Nos estamos equivocando
http://www.deia.com/21-2-2002/21BizEusk13D.htm
Enrique Curiel
Buscaban terminar con la vida de Eduardo. La bomba situada en los
bajos de su coche, y que le obligará a cambiar la forma de vivir, fue
como un calambrazo que se extendió por toda España en pocos segundos.
Terminaban las esperanzas de que en el seno de la banda se impusieran
las tesis de los partidarios de una nueva tregua. Con la frialdad
habitual eligieron a la víctima y esperaron el momento oportuno para
participar, asesinando, en los debates políticos inmediatos. Por una
parte, Eduardo Madina, "nuestro Ernest Lluch" como afirmó el
secretario de las Juventudes Socialistas, representa la voluntad de
encuentro, de diálogo con todos, por encima de todo, algo que
los "militaristas" de ETA no puede soportar. La advertencia es clara:
ETA no quiere "puentes". Temen la discusión abierta, huyen del
peligro de la "contaminación" política. Participando en las
iniciativas de Elkarri Eduardo rompe los cómodos esquemas mentales y
políticos con los que ETA y los "duros" de Batasuna
pretenden "explicar" la muerte de los vascos que ellos deciden.
Eduardo ha tenido el valor y la inteligencia política de entrar en su
terreno, debatir sobre el "conflicto político", buscar salidas e
indagar sobre fórmulas de pacificación. Es algo más de lo que ETA
puede soportar y tolerar. Por otra parte, haciendo coincidir el
atentado con la reunión de Madrid entre PP y el PSOE, pretenden
tender una gran trampa a los socialistas para que el PSOE ate su
suerte política al Gobierno y al PP. Cuanto peor, mejor. Y cuanto más
avancen las salidas exclusivamente policiales, más legitimación
encontrarán los "militaristas". ETA también tiene a "su" Ariel Sharon
entre sus filas y la retroalimentación forma parte del oxígeno
político y argumental imprescindible. Han querido animar a la
ilegalización de Batasuna asesinando a Eduardo. Por eso creo que nos
estamos equivocando. No podemos hacer la política que ellos quieren.
¿Es que nadie se entera?
Aunque no tengo casi ninguna esperanza de ser oído, le pido a mis
compañeros del PSOE que reflexionen antes de dar pasos irreversibles
hacia el abismo definitivo. Se impone una revisión serena de lo que
hemos hecho hasta aquí. Si el objetivo real es el aislamiento de ETA
y los integristas de Batasuna, es preciso ampliar el espacio de Pacto
por las Libertades facilitando la incorporación de todas las fuerzas
políticas que lo deseen, especialmente los nacionalistas vascos,
catalanes y gallegos. Y, por supuesto, Izquierda Unida. Nos estamos
equivocando cuando emerge la evidente contradicción de reclamar la
unidad de todos frente a la violencia, para impedir, a continuación,
cualquier hipótesis de diálogo en torno a una mesa de todos los
partidos democráticos. A no ser que alguien tenga dudas sobre el
carácter democrático del PNV y de EA. La única explicación para
comprender este absurdo reside en el hecho de que en una parte del
Partido Popular y del Gobierno sigue teniendo como objetivo
prioritario el combate contra el PNV, los nacionalistas y el
Lehendakari. Y que no nos digan que han tenido que reaccionar así
tras la "ruptura de la reglas de juego" por parte de los
nacionalistas al firmar el pacto de Lizarra, porque el célebre
documento del PP, cuya paternidad niegan, en el que afirman que se
trata de "contrarrestar el nacionalismo local con la implantación de
un nacionalismo de Estado", está firmado en Bilbao el 21 de octubre
de 1997. Es decir, un año antes de la declaración de la tregua por
parte de ETA y de la existencia del pacto de Lizarra.
En el fondo, estamos situados ante un dilema determinante. Si
creemos, de verdad, que se está produciendo una «convergencia entre
la estrategia del PNV y de ETA» , como afirmaba Jaime Mayor Oreja en
el diario "La Razón" hace escasas semanas, entonces estamos abocados
a la división traumática de la sociedad vasca y estaremos
fortaleciendo a ETA y a sus sectores mas intransigentes. Si por el
contrario, estamos persuadidos, yo entre muchos, de que debemos
afrontar el problema del terror y la violencia como prioridad, hemos
de buscar el acuerdo con el PNV y debatiendo con ellos las soluciones
políticas a las cuestiones pendientes. Situaríamos a ETA en la
soledad absoluta y favoreceríamos a los grupos más "políticos" que
subsisten en su seno. O abordamos este debate con inteligencia
abandonando rentabilidades partidarias, o no tendremos derecho a
mirarle a los ojos a Eduardo porque su esfuerzo habrá sido inútil.