Gabirel Ezkurdia - Analista internacional
Click, cambio de chip
http://www.gara.net/orriak/P27072004/art91106.htm
Al igual que «todos los caminos nos llevan a Roma», todas las
variables nos llevan a la misma resolución: Euskal Herria como
nación sólo puede sobrevivir si consigue reconstruir su entidad
estatal. Así es, las proyecciones que se derivan del actual proceso
globalitario indican con nitidez que la uniformización cultural y el
aniquilación lingüística e identitaria son dos de los ejes sobre los
que se asienta la expansión del modelo neoliberal anglófono a nivel
planetario. Durante el verano de 1987, cuando las catacumbas
balcánicas se comenzaban a retorcer, nadie en su sano juicio podía
prever que sólo tres años después Eslovenia, por ejemplo, declarase
la independencia y se constituyera en Estado soberano. Rizando el
rizo, tampoco habría nadie dispuesto a pronosticar que una década
después Eslovenia sería un estado de la Unión Europea, con el mismo
rango que Alemania o Bélgica.
Eslovenia y Estonia, paradigmáticos por su tamaño, son dos ejemplos
de que la estatalidad es recuperable, y de que no han de crearse
procesos de transición inacabables, ni ver la opción como algo
vinculado al largo plazo, al patéticamente famoso «cuando estemos
preparados» o a un escenario utópico o mítico; la estatalidad es
recuperable, ¡y a corto plazo! Haced, por ejemplo, un pequeño repaso
de los cambios habidos en los mapas desde finales del siglo XIX. En
sólo 100 años, se han desecho Imperios, como el británico, que
parecían eternos; han surgido decenas de estados deriva de «los
procesos de descolonización», se han reconstituido estados en las
naciones centroeuropeas, trans- caucásicas, balcánicasŠ ¡En poco más
de cien años!
No hay duda, por ello, de que durante este siglo otros antiguos
estados recuperaran su estatus. Escocia, Flandria o los Paisös
Catalans, quizá en su versión más reduccionista del Principat, serán
entre otros, próximos estados de la Unión Europea. Todos ellos con
una historia y una legitimidad jurídica que les cobija, con una
identidad propia que les caracteriza y con una voluntad popular que
claramente apuesta por la libre disposición, la libre disposición
para volver a constituirse en estados en el siglo XXI.
Hablamos de recuperación estatal porque ahí está el quid de la
cuestión. Los enemigos de Euskal Herria han subrayado, por activa y
por pasiva la falta de legitimidad histórica y jurídica de los
vascos para constituirse en estado. Es un mito, dicen, algo
artificioso, afirman. Nunca podríamos compararnos con Escocia o
Flandes «porque Euskal Herria nunca ha sido un estado como tal».
¿Seguro?
Navarra fue el Estado de los vascos. La Euskal Herria cultural tuvo
siempre una expresión política e institucional que ha sido
manipulada y negada por españoles y franceses sin tregua. Todo
discurso negacionista sobre los derechos de Euskal Herria como
nación, muy en boga los últimos años, cae por su propio peso desde
el momento en el que reivindiquemos nuestra propia libre disposición
a recuperar el estado, el Estado de Navarra, Vasconia, es decir, el
Estado vasco.
Un estado sojuzgado por etapas que reivindica y ejerce su libre
disposición a recuperar la estatalidad dentro del proceso europeo de
recuperación estatal de otros países en idéntica situación.
Es indiscutible que el derecho a la independencia de un estado
sojuzgado es innegociable, deriva del concepto o principio de libre
disposición, por lo que el derecho a la autodeterminación, como
instrumento democrático, condiciona la libre disposición del estado
navarro a recuperar su independencia. Pero es innegable también que
la mayoría de los conflictos y status quo prevalecientes durante
periodos históricos, transforman los conflictos y generan una
adición de variables que multiplican y complejizan las claves de
resolución y los diagnósticos que permitan procesos de recuperación
de la entidad usurpada.
En el caso navarro podemos apreciar como algunas variables, como la
de su desmembración territorial en realidades político-
administrativas diferenciadas, la evolución demográfica y
sociológica, o los efectos del transcurrir histórico, cotejan un
claro escenario multivariable de resolución, que obliga a la
aplicación de claves resolutivas derivadas del Principio de Derecho
de Autodeterminación PDA de los pueblos.
Durante años el PDA ha sido defendido desde preceptos que lo
tipificaban exclusivamente como instrumento para desarrollar los
procesos de descolonización. Una clara instrumentalización
imperialista del principio con objeto de garantizar el control
postcolonial de las respectivas metrópolis respecto de los nuevos
sujetos estatales resultantes. Pero desde 1990, los cambios habidos
en el este de Europa, han propiciado que el PDA pueda ser un
instrumento válido, de nueva caracterización, que vehiculiza los
procesos de recuperación estatal de entes o sujetos que habían visto
hurtada dicha entidad. Los procesos de los 90 han demostrado que la
utilización del PDA es un recurso pragmático que permite la
aplicación posibi- lista del originario derecho de libre
disposición, inviable técnicamente en el caso navarro por efecto de
las variables transformadoras antes descritas.
Y es en ese escenario complejo en el que las distintas estrategias
políticas han aportado en la lucha por la supervivencia. Aspectos
innegablemente positivos como una simbología identitaria
acumulativa, estructuras sociales y políticas activas, recuperación
de la estima propiaŠ pero también han creado estructuras
institucionales absurdas, artificiosas, partidarias, que han
permitido el asentamiento de la división administrativa y
territorial, y son el mayor obstáculo para la reconstitución
estatal.
Hoy Euskal Herria está dividida en administraciones diferenciadas,
pero también el concepto de país está roto. La Euzkadi aranista
basada en el «Zazpiak bat» se reduce a tres provincias ahora Euskadi
; Euskal Herria emerge, ante «la Euskadi» desprestigiada, desde la
culturalidad identitaria, pero es aplastada por la partición y la
represión negacionista; y en ese maremágnum de conceptos y proyectos
se obvia nuestra verdadera estructura política histórica: el Estado
Navarro, verdadero eje político para la reconstitución de una
estructura político administrativa unificada. Un absoluto cambio
de «chip» ineludible: del «Nafarroa Euskadi da» pasemos a ejercer
el «Euskadi Nafarroa da», Nafarroa Osoa, Euskal Herria, y la
independencia estará cada día más cerca.