiendo a las fuerzas de seguridad dispuesto a
asumir la muerte por sus actos. (Idealistas políticos íntegros. Hey, es una
película de risa). En el estado del bienestar, mi generación no asume la
muerte en estos términos: no la asume y punto. Y antes que volver a salvar
inocentes, se dedica a crear innovaciones como el triciclo bomba. Mi
generación está mejor reflejada en la parte del alien en la película Smoking
Room: "si este tio recoge firmas en la empresa (o la sociedad a la que
pertenezco) lo que busca no es un cuarto para fumar, sino más pasta".

Bajo esta perspectiva, ¿qué objetivo hace que los que conocen la política
como un gran negocio lucrativo se afilien a una organización con objetivos
políticos? El despacho, el encargo, la empresa. El pum-púm a final de mes.

Pónganse en el lugar de un joven sin formación ni ganas de coger un libro.
¿Cómo hacerse una carrera? Prosperas en ETA, pasas a Batasuna y terminas
como concejal en tu pueblo. Te trabajas un puesto en el grupo y después a
obtener un sueldo a costa de los demás. No es muy solidario, pero (póngase
un suspiro de sacrificio) alguien tiene que hacerlo.

Esta perspectiva encaja curiosamente con la respuesta del partido político a
cargo del gobierno vasco, que en lugar de asumir sonriendo los votantes que
les han caído del cielo, se ha enfrentado con el gobierno español en una
postura que puede entenderse como "no os dejarán ser funcionarios suyos,
pero sí podréis ser funcionarios nuestros". "Podréis hacer igualmente
vuestras multicopias y cobraréis vuestro pum-púm a fin de mes".

Ellos también ven aquí un duro golpe para que haya nuevos miembros de la
organización. Se puede acabar el conseguir el pum-púm por medio de hacer
pum-púm en la nuca de los demás.

Ahora es el momento de sacar las piedras que les he pedido que guardasen.
Según cómo y cuándo la tiren, pueden ustedes alcanzar un sueldo fijo.
Mediante oposición.



***




                     Raul Minchinela



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#84 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mié, 23 de Oct, 2002 5:56 pm
Asunto: modem 065 - Tensión superficial
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por Raúl Minchinela



nº 65 -  Tensión superficial
 
 


Ubíquense en una fiesta. La organiza un amigo de ustedes, pero su catálogo
de relaciones termina exactamente ahí. No conocen a prácticamente nadie.
Ustedes están cerca de la mesa de las botellas, que enseña el mantel en el
poco espacio que filtran los trozos de patatas fritas. Hay un buen número de
vasos medio llenos que nadie volverá a tocar hasta que mister proper decida
convertir la termodinámica festiva en un proceso reversible. Ustedes están
cerca de esa mesa porque te da algo que hacer mientras no hablas con nadie.
Si son ustedes aventureros igual están en la parte opuesta de la habitación,
haciendo tiempo con los cigarrillos, inquietos por el siguiente paseo hacia
el hielo, que les hará cruzarse con perfectos desconocidos.  Por algún
extraño maleficio, todos sonríen. Nosotros también podríamos sonreír pero da
tanta pereza conocer gente. Ahh. Da tanta, tanta pereza.
 
Si ustedes estuvieran ahora mismo siendo enchufados por la antorcha de una
cámara conectada en directo a una emisora de televisión dirían que no, que
conocer a otra persona es un proceso apasionante y enriquecedor. Pero ahora
mismo están ustedes solos, en una esquina, a dos tragos de una copa nueva. Y
conocer gente nueva es tan apasionante que ante un buen numero de almas
inexploradas ustedes solo piensan en que va siendo hora de matar la
consumición y olvidar eso que dicen sobre lo malo que es mezclar.
 
Esta imagen me viene a la cabeza porque en un tramo verdaderamente corto de
tiempo media docena de personas han dicho, tras aclararse la voz como en las
grandes revelaciones, que la sociedad actual ­algo así como todos menos
ellos- se está haciendo más y más superficial. Llaman superficial a juzgar a
alguien por su aspecto.
 
La palabra juzgar puede ser engañosa. Hay gente que juzga, que pone una
sentencia e intenta que sea permanente, gente que años después sigue
sonriendo con sorna mientras señala descaradamente al que eligió el polo con
rombos cuando hacía dos meses que aparecía en las listas de ³lo más out².
Los que realizan juicios inmediatos permanentes son idiotas. Y ustedes son
personas razonables. De pie y con un vaso, pero razonables.
 
Quizá la palabra correcta es sopesar. La  superficie nos lleva a sopesar las
personas, y lo hacemos todo el tiempo. Es necesario, primero porque también
sopesamos la altura de los escalones cuando los subimos y segundo porque
reconocer de oído a las personas es, y así me lo demuestra la experiencia,
complicado para saber si alguien ayuda a las viejecitas a cruzar la acera.
 
En las frases de los especialistas hertzianos el término superficial aparece
por oposición, para subrayar la profundidad detrás de la camiseta. Y tiene
su gracia, porque en general todo cristo ­y  esos especialistas los
primeros- piensa que él mismo es un pozo insondable. Quién no ha tenido que
soportar disertaciones que se resumen en ³tu no me conoces², ³tengo vida
interior² , de gran utilidad para que esa persona no se muestre como es
nunca hasta que coja una cogorza excepcional, que es cuando dicen que eres
más tú que tú mismo.
 
Y ustedes están con ese vaso y no hacen ningún esfuerzo por entrarle a
nadie, pero nadie tampoco hace ningún movimiento hacia ustedes, excepto el
anfitrión, que se siente en a obligación de que todo el mundo se sienta
cómodo, en el intervalo que el resto de aislados le permiten. Nadie se
mueve. Estas emitiendo un mensaje con mucho ruido. Eres un escalón de altura
indefinida, y estás rodeado de paredes parecidas.
 
Quitémosle ruido al mensaje, pongámoslo evidente. Hagamos una prueba.
 
Miren hacia el televisor y observen el videoclip que se emite. Es un
videoclip generado enteramente por ordenador. La canción que ilustra, un
tema titulado ³The Child² interpretado por Alex Gopher, les deja bastante
indiferentes. La imagen es mucho más llamativa.
 
En el video de the child no hay ni un solo objeto. En lugar del objeto en sí
mismo, aparece una palabra o un grupo de palabras contenidas en el contorno
de lo que debería ser un objeto. Al comienzo del clip, en lugar de llegar a
la ciudad a través delas nubes, nos hacemos paso a través de muchas copias
esponjosas de la palabra ³nube². La ciudad son inmensas columnas que
conforman múltiples veces la palabra ³edificio². Traspasamos la palabra
³ventana² para ver a los protagonistas: uno es el conjunto de palabras ³pelo
castaño / bonita cara / mujer / embarazada / vestido rojo², el otro es el
grupo ³pelo moreno / grandes gafas / cara ansiosa / marido².
 
Ahora coloquen esta fiesta dentro del video clip. Mesa es mesa, vaso es
vaso,  el sofá es ³sofá / blando / manchas / estampado con cuadros². Hielo
derretido es agua.
 
Ahora elijan las de ustedes.
 
No es suficiente quejarse porque ³pelo moreno / barba de tres días / hombre
/ jersey a rayas / con novia² sea un juicio muy superficial, muy poco
profundo. Pueden elegir las que quieran.
 
En serio. Pónganse un rato y elíjanlas cuidadosamente.
 
Complicado, ¿verdad?
 
Tienen todo un diccionario para elegir, pero cuatro palabras no son
suficientes. Somos mucho más profundos. Qué barbaridad de profundos.
 
 No nos cabe el karma de grande que lo tenemos.
 
La incapacidad de elegir esas cuatro palabras es lo que nos abandona junto a
la cubitera. La necesidad de transmitir en tres palabras lo profundos, lo
brillantes y lo lúcidos que somos. Porque conocer a una persona es muy
costoso ­qué pereza- y que nos conozcan, uy, que nos conozcan es imposible.
Mira mi aura. Insuperable.
 
Admírala mientras me relleno el vaso. Qué estilo.





****







                     Raul Minchinela



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#83 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mié, 2 de Oct, 2002 11:58 am
Asunto: modem 064 - La c del legado respetable
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por Raúl Minchinela



nº 64  -   La c del legado respetable
 
 
 
Plantar un árbol, tener un hijo, escribir un libro. Esta es la receta que la
cultura popular aconseja para dejar un legado satisfactorio en el planeta
una vez que nuestros cuerpos tomen la textura del estiércol. Lo que queda de
nosotros en el mundo, la imagen que los demás tienen de nosotros cuando ya
no podemos levantar la voz para contestar, se sustenta, según este dicho, en
la vida que hemos generado, en el relevo de los hijos y en las palabras e
ideas que uno deja para la posteridad. Estos mecanismos de transmisión, sin
embargo, son bastante limitados: el numero de gente que conoce al hijo de
uno es reducido, dudo que conozcan a nadie que viaje por el mundo visitando
Œel árbol plantado por¹, y la autobiografía, mal que nos pese, es poco leída
después de que uno ya no está.

¿Está nuestro legado, la imagen que proyectamos para la posteridad,
suficientemente protegida con los árboles, los niños y la bibliografía? En
mi opinión, y en detrimento de los tres pasos con los que arrancaba el
artículo, hay un único factor que nos puede asegurar un recuerdo digno, y es
uno que aparece en las latas de refresco. Acompáñenme en el razonamiento.

Una recopilación reciente de grandes éxitos de la llamada edad de oro del
pop español (no se cuantas veces han vendido el mismo producto, y las que
quedan) llamaba poderosamente la atención por la portada. En ella, una
fotografía modificada Œá la warhol¹ del dictador español Francisco Franco
lucía una peluca rubia rizada, los párpados pintados y los labios con un
lustroso rojo pasión. Me pareció bastante extraño que fuese la cubierta de
ese producto específico, porque todas las grabaciones contenidas se
realizaron años después del empacho de champán que supuso la muerte del
Generalísimo.

En la página de internet de "Ultrasónica/Campus Galicia" se podía leer este
comentario acerca de la portada elegida por el sello discográfico DRO: "Lo
de la portada, con ese Franco travestido, suponemos que es el símbolo
definitivo de que, sí, vivimos en democracia." ¿Coinciden con este punto de
vista? Cambiemos a otro ejemplo.

Los partidarios en Gran Bretaña de la existencia de la libra frente al uso
del euro deciden producir y emitir un anuncio televisivo en el que el
humorista Rik Mayall imita a Hitler de manera poco respetuosa. El anuncio
fue polémico, no porque fuera ofensivo para los herederos del dictador, sino
porque era considerado "un insulto a las víctimas del Holocausto". La
valoración es curiosa, sobre todo recordando otros ejemplos, como ciertos
planos de la filmografía de Russ Meyer, en los que el Führer era sodomizado
para disfrute de la audiencia.

Dado que estos dos ejemplos corresponden a dos jefes de estado ­es decir,
gente con mayor solvencia social que usted y que yo, gente que ahora aparece
en los estirados libros de historia- cabe preguntarse cuando uno piensa en
su propio recuerdo: ¿tenemos carta blanca para meter mano a la imagen-legado
de cualquier individuo que haya pisado la tierra? ¿La tendremos para tocar
la de usted cuando ya no esté presente? Hay una manera de que usted proteja
su buena imagen después de muerto. Veamos un caso práctico.

En un spot publicitario español, un avión repleto de niños despliega filas
de monitores en los que aparece una señora con un peinado que quiere hacerla
similar a Marilyn Monroe.  La actriz canta  "feliz cumpleaños" en inglés, y
pone una entonación muy similar a la que Marilyn utilizó felicitando a John
Kennedy, sustituyendo la palabra "president" por el equivalente inglés de
"pasajero". Una frase sobreimpresionada en la parte inferior muestra que ese
anuncio se ha podido realizar gracias a que se han pagado derechos de
emisión a los defensores legales de la imagen de Marilyn. Pero Marilyn ¡no
está!.

Fíjense en esto: los derechos de reproducción de la canción "Happy birthday"
pertenecen (según bronzepig.com)al ex-beatle Paul McCartney; los derechos
del peinado de Marilyn no parecen en mi consulta cibernética (¿alguien ha
visto a un peluquero diciendo "este peinado no lo hacemos aquí, porque los
derechos son muy caros"?) y me temo que en el registro de la propiedad
intelectual no permiten reservar formas de pronunciación (el juicio de
Chiquito de la Calzada contra Pepe Navarro aludía a las palabras utilizadas,
no al modo de recitarlas).

Pero, al parecer, el anuncio "recordaba" a Marilyn; jugaba con el
Œarquetipo¹ de Marilyn. De modo que eran los protectores de imagen de
Marilyn (según su website, la empresa CMG wordwide, también gestores de
James Dean, Bettie Page, Oscar Wilde y el Musculoso Charles Atlas) los que
aparecían reflejados en pantalla.

En principio se podría haber realizado ese anuncio sólo pagando derechos por
cumpleaños feliz (una canción que, según cálculos, genera unos beneficios de
un millón de dólares al año). Pero valía más la pena pagar a la persona
imitada que correr el riesgo de un juicio por uso ilegal.

La cosa va más lejos. En un programa de televisión, un publicista aireó
algunos spots que nunca se emitieron porque el anunciante se echó atrás en
el último momento. El que nos interesa es un anuncio descartado de Danone.
En él, la abuela de superman nutre a su nieto con yogur de cereales y este
crece para hacer el bien a la humanidad. Cabría pensar que para realizarlo
bastaba con pagar a la DC comics los derechos por usar al personaje. Pues
no; los estudios de cine que realizaron la película Superman también querían
cobrar derechos porque ¡¡el actor se parecía mucho a Christopher Reeve!!. El
anuncio no se realizó porque había que pagar dos veces por los mismos
derechos, y por el miedo a las represalias legales... ¡¡a causa de las leyes
de la genética!!

Retomemos ahora aquel "símbolo definitivo de que vivimos en democracia".
¿Podemos poner en un anuncio a alguien que recuerde a Marilyn Monroe
metiéndose algo grande en la boca? Sólo si lo permiten sus protectores
legales. Si lo hacemos a sus espaldas, sabemos que tendremos tras nuestras
cabezas a los representantes legales del ente etéreo ŒMarilyn¹. Pero si lo
hacemos con Hitler... ¿Tiene alguien registrado a Hitler? ¿Tiene alguien
registrados los derechos de imagen de Francisco Franco? En otras palabras,
¿travestir la imagen de franco es...?:

1) ¿Œun símbolo definitivo de que estamos en democracia¹? (¿ Es realmente
éste el deseo del pueblo? ¿Es verdaderamente el deseo de la ciudadanía
maquillar a antiguos jefes de estado, o es tener una sanidad buena y
competente? Solución: su deseo es que un equipo deportivo del país gane una
competición internacional).

¿O bien, 2) un claro indicativo de que un bufete de abogados no te va a
someter a la rotunda ley de propiedades?

Yo, particularmente, me inclino por lo segundo.

Así que si quieren que su prestigio, su imagen y su dignidad se mantengan
cuando ustedes ya no estén aquí, pónganlo en manos de los abogados. Tengan
un hijo que conocerá poca gente, planten un árbol que no habrá quien
encuentre, escriban un libro que termine en el montón del reciclaje y ­esto
sí es importante- registren su imagen. Pónganse un copyright, como las latas
de refresco.

De acuerdo, nadie leerá tu biografía, pero al menos nadie te pintará
morritos después de muerto y sacará beneficio con la broma.




***




Raul Minchinela



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#82 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Sáb, 21 de Sep, 2002 7:26 pm
Asunto: modem 063 - Camino de santidad
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por Raúl Minchinela



nº 63  -   Camino de santidad
 
 
 
Terminabas haciéndolo a propósito. Entrabas en las iglesias a cualquier hora
entre las once y las ocho y estaban oficiando. Siempre estaban oficiando.
Siempre había misas y gente de rodillas en los pasillos, como buscando una
revelación mediante el trabajo en horas extras. Era como estar viendo un
curso intensivo de cristianismo, donde se quisiera alcanzar un cupo de
oraciones completadas antes de la fecha de entrega. Como el repaso
exhaustivo la semana antes del examen final, reproducido con la opción de
avance rápido. En todas partes, a todas horas.
 
Eso era Cracovia a mediados de agosto de 2002,  días antes de la visita del
papa Wojtyla. Juan Pablo segundo nació en  Wadowice, un pueblo cercano a
Cracovia, y ejerció como obispo en la ciudad misma entre 1958 y 1967. Desde
esa perspectiva se comprende la locura: su foto está en todas partes; en los
escaparates de las zapaterías, de las papelerías, de los multicopistas.
Varias versiones de una misma imagen homologada del papa: difuminado hacia
los extremos, acompañado por dos pequeños ángeles, radiando tras de sí
franjas de tinta amarilla. Una variante muestra a Juan Pablo segundo
poniéndose en los ojos dos lentes construidas al unir los índices y los
pulgares, y luce muy apropiadamente en el escaparate de una óptica. Una
combinación asombrosa muestra al Papa rodeado de docenas de sostenes en el
escaparate de una lencería.
 
Karol Wojtyla está congelado en sus imágenes de los ochenta y tiene un
aspecto sano y vigoroso de hace exactamente veinte años. En el lugar se
masca una sensación de solución final: es como si volviera a casa para
despedirse -tiene prevista una comida con sus compañeros del colegio, los
que todavía viven-, o para no irse nunca. Hay algunos que optan
concienzudamente por la inmortalidad de Wojtyla. No morirá nunca. Esa muerte
es la que potencia todas las oraciones. Sea para venir o para no venir, está
la oración, permanente, antes de la gran misa final.
 
En la plaza del ayuntamiento, mientras se instala una efigie del papa que
cubre buena parte de la fachada de la catedral, suena el cumbayá con su
acompañamiento de guitarra y su coro de personas satisfechas de conocer la
letras. Ves monjas, monjes, laicos, mochileros creyentes, y muchos, muchos
boy scouts que han sido aleccionados para servir de ayudantes a los
visitantes. Llevan mucho tiempo entrenándose para estos días. Siempre tienen
una sonrisa en la boca, un pañuelo en el cuello y un brazalete en el
antebrazo. La imagen que más debería tranquilizar a los visitantes es la que
los deja más inquietos.
 
La purificación va más allá. En Cracovia ha quedado prohibido el alcohol
hasta que termine el domingo y el papa haya abandonado la ciudad. Durante
cuatro días no se pueden servir bebidas alcohólicas. En restaurantes de
nivel no hay refrescos, así que puedes optar por el agua, leche agria con
unas extrañas hierbas flotando o un líquido similar al almíbar de conserva
pero rebajado con agua. Los policías, para nuestra sorpresa, hacen presencia
en los supermercados. Los locales se toman todo sorprendentemente bien.
 
La prohibición cayó como una sorpresa. Estaba hablando con Anja, en un bar
céntrico, en una primera planta, tomando un licor que sabía a miel
fermentada, servido muy caliente. La madre de Anja había sido miembro del
movimiento Solidaridad cuando estaba prohibido en el país, y contaba con la
distancia que da el tiempo aquellos paquetes que en navidad le enviaba un
profesor alemán de básica, que tenía, para alegría de todos, jabón en polvo
y comida y chocolate. Alguna de la narración me recordaba las narraciones
familiares sobre la posguerra, con detalles muy significativos. En Cracovia,
al parecer sólo había dos modelos de jersey. La mitad de la ciudad llevaba
uno, y la otra mitad, el otro. Había que hacer cola para todo, y había
personas que se ganaban la vida haciendo cola para otros, noche y día,
turnándose con miembros de la familia, hasta que llegaba tu turno y podías
obtener una estantería, una puerta, una radio. La conversación fue
interrumpida por un aviso. Ultimas copas. Dos minutos para las doce.
Empezaba el periodo de corrección. Como si las misas se oficiaran con
gaseosa, como si las bodas de Canaan se hubieran celebrado con gaseosa de
sobre.
 
Poco antes de abandonar el bar nos contaban que entre la gente de cierta
edad había un buen número que todavía miraban el comunismo como ³los buenos
tiempos². Cualquier tiempo pasado. El argumento que nos enarbolaban era que
en la época todo lo que había lo podías conseguir: era cuestión de hacer
cola, digamos. Ahora veían cruceros en los que jamás podrían subirse, Ropa
que jamás podrían comprar, masajes que nunca recibirían, y que eso llevaba a
la depresión. El poder tener todo lo que ves te permite no sentirte
fracasado, que no te vean los demás como un tipo inferior.
 
Por un momento pensé en la práctica cristiana de la misma manera que
comentaban los tiempos comunistas de Polonia: ese lugar donde, sin importar
tu forma o condición, te ponías a la cola para conseguir tus peticiones.
Donde no había atajos ni elementos inalcanzables; una cuestión de sufrir
(porque a este mundo se viene a sufrir, gran invento el del pecado original)
y de insistir por tu turno por el método establecido (en las estaciones de
tren mediante la presencia física, en las iglesias mediante ruegos y
preguntas).
 
Y de alguna manera veía como el exceso le daba la vuelta a los valores: el
espectáculo de los sostenes era un pecado venial, mientras que el beber
alcohol era un pecado intolerable.
 
La multitudinaria misa del domingo se ofició, obvío decirlo, con vino. Ahí
tenían a la gran celebridad, haciendo ostentosamente lo que se había
prohibido a todos los ciudadanos, con vaso de lujo y mostrándolo bien alto
para las cámaras.
 
Para entonces yo ya había huido y estaba participando en una performance en
Graz con una Barbie de metro y medio. Creo que ustedes habrían hecho lo
mismo.




***




Raul Minchinela



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"Si a Carlos Marx le hubieran asegurado que un día no lejano los obreros
ingleses irían de vacaciones a Capri conduciendo su propio automóvil
climatizado y pedirían el libro de reclamaciones en un restaurante para
protestar porque la cerveza no estaba suficientemente fría, ¿acaso hubiera
escrito El Capital?"
Manuel Vicent, "Visionarios"
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#81 De: "Raul Minchinela" <abz@...>
Fecha: Vie, 13 de Sep, 2002 8:47 pm
Asunto: modem 062 - Off-on Hiel
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por Raúl Minchinela



nº 62  -   Off-on Hiel



Pongámonos melodramáticos.

Ubíquense en el Lantaren/Venster, un recinto que habitualmente cumple las
funciones de filmoteca de Rotterdam. Esta noche el espectáculo es un
concierto para voces, orquesta y música electrónica pregrabada. La pieza se
titula "Ofaniel (ángel de la luna)" y está compuesta por Felipe Pérez
Santiago, compositor mejicano afincado en Holanda. Trata de una chica que
persigue el sueño de sobrevolar de noche una gran ciudad; para ello,
amparada por el ángel cuyo nombre da título a la obra, utiliza la tecnología
para fabricarse unas alas con las que sobrevuela la metrópolis junto a
Ofaniel, hasta que la sobrecarga de información acaba malhiriéndola. Nos
encontramos en el sexto movimiento, que se titula La Muerte. Nuestra
protagonista, tumbada y entubada en la pantalla proyectada tras la orquesta,
es acompañada por un pitido que responde a sus latidos y por la respiración
ronca de un pulmón artificial. La orquesta, sobre estos ritmos vitales que
marcan el tempo del movimiento, ya ha construido un crescendo lleno de
sentimiento y ha vuelto a descender, igual que descendían las constantes
vitales, suavizando el sonido polifónico hasta dejar la música de un único
oboe. Las lentas notas del único instrumento señalan, bajo la tensa mirada
de Ofaniel, el inminente apagado y cierre de la existencia de la
protagonista.

No se si ustedes han sintonizado con la situación: una chica-ángel moderno
(que ya conocemos de cinco movimientos y un programa de mano), bajo a atenta
mirada de un ángel clásico, muere poco a poco, con la respiración mínima de
un oboe...

...y entonces suena un teléfono móvil.

Una ola de asombro y de absoluta indignación recorre el auditorio mientras
las cabezas giran hacia la butaca de donde proviene el sonido. ¡La muy
idiota ha olvidado apagar su móvil! Más allá del respeto hacia los músicos o
los asistentes: ¡tenía que ser precisamente ahora! ¡En el momento de la
muerte! ¡Interrumpiendo nada menos que la catarsis!

Pónganse en su lugar: la catarsis, el proceso en el cual el espectador
descubre que la narración que tiene delante -una obra de teatro, una novela,
una ópera como la que nos ocupa- no es la historia ficticia de un personaje
imaginario, sino que a través del personaje están hablando de él, del
espectador, nada menos. Esa catarsis de la muerte alcanzada después de un
esfuerzo sobrehumano por conseguir un sueño inalcanzable es lo que desea la
audiencia. Ellos también están tras algo grande que los derrota todo el
tiempo. Es ese momento de elevación, de bendición al esfuerzo íntimo de cada
asistente, ha venido esta... interrupción... ¡que no deja de sonar! ¡La muy
torpe no lo coge! ¿Se habrá quedado paralizada por los ojos que la observan
y que siguen aumentando en número? Ah, ya lo tiene en la mano cuando desde
varias filas más atrás ...se dispara otro teléfono.

Parece imposible. La vergüenza que flota en el aire se te pega a la ropa. La
orquesta sigue en su interpretación, ese fagot de sufrimiento eterno,
mientras están sonando dos...

...tres... cuatro... una nube de sonidos de teléfono móvil viene desde los
altavoces que emiten el sonido electrónico pregrabado, como una
avalancha,...

...y entonces llega la catarsis.

Todas aquellas personas que habían desconectado su móvil y notaban su
presencia como la de su reloj de pulsera reconocen la historia de la
protagonista: la muerte por sobrecarga de información vehiculada mediante la
tecnología; el pago justo por la necesidad incontrolable de sobrecargarse
permanentemente de estímulos, de electricidad, de anuncios, de voces
congeladas en buzones de voz . Eran sus historias. Una historia que habían
dejado en pausa brevemente para la actuación, y que retornaría en la puerta
al teclear la clave de acceso.

La gracia de todo esto estaba en que precisamente era esa rotura la que
había conseguido que la audiencia supiese que habían hablado de ellos. En
que habían recibido tanta culpa como la que habían emitido cuando sonó el
primer teléfono. Cada uno recibía exactamente el mismo número de insultos
que los que había dicho. Cada uno recibía la misma cantidad de culpa que
había intentado transmitir. La definición misma de justicia poética, algo
que debería ejecutarse con los exfumadores y los cristianos de pecado venial
y los partidarios de que el derecho de admisión sea *muy* reservado, entre
otros muchos. Ahora estás en el grupo que tanto te gusta marcar. No haber
cogido el lápiz.

Ahora, los que se sentían observados no eran los músicos que habían
disparado sus móviles desde butacas estratégicamente reservadas. Ahora las
miradas de todos evitaban las de los demás y se concentraban en el escenario
de forma vaga, sólo para ver cómo, para su vergüenza interna, terminaba el
movimiento.

Algunos minutos más tarde, marcando el final de la obra, oirían, después del
último sonido analógico y antes de consultar sus teléfonos, una última frase
pregrabada en una voz conocida. "Er zijn geen nieuwe berichten".

"No tiene mensajes nuevos."




***




Raul Minchinela



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Manuel Vicent, "Visionarios"
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#80 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Lun, 17 de Jun, 2002 6:31 pm
Asunto: transversal - foto 360 grados -secc4-
raulmodem
Sin conexión Sin conexión
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Hola,

con esta carta viene una pelicula Quicktime que, si tienes instalado el quicktime 5 o superior, te permitirá ver una foto de 360 grados de la instalación cuatro de transversal. Las telas de la pared son el "cine" donde se proyecta el video.

Funciona arrastrando el raton dentro de la pelicula. Pincha y mueve el raton con el botón todaaavía pulsado.

Disculpa los codigos de tiempo de las esquinas.

Las horas y fechas de la expo siguen abajo, como la direccion de la webcam

Abrazos,





Raúl Minchinela

autor@...

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Exposición Transversal

El lugar: Campus Universitario Actur  - Edificio Betancourt
        ( Escuela de Ingeniería técnica )
       Zaragoza

El horario: Lunes a Viernes, de 9:00h a 21:00h
         Sabados de 9:30 a 13:30 h

El precio: Gratis total

Las fechas: desde ya mismo hasta que acabe junio

_________________________________________________

La exposición Transversal en internet

La exposición Transversal en internet
http://expotransversal.20m.com
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Camara digital retransmitiendo la exposición transversal a través de internet

http://www.lasombradelsol-laluzdelaluna.com/realvideo/sombra5.htm
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Web del proyecto genérico  "La Sombra del Sol- La Luz de la Luna"
http://www.lasombradelsol-laluzdelaluna.com
_________________________________________________

Web de Transversal - Realidad virtual (sistema operativo Windows)
http://vrtransversal.20m.com
_________________________________________________

Dossier de prensa de la exposición Transversal (formato PDF)
en español:
http://prensatransversal.20m.com
_________________________________________________

Transversal exhibition Press Release (PDF format)
in English:

http://presstransversal.20m.com
_________________________________________________


#79 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Vie, 10 de Mayo, 2002 4:45 pm
Asunto: Exposicion Raul Minchinela - Transversal
raulmodem
Sin conexión Sin conexión
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Hola!

Junto a esta carta debería estar incluido un archivo con formato PDF, pero las conexiones por modem y la agilidad de los buzones de correos podrían alinearse para que se acordase usted de mi familia.

De modo que lo he colgado en la direccion
http://prensatransversal.20m.com

que aparece listada junto con otras webs de interés al final de este correo.

Asi todo irá más fluido.

Descargelo y atienda especialmente al capítulo "la propuesta en breve".

Un saludo y un 'siempre a su disposición'


***



UN INGENIERO INDUSTRIAL Y UNA DISEÑADORA GRÁFICA
DISECCIONAN EL ARTE CONTEMPORÁNEO EN UNA EXPOSICIÓN.


Las obras de arte, las falsificaciones, las producciones en serie y la interpretación del arte se funden en una exposición llena de paradojas y de humor. El objetivo es conseguir que el público desarrolle un criterio propio de valoración del arte.

Estos argumentos cimentan la exposición "Transversal", que estará presente desde el 23 de mayo en la Escuela de Ingenieros Técnicos de Zaragoza (Maria de Luna,5. Pol. Actur)


Raúl Minchinela, creador de la exposición, y Miriam Piquer, directora de arte, han construido un cuestionario-laberinto en el que analizan los principales baremos de apreciación del arte contemporáneo. Entre ellos, se reflexiona sobre el papel del público en la obra de arte, la investigación del artista y la relación entre la intención del autor y el mensaje percibido.

La exposición está encuadrada dentro del proyecto genérico "La Sombra del Sol- La Luz de la Luna" dirigido por la compañía Dies Irae. Este grupo cosechó un gran éxito de público con la instalacion Noah Red, que tuvo lugar en Enero en el Auditorio de Zaragoza.

Junto a Transversal, se presentan en el mismo edificio otras dos propuestas del proyecto general. "Vivos", de Susana Martinez, ocupa el espacio con sombras de vidas pasadas y pensadas. "Espacios para el momento-Sombras para la duda" de Nemesio Mata, realiza un grabado de grandes dimensiónes hermanando el proceso con un espectáculo de danza.


***




Raúl Minchinela

autor@...

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La exposición Transversal en internet
http://expotransversal.20m.com
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Web del proyecto genérico  "La Sombra del Sol- La Luz de la Luna"
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Web de Transversal - Realidad virtual (sistema operativo Windows)
http://vrtransversal.20m.com
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Dossier de prensa de la exposición Transversal (formato PDF)
en español:
http://prensatransversal.20m.com
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Transversal exhibition Press Release (PDF format)
in English:

http://presstransversal.20m.com
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#78 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mié, 17 de Abr, 2002 4:31 pm
Asunto: modem 061 - Cruces como neones
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por Raúl Minchinela



nº 61  -   Cruces como neones




Supongamos que leen ustedes este titular en la sección de sucesos:

El apuñalador de las esvásticas alega enajenación mental transitoria.

Mejor ubiquémosla en deportes.

El apuñalador de las esvásticas, tras su asesinato en las inmediaciones del
estadio, alega enajenación mental transitoria.

Seguro que en el primero de los casos no se creen la excusa, y en el segundo
la descartan definitivamente. El que los neonazis luzcan con orgullo
símbolos que de forma colectiva asociamos con el mal, lleva como
consecuencia que todo acto depravado que realicen ha sido necesariamente
voluntario. Diga usted en un bar en voz alta que a un neonazi se le pueden
cruzar los cables igual que al resto de los seres humanos ­recuerden la
España negra- y le tratarán a usted como a un completo idiota. Un neonazi
abarrotado de símbolos violentos lo lleva buscando desde el momento en que
se los compró, amigo. No me venga con historias.

Los neonazis, mirando más allá de la imaginería que lucen, me llaman mucho
la atención. Igual que lo hacen los satanistas que presumen de ello ante la
concurrencia.
Quiero decir, si una persona va a ejercer el mal, pero el mal de verdad, con
el parque de Doñana inundado de combustible o con cien familias aplastadas
por derrumbe a causa de la aluminosis o con la fabricación de bombas de
cincuenta megatones, se cuida mucho de no llevar en la espalda  un neón
parpadeante con el mensaje "he hecho y seguiré haciendo barbaridades". En su
lugar se asegura de lucir un traje de marca en el que el cinturón haga juego
con los zapatos. No es necesario hacer ostentación del mal: no necesita
publicitarse. Llega gente suficiente sin necesidad de buzonear trípticos
informativos.

Y sin embargo, ahí están los neonazis, con una cruz gamada enhiesta que dice
"que malo soy" en letras luminosas.

En el lenguaje convencional, el término neonazi no está asociado ­como
cabría pensar tomando la palabra por si misma- a los seguidores de una
cierta tendencia contemporánea que modifica los principios fundamentales del
nacionalsocialismo; está asociado de manera prácticamente específica a las
personas que despliegan ostentosamente símbolos nacionalsocialistas. Una
persona es calificada de nazi por su ideología, pero la palabra neonazi, en
lugar de alumbrar una cuestión ideológica, apoya sus cimientos en los
símbolos.

(Incluso se sobreentiende que el neonazi es una persona con un nulo
conocimiento acerca de la ideología a la que se le asocia y, por supuesto,
acerca de todas las demás. Es como si los convencimientos de los neonazis
fueran una especie de lógica básica, de mecanismo mental esencial que
compartimos los humanos. Es como decir que razonan su existencia -noten la
contradicción- alrededor del sentido común).

De modo que tiendo a pensar que los neonazis son una especie de ONG que se
encarga de recordarnos que el mal existe. Nuestra obsesión por dejar el mal
fuera de vista, o más aún, por convertirlo en transparente, en invisible,
tiene un escollo importante en estas personas que insisten en lucir
ostentosos carteles que nos confirman que el mal existe.

No digo que lo hagan voluntariamente, por supuesto, pero los mecanismos son
lo suficientemente inquietantes como para llamar la atención. No sólo
enarbolan los símbolos sino que además se encargan, de una manera
espontánea, de la salvaguarde de esos símbolos. Hace poco vi una maqueta de
spot -que no aprobó la compañía- en la que Hitler caía al suelo porque una
de las personas que se cuadraba brazo en alto no había utilizado el
desodorante en cuestión. Imagino a los neonazis destruyendo en el suelo
cajas y cajas del producto por mofarse del Führer. Son los sacerdotes
integristas del código estético del mal. Volver a conseguir otra
imagen-fuerza, de representación global, que siga representando el mal, es
tan difícil que el esfuerzo se debe concentrar en conservar las que tenemos.
Los símbolos sólo representan ideas-fuerza si infunden respeto.

Además, las técnicas del marketing ­de un producto con escaso beneficio
social, recuerden el neon- aparecen de una manera patente. Se encargan de
estar presentes, aireando enormes telas con símbolos del terror en lugares
de acceso público, con gran aforo y donde las cámaras cubran un buen número
de ángulos. Igual que en las telecomedias los cereales y el cacao del
desayuno aparecen de fondo publicitándose; ahí están durante el telediario,
tres emisiones por día y canal, junto a la portería ­que es donde se centra
la atención-, en una esquina de la imagen. Los angloparlantes lo llaman
product placement. No hay grupos ultraderechistas en las eliminatorias de
waterpolo ni en las semifinales de bádminton. No les dedican suficiente
metraje; no hay forma de colar el producto.

El exhibicionismo de la iconografía de la mal, la manía de autoseñalarse
como la persona que va a cometer el próximo delito, sólo puedo comprenderla
a partir del principio que enuncia que "la naturaleza siempre llena el
vacío". En este caso, el vacío que nuestra auto santidad ha creado. La falta
del maldad es falsa y es llenada de forma instintiva. Si no hubiese
neonazis, los estadios se llenarían de satanistas. O cualquier otra cosa. El
vacío se llenaría naturalmente. Y los neones serían igualmente luminosos.

Claro que no tengo el valor de decirles a estos chicos todo esto. Primero,
porque eso de la ultraderecha es una cosa como muy yo-no-soy-como-los-demás,
y el enterarse de que realizan una labor de servicio al colectivo podría ser
contraproducente.

Y segundo, porque nunca se sabe cuándo te puedes encontrar con una
enajenación mental transitoria.








***


No hay excusas para el retraso, pero sepan ustedes que no es de mi gusto. En
breve, terminamos este "arco argumental" de la congelación del mal. Para
alivio de buen numero de ustedes.


Y en un poquito más de tiempo, les contaré algo sobre el arte contemporáneo
y los espacios vacios.

Permanezcan en sintonía

***




                     Raul Minchinela



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Manuel Vicent, "Visionarios"

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#77 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mié, 17 de Abr, 2002 5:42 pm
Asunto: modem 061 - Cruces como neones
raulmodem
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por Raúl Minchinela



nº 61  -   Cruces como neones




Supongamos que leen ustedes este titular en la sección de sucesos:

El apuñalador de las esvásticas alega enajenación mental transitoria.

Mejor ubiquémosla en deportes.

El apuñalador de las esvásticas, tras su asesinato en las inmediaciones del
estadio, alega enajenación mental transitoria.

Seguro que en el primero de los casos no se creen la excusa, y en el segundo
la descartan definitivamente. El que los neonazis luzcan con orgullo
símbolos que de forma colectiva asociamos con el mal, lleva como
consecuencia que todo acto depravado que realicen ha sido necesariamente
voluntario. Diga usted en un bar en voz alta que a un neonazi se le pueden
cruzar los cables igual que al resto de los seres humanos ­recuerden la
España negra- y le tratarán a usted como a un completo idiota. Un neonazi
abarrotado de símbolos violentos lo lleva buscando desde el momento en que
se los compró, amigo. No me venga con historias.

Los neonazis, mirando más allá de la imaginería que lucen, me llaman mucho
la atención. Igual que lo hacen los satanistas que presumen de ello ante la
concurrencia.
Quiero decir, si una persona va a ejercer el mal, pero el mal de verdad, con
el parque de Doñana inundado de combustible o con cien familias aplastadas
por derrumbe a causa de la aluminosis o con la fabricación de bombas de
cincuenta megatones, se cuida mucho de no llevar en la espalda  un neón
parpadeante con el mensaje "he hecho y seguiré haciendo barbaridades". En su
lugar se asegura de lucir un traje de marca en el que el cinturón haga juego
con los zapatos. No es necesario hacer ostentación del mal: no necesita
publicitarse. Llega gente suficiente sin necesidad de buzonear trípticos
informativos.

Y sin embargo, ahí están los neonazis, con una cruz gamada enhiesta que dice
"que malo soy" en letras luminosas.

En el lenguaje convencional, el término neonazi no está asociado ­como
cabría pensar tomando la palabra por si misma- a los seguidores de una
cierta tendencia contemporánea que modifica los principios fundamentales del
nacionalsocialismo; está asociado de manera prácticamente específica a las
personas que despliegan ostentosamente símbolos nacionalsocialistas. Una
persona es calificada de nazi por su ideología, pero la palabra neonazi, en
lugar de alumbrar una cuestión ideológica, apoya sus cimientos en los
símbolos.

(Incluso se sobreentiende que el neonazi es una persona con un nulo
conocimiento acerca de la ideología a la que se le asocia y, por supuesto,
acerca de todas las demás. Es como si los convencimientos de los neonazis
fueran una especie de lógica básica, de mecanismo mental esencial que
compartimos los humanos. Es como decir que razonan su existencia -noten la
contradicción- alrededor del sentido común).

De modo que tiendo a pensar que los neonazis son una especie de ONG que se
encarga de recordarnos que el mal existe. Nuestra obsesión por dejar el mal
fuera de vista, o más aún, por convertirlo en transparente, en invisible,
tiene un escollo importante en estas personas que insisten en lucir
ostentosos carteles que nos confirman que el mal existe.

No digo que lo hagan voluntariamente, por supuesto, pero los mecanismos son
lo suficientemente inquietantes como para llamar la atención. No sólo
enarbolan los símbolos sino que además se encargan, de una manera
espontánea, de la salvaguarde de esos símbolos. Hace poco vi una maqueta de
spot -que no aprobó la compañía- en la que Hitler caía al suelo porque una
de las personas que se cuadraba brazo en alto no había utilizado el
desodorante en cuestión. Imagino a los neonazis destruyendo en el suelo
cajas y cajas del producto por mofarse del Führer. Son los sacerdotes
integristas del código estético del mal. Volver a conseguir otra
imagen-fuerza, de representación global, que siga representando el mal, es
tan difícil que el esfuerzo se debe concentrar en conservar las que tenemos.
Los símbolos sólo representan ideas-fuerza si infunden respeto.

Además, las técnicas del marketing ­de un producto con escaso beneficio
social, recuerden el neon- aparecen de una manera patente. Se encargan de
estar presentes, aireando enormes telas con símbolos del terror en lugares
de acceso público, con gran aforo y donde las cámaras cubran un buen número
de ángulos. Igual que en las telecomedias los cereales y el cacao del
desayuno aparecen de fondo publicitándose; ahí están durante el telediario,
tres emisiones por día y canal, junto a la portería ­que es donde se centra
la atención-, en una esquina de la imagen. Los angloparlantes lo llaman
product placement. No hay grupos ultraderechistas en las eliminatorias de
waterpolo ni en las semifinales de bádminton. No les dedican suficiente
metraje; no hay forma de colar el producto.

El exhibicionismo de la iconografía de la mal, la manía de autoseñalarse
como la persona que va a cometer el próximo delito, sólo puedo comprenderla
a partir del principio que enuncia que "la naturaleza siempre llena el
vacío". En este caso, el vacío que nuestra auto santidad ha creado. La falta
del maldad es falsa y es llenada de forma instintiva. Si no hubiese
neonazis, los estadios se llenarían de satanistas. O cualquier otra cosa. El
vacío se llenaría naturalmente. Y los neones serían igualmente luminosos.

Claro que no tengo el valor de decirles a estos chicos todo esto. Primero,
porque eso de la ultraderecha es una cosa como muy yo-no-soy-como-los-demás,
y el enterarse de que realizan una labor de servicio al colectivo podría ser
contraproducente.

Y segundo, porque nunca se sabe cuándo te puedes encontrar con una
enajenación mental transitoria.








***


No hay excusas para el retraso, pero sepan ustedes que no es de mi gusto. En
breve, terminamos este "arco argumental" de la congelación del mal. Para
alivio de buen numero de ustedes.


Y en un poquito más de tiempo, les contaré algo sobre el arte contemporáneo
y los espacios vacios.

Permanezcan en sintonía

***




                     Raul Minchinela



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"Si a Carlos Marx le hubieran asegurado que un día no lejano los obreros
ingleses irían de vacaciones a Capri conduciendo su propio automóvil
climatizado y pedirían el libro de reclamaciones en un restaurante para
protestar porque la cerveza no estaba suficientemente fría, ¿acaso hubiera
escrito El Capital?"
Manuel Vicent, "Visionarios"

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#76 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mié, 13 de Mar, 2002 7:20 pm
Asunto: modem 060 - El martirio revelado
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por Raúl Minchinela



nº 60  -   El martirio revelado



El modelo de la congelación del mal se aplica fuera de España con una
simetría inquietante. Bajo su luz toman sentido muchos axiomas del
funcionamiento occidental: el que cree en la separación de las izquierdas y
las derechas, el que cree en la separación del bien y del mal, el que piensa
que el ying y el yang entrelazados no pasa de ser un bonito motivo para las
alfombras. Axiomas que revierten en la perspectiva del mundo desde la
civilización occidental ­léanse los telediarios y en consecuencia nosotros-
y finalmente en las zonas del planeta en las que mete mano occidente, que
aunque disfruten de independencia económica acaban sometidos/seducidos por
el poder de propaganda de este lado del mundo. Los nuevas guerras incluyen
planos de los labios perfectos.

Para aplicar nuestra teoría al ámbito internacional es necesario cambiar los
decorados y los nombres, pero los mecanismos son inquietantemente similares,
por no decir idénticos. El centro del sistema orbital, la figura de Franco
que tanto hemos mentado sobre la situación nacional, toma otra cara y otro
cuerpo, pero conserva todas sus propiedades. Adolf Hitler representa
igualmente la maldad suprema, perteneciente a un país extraño  (nótense los
esfuerzos de los nacionalismos por poner a Franco Œen tierra extraña¹,
incluido el de su Galicia natal), y congelada en  el lugar ­mejor dicho, en
un tiempo- al que no puede llegar nadie. Es curioso que las imágenes
icónicas de Hitler y Franco sean coincidentes en el tiempo (en términos
históricos; recuerden que Buda y Confucio son del siglo 4 antes de cristo y
veinticuatro antes de ustedes) y paralelas al desarrollo del potente mundo
audiovisual. Noten que Hitler representa, frente a Franco, una idea muy
superior del mal también dentro de nuestras fronteras, una más que posible
consecuencia de la seducción del mundo audiovisual. Y esa idea muy superior
se ha tornado mítica. La derrota de la armada alemana en la segunda guerra
mundial no es infinitamente superior del final de la primera gran guerra,
pero ha servido para dar a luz un nuevo testamento, del que en muchos casos
somos fieles integristas, cuyos mandamientos se resumen en uno: "honra
permanentemente a los que estuvieron presentes cuando el mal tomó carne".

La derrota de esa la maldad eterna e inmutable, a la luz de ese nuevo
catecismo, nos empuja en dos tramos principales. Por un lado nos fuerza a
agradecer ­también eterna e inmutablemente- a nuestros principales
salvadores. Y por otro nos obliga a compensar ­también eterna e
inmutablemente- a sus principales víctimas.

La primera parte ­los salvadores y el agradecimiento- es la más llamativa
para los aficionados a la mercadotecnia. Muchos de los que han analizado el
desarrollo de la segunda guerra mundial se empeñan en señalar a Rusia como
el principal agente de la derrota nazi, pero poco pueden hacer ante los
mecanismos de propaganda. Estados Unidos se ha forjado a base de directores
de fotografía un sólido prestigio como "el ángel frente al demonio nazi",
pese a que los tuvo en sus filas en su abierta lucha contra el comunismo.
Oh, sí , claro, fue un gran escándalo cuando se descubrió que los
representantes europeos de la Liga Mundial Anticomunista eran antiguos
oficiales de la SS, pero quién se acuerda de eso. Lo que se repone en las
matinales de cine es el Desembarco de Normandía. Y en technicolor.

La segunda parte toma cuerpo en el legendario sufrimiento del pueblo judío.
Los hebreos no fueron los únicos que sufrieron la infame supremacía aria:
ahí estaban los lisiados y las diversas razas que los nazis encontraban en
los territorios ocupados. Pero, volvemos a la importancia de la historia
frente a las distribuidoras, es el que aparece y reaparece en los programas
dobles de media tarde. Santificados en su martirio en formato cinemascope,
tres pases por tarde.

Y si bien es justo hacer pagar a los culpables de la tragedia e indemnizar
­dentro de lo posible- a las víctimas, es demencial indemnizarles a base del
sufrimiento de personas inocentes. Y aún lo es más que cualquier persona,
incluso generaciones después y lejano en vinculación familiar, se crea
merecedor de esa indemnización por el hecho de compartir creencia. Es el
poder de las reposiciones: uno puede cobrar una y otra vez la compensación
por el accidente laboral del primo del cuñado de su abuelo, con el
beneplácito general.

La figura del pueblo judío como víctima eterna de la maldad del mundo entero
que se ensaña contra ellos, y la vergüenza global que nos posee, desemboca
en la situación de Israel y Palestina, que sangra en el momento de escribir
estas líneas.

Lo que la sostiene, convirtiendo a los culpables en inocentes y a los
martirizadores en mártires es la imagen que compartimos y que mantenemos: la
imagen que muestra el, perdón, *EL* martirio revelado. Revelado y
positivado.







                     Raul Minchinela



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Manuel Vicent, "Visionarios"

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#75 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mar, 26 de Feb, 2002 4:47 pm
Asunto: modem 059 - El motor de los nobles sin t ítulo
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por Raúl Minchinela



nº 59  -   El motor de los nobles sin título


El aspecto en el que veo más presente la congelación del mal es en la
presencia de los nacionalismos en España. Los regionalismos toman su fuerza,
aparte de por ser antifranquistas y por tanto opuestos al mal congelado, en
el convencimiento que tenemos todos de que nosotros somos estupendos,
nuestros vecinos contiguos son idiotas, y nuestros conciudadanos
suficientemente alejados como para no convivir diariamente son mucho mejores
que nuestros vecinos ­que también es mala suerte-. Todo ello se condensa en
una pintada que Valle-Inclán vio en una pancarta que daba entrada a las
fiestas de Haro y que decía lo siguiente: "bienvenidos todos los forasteros
menos los de Logroño". A fecha de hoy, los ejemplos son, si cabe, más
transparentes. En Tárrega, población catalana, pueden ustedes encontrar la
"Plaza de las naciones sin estado", que trasladado a un ejemplo paralelo se
podría traducir como "plaza de los que se creen marqueses pero no tienen
título nobiliario". Sólo es la punta del iceberg, pero es representativo del
combustible que mueve la máquina.

Curiosamente, en el momento en el que escribo estas líneas, los
regionalismos están directamente asociados con el antifranquismo. De modo
que imaginen mi sorpresa cuando, en la lectura del libro recopilatorio
"Democracia pero orgánica" me encuentro con el párrafo que transcribo a
continuación:

<<Comenzaba Rodrigo Varela su artículo recordando que el doctor Montoya y su
equipo de médicos eran "casi todos de fuera de la región y por lo tanto muy
dudosamente calificados para juzgar con pleno conocimiento su problemática
al primer golpe de vista", frase esta con la que parece querer hacerse
demagogia barata con los sentimientos regionales.>>

Varela, les cuento, pertenecía a la oposición conservadora que se oponía  al
plan de asistencia siquiátrica que se pretendía implantar en el siquiátrico
de Conjo en La Coruña. Varela era el ultraconservador, el "anti-progre", y
utilizaba "demagogia regionalista" para atacar los avances médicos
propuestos. El párrafo, por añadidura, está extraído de la revista Triunfo,
adalid intelectual de la resistencia a la dictadura, y está firmado por Luis
Carandell, catalán afincado en Madrid.

Y miren por donde, ahora ha cambiado el bando que utiliza la "demagogia
regionalista".

A fecha de hoy hay zonas en España donde esta "demagogia regionalista",
bendecida por un buen número de 'expertos' televisivos locales, se ha
convertido en pensamiento único. Cuando Mariscal, ya aceptada su mascota
para las olimpiadas, declaraba que Barcelona era un crisol de razas y
culturas a pesar de las acciones públicas, fue "sutilmente" inclinado a
retractarse. Nuestro público es uno, bueno, y viene de muy antiguo. Incluso
aunque tengamos que mentir sobre el tema. "La huella de los celtas en
Asturias  es uno de los camelos más impresionantes que hay", decía Gustavo
Bueno a la Hoja del Lunes. También en Cataluña se venden como costumbres
milenarias actividades inventadas después de franco y se resucitan "deportes
tradicionales" que el propio pueblo catalán, tan sabio como cualquier otro,
había decidido hace doscientos años que eran un aburrimiento insoportable.
Los temarios de la selectividad, que las nuevas generaciones tienen que
memorizar para poder progresar en sus estudios, reflejan un ideario bien
concreto. Poder ver más allá de la maraña de prensa-actos-publicidad-
pagada-por-los-bolsillos-de-todos requiere un esfuerzo de investigación
considerable. Los ideólogos de la administración enuncian que los
extranjeros deben integrarse en las peculiaridades regionales ­lavados de
cerebro- o ser expulsados ­lavados de la tierra-. Los canales regionales
logran milagros como convertir un programa navideño de billar de exhibición
en una hora de exaltación nacionalista. La demagogia nacionalista, por muy
virtual y frágil que sea a poco ojo clínico con que se la mire, es el
engranaje hipervisible de funcionamiento. Un tema con el que todos estamos
identificados, particularmente si nos coloca en el extremo ancho del embudo.

Ahora bien, si la demagogia regional franquista funcionaba igual que la
demagogia regional de los progres, en el sentido de que tenía efectividad
como arma y motivación, habrá que plantearse si el nacionalismo existe como
tal, es decir, si ofrece un proyecto diferente y viable de estructuración
social, o si por el contrario es una consecuencia de lo popular que es la
diferenciación con el vecino. En otras palabras, dado que el regionalismo es
tan popular ­inherente, diría yo, a la condición humana, en la que los
idiotas son siempre los demás- los nacionalismos son un movimiento político
para ponerse en el lado donde hay más votos, de la misma manera que los
presidentes que quieren ser reelegidos se hacen fotografías con el equipo de
fútbol que se proclama campeón. Así, el nacionalismo no es consecuencia de
un plan o una necesidad social, sino que es la organización social la que
está presa del motor que les ha erigido en votados. No son los nacionalistas
sino el nacionalismo ­individual, la actitud hacia el vecino- el vehículo
que camina. No son los administradores sino los egos inflados de los
votantes.

¿Cómo, entonces, explicar la estabilidad de un  sustento tan frágil? Porque
la alternativa al nacionalismo antifranquista es, por oposición lógica en la
definición blanco-negro de la propaganda, el mal. El mal congelado, pero el
mal al fin y al cabo. Quita a Franco y tendrás el sistema organizativo de
toda la vida: capitalismo católico-romano. No existe el proyecto
nacionalista más allá de, por un lado, el incremento del  bolsillo
electoral, y por el otro, la creación de un paraíso fiscal ­que es, obvio es
decirlo, el horizonte del verdadero independentismo-.Los nacionalismos
necesitan a franco para aguantarse igual que una cartulina apoyada en la
pared necesita a la propia pared. El nacionalismo sólo tiene sentido
­diferencial- como oposición, y no significa nada por sí mismo, o al menos
nada diferente.

Sólo es el mejor punto de venta para el fantasma del mal. Y el más rentable.




***






                     Raul Minchinela



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#74 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Lun, 18 de Feb, 2002 11:50 pm
Asunto: modem 058 - Todos maquineros
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por Raúl Minchinela



nº 58  -   Todos maquineros



La congelación del mal en España se nota particularmente en las películas
documentales. Cuando se habla de la España de los años sesenta, las imágenes
que aparecen en pantalla son siempre juguetones jóvenes moviendo el
esqueleto en las discotecas. Nada de personas trajeadas paseando por la gran
vía, con la camisa que obligatoriamente ­no me pregunten por qué- debían
tener un bolsillo en el pecho. Nada de operarios acudiendo a los polígonos
industriales. La sociedad española de los sesenta son jóvenes coloristas
moviendo la cabeza tanto o más que la cadera. Es como si a fecha de hoy
fuéramos todos maquineros que recorren la ruta del bacalao y las catedrales
del di-llei-resident.

Curiosamente, este año se ha roto la tendencia y la televisión nacional está
emitiendo una serie de ficción sobre una familia en tiempos de Franco. La
sola emisión de la serie fue considerada en diversos medios como retrógrada
y franquista, probablemente porque no sólo aparecen chicas en minifalda con
luces de colores. Porque está claro que durante la dictadura la gente no era
completamente libre ni completamente abierta, pero tampoco se encontraban
como los trabajadores de 1984. Y mostrar que no se sufría veinticuatro horas
al día es mermar la imagen del mal absoluto en el que yo, personalmente, me
he criado socialmente hablando. Cuando mis padres decían que con Franco no
se estaba tan mal, los miraba como fieles recién salidos de una secta con el
cerebro aún tocado por la experiencia. Porque la televisión ­mucho más sabia
a mis ojos juveniles- insistía en mostrar justo lo contrario. Lo que he
tardado mucho tiempo en entender es la importancia de la palabra "tan" en la
frase. ¿Tan malo como qué? Como lo que tenía en la cabeza un chaval que no
conoció la dictadura. Tan malo como se transmitía en los medios. Tan malo el
león como lo pintan.

Y muchos años después lo siguen pintando igual. Entre la guerra civil y los
jóvenes bailarines, España, para mi generación, es un vacío. Y oh sorpresa,
un vacío de lo más lógico y normal.

La congelación del mal es una decisión voluntaria. Es la conservación de un
pilar necesario para sustentar el barrizal que nosotros mismos hemos
organizado. Porque esa es otra. Los estudiantes melenudos fuimos nosotros,
pero también fuimos los policías vestidos de gris que corrían detrás. Los
funcionarios franquistas y los asistentes a las demostraciones nacionales no
llegaron del espacio exterior. Los comunistas escondidos y los defensores de
la integridad católica éramos nosotros. Y fuimos nosotros quienes decidimos
organizar una estructura que sólo funcionaba por oposición. Cualquier
decisión franquista era intrínsecamente obra del diablo, y en consecuencia
cualquier decisión contraria era una iluminación racionalista. Daba igual la
propiedad de la acción. La frase promocional ­no franquista- es mucho más
potente.

En particular durante la época franquista la unión soviética era la panacea
de todos los males, una especie de lugar paradisíaco con ríos de miel. Me
han contado marinos de la época que se llevaron una desilusión tremenda
cuando por fin pusieron pie en aquellas tierras. Pero me han contado otra
cosa aún más reveladora: que cuando relataban sus experiencias allí- con un
comisario acompañándote forzosamente durante toda la visita y con un
panorama bastante lejos de la utopía-, sus amigos de aquí no les creían. La
imagen es más importante que el objeto, el eslogan más crucial que el
producto.

Años después, cuando por fin llegó la izquierda al poder, España fue
incluida en una alianza militar en contra de los avisos electorales del
propio partido, que fue reelegido otras dos legislaturas. Las promesas
electorales dejaron de existir en un suspiro. Y lo que es más importante,
los programas electorales son, a ojos de todo el mundo, un elemento
innecesario que solo sirve para el humor. No se elige al candidato por lo
que propone, sino por la campaña que lo apoya. Tanto es así que en la
televisión española había un chiste que se repetía en los informativos y en
los programas de variedades cada vez que se mencionaba el nombre de cierto
político cuya consigna ­poco trabajada, pero ilustrativa- era "programa,
programa, programa". Anguita, que era el político en cuestión, era tratado
sistemáticamente como un loco idealista. Un no creyente de la estructura del
eslogan. Una persona preocupada de que se eligiese el detergente por su
acción y no por su envase.

Ahora estamos felices y contentos porque nuestro eslogan es el que nos
calma, y hemos creado estructuras que sólo se sustentan si se apoyan frente
a la idea del mal. Como una cartulina apoyada contra una pared.

Quita la pared y la cartulina caerá por sí sola.

Hay que sostener la pared a cualquier coste.



***






                     Raul Minchinela



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Manuel Vicent, "Visionarios"

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#73 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mar, 29 de Ene, 2002 9:03 pm
Asunto: modem 058 - Nuevo-ultra-progresista
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por Raúl Minchinela



nº 58  -   Nuevo-ultra-progresista





Están ustedes en un supermercado. Recorren la estanteria de productos de
limpieza pasando el dedo por las etiquetas. Lean conmigo. Nuevo. Acción
inmediata. Eficacia probada. Más blanco. Ultra. Mega. Plus. Anuncian por
megafonía que van a cerrar el establecimiento. Hay que decidir cuál se van a
llevar a casa.

No es una elección entre los tensioactivos aniónicos y los policarboxilatos:
es una decisión entre "blancura total" y "doble acción". Esos son los
argumentos. No consideramos pertinente incidir en los procesos de química
orgánica que suceden bajo nuestra bayeta, de modo que reducimos los
parámetros a lo puramente conceptual. Obviando las reacciones de los
radicales libres, me limito a decidir si super es mejor que ultra.

Los reclamos aparecen en las cajas porque funcionan. Un nuevo muy grande es
mejor que uno mediano, a menos que éste tenga a su vez unas líneas
dispuestas radialmente. Cabría pensar que podrían vendernos un bloque de
barro barnizado como un jabón "mega activo con micropartículas". Nuestro
asidero de seguridad es la cadena de producción: hay miles de bloques de
barro y se pueden vender todos mintiendo sobre sus propiedades. Además del
"probado científicamente", también optamos por el jabón que nos recomiendan
nuestros amigos. Ahora bien, supongamos que el producto sólo hay que
venderlo una vez. Pongan muchas líneas, muchas exclamaciones, muchas
estrellas semitransparentes con contornos brillantes. Llámenlo hiper plus.
Pongan delante a personas que solventan sus decisiones por las frases
promocionales, obviando el producto en sí mismo.

Mi forma de identificar las propuestas políticas ­léase las relativas a la
organización humana en la polis- ha sido tradicionalmente esta misma. Lejos
de plantearme su aplicación real, me guiaba por las frases promocionales:
"de izquierdas", "progresista", "ultraconservador". Antes de plantearme para
qué sirve la reconversión industrial de los altos hornos, me fijaba en la
identificación del envoltorio, que desde luego me sosegaba tremendamente.
Puede ser que todo este párrafo les parezca una justificación de una persona
de izquierdas que se está pasando progresivamente hacia la derecha, pero eso
es sólo si ustedes se creen las frases promocionales y las consideran
verdades absolutas. La frase "yo soy de izquierdas de toda la vida" (pongan
derechas, centro o un-poquito-hacia-el-noroeste) no tiene a mis ojos ningún
sentido. ¿Cuándo una idea es de derechas? ¿Quién determina si una idea es
izquierdista?  ¿Qué es eso de asumir que izquierdismo y progresismo son
sinónimos? Me gustaría afrontar todo esto desde la teoría de no pertenencia.
Igual porque me siento cada vez menos miembro de todos esos clubes.

Primero hay que identificar el club al que "no se debe pertenecer". Esta
estructura nos permitirá una pátina de bondad inmediata. El mal lo hemos
congelado y será suficiente con demostrar que no estamos vinculados a él
para que se nos identifique como bueno o, al menos, como "no tan malo". En
el mundo occidental se ha congelado el mal en la figura de Adolf Hitler; en
España en particular hemos congelado el mal en la figura de Francisco
Franco. Va a  ser muy importante eso de asociar el mal con una cara para
tranquilizarnos a todos y encerrarnos en la prisión del simplismo. Como
regalo caído del cielo, tenemos una grabación audiovisual de Franco y Hitler
en Hendaya tratándose cordialmente. Nuestra ideología no sólo es sólida
mundialmente -véanse las películas de hollywood- sino que además es
demostrable. Y lo contentos que estamos, oiga.

Así que, muy bien, nos dicen: esta idea es fascista, esta idea es de
derechas, esta idea es de izquierdas, esta es de centro. ¿Está claro? No:
hace unas cuantas semanas recuerdo a un joven de pelo rapado con una
estética que tengo asociada a los simpatizantes de extrema derecha que
tildaba, con los ojos llenos de rabia, de fascista a un dirigente de un
partido independentista, autoproclamado de izquierdas y progresista, que
proponía, como buen izquierdista, que los extranjeros debían ser o
expulsados o obligados a memorizar las características "diferenciales" de la
tierra ­o sea, lavarles el cerebro-.

Aquella escena me hizo ver que fascista es solo un reclamo publicitario a la
inversa. Es la marca de lo que el cliente está convencido de que no puede
comprar. Una vez que uno se desmarca de ese eslogan, puede expulsar,
encerrar o reconducir a quien  considere conveniente.

Esta es la congelación del mal.


***





                     Raul Minchinela



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#72 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mar, 29 de Ene, 2002 8:50 pm
Asunto: de nuevo a la carga
raulmodem
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Hola!

Gracias por seguir ahí. Estoy asombrado porque aumentan las suscripciones
incluso cuando la columna está en punto muerto.

El retraso de este regreso se debe, además de mi pereza habitual y de que
hay un par de líos de los que les tendré informados cuando cuajen, a que sin
quererlo me he tomado esta columna demasiado en serio y me ha entrado miedo
escénico. Con el tiempo me he dado cuenta de que es mejor rebajar las cosas:
no hay ninguna necesidad de rigurosidad académica, y si que la hay de
intentar dibujar un ámbito en el que ustedes puedan comprender lo que me
ronda la cabeza.


El retraso es tanto que unas lineas que hay unas lineas del autor y
dramaturgo Mauro Entrialgo, en respuesta a la última columna -a su nota
final, en realidad-, que quería compartir con ustedes:


***
  Yo recuerdo esa estrofa así:

   "  Yo vi a la gente joven andar
   con tal aire de seguridad
   que en un momento comprendí
   que el futuro ya está aquí."

   No te aseguro que sea la versión correcta (aunque yo tengo una
memoria para las canciones bastante fiable), pero hace que la frase
entera tenga más sentido y, encima, conecta aun más con la idea de tu
artículo, ya que introduce un punto de distanciamiento del emisor. Lo
de "tal aire de seguridad" supone que el que canta duda que esa
seguridad sea algo más que una sensación con poca base real.


***

Una vez solventada esta deuda, les dejo con la siguiente etapa del Modem.

Cruzo los dedos para que sea de su interes.


Siempre a su disposición,




                     Raul Minchinela



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#71 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Do, 23 de Dic, 2001 1:33 pm
Asunto: felices fiestas
raulmodem
Sin conexión Sin conexión
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Hola!!

Gracias por seguir ahi.

La columna ha cogido peso y se ha obligado a tomarse en serio a si misma.
Empezocomo ujna cosa que lo mismo podría tener diez lineas que doscienteas,
pero ahora se auto-necesita de contenido decente. La falta de tiempo para
dedicarle en pleno ha resultado en un retraso que espero no les defraude en
exceso.

Asi que mando estas lineas para disculparme, para desearles felices fiestas
y para avisarles de que el modem volvera en el 2002, que de seguro sera un
año muy feliz para todos ustedes.

Un gran abrazo,




                     Raul Minchinela



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#70 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mié, 21 de Nov, 2001 10:39 am
Asunto: modem 057 - Cualquier tiempo pasado
raulmodem
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por Raúl Minchinela



nº 57  -   Cualquier tiempo pasado



El futuro ya está aquí.

Supongo que ustedes, igual que yo, habrán escuchado en la publicidad esta
frase hasta saciarse. Preparando el futuro, disfrutando el futuro, logrando
que el futuro llegue antes de lo que debería, doblando el tiempo, jugando a
dioses que aprietan el botón de avance rápido para llegar a la parte de la
película que más les interesa.

O evitando la parte que quieren pasar por alto.

Cuando decimos que todos somos gremiales, que todos defendemos
implícitamente el grupo en el que estamos involucrados, hemos de ver que esa
es una cualidad se repite en todas las escalas, que redunda en todas las
propiedades con las que definimos un grupo. La tonalidad de la piel, la
creencia religiosa, el sexo, los ingresos medios por año, elijan ustedes.
Una forma que nos ha servido durante mucho tiempo ha sido utilizar las
fronteras del mapa político: a fecha de hoy lo identificaríamos
inmediatamente con el patriotismo, pero vamos a intentar desglosarlo un poco
para ver las similitudes con la situación actual.

El primer punto a favor para integrarse fluidamente con el grupo que definen
las fronteras es la proximidad -el trayecto Madrid-Barcelona hasta hace
pocas décadas requería prácticamente una semana; como para volver a casa por
navidad-; el segundo es el idioma, que coincide casualmente con el que nos
rodea desde pequeñitos;  y el tercero es la comodidad: eso de esforzarse en
hacer el camino, aprender otro idioma y familiarizarse con el terreno vecino
pero hostil no ha sido plato de buen gusto durante mucho tiempo. La
reducción del tiempo en los desplazamientos, el menor coste y esfuerzo para
realizarlas y sobre todo las telecomunicaciones ­mediante operadora,
generalmente- redujeron el mundo y ayudaron a crear el concepto positivo de
la globalización: que la gente de las antípodas no son necesariamente
enemigos. Pese a la insistencia del agua de sus lavabos en girar en sentido
contrario al reloj.

La exclusión espacial ha quedado en buena medida suavizada: no tenemos
recelos de un individuo según las coordenadas espaciales en las que se ha
desarrollado su organismo. Hay un sentimiento de "globalidad": de que toda
la gente del planeta ­contenido en una esfera, rodeable con líneas de Venn-
puede ser definida como un grupo del que somos parte. ¿Queda alguien fuera
de ese grupo?

La gente del pasado.

Ahora que no excluimos en el espacio, excluimos en el tiempo.

En la obsesión colectiva de llegar al futuro se refleja nuestro interés por
desarrollar nuevas prótesis: vehículos, telécomunicaciones,
superconductores,Š pero no porque con ellas logremos ser mejores personas.
Lo que queremos con nuestros aparatos milagrosos, nuestros tejidos de última
generación y nuestros programas para fabricar efectos especiales, es afirmar
categóricamente que no somos hombres del pasado. Queremos demostrar ­espero
que recuerden la metáfora- que no somos miembros del club de los que pisaron
el planeta hace prácticamente nada.

El futuro ya está aquí. La gente que ha vivido anteriormente en el planeta,
en nuestro territorio, eran todos unos lerdos paletos asesinos en cuyos
errores no vamos a caer. Somos dioses con el botón de avance rápido para
huir cuanto antes del pasado.

A fecha de hoy requiere un trabajo supremo ver hasta qué punto somos iguales
que la gente del pasado, ver cuántos de los convencimientos de los
individuos de hace cien años ­y más- siguen a fecha de hoy plenamente
vigentes, con trajes diferentes y peinados a la moda. Igual que con las
fronteras del patriotismo, hay una incomunicación ­consistente en reconocer
esos trajes y peinados- y una gran dificultad para viajar a donde se
encuentran los excluidos de nuestro grupo -no creo que nadie tenga una
máquina del tiempo perdida en el trastero-.

Además de la comodidad y la autosatisfacción gremial que nos da el sabernos
superiores a la gente del pasado, cualquiera que este sea.

Supongo que todos han oído la frase "cómo es posible que sucedan estas
cosas, en pleno año ----". Qué autocomplacientes sonamos. Qué pagados
estamos de nosotros mismos.

Nos hemos encargado de dejar toda la escoria en el lugar al que nadie puede
viajar.













****



Notas a pie de página


El artículo de esta semana me ha sido especialmente satisfactorio. Primero,
porque creo que explica de forma solvente una idea que he sido incapaz de
comunicar con las amistades de forma oral. Segundo, porque no ha sido un
parto difícil. Y tercero, porque entronca la historia de los modems
juveniles de una manera sorprendente.

Cuando elegí el nombre genérico de esta columna (enamorado de mi modem
juvenil), estaba desde luego pensando en la canción de radio futura titulada
"enamorado de la moda juvenil", por motivos verdaderamente difusos.

Sé que tenía mucho que ver con las tres primeras lineas de la canción:

    "Si tú me quisieras escuchar
     me prestaras atención
     te diría lo que ocurrió
     al pasar por la Puerta del Sol. "

Pero el resto de la canción, a la vista de el contenido de la presente
columna (nótese la frase con la que arranca) también tiene mucho que ver
precisamente con la estrofa que sigue a la anterior



    "Yo vi a la gente joven andar
     corta el aire de seguridad
     en un momento comprendí
     que el futuro ya está aquí.

     Y yo caí enamorado de la moda juvenil"

Esta es una de esas cosas que te hacen intuir que las casualidades ­las de
decisión propia, no coincidir en trayectoria con un vagón descarrilado- en
la mayoría de las ocasiones no lo son tanto.

Habrá que ver si la canción y la temática seguirá ajustándose en el futuro.
La verdad es que, mirando el resto de la letra, hay verdaderamente pocas
esperanzas.

Claro que eso mismo pensaba yo antes de teclear la presente.







                     Raul Minchinela



No dude usted en escribirme a
abz@...
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"Si a Carlos Marx le hubieran asegurado que un día no lejano los obreros
ingleses irían de vacaciones a Capri conduciendo su propio automóvil
climatizado y pedirían el libro de reclamaciones en un restaurante para
protestar porque la cerveza no estaba suficientemente fría, ¿acaso hubiera
escrito El Capital?"
Manuel Vicent, "Visionarios"

_________________________________________________

#69 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mar, 20 de Nov, 2001 5:51 pm
Asunto: modem 057 - Cualquier tiempo pasado
raulmodem
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por Raúl Minchinela



nº 57  -   Cualquier tiempo pasado



El futuro ya está aquí.

Supongo que ustedes, igual que yo, habrán escuchado en la publicidad esta
frase hasta saciarse. Preparando el futuro, disfrutando el futuro, logrando
que el futuro llegue antes de lo que debería, doblando el tiempo, jugando a
dioses que aprietan el botón de avance rápido para llegar a la parte de la
película que más les interesa.

O evitando la parte que quieren pasar por alto.

Cuando decimos que todos somos gremiales, que todos defendemos
implícitamente el grupo en el que estamos involucrados, hemos de ver que esa
es una cualidad se repite en todas las escalas, que redunda en todas las
propiedades con las que definimos un grupo. La tonalidad de la piel, la
creencia religiosa, el sexo, los ingresos medios por año, elijan ustedes.
Una forma que nos ha servido durante mucho tiempo ha sido utilizar las
fronteras del mapa político: a fecha de hoy lo identificaríamos
inmediatamente con el patriotismo, pero vamos a intentar desglosarlo un poco
para ver las similitudes con la situación actual.

El primer punto a favor para integrarse fluidamente con el grupo que definen
las fronteras es la proximidad -el trayecto Madrid-Barcelona hasta hace
pocas décadas requería prácticamente una semana; como para volver a casa por
navidad-; el segundo es el idioma, que coincide casualmente con el que nos
rodea desde pequeñitos;  y el tercero es la comodidad: eso de esforzarse en
hacer el camino, aprender otro idioma y familiarizarse con el terreno vecino
pero hostil no ha sido plato de buen gusto durante mucho tiempo. La
reducción del tiempo en los desplazamientos, el menor coste y esfuerzo para
realizarlas y sobre todo las telecomunicaciones ­mediante operadora,
generalmente- redujeron el mundo y ayudaron a crear el concepto positivo de
la globalización: que la gente de las antípodas no son necesariamente
enemigos. Pese a la insistencia del agua de sus lavabos en girar en sentido
contrario al reloj.

La exclusión espacial ha quedado en buena medida suavizada: no tenemos
recelos de un individuo según las coordenadas espaciales en las que se ha
desarrollado su organismo. Hay un sentimiento de "globalidad": de que toda
la gente del planeta ­contenido en una esfera, rodeable con líneas de Venn-
puede ser definida como un grupo del que somos parte. ¿Queda alguien fuera
de ese grupo?

La gente del pasado.

Ahora que no excluimos en el espacio, excluimos en el tiempo.

En la obsesión colectiva de llegar al futuro se refleja nuestro interés por
desarrollar nuevas prótesis: vehículos, telécomunicaciones,
superconductores,Š pero no porque con ellas logremos ser mejores personas.
Lo que queremos con nuestros aparatos milagrosos, nuestros tejidos de última
generación y nuestros programas para fabricar efectos especiales, es afirmar
categóricamente que no somos hombres del pasado. Queremos demostrar ­espero
que recuerden la metáfora- que no somos miembros del club de los que pisaron
el planeta hace prácticamente nada.

El futuro ya está aquí. La gente que ha vivido anteriormente en el planeta,
en nuestro territorio, eran todos unos lerdos paletos asesinos en cuyos
errores no vamos a caer. Somos dioses con el botón de avance rápido para
huir cuanto antes del pasado.

A fecha de hoy requiere un trabajo supremo ver hasta qué punto somos iguales
que la gente del pasado, ver cuántos de los convencimientos de los
individuos de hace cien años ­y más- siguen a fecha de hoy plenamente
vigentes, con trajes diferentes y peinados a la moda. Igual que con las
fronteras del patriotismo, hay una incomunicación ­consistente en reconocer
esos trajes y peinados- y una gran dificultad para viajar a donde se
encuentran los excluidos de nuestro grupo -no creo que nadie tenga una
máquina del tiempo perdida en el trastero-.

Además de la comodidad y la autosatisfacción gremial que nos da el sabernos
superiores a la gente del pasado, cualquiera que este sea.

Supongo que todos han oído la frase "cómo es posible que sucedan estas
cosas, en pleno año ----". Qué autocomplacientes sonamos. Qué pagados
estamos de nosotros mismos.

Nos hemos encargado de dejar toda la escoria en el lugar al que nadie puede
viajar.













****



Notas a pie de página


El artículo de esta semana me ha sido especialmente satisfactorio. Primero,
porque creo que explica de forma solvente una idea que he sido incapaz de
comunicar con las amistades de forma oral. Segundo, porque no ha sido un
parto difícil. Y tercero, porque entronca la historia de los modems
juveniles de una manera sorprendente.

Cuando elegí el nombre genérico de esta columna (enamorado de mi modem
juvenil), estaba desde luego pensando en la canción de radio futura titulada
"enamorado de la moda juvenil", por motivos verdaderamente difusos.

Sé que tenía mucho que ver con las tres primeras lineas de la canción:

    "Si tú me quisieras escuchar
     me prestaras atención
     te diría lo que ocurrió
     al pasar por la Puerta del Sol. "

Pero el resto de la canción, a la vista de el contenido de la presente
columna (nótese la frase con la que arranca) también tiene mucho que ver
precisamente con la estrofa que sigue a la anterior



    "Yo vi a la gente joven andar
     corta el aire de seguridad
     en un momento comprendí
     que el futuro ya está aquí.

     Y yo caí enamorado de la moda juvenil"

Esta es una de esas cosas que te hacen intuir que las casualidades ­las de
decisión propia, no coincidir en trayectoria con un vagón descarrilado- en
la mayoría de las ocasiones no lo son tanto.

Habrá que ver si la canción y la temática seguirá ajustándose en el futuro.
La verdad es que, mirando el resto de la letra, hay verdaderamente pocas
esperanzas.

Claro que eso mismo pensaba yo antes de teclear la presente.







                     Raul Minchinela



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ingleses irían de vacaciones a Capri conduciendo su propio automóvil
climatizado y pedirían el libro de reclamaciones en un restaurante para
protestar porque la cerveza no estaba suficientemente fría, ¿acaso hubiera
escrito El Capital?"
Manuel Vicent, "Visionarios"

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#68 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Jue, 15 de Nov, 2001 6:46 pm
Asunto: modem 056 - Malas respuestas
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por Raúl Minchinela



nº 56  -  Malas respuestas



Buenas tardes.

¿Se consideran malas personas?¿Creen que pueden llegar a ser malas personas?
¿Creen que en el mundo todos son buenas personas?

Este es un cuestionario que espero todos puedan responder. Es una cuestión
puramente individual: den sus respuestas y guardenlas para sí mismos. Pero,
por una vez, tengan en cuenta a sus vecinos.

Y quien dice los vecinos dice los amigos, los hijos y los electricistas. Y
los hijos de los electricistas. Si nuestros amigos tienen entre sus
amistades a personas que no soportamos, ¿a cuáles odiamos todos? ¿Qué es una
mala persona? ¿Existen las malas personas?

Por supuesto: existen las personas inseguras y existen los ingenuos, que son
los que sobrevaloran y los que infravaloran ­respectivamente- a las malas
personas. Pero ¿cuáles de ellas personas seguirán como malas a ojos de
nuestros nietos? Porque ese es el significado que queremos darle a la
palabra "malo" en el cuestionario.

Así que con ese malo absoluto, háganse esas tres preguntas: ¿Se consideran
malas personas?¿Creen que pueden llegar a ser malas personas? ¿Creen que en
el mundo todos son buenas personas?

Acompáñenme ahora para ver por qué me interesan estas tres.

Partimos de la hipótesis de que el mal universal no existe. En otras
palabras, un único ser sin conciencia de ser parte de nada, no es malo. Hace
sus cosas, según su capricho, sin ningún tipo de relación con ­ni necesidad
de excusa hacia- nada en particular. Podría poner como ejemplo las
bacterias, pero uno no puede afirmar categóricamente que las bacterias no
hacen reuniones de vecinos.

El malvado, entonces, lo hacen los demás. Es el grupo que te rodea, y en el
que estás involucrado, el que te tilda como malo, durante generaciones si es
necesario. Así que la primera pregunta del cuestionario habla del grupo o
grupos de los que ustedes se sienten parte: la familia, su ciudad, su país,
sus compañeros de fe, sus compañeros de falta de fe. Porque cuando usted se
plantea si es malo, se plantea necesariamente a los ojos de quién va a ser
usted malvado. La primera es la del grupo.

Pero, claro, cuando decimos que los demás nos pueden juzgar como malvados es
porque conocemos o sospechamos ­no está muy lejana una cosa de la otra- qué
tipo de acciones, reacciones o circunstancias llevan al grupo en cuestión a
cerrar el veredicto. En otras palabras, la segunda pregunta habla del
conocimiento de las características de la persona mala. Qué propiedades le
requerimos a una persona malvada para efectivamente afirmar sin paliativos
que se encuentra en el conjunto de los malos. Para encerrarlo en el diagrama
de Venn. Porque si conozco las coordenadas puedo colocarme en ellas: si
conozco las propiedades puedo cumplirlas. La segunda es la de las
características.

La tercera sopesa la naturaleza humana ­y la sinceridad, vaya-. Ahora que
tenemos más claro a los ojos de quién podemos ser juzgados personas malas, y
qué cualidades le pedimos a esa persona, es hora de plantearse hasta qué
punto es sostenible el proceso contrario. Dicho de otra manera, plantearse
si, vista la naturaleza humana, es inevitable que haya personas malas ­
empezando, por qué no, por uno mismo-. Si es inevitable, habrá que
plantearse la definición de las personas malvadas ­el conjunto de
propiedades establecido-, y si es evitable, habrá que plantearse si las
personas se obligan voluntariamente para ser mártires salvadores de los
demás. Yo personalmente descarto el segundo caso y sospecho que los mártires
que se plantan como salvadores de los demás son los que valoramos ­y se
valoran: porque conocemos las normas- como buenos. Pero eso significaría que
el malo es el natural, el espontáneo, el necesario: el malo no sería el caso
exepcional. En otras plabras, se derrumbaría el concepto del malo ¿no es
cierto?

Pues no, amigos míos; el concepto de malo, de maldad, de malvado, es útil.
No hay que justificarlo: su persistencia a lo largo de siglos y
civilizaciones lo legitiman por si mismo.

Así que la pregunta es: si lo malvado está definido y está dentro de
nosotros, ¿cómo logramos vivir colocando el mal lejos de nosotros? ¿Y cómo
conseguimos que siga lejos sin afectarnos?

Mi teoría personal es que, como los compradores de fin de semana, hemos
identificado el lugar donde lo distribuían al por mayor y lo hemos guardado
para tenerlo como guarnición-complemento o para usarlo cuando tengamos la
necesidad. Como los platos preparados y las verduras troceadas.

Hemos congelado el mal.

Igual va siendo hora de preguntarse qué hay en la nevera.



****





                     Raul Minchinela



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"Si a Carlos Marx le hubieran asegurado que un día no lejano los obreros
ingleses irían de vacaciones a Capri conduciendo su propio automóvil
climatizado y pedirían el libro de reclamaciones en un restaurante para
protestar porque la cerveza no estaba suficientemente fría, ¿acaso hubiera
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Manuel Vicent, "Visionarios"

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#67 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mar, 6 de Nov, 2001 6:52 pm
Asunto: modem 055 - El mal y la no pertenencia
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por Raúl Minchinela



nº 55  -  El mal y la no pertenencia



¿Es usted miembro?

Supongamos que ustedes son miembros de un club privado, que es un grupo de
gente que elige a sus compañeros según unos ciertos requisitos. Cuando
ustedes se acercan a la puerta del club, les atiende un señor en la puerta
que les pide un distintivo que les identifique como miembro. Ahora bien,
ustedes se acercan al club de la siguiente manzana y el señor de la puerta
les pide, para acceder al local, que demuestren que no pertenecen al primer
club. No sé ustedes, pero yo veo con cierta complicación el demostrar que no
pertenezco a un grupo. No basta con la carencia de distintivos: uno tiene
forzosamente que adoptar los distintivos de aquellos que no lo son. Y no
estamos hablando precisamente de carnés.

Para intentar aclarar el tema desde el principio, he decidido recurrir a las
matemáticas, que como decía el maestro Perich, son unas ciencias exactas en
las que es facilísimo equivocarse. La matemática tiene como imagen publica
el proceso de la igualdad (esta cosa es igual a aquella otra) o el
establecimiento de relaciones positivas (este elemento es componente de este
otro, esta ecuación es la transformada de esta otra). Sin embargo, a efectos
de este texto, nos interesa una parte igualmente valiosa del pensamiento
matemático que consiste en mostrar que no. Que no se puede cuadrar el
círculo, que las ecuaciones de quinto grado no se pueden resolver en función
de radicales, que el cuatro no pertenece al conjunto de los números impares.
Por algún motivo, la matemática del "no" la tengo asociada ­injustamente- al
noruego Niels Henrik Abel, un señor que se murió de tuberculosis con
veintiséis años, ninguneado en su época y del que Hermite comentó que había
dejado a los matemáticos "lo bastante para mantenerlos ocupados durante 500
años". Supongo que además de sus demostraciones de "no", también sufrió el
"no" en propia carne.

Para utilizarla vamos a aproximarnos a la teoría de conjuntos, que tiene su
plasmación gráfica más brillante en los diagramas de Venn. A ello: tomen un
bolígrafo. Dibujen un círculo en el lado derecho y pongan una serie de
puntos en el interior. Hagan lo mismo con otro circulo en el lado izquierdo.
Los puntos del lado derecho no pertenecen al conjunto de los puntos
encerrados en el lado izquierdo. Si los círculos tienen una zona común, los
puntos que se encuentren en esa zona pertenecen a los dos conjuntos. Seguro
que todo esto les suena.

Los conjuntos no sólo se definen dibujando líneas alrededor. Lo normal es
definir propiedades. Las personas que superan los dos metros de altura no
pertenecen al grupo de los que miden metro y medio. Las personas con
dioptrías son diferentes de los que tienen la visión intacta. Odio frenar a
los impulsivos, pero no intenten rodear mediante trazo estos dos conjuntos.
O háganlo lejos de las fuerzas del orden.

Definir los conjuntos es, por tanto, una cuestión de determinar propiedades.
La estatura y las dioptrías son dos elementos independientes, pero me han
servido para separar a unos individuos de otros. Aquí los altos. Aquí los
que ven bien. A los bajitos y miopes, no nos llamen, ya les llamaremos.

Esta cuestión de los conjuntos nos rodea ­perdón- permanentemente. Y es
mucho más útil de lo que parece, sobre todo para la satisfacción colectiva.
El método actual para ubicarse como buena persona es establecer claramente
el conjunto de los malos y demostrar que no se pertenece a ese conjunto. O
sea, que estamos permanentemente en el caso de los porteros con el que
empezaba.

Y la cosa tiene su gracia, porque todos tenemos un número de personas que
consideramos cercanas y otro grupo que enviaríamos con gusto al otro lado de
la vía láctea, no necesariamente con atmósfera respirable. El criterio que
utilizamos para ello es personal y puede modificarse en el nivel uno:
tenemos amigos que son amigos de personas que consideramos insoportables.
Creo que no soy el único.

Ahora bien, lo interesante viene cuando trascendemos el plano personal. Es
decir, cuando se definen conjuntos de manera global. Para entendernos, si
nuestros parámetros personales se difuminan en nivel uno, ¿cómo puede
hacerse efectiva la definición del malo de manera global? O mejor todavía,
¿cómo conseguir que pasado mañana tenga la misma validez? Porque tenemos que
tener en consideración la más importante de las reglas: los malos nunca son
uno mismo; los malos son los demás.

Contaba Luis Carandell que en el entierro de un persona poco apreciada entre
sus cercanos, el sacerdote dio pie a que los asistentes que lo deseasen
ocuparan el atril e hiciesen una glosa de su vida, estas cosas que se hacen
para exaltar las veleidades del finado. La cosa llevó a una de estas
situaciones tensas donde nadie sabe qué hacer ni qué decir, hasta que
finalmente subió al estrado un señor que, como único argumento a favor que
le venía a la cabeza, dijo: "su hermano era peor".

Piensen por qué no les va a pasar a ustedes. Habrán recorrido entonces la
mitad del camino.




****

PEQUEÑAS SEÑALES DE VIDA EN PANTALLA GRANDE

No se si han visto ustedes la pelicula Amelie, de Jeunet. Supongo que, si
tienen una cierta memoria de lo que acontece en esta columna -que eso
espero- la historia de una persona que roba un enano de jardin, se lo lleva
por el mundo y envía fotografías a sus antiguos dueños mostrando el enano en
tierras lejanas no les es nueva. Por si acaso lo han olvidado, el texto
"Pequeñas señales de vida", correspondiente a la entrega 13 del modem, esta
todavia esta disponible en

http://es.groups.yahoo.com/group/modem/message/15

y mi foto con el enano (mi tocayo Roel, el de verdad) la pueden encontrar en

http://attach6.groups.yahoo.com/v1/ICXoO5hDFPJZSmxLcPZlpqaMzRdw46nBiDy3t6GJK
ME9FcBUj35HAN-d8IUXh5jiHJ-Z1zKFPlslZINKywkVcYTizJ8/raulroel.jpg

que esta enlazada desde el mensaje
http://es.groups.yahoo.com/group/modem/message/38

Las peripecias integras de Roel las pueden ver en la direccion

http://www.geocities.com/oomroel/roeleng.html

Recuerden amigos: lo leyeron aqui primero. Y además conocen la historia
real. Aprovechen para jactarse con las amistades.

***





                     Raul Minchinela



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#66 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mié, 17 de Oct, 2001 5:27 pm
Asunto: modem 054 - La inocencia de las torres nucleares
raulmodem
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por Raúl Minchinela



nº 54  -  La inocencia de las torres nucleares



Desde hace mucho tiempo me he sentido atraído por las máscaras de gas.
Cabría pensar que se debe a motivos estéticos, pero siempre lo he intentado
enfocar desde un punto de vista que, lejos del subjetivo
cuanto-me-gustan-las-naranjas, se pudiera aplicar con una cierta coherencia
al plano general. Y viendo los telediarios a fecha de hoy, da la impresión
de que uno no iba muy descaminado.

Los responsables de la información emiten mientras escribo estas líneas una
insistente preocupación por la guerra bacteriológica. La palabra más citada
es "Anthrax": una palabra que hay ya quien ha españolizado poniendo una
tilde al principio y borrando la hache, a pesar de que lleva tiempo
bautizada en nuestro idioma como carbunco. Antrax tiene, desde luego, nombre
de villano de Superman, lo que lo hace mucho más comercial cuando los
informativos pelean por enganchar a la audiencia. Pero se filtra en paralelo
la recia costumbre española que reflejaba un anuncio de principios del siglo
XX que anunciaba el farmacéutico Rhodine, ideal para la "epidemia reinante",
que llamaban "Grippe" y sobre la que inmediatamente añadían entre
paréntesis: "Mal de moda". El equilibrio nacional entre el humor negro y el
gusto por las desgracias no termina cuando ponemos a nuestras hijas nombres
como Dolores o Angustias.

En el canal que tengo sintonizado aparecen máscaras de gas al por mayor: en
almacenes donde las existencias se agotan, en funcionarios que examinan
cartas empolvadas con harina y en demostraciones de seguridad para oficinas
de alto copete. Yo que durante años estuve indagando y guardando fotos de
"vida normal con máscaras", que incluía modelos en bikini posando con su
antigás o reuniones de empresa en la que la mesa enmascarada posaba para
cámara, veo ahora una sobrecarga de imágenes, menos sonrientes y coloristas,
pero con el icono omnipresente. Y aunque se deba al "mal de moda", creo que
es un justo reflejo de lo que vivimos a fecha de hoy. Es una marca de
nuestro tiempo, un zeitgeist elástico y con filtro que, como las superficies
pulidas, refleja inocentemente lo que tiene delante.

Las máscaras de gas son fascinantes porque son totalmente inofensivas. Es
difícil hacer verdadero daño utilizando una. Toda la fuerza de la máscara de
gas existe cuando la miras: la aparición de la máscara de gas indica que hay
algo invisible que puede atacarte, pero es una asociación que realizas
individualmente. Es tu propio pánico hacia lo que crees que está el que te
pone nervioso. Pero el que haya máscaras de gas no implica que haya gases
nocivos: en la habitación donde escribo hay dos máscaras de gas colgadas en
la pared. También hay una carta de ajuste de doce metros cuadrados. No me
invento nada.

Hacia las máscaras de gas se ha desarrollado un proceso muy similar a la
percepción de las torres de refrigeración de las torres nucleares, esos
colosales cilindros de ladrillo ajustados por la cintura. La terrible
columna que sale de las torres nucleares de refrigeración es puro e inocuo
vapor de agua, pero es el único indicio de la actividad y del peligro que se
esconde en las instalaciones. Tomamos por culpable a lo que se mueve, a lo
que se ve, a lo que tenemos delante de nuestras narices, aunque sea
precisamente el único que va en nuestro beneficio.

El miedo a lo invisible es en realidad lo que se ha disparado a partir del
terrorismo y de la antiglobalización: la conciencia de que el enemigo está
en el interior, rodeándonos, comprando el pan junto a nosotros,
completamente invisible. Ahora que el mundo occidental está de acuerdo en
que el capitalismo funciona a pleno rendimiento y que no es plan ir
invadiéndonos los unos a los otros, la necesidad de tener enemigos los ha
generado en el lado opuesto al habitual. Hasta ahora el adversario siempre
estaba en el grupo opuesto: los del país de al lado, los de la raza
diferente, los de la fe distinta. Ahora el enemigo está aquí, invisible e
indetectable, y sólo se le conoce por indicios que poco o nada tienen que
ver con él. Y en esas es cuando, por pánico personal, nos da por matar al
mensajero.

La máscara de gas produce el salto que diferencia los animales cucos de los
hostiles. Un león o un elefante son animales mucho más peligrosos que un
centollo, pero nos sentimos mucho más próximos, no tanto porque tengan el
iris de los ojos rodeado de blanco como porque tienen el esqueleto por
dentro. El exoesqueleto ­una palabra que he aprendido en los viejos tebeos
de los Vengadores- es una barrera difícilmente franqueable para el cariño
humano. Se ven peceras en las casas, pero difícilmente se ven bañeras
domésticas con cangrejos. Hay personas que repugnan de la matancía del cerdo
y que salivan deseosos cuando se les prepara una langosta a la sal y
pimienta.

La afloración del esqueleto a la superficie, la colocación de la máscara de
gas, convierte al humano en un ser lejano ­no se proyecta cariño- del que
nos sentimos en polos opuestos. El humano con máscara de gas, mucho más que
la armadura medieval, se convierte en la viva imagen de lo que quiere
ocultar, pero también en la viva imagen de lo que realiza día a día.

Con la inocente máscara de gas desplazamos al enemigo lejos de nosotros,
pero está en realidad en nosotros mismos. Y realizamos los que más nos
gusta: Colocar la proyección del mal donde no está. Colocar la imagen del
enemigo donde no se encuentra. Tanto en el espacio como en el tiempo.

Congelando el mal donde nos afecte a todos pero no lo sintamos como parte de
nosotros


***



En próximos modems procuraré desarrollar mi teoría de la congelación del
mal, porque es un modelo que he encontrado muy útil para explicarme la
estructura social que se refleja en la vida española y en el establishment
norteamericano, por poner dos ejemplos con los que somos familiares.

Permanezcan en sintonía.

***





                     Raul Minchinela



No dude usted en escribirme a
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"Si a Carlos Marx le hubieran asegurado que un día no lejano los obreros
ingleses irían de vacaciones a Capri conduciendo su propio automóvil
climatizado y pedirían el libro de reclamaciones en un restaurante para
protestar porque la cerveza no estaba suficientemente fría, ¿acaso hubiera
escrito El Capital?"
Manuel Vicent, "Visionarios"

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#65 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Vie, 5 de Oct, 2001 12:30 pm
Asunto: modem 053 - NY901 3: C ómo atacar la fe de los incrédulos
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por Raúl Minchinela



nº 53  -   Cómo atacar la fe de los incrédulos


¿Y si no hubiesen atacado el pentágono?

No sé si coinciden conmigo, pero estoy convencido de que si en el atentado
del 21 de septiembre sólo hubiesen atacado las torres, a estas alturas no
nos hubiésemos enterado de nada. El Centro Mundial del Comercio, a base de
sobresalir en el perfil de la ciudad y de aparecer colgado en las paredes de
los que miran la gran manzana como el ideal insuperable olvidando los
atascos y los guettos, nos había proyectado una imagen que superaba su
realidad. Igual que el árbol no nos deja ver el bosque, la cuatricromía y
los atardeceres nos impedían ver la realidad de esas moles prismáticas, su
función y su objetivo. Tanto es así que El Mundo publicaba un artículo de
Javier Echeverría que decía que los terroristas en el fondo eran
norteamericanos, porque atacaban los símbolos que ese país había logrado
venderles.

Mentes menos lúcidas, partiendo de una idea no muy lejana a la anterior,
publicaron despropósitos extremos, como decir que la caída de las torres
vendría a equivaler (suenan carcajadas de telecomedia) al derribo de la
Torre Eiffel de París o del Big Ben de Londres. Es lo que pasa con los
elementos que son más reales que lo real, los que transmiten una imagen
global controlada y diferente de lo que realmente son. Lo tangible es menos
seductor que el símbolo, y la realidad se convierte en opaca.

De modo que fue el ataque al pentágono ­una instalación que transmite
exactamente lo que siente- la que reveló, por extensión, la importancia de
las torres.

El papel de las torres se mostró al día siguiente, cuando por fin los
analistas se preocupaban de la preocupación inmediata, más próxima que los
cadáveres y que la nube de amianto. El ataque, acompáñenme aquí, golpeó en
el núcleo mismo de los atacantes.

Pongámonos en lugar de los presuntos agresores, es decir, en la posición de
un fanático religioso. Nuestro hombre tiene construida su vida alrededor de
su religión: rige sus relaciones sociales, las épocas en las que no puede
comer, e incluso obedece sus indicaciones en lo referente a la evacuaciones
corporales. Su religión está constantemente presente, de manera que lo que
nuestro hombre percibe como mayor agresión son las ofensas hacia su
creencia. Que son los ataques contra su vida.

En la "internacional religiosa" (ustedes ya me entienden), las agresiones
más potentes no han sido ataques sobre los pilares de la fe, un tema que a
los creyentes por científicos que sean les deja bastante indiferente, sino
sobre los lugares religiosos. Para entendernos, no hay ataque que un
religioso entienda mejor que el asalto y derribo de una iglesia, tanto más
si es una catedral. Ahora bien, dado el descrédito de la Iglesia católica en
todas sus ramas, coincidirán conmigo en decir que a efectos de consternación
mundial, da igual derrumbar el Vaticano que la Catedral de Canterbury que la
Basílica del Pilar. El mundo occidental cubre esos tramos con la pátina de
la cultura: todo iba a quedar detrás de la "perdida cultural" y de los
"destrozos analfabetos". Es decir, la misma consternación social que
produciría prenderle fuego a Las Meninas. Un grado de acongojo completamente
nulo.

La pregunta es, pues, qué templo puede considerar el mundo occidental como
un ataque personal. Qué religión es la que comparten todos, qué fe es la que
se toman radicalmente en serio.

Suena una caja registradora. Caen las torres y las bolsas de todo el mundo,
huérfanas de Wall Street, se pierden en la confusión. Cambio de plano.

Las máquinas de refrescos, de bocadillos, de café, de chocolatinas, sólo
creen en ciertos tipos de moneda. Pueden tener ustedes un billete de mayor
valor, pero la máquina no les servirá absolutamente nada. Yo he estado
encerrado en lugares donde todo el suministro alimenticio pasaba por
máquinas de vending y me he dado cuenta de que, en esas condiciones, no hay
nadie más pobre que un tipo con un montón de billetes grandes. Y estaría por
ver si, antes de morir de inanición, uno se comería los billetes del mismo
modo que los sobrinitos de Donald quemaban los diamantes para calentarse en
las historietas de Don Miki.

Esta situación es extrapolable a muchos niveles. Hay monedas que, por
inconveniencias del gobierno que las auspicia, dejan de ser aceptadas por
los bancos extranjeros. De pronto los papeles o las tarjetas de plástico que
te proveían de pan, carne y sal se convierten, por magia a la inversa, en
papeles o en tarjetas de plástico. El dinero, amigos míos, es una cuestión
de fe. Y el día que los panaderos, los horticultores, los ganaderos y los
pescadores dejen de creer en él volveremos a velocidad luz a los tiempos del
trueque. Dos hogazas a cambio de una gallina. "Yo ordeno archivos por orden
alfabético y números de serie"; "pues se muere usted de hambre, amigo mío;
¡siguiente!" "Yo soy broker de bolsa" "¡Siguiente!".

Pero, eso sí amigos, el mundo occidental cree devotamente en el dinero. Y el
acto terrorista estuvo milimétricamente medido para producir una crisis de
fe porque no sólo se derribó la parte ostentosa del núcleo de la economía
mundial, sino que, por si fuera poco, las tarjetas de crédito, el mayor
símbolo del poder absoluto de la sección económica, dejó de funcionar en la
ciudad del dinero: el sueño de los situacionistas europeos en sangrienta y
catódica realidad.

Yo pienso que el dinero es a fecha de hoy una religión real, con un elemento
etéreo en el que se cree y que realiza milagros constantes -una cena opípara
y profesionales del masaje sólo enseñando nuestro distintivo de plástico- y
que, por definición, ha permitido sacralizar a aquellos que han ascendido
más en los escalafones económicos pese a sus ataques a la moral del
colectivo. Los radicales islámicos abandonan a sus familias y dedican su
vida completa a su religión, cierto. Pero la corriente actual que nos hace
elegir la carrera universitaria, el puesto de trabajo y el sacrificio de las
amistades en virtud de unos mejores ingresos o una posición social inflada
no deja de ser un radicalismo económico.

Coincidirán entonces conmigo: lo que cayó con las torres gemelas fue el
templo del dinero.

Puede ser que en el futuro, trasparentando la importancia del Centro Mundial
del Comercio ­que esa era la función de las torres- como templo económico,
se considere únicamente las muertes que acontecieron en ella. Eso estaría
muy bien para aprender a escalar las cosas, porque de este modo podríamos
empezar a medir los abusos, contando como referencia los cinco mil muertos
de las torres. Contaríamos los bombardeos de Laos como el equivalente de 40
atentados de Nueva York, veríamos Guatemala y Nicaragua como un desastre de
valor 32 en la escala Nueva York, por poner dos sangrientos ejemplos.

A lo mejor de esta manera los que se echan las manos a la cabeza por lo
visible, lo televisible, lo real y lo hiperreal de las muertes de la torres,
empezarían a aprender cuándo pedir justicia con el argumento de la sangre.
Y no elegir sólo aquella que mancha los billetes.

O veremos sólo los caídos fieles a nuestra religión verde.



***





                     Raul Minchinela



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protestar porque la cerveza no estaba suficientemente fría, ¿acaso hubiera
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Manuel Vicent, "Visionarios"

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#64 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Vie, 5 de Oct, 2001 12:30 pm
Asunto: modem 052 - NY901 3: C ómo atacar la fe de los incrédulos
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por Raúl Minchinela



nº 53  -   Cómo atacar la fe de los incrédulos


¿Y si no hubiesen atacado el pentágono?

No sé si coinciden conmigo, pero estoy convencido de que si en el atentado
del 21 de septiembre sólo hubiesen atacado las torres, a estas alturas no
nos hubiésemos enterado de nada. El Centro Mundial del Comercio, a base de
sobresalir en el perfil de la ciudad y de aparecer colgado en las paredes de
los que miran la gran manzana como el ideal insuperable olvidando los
atascos y los guettos, nos había proyectado una imagen que superaba su
realidad. Igual que el árbol no nos deja ver el bosque, la cuatricromía y
los atardeceres nos impedían ver la realidad de esas moles prismáticas, su
función y su objetivo. Tanto es así que El Mundo publicaba un artículo de
Javier Echeverría que decía que los terroristas en el fondo eran
norteamericanos, porque atacaban los símbolos que ese país había logrado
venderles.

Mentes menos lúcidas, partiendo de una idea no muy lejana a la anterior,
publicaron despropósitos extremos, como decir que la caída de las torres
vendría a equivaler (suenan carcajadas de telecomedia) al derribo de la
Torre Eiffel de París o del Big Ben de Londres. Es lo que pasa con los
elementos que son más reales que lo real, los que transmiten una imagen
global controlada y diferente de lo que realmente son. Lo tangible es menos
seductor que el símbolo, y la realidad se convierte en opaca.

De modo que fue el ataque al pentágono ­una instalación que transmite
exactamente lo que siente- la que reveló, por extensión, la importancia de
las torres.

El papel de las torres se mostró al día siguiente, cuando por fin los
analistas se preocupaban de la preocupación inmediata, más próxima que los
cadáveres y que la nube de amianto. El ataque, acompáñenme aquí, golpeó en
el núcleo mismo de los atacantes.

Pongámonos en lugar de los presuntos agresores, es decir, en la posición de
un fanático religioso. Nuestro hombre tiene construida su vida alrededor de
su religión: rige sus relaciones sociales, las épocas en las que no puede
comer, e incluso obedece sus indicaciones en lo referente a la evacuaciones
corporales. Su religión está constantemente presente, de manera que lo que
nuestro hombre percibe como mayor agresión son las ofensas hacia su
creencia. Que son los ataques contra su vida.

En la "internacional religiosa" (ustedes ya me entienden), las agresiones
más potentes no han sido ataques sobre los pilares de la fe, un tema que a
los creyentes por científicos que sean les deja bastante indiferente, sino
sobre los lugares religiosos. Para entendernos, no hay ataque que un
religioso entienda mejor que el asalto y derribo de una iglesia, tanto más
si es una catedral. Ahora bien, dado el descrédito de la Iglesia católica en
todas sus ramas, coincidirán conmigo en decir que a efectos de consternación
mundial, da igual derrumbar el Vaticano que la Catedral de Canterbury que la
Basílica del Pilar. El mundo occidental cubre esos tramos con la pátina de
la cultura: todo iba a quedar detrás de la "perdida cultural" y de los
"destrozos analfabetos". Es decir, la misma consternación social que
produciría prenderle fuego a Las Meninas. Un grado de acongojo completamente
nulo.

La pregunta es, pues, qué templo puede considerar el mundo occidental como
un ataque personal. Qué religión es la que comparten todos, qué fe es la que
se toman radicalmente en serio.

Suena una caja registradora. Caen las torres y las bolsas de todo el mundo,
huérfanas de Wall Street, se pierden en la confusión. Cambio de plano.

Las máquinas de refrescos, de bocadillos, de café, de chocolatinas, sólo
creen en ciertos tipos de moneda. Pueden tener ustedes un billete de mayor
valor, pero la máquina no les servirá absolutamente nada. Yo he estado
encerrado en lugares donde todo el suministro alimenticio pasaba por
máquinas de vending y me he dado cuenta de que, en esas condiciones, no hay
nadie más pobre que un tipo con un montón de billetes grandes. Y estaría por
ver si, antes de morir de inanición, uno se comería los billetes del mismo
modo que los sobrinitos de Donald quemaban los diamantes para calentarse en
las historietas de Don Miki.

Esta situación es extrapolable a muchos niveles. Hay monedas que, por
inconveniencias del gobierno que las auspicia, dejan de ser aceptadas por
los bancos extranjeros. De pronto los papeles o las tarjetas de plástico que
te proveían de pan, carne y sal se convierten, por magia a la inversa, en
papeles o en tarjetas de plástico. El dinero, amigos míos, es una cuestión
de fe. Y el día que los panaderos, los horticultores, los ganaderos y los
pescadores dejen de creer en él volveremos a velocidad luz a los tiempos del
trueque. Dos hogazas a cambio de una gallina. "Yo ordeno archivos por orden
alfabético y números de serie"; "pues se muere usted de hambre, amigo mío;
¡siguiente!" "Yo soy broker de bolsa" "¡Siguiente!".

Pero, eso sí amigos, el mundo occidental cree devotamente en el dinero. Y el
acto terrorista estuvo milimétricamente medido para producir una crisis de
fe porque no sólo se derribó la parte ostentosa del núcleo de la economía
mundial, sino que, por si fuera poco, las tarjetas de crédito, el mayor
símbolo del poder absoluto de la sección económica, dejó de funcionar en la
ciudad del dinero: el sueño de los situacionistas europeos en sangrienta y
catódica realidad.

Yo pienso que el dinero es a fecha de hoy una religión real, con un elemento
etéreo en el que se cree y que realiza milagros constantes -una cena opípara
y profesionales del masaje sólo enseñando nuestro distintivo de plástico- y
que, por definición, ha permitido sacralizar a aquellos que han ascendido
más en los escalafones económicos pese a sus ataques a la moral del
colectivo. Los radicales islámicos abandonan a sus familias y dedican su
vida completa a su religión, cierto. Pero la corriente actual que nos hace
elegir la carrera universitaria, el puesto de trabajo y el sacrificio de las
amistades en virtud de unos mejores ingresos o una posición social inflada
no deja de ser un radicalismo económico.

Coincidirán entonces conmigo: lo que cayó con las torres gemelas fue el
templo del dinero.

Puede ser que en el futuro, trasparentando la importancia del Centro Mundial
del Comercio ­que esa era la función de las torres- como templo económico,
se considere únicamente las muertes que acontecieron en ella. Eso estaría
muy bien para aprender a escalar las cosas, porque de este modo podríamos
empezar a medir los abusos, contando como referencia los cinco mil muertos
de las torres. Contaríamos los bombardeos de Laos como el equivalente de 40
atentados de Nueva York, veríamos Guatemala y Nicaragua como un desastre de
valor 32 en la escala Nueva York, por poner dos sangrientos ejemplos.

A lo mejor de esta manera los que se echan las manos a la cabeza por lo
visible, lo televisible, lo real y lo hiperreal de las muertes de la torres,
empezarían a aprender cuándo pedir justicia con el argumento de la sangre.
Y no elegir sólo aquella que mancha los billetes.

O veremos sólo los caídos fieles a nuestra religión verde.



***





                     Raul Minchinela



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"Si a Carlos Marx le hubieran asegurado que un día no lejano los obreros
ingleses irían de vacaciones a Capri conduciendo su propio automóvil
climatizado y pedirían el libro de reclamaciones en un restaurante para
protestar porque la cerveza no estaba suficientemente fría, ¿acaso hubiera
escrito El Capital?"
Manuel Vicent, "Visionarios"

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#63 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Mié, 3 de Oct, 2001 3:12 pm
Asunto: modem 052 - NY901 2: El suicidio desde el estado del bienestar
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por Raúl Minchinela



nº 52  -   El suicidio desde el estado del bienestar




De toda la tinta que ha corrido a partir del atentado de nueva york,
probablemente lo que más me ha sorprendido ha sido el afloramiento de la
ingenuidad moderna y la caida de la ingenuidad pasada. Sé que la frase no es
muy reveladora, así que permítanme que les explique.

  Me han llegado via e-mail una cantidad considerable de mensajes acerca de
los eventos de Nueva York, lo que me ha venido muy bien porque los analistas
que tenía más interés en leer (Noam Chomsky, Gustavo Bueno,...) no los he
encontrado en los periódicos y sí en mi buzón. Entre el marasmo de mensajes
había unos cuantos que insistían en dar por falsas las informaciones que
ofrecían los medios. Uno de los más sorprendentes decía que era imposible
que los supuestos autores del atentado, alumnos de aviación procedentes de
paises islámicos, fueran islamistas radicales, porque varios estimonios
daban fe de que se les había visto tomando el sol y bebiendo cantidades
considerables de vodka. Cómo puede un creyente al pie de la letra violar de
tal manera las directrices de su fe.

Este razonamiento ha aparecido de muy diversas formas hasa completar un
espectro cuyo extremo final es el artículo del escritor y guionista Grant
Morrison. Morrison cerraba su artículo sobre el tema ­que, dicho sea de
paso, lanzaba un par de propuestas muy interesantes- con lo que llamaba la
aproximación Playboy para eliminar al enemigo. La propuesta consistía en,
una vez atrapado el principal sospechoso radical islámico, encerrarlo no en
una prisión convencional sino en la mansión Playboy, y permitirle lanzar
comnicados a su pueblo, eso sí, rodeado de bellezas en bikini sirviéndole
apetitosos cocktails. La visión de la imagen del lider sometido a los
grandes placeres del consumismo y de la carne debería, en su opinión, ser
suficiente para que el movimiento radical perdiese toda fe en el que era su
guía espiritual hacia la batalla.

La base que respira todo ello es una sólida fe en el islamismo radical,
concebido como el convencimiento absoluto de un individuo irreductible.
Porque desde el lado del estado del bienestar no se concibe el suicidio, y
mucho menos como vehículo de una idea. Las inmolaciones del nepal y el
"morir matando" de la yihad sigue necesitando, desde el punto de vista de
las personas que comen tres veces al día, una concienciación completa,
cuando no un lavado de cerebro. El hecho de que los pilotos lleven a cabo su
misión tras disfrutar de los trajes de baño y del alcohol se nos hace
incomprensible. Nosotros somos débiles, pero confiamos en la fortaleza
absoluta del ser humano como ideal.

Los aspectos difíciles de creer se establecen en dos: el primero, cómo puede
romper las imposiciones de su religión en la que cree de forma
inquebrantable, y el segundo, cómo después de romperlos puede retornar al
estado inicial.

El primer aspecto atiende a una de las directrices de la guerra santa: irás
al cielo. O lo que es lo mismo, serán perdonados todos tus pecados. Cuando
tienes el convencimiento de que todas tus acciones prohibidas van a ser
perdonadas, es el momento de transgredir todas las normas. Lo normal es que
cuando tenemos carta blanca nos ocupemos de llevar a cabo todo aquello que
hemos anhelado o todo lo que nos han prohibido. Recuerden las historias
acerca de barcos que se hunden y personas que confiesan cosas que siempre
habían querido decir o se abandonan a práctica sexuales  sabedores de que la
muerte les libra de las consecuencias. La promesa de salvación que da la
muerte santa equivale a esa carta blanca. Es la propia fe la que emite el
perdón. El pecado santo se limpia con la muerte santa. No se viola la
religión cuando acepta una bula.

La segunda parte corresponde a las circunstancias en las que se ha formado
la persona. Puedes disfrutar de los lujos, pero, si te has formado en un
ambiente de miseria, el resquemor suena por detrás. Cuando se vive en un
ambiente en las que la muerte está tan presente que se tiene el
convencimiento de que uno va a morir, se busca que la propia muerte al menos
sea útil. Y por muchos vodkas que tomes y muchos bikinis que frecuentes, la
parte de atrás de la cabeza no puede olvidar cómo son las cosas en el lugar
donde peor lo pasa la gente. Art Spiegelman, en su monumental obra Maus,
cuenta como su padre, un superviviente del holocausto que vivía en la
norteamérica del consumismo, guardaba una infinidad de tics de los tiempos
duros. Si hubiera tenido una manera de librar a su gente del holocausto
habría hecho cualquier cosa. Incluso subirse a un avión y estamparlo contra
un rascacielos.

De este modo, la primera parte atiende al indiviudo, al disfrute personal, y
la segunda a su responsabilidad con los que le rodean, incrementadas por la
situación límite en la que éstas se producen. Desde el punto de vista
occidental, sólo entendemos la primera, lo cual no es de extrañar.

El otro aspecto al que me refería al principio, la caida de la ingenuidad
pasada, se refiere a la reacción en estados unidos. Todos los cabezas de
familia que hace nada reconstruían el concierto de Woodstock y que en su
época se autoproclamaron como la generación del amor, han enfebrecido
enarbolando banderas y reclamando guerra, odio y muerte por el resto del
planeta, no vaya a ser que caiga algún muerto en su país que no sea
disparado por las millones de armas que tienen en manos de cualquiera.

La generación de la paz y el amor, con sus gritos, y los pilotos suicidas,
con sus pecados de hoja caduca, demuestran que somos todos iguales:
egoistas, revanchistas, y apocados hasta que conocemos el dolor en primera
persona.

Y si alguien de verdad cree que el mejor camino es una guerra, que lea Maus
y se vea dentro de cuarenta años. Si sobrevive.




***




                     Raul Minchinela



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#62 De: Raul Minchinela <abz@...>
Fecha: Lun, 1 de Oct, 2001 1:39 pm
Asunto: modem 051 - NY901 1: La comunión en lo inconveniente
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ENAMORADO DE MI MODEM JUVENIL

por Raúl Minchinela



nº 51  -   La comunión en lo inconveniente




Conectamos en directo.

Recuerdo una página web, ya desaparecida, diseñada por mi admirado Dave
McKean que lucía un eslogan optimista: "la revolución será digitalizada". La
frase que servía de arranque de artemisia.com aparecía como respuesta de los
teóricos de la comunicación de masas, que condensaban en la máxima "la
revolución será televisada" su visión del futuro cercano.

El uso de la televisión como desencadenante de un replanteamiento mundial de
las estructuras sociales había sido, a estas alturas, completamente
descartado. Los grandes intereses económicos se habían asegurado de que los
medios de comunicación gratuita e instantánea ­las radios, las
televisiones,...- existieran en un número limitado y gestionado por los
legisladores. De este modo, en caso de aparecer una emisora descontrolada,
podría ser inmediatamente desmantelada por ilegal. Las cadenas
contestatarias que, aun con todo, lograban introducirse en los medios de
forma legal a base de insistencia ­no les iban a dejar entrar a la primera y
de bonitas- eran sistemáticamente compradas. La inversión es fuerte, pero
las emisoras, subráyese esto, son escasas. Y en el improbabilísimo caso de
que sea incómoda, legal e incomprable, siempre se pueden ajustar las leyes
para declararla ilegal. Está todo controlado. Y la verdad es que tampoco nos
importa.

El uso de internet nos ha revelado mucho de la posición del receptor. Ahora
que el usuario tiene acceso a todo tipo de información, insiste en  recurrir
a la televisión. El vinculo de unión, la comunión, y sobre todo el
conocimiento y dominio de las ideas oficiales que no enfaden a nuestros
convecinos convierten las ondas catódicas en el alimento básico de la
sociedad contemporánea. Las informaciones tangenciales, las no comunales,
son muy poco bienvenidas. El vehículo básico de integración social es el
mínimo común múltiplo. Tanto mejor cuanto menor.

Esta estructura condujo a situaciones límite, como el caso del
norteamericano Theodore "Unabomber" Kaczynski, que cometió un atentado y
segó un buen número de vidas para conseguir que su manifiesto "la sociedad
industrial y su futuro" fuera retransmitido. La cuestión es que la asesina
campaña de márketing, innecesaria sin la actual estructura de medios,
alcanzó los objetivos que perseguía. El caso de Unabomber reveló que la
única forma de penetrar en la red de la comunicación global con un mensaje
alejado del pensamiento único ­algo que ni siquiera el dinero te permite-
era por medio del desastre. Porque el público general, de otro modo, no
despierta el más mínimo interés.

El segundo aspecto a tener en cuenta es el ámbito de actuación. Es diferente
si nuestro objetivo tiene un nivel local, regional, nacional o
internacional. En este segundo aspecto ha sido crucial la desaparición del
periodismo de investigación como actividad diaria. Durante los últimos años,
la gran mayoría de las noticias internacionales se han emitido conservando
las imágenes y el montaje de la agencia norteamericana contratada. Y en
muchas ocasiones, el comentario era una cómoda traducción del comentarista
norteamericano original. Esta situación lleva a una dependencia tremenda con
respecto a las agencias de noticias y a los canales de gran distribución. El
caso que se dio en la norteamérica de los ochenta, cuando una huelga de
prensa tenía como consecuencia que los periodistas televisivos no sabían qué
noticias eran de mayor importancia que otras, se produce hoy en sentido
contrario. La televisión informativa está por encima de la prensa, y el
periodismo impreso ­generalmente de mayor incisión- se ve forzado a seguir
el tirón de las televisiones a petición de la clientela. De lo que vemos en
pantalla es de lo que queremos informarnos. El resto, no nos puede importar
menos.

Puestos estos parámetros, las acciones del 11 de septiembre de 2001, cuya
motivación real aún no ha sido revelada y que ha llevado a lecturas
contradictorias, confusas, apresuradas y a menudo descabelladas, son un
sanguinolento pero lustroso ejemplo de las consecuencias que conlleva la
desigualdad de la distribución, pero por otra parte ha sido la confirmación
de los teóricos mediáticos. Ha habido una emisión que, en contra de la
voluntad de los poderes fácticos ­que en cuanto salieron de la sorpresa han
puesto gran impulso en minimizar el mensaje ajeno y promulgar el propio-  ha
obligado a la comunidad internacional a replantearse los sistemas
socioeconómicos. No digo que cuando se calmen las aguas la situación no vaya
a volver al cómodo y provechoso punto inicial. Pero si que pienso que el
momento actual ha logrado un cierto cambio de pensamiento, un convencimiento
de que la inestabilidad en un rincón del globo puede traer consecuencias
funestas en el otro. Una mayor conciencia de acciones sobre las que
generalmente preferimos mirar a otro lado.

La revolución ha sido televisada. Y, no podía ser de otra forma, en directo.
Miles de millones de telespectadores han recibido un estímulo simultáneo que
camina en sentido contrario de las directrices definidas hasta ahora. En
contra de nuestra voluntad, todos relacionados, todos interconectados.

Conectados en directo.





***





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