CRONICAS Y COMENTARIOS Nov-24-2004
Marco Antonio Landa
ACCION DE GRACIAS
Cuenta la historia ---historia y leyenda confluyen en la imaginación
formando una hermosa imágen de viejos tiempos idos----; cuenta la historia,
repito, que a principios del siglo 17 reinaba en Europa un clima de
incomprensible intolerancia religiosa. El hombre nunca ha querido renunciar a
sus malos
hábitos: inclinaciones pecaminosas que abarcan un amplio radio de actitudes,
desde la lujuria y la avaricia, la soberbia y el orgullo, hasta la falsa
pretensión de creerse poseedor de la verdad absoluta y el derecho, también
absoluto,
de imponer su criterio y su opinión, en cualquier forma que sea, para sujetar
la marcha del tiempo a su entera y férrea voluntad.
Fué así, en virtud de todos esos factores provenientes de lo mas
recóndito del corazón del hombre, que los peregrinos del "Mayflower" se
enfrentaron a
la dolorosa decisión de abandonar su patria y enderezar sus caminos en busca
de horizontes de libertad. ?Quiénes tenían razón en aquellos momentos
cruciales de la historia ? ?Los que preferían dejar atrás la tierra de sus
progenitores, evadiendo la lucha, la ardorosa lucha que significaba oponerse al
despotismo, o los que quedaban enraizados en el suelo propio, haciendo frente a
todas
las contingencias de una vida trenzada en lucha mortal con aquellas duras
realidades? La historia se ha repetido tantas veces a lo largo y ancho del
planeta y se seguirá repitiendo, creo yo, hasta la consumación de los siglos,
que
huelga insistir en el tema.
Lo cierto y la única, real y palpitante ocurrencia final provocada por
esas circunstancias, fué el arribo de los peregrinos a la tierra que, para
ellos
era luminoso atisbo de un clima de libertad; de la libertad que ansiaban y
parecían haber encontrado. Si más tarde se dejaron llevar por irresistibles
tendencias humanas y reprodujeron, con diversas consecuencias, aquello que los
empujó hasta acá, tampoco es cosa de examinar y enjuiciar ahora. Se
establecieron aquí y aquí hallaron ocasión propicia para adorar a Dios, vivir
en libertad
y poder saturarse espiritualmente en la contemplación de la magna obra del
Creador.
Así las cosas, un día decidieron que era hora de dar gracias al Señor, en
plan ordenado y formal, por el gran beneficio que les había concedido. Y se
reunieron en torno a la mesa de la cena, rememorando tal vez, los avatares del
cruce de otro mar legendario. En cristiana convivencia con los moradores de
esta tierra ubérrima, tomaron los frutos de ella para la gran celebración y
comenzó asi la tradición, que hoy, al cabo de casi cuatro siglos, respetamos
religiosamente.
Nosotros somos, prácticamente , recién llegados también. Nuestro
"mayflower" atravesó el mar, no entre olas sino entre nubes,
depositándonos
gentilmente, en la vorágine de carros y rascacielos, en esta parte
privilegiada de
nuestro convulso y siempre sorpresivo planeta.Y manana estaremos sentados en
torno a la mesa familiar, musitando una plegaria de acción de gracias a Dios
por todos los beneficios recibidos de El, a lo largo del año. Con una recogida
mirada interior, revisaremos la historia de nuestra propia vida, semejante a
tantas otras que a nuestro alrededor se tejen y destejen cada día: madejas de
ilusiones, de sueños, de aspiraciones, de amores y pesares, fracasos y
derrotas; historias, en fin, que el buen Dios contempla desde lo alto con
miradas de
respeto, bondad y misericordia.
Pero será conveniente, para dejar fijada la resultante de todas nuestras
meditaciones, mirar más profundamente al interior de nosotros mismos y
examinarnos para saber si efectivamente nuetras oraciones son sinceras.
Recordemos
que "la oración es elevar el corazón a Dios". Y Dios que lee en los
corazones
sabrá discernir la pureza de nuestra oración.
La oración de "acción de gracias" no puede estar reducida a una
reunión
familiar un dia del año, para comer, reir y comunicarnos mutuamente nuestros
sentimientos. Si se hace con espíritu cristiano, no es despreciable la
ocasión,
pero si el resto del año lo dejamos transcurrir sin que la familia se reuna
con frecuencia; sin levantar los ojos al cielo y dar gracias cada día, cada
momento y en cada ocasión, por el bien imponderable de la vida, del amor, de la
amistad compartidas; si no aprovechamos adecuadamente ese caudal hermoso de
poder contemplar cada día cómo el sol alumbra e ilumina nuestro camino y
nuestras actividades y cómo la bondad infinita de Dios nos permite disfrutar de
esa y otras tantas maravillas de la Creación, sin darle gracias por su bondad y
su paciencia con nuestras faltas y nuestros olvidos, entónces ?de qué nos ha
de servir el que un día al año nos acordemos de hacerlo? Si no tratamos de
compartir con nuestros semejantes, despojados de egoismos y pasiones
inconfesables, toda la "fortuna" que significa para nosotros el amor de
Dios, bienes
materiales y espirituales, entónces andamos por caminos tortuosos: hemos
abandonado el justo sendero que hará eficaces y agradables a Dios, nuestras
oraciones
de "accion de gracias".
Esa es la esencia del espíritu cristiano que nos animará en la vida para
comprender a Dios, para estimar en su justo valor el maravilloso tesoro de
nuestra existencia; es lo que nos permitirá pavimentar el camino de nuestra
vida
con el amor, la caridad y la comprensión compartidos con nuestros semejantes.
Entónces cada día del año será una magnífica fiesta del corazón: la fiesta
del
amor de Dios convertida en un himno permanente de "acción de gracias".
C O M E N T A R I O S
En relación con la Crónica dedicada al libro de Ciro Alegría "Gabriela
Mistral, Intima", hemos recibido desde West New York, NJ., un mensaje de la
Dra.
Onilda Jiménez que reproducimos textualmente, a continuación:
"Estimado amigo: Aunque tu artículo está muy bien, contiene un error,
que
seguramente no es tuyo sino de Alegría y es sobre la abuela paterna de
Gabriela, que es la que ella conoció, o al menos, de la que se habla (la madre
era
blanca, sin mestizaje). Aunque era chilena (la abuela paterna) se piensa que
tenía origen judío. Gabriela no tenía nada de indio y su interés en la raza
empezó tarde como lo documento en mi libro "La crítica literaria en la obra
de
Gabriela Mistral." Saludos, Onilda.
(GRACIAS, ONILDA)
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