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CRONICAS Y COMENTARIOS Noviembre-12-2003
Marco Antonio Landa
Las noticias llegadas recientemente de España dan cuenta del compromiso
matrimonial del heredero del trono español, el Príncipe Felipe de Asturias
con
la Señora Leticia Ortiz, una conocida presentadora de la TV espanola. El
suceso no ha tomado por sorpresa al pueblo español, que ha aceptado
favorablemente la decisión tomada por el Príncipe y la acogida dispensada al
compromiso
por los padres de él, los monarcas reinantes en España. La noticia nos trae a
la memoria el hecho de que no es la primera vez que un Príncipe de Asturias
decide entregar su vida a una mujer, no de sangre real, como ha sido siempre
tradición de las realezas europeas. Me refiero al matrimonio en los lejanos
años
30 del Príncipe Alfonso, hijo de Alfonso XIII con la Srta. Edelmira Sampedro y
Robato.
Pero creo que es mejor que yo reproduzca aquí, por contener una mejor
información sobre aquel suceso, un artículo enviado desde Gijón, España por
el
SR. JOSE FERNANDEZ GRACIA y publicado en la edición de la revista "El
Undoso",
de Miami, en Julio de 1994. Helo aqui:-
NO PUDO SER REINA
por Jose Fernandez Gracia
Hace pocas semnanas --a fines de Junio- falleció en Miami Edelmira
Sampedro Robato, esposa del anterior Príncipe de Asturias. Con ella fenece una
sombra silente de la historia de España, la REINA QUE NO LO PUDO SER. ?Quién
se
acordaba de ella? Y sin embargo, gracias a ella --o a causa de ella-- la
legitimidad histórica de la Casa Real pasó a Don Juan de Borbón, conde de
Barcelona
y por ende a su hijo el actual Rey de España, Don Juan Carlos I.
A veces conviene recordar las tradiciones que han conformado la base de
los tronos, y sin las cuales carecerían de un precioso sustento, sobre todo
cuando los matrimonios de la nueva y fresca generación de nuestros príncipes
españoles "asoman la oreja". Porque no faltan quienes pretender conferir a
las
bodas del Príncipe de Asturias y de sus hermanas las Infantas, una especie de
aureola contra los prejuicios, contra el peso de las tradiciones, sin percatarse
de que no puede existir Monarquía sin tradición, que es su fundamento, por
encima de designaciones "de dedo" como fué la del General Franco en 1969,
en
una determinada persona.
Edelmira Sampedro era una cubana muy bonita, muy llamativa, y, por
supuesto, que "encandiló" los ojos en 1932 de Don Alfonso de Borbón y
Battenberg,
Príncipe de Asturias, entónces primogénito y heredero directo del trono de su
padre Alfonso XIII. Edelmira Sampedro procedía de una distinguida familia con
vitales intereses en la industria azucarera cubana y la perspectiva de que ella
ingresase en palacio convirtiéndose en esposa del heredero causó un gran
impacto y enorme felicidad en la familia de los Sampedro, familia que tenía dos
cuarteles generales en Cuba, uno en la Habana y otro en Sagua la Grande, en
donde los Sampedro tenían importantes raices también.
El Príncipe de Asturias, hemofílico, se enamoró como un novicio de
Edelmira y nadie pudo disuadirle de sus proyectos de boda. La norma dinástica
que
hasta ahora ha sido de obligado cumplimiento en la monarquía española,
determinó
que el 11 de Junio de 1933 el entónces Príncipe de Asturias y Heredero de la
Corona renunciase a sus derechos, en aras de su amor, adoptando entonces la
feliz pareja el título de Condes de Covadonga, tras su matrimonio en Suiza,
pasando luego a residir en Paris, donde ambos fueron muy feiices sin tener quien
intentara "torpederar" esa dicha. La "despampanante habanera", como
decían
los artículos de prensa, deslumbró al heredero, que a pesar de su delicada
salud era un hombre de talla imponente y muy elegante, y la "prensa rosa"
del
momento los calificaba como "profesionales de la felicidad".
Don Alfonso murió en Miami y la Familia Real Española decidio que la
viuda continuaría siendo, a todos los efectos protocolarios, su esposa ante los
ojos de todos los sectores de la Sociedad y de la Iglesia, y además conservó
el
título de Condesa de Covadonga. Y hay que decir que la mujer que pudo cambiar
la historia de España, una cubana con muy fuertes vínculos sagueros (era
prima hermana de Jorge Mañach), llevó desde entonces una vida dignísima y
discreta. Fueron cincuenta años de silencio ante la prensa que intentó
sacarle
entrevistas y cotilleos, primero en la Habana, después en Miami, tras su exilio
al
llegar Castro al poder en Cuba.
De modo que esta distinguida dama, fallecida en Miami a los ochenta y
ocho años, no será enterrada junto a Don Alfonso, que reposa en El Escorial,
en
el panteón de los Príncipes, y en sitial de altísimo honor --he visto su
tumba-- imponente y majestuosa como lo es todo en El Escorial, y pienso
humildemente
que a su lado o cerca de él tenía que haber un sitio para Edelmira Sampedro.
El Príncipe de Asturias murió, como ya dije, en Miami, no precisamente
por su enfermedad, sino a causa de un accidente automovilístico, pero su
matrimonio morganático fué plenamente reconocido y aunque un poco tarde, hasta
aplaudido por la Casa Real Española que demostró dicha aprobación con la
concesión
del título a ambos jóvenes y ha manifestado sus condolencias a la familia por
la muerte de Edelmira Sampedro, la saguera que no pudo ser reina de España.
Gijon, Espana, Julio 2 de 1994.
(Quien lo desee, puede comunicarse con el Sr. Fernandez Gracia, autor
del artículo anterior, a la siguiente dirección: José Fernandez Gracia,
Avenida de la Costa 30-1-F, 33205, Gijón, Asturias, España.
OCURRIO EN NUEVA YORK
por Marco Antonio Landa
A las múltiples experiencias que desde hace tantos años he adquirido en
Nueva York, ayer, domingo 9 de Noviembre, se sumó una más.
Nos fuimos, toda la familia, a la gran ciudad a disfrutar del clásico y
tradicional espectáculo de Navidad en el espectacular teatro Radio City Music
Hall. Normalmente, atravesamos el puente "George Washington" desde New
Jersey
para alcanzar la ciudad, finalmente, a través del puente "Triboro". Esta
vez
escuchamos por la radio que habia una gran congestión de tránsito en el G.W.,
por lo cual decidimos tomar una ruta alterna: el Tunel Lincoln. Esta ruta
envolvía una gran dificultad: para llegar a Radio City (50 y 6a. Ave.) hay que
atravesar la ciudad a través de las calles y avenidas más populosas,
incluyendo
la deslumbrante y aterradora zona de Times Square.
El área de los teatros con sus luces anunciadoras de las piezas en
escena; las multitudes atravesando las calles; los cientos y cientos de
vehículos
rodando en todas direcciones y la necesidad de armarse de una paciencia, s
uperior a la de Job (después de todo parece que el santo bíblico era un poco
más
impaciente de lo que se dice: asi nosotros), para llegar a la meta, nos puso
finalmente frente a ella. Ahora el problema era encontrar un estacionamiento
cerca del teatro para no tener que soportar mucho el frío de 40 grados que
reinaba
en la gran ciudad. En nuestra andadura inevitable lo encontramos, pero nos
asustó el precio: $37.00 por doce horas, mínimo, pero nosotros no ibamos a
estar
tanto tiempo por alli, solamente unas tres horas. El espectáculo comenzaba a
las 4 y terminaba a las 5.30. Decidimos buscar algo mas económico.
Sin exageraciones: había miles de personas yendo y viniendo y carros
rodando, como es lógico. Al fin encontramos algo que parecia increíble. Un
parqueo
municipal al modesto costo de $3.00 la hora, aceptando, inclusive, tarjetas
de crédito. Al fin, este sistema no funcionó: el parquímetro rechazó la
tarjeta. Acertó a pasar por alli un oficial de policía. Interrogado, contestó
que él
y casi todo los oficiales compañeros suyos, desconocían el funcionamiento de
ese novísimo sistema implantado por la mente torcida del billonario alcalde
neoyorquino. No había otro remedio. Había que depositar nueve dólares en
monedas
de veinticinco centavos. Hecha una auditoría de nuestros recursos sólo
logramos encontrar en nuestras bolsas unos tres dólares. ?De dónde obtener el
resto?
Primero nos compramos un "pretzel" y obtuvimos el cambio: un dolar más;
despues un perro caliente, otro dólar. Faltaban otros cuatro dólares en
moneda fraccionaria. El remedio supremo: recabar la ayuda de las personas que
pasaban por nuestro lado. Y empezamos a pedir cambio para un dólar. Aqui se
impone
una reflexión: ?quién ha dicho que esta es una ciudad fría e indiferente a
los
problemas ajenos? El que lo piense así, que rectifique. Menos tardamos en
poner práctica la idea que obtener el cambio necesario para accionar el
parquímetro. Hasta un joven, generoso y desprendido, nos obsequió con una
moneda sin
pedir nada a cambio. Y el parquímetro aceptó las monedas y nos devolvió a
cambio un ticket acreditativo de la operación para colocarlo en una parte
visible
del carro, y dejar constancia así que estábamos estacionados allí
legalmente.
Y nos fuimos felices y contentos a disfrutar del espectáculo navideño.
Increible exhibición de luz y colorido. Hora y media de música, luces y
colores que nos llenaron de alborozo. Y sobre todo la magistral presentación de
las "rockettes" con su tradicional número de los soldaditos de madera y
finalmente un cuadro plástico de increible belleza con las figuras vivientes
del
nacimiento de Jesús y la adoración de los Magos, con auténticos camellos
desfilando por la escena y la suave música de los villancicos colmando el
ambiente
teatral de emociones religiosas y artísticas dificiles de traducir en palabras.
Nos imaginamos que aquellos que sienten pánico al escuchar que se menciona a
Dios como parte de nuestra vida diaria, estarían rechinando los dientes de
impotencia y de odio. Pero ya lo dice la vieja fábula: "no se puede dar coces
contra el aguijón".
Pero ahí no terminó la fiesta. Cuando retornamos a tomar el carro para el
regreso a casa, nos encontramos que algún otro oficial de policía, ansiando,
tal vez, llenar su cuota de multas, y desconociendo en lo absoluto las nuevos
sistemas de parqueo establecidos por el ineficiente gobierno municipal de NY.
nos había "regalado" un ticket por estar mal estacionados. Pero, no
importaba. Mi yerno obtuvo fotos de los anuncios indicadores y dispuestos
quedamos a
emprender la gran batalla contra la ignorancia y la mala fe.
El regreso nos tomó hora y media para viajar desde la calle 50 y 6a.
Avenida hasta la entrada del Lincoln Tunnel. Había en las calles y avenidas
miles
de carros en la misma dirección.
Y aquí paz y en el cielo gloria........
PARA COMENTARIOS, OPINIONES O PREGUNTAS: escríbanos o llámenos a: Marco
Antonio Landa, 57 Lincoln Ave., Hasbrouck Heights, NJ. 07604-1007.
Tel.: (201) 288-8387.
E-MAIL: LANDAMAL@AOL. COM
LIBROS USADOS PARA LA VENTA:
1.- Ramón López Velarde:- "Poesías completas". Colección de
escritores
mejicanos. Editorial Porrúa. Méjico, 1968. (Rústica) Precio:- $6.00. (Porte
pagado).
2.- Leopoldo Lugones:- "Antología poética". Prólogo de Carlos
Obligado.-
Colección Austral.- 10a. Edición. Buenos Aires, 1968.- Precio: $5.00 . (Porte
pagado).
3.- Giovanni Boccaccio:- "El Decameron". Editorial Alba, Madrid,
España, 1999. (Tapas duras). Precio: $12.50. (Porte pagado)
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Mié, 12 de Nov, 2003 1:21 pm
landamal@...
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