Los pueblos, como los hombres, también tienen alma. Y
no resulta difícil descubrir, detrás de la historia de
cada pueblo, la existencia de un alma colectiva que
evoluciona junto a la de sus hombres. Cada época, cada
suceso vivido es una etapa en el proceso de
crecimiento hacia niveles de conciencia más amplios,
común a todos los seres creados. Por eso el devenir de
los pueblos es como el del alma humana, y ambos
resultan ser vehículos interactivos por medio de los
cuales el Espíritu se manifiesta en los planos
inferiores de la existencia. Ambos caminan a la vez, y
juntos crecen, compartiendo la misma experiencia.
Después, cuando se escribe la historia, se presentan
como caminos paralelos lo que en verdad es un solo
camino. Y es que la historia se escribe a ras de
suelo, sin la visión que trasciende las apariencias y
descubre el vinculo que hace de las partes una Unidad.
En ella, en la Unidad, todo es simultaneo y único. En
la Unidad, lo diverso no esta separado y tan solo
expresa la riqueza de matices, la complejidad de la
Unidad misma.
Pero, al igual que existe un proceso de configuración
egoica en los hombres, también los pueblos necesitan
vivir esa misma experiencia de la individualidad y el
egocentrismo, como paso previo y necesario a cualquier
otro planteamiento integrador.
Al igual que los hombres, también los pueblos han de
descubrirse como parte aislada para, mas tarde, poder
vivir la experiencia cumbre de la unificación,
equivalente al proceso de disolución egoica personal.
Y no es posible ser cooperativo, ni solidario, ni
actuar eficazmente como célula sinérgica dentro de un
sistema global, si antes no se ha llevado a cabo esa
otra conquista que es sentirse individuo, ya sea una
persona o un pueblo.
La historia de los pueblos, sin embargo, esta llena de
errores e incomprensiones en ese sentido. Los procesos
de creación de Estados como realidades geopolíticas,
han agrupado bajo una misma definición a colectivos
históricos que tenían su historia particular –que es
tanto como decir su dinámica evolutiva particular,
vivida por el alma colectiva del pueblo- ignorando que
una simple decisión de quien en un determinado momento
tiene poder, o el sometimiento forzoso de los pueblos
a otra estructura mas compleja, no bastan para
interrumpir los procesos sutiles ni eliminan el alma
del pueblo. Esta continuara viva hasta completar su
experiencia evolutiva, superando las mismas fases que
el ser humano.
Impedir a esas almas su experiencia provoca un estado
de rebeldía inconsciente en sus gentes, cuyos procesos
de evolución personal se ven, por la misma causa,
perturbados. Las maneras en que se manifieste esa
rebeldía variaran en función de otros muchos factores,
yendo desde la simple frustración hasta la
reclamación, violenta o negociada.
Felix Gracia
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