¿Peor que nunca? Lo peor es que..
http://www.deia.com/11-11-2002/11BizkaIritz19A.htm
José Ramón Scheifler
«Siempre me gusta mirar el lado positivo y optimista de la vida,
pero soy suficientemente realista para saber que la vida es un asunto
complicado y conflictivo» (Walt Disney). Esto vale para la política
como parte integrante de esta vida. Lo complejo y conflictivo no
implica sin más, malo, y menos que todo en la vida y en la política
sea malo o esté mal. José María Benegas, en su reciente apología de
los Gobiernos socialistas (El País, 1.11.02), afirma que al actual
gobierno de España «el asunto vasco se le ha escapado de la manos y
que este escenario se ha complicado de forma harto peligrosa». Añade
que la opinión generalizada es que «la situación está peor que nunca».
No hay que decir de quién es, a juicio de este miembro del Comité
Federal del PSOE, toda la culpa. La sigla está sola. Sin embargo, en
este incipiente y electoralista distanciamiento del PSOE respecto al
PP, carga sobre el Gobierno de Aznar la responsabilidad de no haber
evitado esta situación, o al menos de no haberlo intentado, «porque
no hay mayor estupidez que empujar a alguien hacia donde quiere ir».
Supongamos, para empezar, que sí, que nuestra situación política está
peor que nunca. Peor y mejor es siempre según para quién y «según el
color del cristal con que se mira». Aun admitiendo que la opinión
generalizada sea la expuesta, puede valernos la arenga de Demóstenes
a los atenienses, hace más de 2.300 años: «Lo peor del tiempo pasado
es lo mejor del futuro. Porque, si estuviéramos así habiendo hecho lo
que debiéramos, no tendríamos remedio. Pero si ...» Pero tan verdad
es que «no hay situación por mala que sea, que no sea susceptible de
empeoramiento».
Para mí, lo peor de esta democracia, su mayor enemigo, es
precisamente aquello en que descansa, aquello a que prácticamente se
reduce el ejercicio democrático de los hombres de a pié: el acto de
votar. «Corruptio optimi pessima», no hay peor corrupción que la de
lo mejor. «Una persona, un voto» significa que ese voto representa lo
que ella piensa respecto a los distintos proyectos políticos. Pero
generalmente ya no es así, sin apenas distinción de nivel cultural,
económico y social de las personas. ¿Cuántos votos no representan lo
que el votante piensa, sino lo que alguien ha pensado por él?
¿Cuántas veces el “pienso” viene servido en el menú del día de =
los
poderosos medios de comunicación? A principios del siglo pasado se
compraban los votos con dinero. Hoy no ha cambiado o quizá sí, pero a
peor, porque no caemos en la cuenta cómo nos ha comprado el voto ese
imperialismo económico de los medios de comunicación al servicio del
poder, la «brutalidad informativa» que padecemos, de la que hablaba
Javier Sádaba.
Información es igual a poder; cierto. También, la manera más segura,
aunque más brutal de mantener el poder es usarlo para desinformarnos,
ocultar la verdad, falsearla, engañar... La censura, la prohibición a
otros de informar sobre las cuestiones conflictivas, al estilo de
Putin, el cerrojazo de Franco, es mejor. Al menos provoca la
sospecha, la duda o la seguridad de que nos están engañando. El peor
grado es la autocensura de los auténticos profesionales de la
información que saben se juegan el puesto si transmiten la verdad a
que han llegado en su búsqueda sincera.
En una vida ajetreada como la actual, sobre todo para los que dicen
no tener interés por la política, lo fácil, lo cómodo, es tragarse
insensiblemente el “menú del día”, cuidadosamente cocinado, de =
los
titulares agresivos de los medios, de las expresiones más audaces de
las tertulias radiofónicas, de las entrevistas televisivas, etcétera.
Lo importante es conseguir que no pensemos, que no leamos
críticamente, que no expresemos razones ni busquemos más datos, que
no queramos oír otras voces y menos las vilmente descalificadas...
Así se impone un pensamiento único contra el que entonces es muy
difícil luchar. Y si tal pensamiento triunfa la democracia fenece, la
clonación habría eliminado al ser humano.
¿Hasta dónde llega este pensamiento único? Un indicio puede ser, la
duda creciente, en buena parte de la ciudadanía, sobre la
imparcialidad política del aparato judicial y personas concretas del
mismo, comenzando por la presidencia del Tribunal Constitucional. La
juez Ruth Alonso cumplió estrictamente la legalidad. Sin embargo, su
decisión contrarió políticamente al vicepresidente primero del
Gobierno, Mariano Rajoy, quien el 25 de octubre la reprochó
públicamente, reproche, coreado, con solos de insultos y
descalificaciones, por «determinados medios». El escándalo obligó al
presidente del Consejo del Poder Judicial a ordenar una inspección a
la juez. Al archivar el Consejo la investigación, dada la
irreprochable actuación de la juez, han llovido sobre ella y su
familia amenazas de muerte. La que estaba en el “punto de mira de
ETA” tiene escolta desde 1994, ahora está en el de los tan
antietarras y antiterroristas que no dudan en usar sus mismas
amenazas. ¿Le servirán los mismos escoltas contra ambos terrorismos?
A este pensamiento único pertenece la descalificación grosera,
injusta y a ultranza del “nacionalismo” se sobreentiende el va=
sco,
sigla incluida. Éste es el demonio de la España actual. No la
masonería, ni la maquinación judaica, ni siquiera el rojo separatismo
de la época franquista. Se quiere pasar por alto que el fundamento de
la Constitución, en su art. 2, la indisoluble e indivisible unidad de
la Nación española, es “tribalmente nacionalista”, en expresión=
de
Sádaba. Menos mal que a tal unidad se le negó la gloria de ser
además “sagrada”.
El miedo de la “sociedad vasca” es otro punto explotado por el =
pensamiento único. Es triste y cruel que exista miedo por causa de
ETA y que muchos lo padezcan por amenazas recibidas a y la vista de
otras cumplidas. Es totalmente injusto y vergonzoso que personas
normales practiquen y cumplan tales amenazas. Da lo mismo quiénes
sean los amenazados y no hace al caso que este miedo se agite como
banderín, precisamente cuando los intimidados son cargos políticos de
determinados partidos, y no militares, policías, empresarios, etc. El
miedo por cuestión política y terrorismo no debiera existir y urge a
erradicar su causa.
Sin comparar miedos y miedos y a veces, pienso si la “sociedad vasca=
”
da la impresión de tener ese miedo que tanto se usa como recurso
electoral, tengo la impresión de que ante el terrorismo de la
palabra, del que otras veces he escrito, bastantes nacionalistas
tienen miedo de manifestarse o aparecer como tales. Algunos sienten
incluso intranquilidad de conciencia ante las barbaridades de que se
acusa al nacionalismo: terrorista, identificado con ETA, cómplice,
encubridor de terroristas.. «¿Seremos así los nacionalistas? ¿seré
eso yo?» se preguntan. «¿Acaso tiene que justificar alguien las
aspiraciones tradicionales a la libertad política, al autogobierno de
los vascos, a la independencia, si es eso lo que la mayoría de ellos
decide? ¿Acaso estamos ahora dentro del Estado español por voluntad
propia?». Se nos informa que los obispos españoles ultiman un
documento contra el terrorismo, cuyo texto podría incluir
una «novedosa reflexión sobre el nacionalismo». ¿Da buena espina que
cierta prensa esté tan enterada de algo en gestación, ya antes
anunciado? Ninguna sorpresa para quienes recordamos al Cardenal Gomá,
al Nuncio Antoniutti y un largo etcétera.
Por otra parte, tengo la impresión de que también el Gobierno central
y, en su tanto, su oposición domesticada, tienen cierto miedo. Y
miedo obsesivo. ¿Qué si no significa que sea, no ETA, ni el conflicto
vasco porque éste no existe (véase si no el acertado “cubo de Máximo=
-
Kubrick”, en El País del pasado 5) sino lo vasco, lo que parece ser =
el centro de su política? ¿Por qué ese odio sembrado en la piel de
toro hacia lo vasco y los vascos, si éstos no ponen por delante que
son españoles? Miedo a lo vasco, a que los vascos, todos, unos y
otros, manifestemos lo que queremos ser. Esto es lo que les ha hecho
rechazar muy democráticamente, por cierto la propuesta, puesta a
discusión, en busca de solución, del lehendakari Ibarretxe. Ni
siquiera necesitaron leerla. ¡Viva la democracia!