La república vasca en Europa
http://www.deia.com/10-6-2004/10BizIri19B.htm
Xabier Irujo Ametzaga
Candidato de EA
http://www.europadelospueblos.net/
Son muchas las razones que este pueblo tiene para exigir que como
nación se le dote de una constitución propia y una presencia política
independiente en el seno de la Unión Europea. Entre todas ellas que
es una exigencia legítima asentada sobre uno de los derechos más
básicos de la humanidad, el derecho de autodeterminación, verdadera
piedra angular de la democracia el cual garantiza el derecho a la
vida de un pueblo. La aplicación de dicho derecho no es otra cosa que
dotar a los ciudadanos de una nación del derecho a elegir libremente
su futuro político. Porque todo pueblo es soberano y tiene el derecho
inalienable de decidir qué quiere ser y cómo desea gobernarse. Porque
todos los pueblos detentan los mismos derechos y deberes y, por
tanto, ninguno debe imponer su autoridad sobrelos demás. Porque a
ninguna nación se le debe imponer un futuro ajeno al suyo propio ni
ninguna cultura debe someter a otras. Porque ninguna lengua debe
sufrir persecución en virtud de principios de naturaleza política o
de otra índole.
Pero hay quienes se empeñan en negar que el pueblo vasco es un
pueblo. O quien farfulla que la nación vasca no es una nación. Y que,
por tanto, no le corresponde el derecho de representarse a sí misma.
Son esos mismos que se presentan a las elecciones pregonando que son
ellos los verdaderos representantes del pueblo vasco, de esa realidad
histórica y cultural de cuya existencia reniegan. Ni el Partido
Popular ni el Partido Socialista desean que el pueblo vasco tenga
representación propia en la Unión Europea y, por tanto, postulan que
la defensa de los intereses de este pueblo se confíe al estado
central. Tanto uno como otro propugnan en sus respectivos programas
que el pueblo vasco no tenga representación propia en las
instituciones de la Unión, que los ciudadanos vascos no podamos
defender nuestros intereses mediante nuestras propias instituciones,
nuestros propios representantes y nuestros propios argumentos en
Bruselas, y que la defensa de dichas propuestas no se haga en nuestra
propia lengua.
¿Qué cabe esperar de la representación política de un partido que
niega el carácter de oficialidad a su propia lengua en Europa? o ¿qué
podemos aspirar a obtener cuando aquellos que pretenden
representarnos en el parlamento de Bruselas lo hacen con el firme
convencimiento que nuestros intereses se deben defender desde Madrid?
Ciertamente carece de toda garantía de representación un partido
político que ni tan siquiera desde la presidencia de la Unión ha
sabido defender nuestros intereses económicos e incluso a promovido
la abrogación parcial de los conciertos en aras de un
estado "fuerte". Ese mismo partido político que ha entorpecido
durante cerca de treinta años el trasvase competencial que a este
pueblo le corresponde por ley porque siempre ha apostado por un
modelo de estado centralizado. En definitiva, ¿quién puede creer que
los partidos estatales vayan a representar los intereses este mismo
pueblo al cual han negado reiteradamente su representación legítima
en las propias instituciones o cortes de justicia europeas? ¿Cómo nos
va a representar en Europa aquél que niega nuestra propia capacidad
de representación en el seno de la Unión?
"Ser fuertes" en Europa significa desde el punto de vista de dichos
partidos renegar de nuestra propia identidad, negar a nuestra lengua
el carácter de oficialidad que le corresponde como parte del acervo
cultural europeo, ceder nuestro derecho de representación
institucional en Europa en aras de los órganos de representación del
estado central, invertir el proceso de trasvase competencial en
materia económica y, en definitiva, ceder el derecho inalienable que
nos corresponde como a toda nación libre y hacer del estado la
cazoleta de nuestra soberanía. Ser "fuertes" significa, desde la
óptica programática del Partido Popular, sobre todo ello, además,
empacar a este pueblo en una guerra que cuenta con el rechazo de
Naciones Unidas, de la mayor parte de los estados de la Unión y de la
gran mayoría de la sociedad vasca mediante alianzas política y
económicamente ruinosas, a la par que se aboga por una severidad
presupuestaria en lo concerniente al gasto social.
Pretender establecer límites a la voluntad democráticamente expresada
de un pueblo, a su voz, a sus deseos o a su propio futuro mediante
normas intituladas inalterables e inamovibles supone emborronar los
derechos más básicos de la humanidad de la forma más torpe. Porque
nada es indivisible y menos aún eterno en este planeta sino la
estupidez humana y las partículas mínimas de materia. Porque hasta
donde la inteligencia humana permite entender, todo en este mundo
está en constante desarrollo, crecimiento y transformación y, tan
sólo de este modo, en continua progresión. Porque la única forma de
prosperar y de hacer de Europa un sitio mejor para nuestros hijos es
respetar todos y cada uno los derechos humanos y permitir así quesea
cada una de las naciones de la tierra la detentora de sus propios
derechos y deberes inalienables y la representante de sus derechos
soberanos. Pretender lo contrario no es sino poner una mordaza a un
pueblo para que no pueda expresarse libremente, para que siga siendo
aquello que se ha escrito mediante el uso de la fuerza o el abuso
político y la transgresión de derechos más básicos de los pueblos en
un papel sin el consenso ni la participación de la mayoría de sus
ciudadanos y sin el legítimo refrendo de su voluntad libremente
expresada en las urnas. Y ello significa atrofiar, inmovilizar y
consumir el futuro de cualquier sociedad.
La concesión del derecho incuestionable de autodeterminación al
pueblo vasco y su independencia serán utópicos en la medida en que
sean utópica una sociedad europea civil, social y políticamente
democrática. Porque tan sólo una república vasca es la garante de que
los intereses sociales, culturales, políticos y económicos de nuestro
pueblo sean defendidos, debatidos y rubricados en la Unión, porque
este pueblo no necesita tutela política alguna y porque cada pueblo,
cada nación y cada cultura debe estar representada en pie de igualdad
en las instituciones políticas de Europa.
Una república vasca en Europa no necesita ni de la monarquía española
ni de la república francesa para subsistir pero, a la inversa, el
pueblo vasco en efecto precisa y exige, a fin de sobrevivir como
cultura, como sociedad civil y como nación, constituirse en tal
república en el seno de la Unión Europea, porque ni desde Madrid ni
desde París han sabido defender nuestros intereses y porque desde
Madrid y desde París han cuestionado y reprimido siempre nuestros
derechos soberanos en aras de los intereses políticos y económicos
del estado.