Domingo, 27 de junio. Salinas de Pamplona. Identidad política.
Amaia Arrieta
El próximo domingo, 27 de junio, la pequeña localidad de Salinas de
Pamplona (Getze) será una vez más escenario de los actos en memoria
de quienes perdieron la vida defendiendo la independencia de Navarra
en 1521. Estas líneas no tienen por objeto recordar una vez más lo
allí acontecido, ni las desastrosas consecuencias políticas que tuvo
la Batalla de Noain de 30 de Junio de 1521 para lo que entonces
quedaba de la cercenada territorialidad de la Navarra independiente.
De hecho, el 27 de junio de 2004, más allá de la excusa del
acontecimiento histórico, es un día que mira al futuro. Un día en el
que cientos de personas agrupadas en torno a la iniciativa Nabarralde
tendrán ocasión de encontrarse y compartir inquietudes, reflexiones,
comida y canciones.
Son ya cerca de mil las personas que promueven que Nabarralde siga
trabajando en la recuperación de las referencias esenciales de la
cultura política de nuestro país. De hecho, no podemos obviar que
cada persona se siente parte consciente o inconscientemente de una
determinada identidad política en la medida en que las referencias
que componen su imaginario colectivo le impulsan a ello. Es decir, en
función de cuáles sean las referencias históricas, folklóricas,
paisajísticas, lingüísticas, los intereses económicos individuales,
etc., que componen el imaginario colectivo de un individuo, éste
asume una identidad política u otra.
Evidentemente, las referencias que componen el imaginario colectivo
presente en cada persona se afianzan en la medida en que una misma
les otorga credibilidad. Esas referencias nos llegan de nuestros
círculos personales más cercanos, de la zona donde vivimos, de la
educación que hemos recibido y, como es lógico, según qué referencias
sean, nuestro imaginario colectivo se escora hacia una u otra
identidad política. Hacia nuestra identificación con uno u otro
colectivo humano más o menos definido.
Cuando una navarra dice que además de navarra es española o francesa,
lo dice en muchas ocasiones porque así lo siente, porque se siente
partícipe de la mayoría de las referencias que se han estructurado en
el imaginario colectivo español o francés. Bien es cierto que en
otras ocasiones lo dice por el mero hecho de que es lo oficialmente
correcto en la mayor parte de los ámbitos en los que desarrolla su
vida personal y profesional. Lo sienta así realmente o no, es lo que
menos problemas le va a causar y la opción de identidad política
sobre la que menos explicaciones va a tener que dar.
Pero, ¿qué ocurre cuando una persona afirma ser navarra y europea,
pero no española ni francesa? ¿Por qué cuando una persona que no se
siente políticamente identificada con "España" o "Francia" empieza a
ser vista como un espécimen raro que debe dar explicaciones? ¿Por qué
se exige a cada persona su adscripción a una identidad política que
tenga en la actualidad su propia estructura estatal reconocida? En
buena medida porque se nos ha inculcado que las identidades
políticas, para tener carta de naturaleza y ser "normales", deben
estar representadas por estructuras estatales. En consecuencia, nadie
debiera extrañarse de que quienes no se sienten identificadas con
ninguno de los estados hoy reconocidos internacionalmente, aspiren y
reivindiquen su derecho a constituirse como tales para acceder,
precisamente, al reconocimiento oficial de la identidad política con
la que sí se sienten cómodas. Sin embargo, a cualquier persona que
así lo exprese se le achacará que, lo quiera o no, su identidad
política no es otra que la que los documentos acreditativos oficiales
de la misma indican. Es decir, si una no es voluntariamente española
o francesa, lo es porque sí, porque no hay otra realidad. Y se acabó
la discusión.
Es por ello que no nos debe extrañar que cada vez sean más las
personas que reclaman la necesidad de recuperar la identidad política
navarra a través de la recuperación de su existencia en el concierto
mundial de los Estados. De hecho, no es baladí observar que los
navarros y navarras podemos ofrecer un interesante modelo de
identidad europea. Tenemos a mano hablar tres lenguas -las que se
utilizan en nuestros diversos territorios: euskara, español y francés-
y con cierta facilidad accedemos a una cuarta -inglés-. En este
rincón de los Pirineos se dan las circunstancias idóneas para
demostrar identidad europea.
No debemos olvidar, por otra parte, que la falta de estructuras
estatales para una identidad como la navarra, nos coloca en clara
desventaja a la hora de poder salvaguardar nuestro más preciado
tesoro, que no es otro que la lengua propia exclusiva que durante
milenios se ha hablado en esta zona de Europa. Además, no deberíamos
olvidar que, sin esa característica fundamental de nuestro pueblo,
expresión de una cosmogonía propia, nuestra aportación al imaginario
colectivo europeo es realmente pobre, prácticamente nula. De hecho,
buena parte del resto de referentes los compartimos con otras
identidades culturales y políticas vecinas -lo que, dicho sea de
paso, no los hace menos importantes-. No cabe duda de que las
navarras y navarros, sin nuestra lengua propia exclusiva y la
aportación cultural que ésta lleva implícita, tenemos poco propio que
aportar a la diversidad cultural europea.
El domingo que viene, en Salinas de Pamplona, podremos vernos las
caras muchas de las personas que apostamos por una identidad política
navarra directamente vinculada al crisol de colectivos humanos que
conformamos Europa. Vinculación sin intermediarios innecesarios que
distorsionen la voluntad propia de identificarnos en el colectivo
humano en el que más cómodas nos sentimos.
http://www.nabarralde.com