Su postura frente al Calentamiento Global
Domingo 20 de mayo de 2007
"Investigaciones recientes muestran un fuerte impacto negativo en
las economías de Europa si se adoptan los objetivos del Protocolo de
Kyoto".
El ex ministro de Hacienda dice que los gobiernos no deberían
apresurarse a castigar el uso de energía, a riesgo de provocar
consecuencias dañinas para los más pobres, y que el mundo enfrenta
severas consecuencias económicas a partir de las estrategias
propuestas para lidiar con el calentamiento global: "Ellas producen
pérdidas de puestos de trabajo y consumen los escasos recursos que
podrían ser mejor utilizados en el manejo de otros problemas
globales, como el sida o la falta de acceso al agua potable".
Por Hernán Buchi B.
En el corazón del progreso de los últimos 200 años está el uso de la
energía, fuerza vital de nuestra sociedad. De ella depende la
iluminación de interiores y exteriores, el calentamiento y
refrigeración de nuestras casas, el transporte de personas y
mercancías, la obtención de alimento y su preparación, el
funcionamiento de las industrias, etc. La humanidad pasó de la
miseria extendida a la afluencia de muchos y el progreso producto de
la masificación del uso de la energía.
Pero esta herramienta, que nos ha generado tanto bienestar, resulta
ahora estar en jaque. Inspirados por una idea o una película que
apela, con imágenes producidas en estudios hollywoodenses, a nuestros
sentimientos de miedo y compasión, podríamos dejarnos llevar por
impulsos y tomar medidas con consecuencias no previstas,
irreversibles y muy negativas para los pobres. Por ello, el reciente
debate que se ha producido en Chile sobre el cambio climático nos
obliga a analizar el tema con cuidado y asegurarnos si hay razones
para actuar y qué efecto producirán estas acciones.
Existen dos informes recientes que abordan el problema climático. Uno
es el Cuarto Informe de Evaluación (AR4) producido por las Naciones
Unidas, que intenta establecer la existencia de calentamiento y si
éste es producido por la acción del hombre. La mejor lectura que se
puede hacer de estos informes lleva a concluir que el clima de la
Tierra es un sistema extremadamente complejo del que hoy sólo
comprendemos cerca de un 10% y por ello no debemos subestimar las
dificultades que involucra su análisis.
En la mayoría de los lugares, el clima ha atravesado cambios menores
en los últimos 200 años; la temperatura de la superficie terrestre de
los últimos 100 años exhibe una tendencia al calentamiento de 0,6º
Celsius en muchos lugares. Sin embargo, la falta de información para
explicar ciertos aspectos del clima y los cambios en el uso local de
la Tierra hacen que la interpretación de estas tendencias sea
imprecisa. Otro conjunto de datos más estables, tal como la
temperatura de los océanos y datos satelitales y de radiosondas,
presentan tendencias de menor calentamiento. En efecto, en muchas
localidades el cambio climático real ha sido relativamente pequeño y
encuadrado dentro del rango de la variabilidad natural. No existe
evidencia concluyente de que se estén produciendo cambios peligrosos
sin precedentes. Tanto Hansen, de la Nasa -y padre de la teoría
invernadero-, como Lindzen, del MIT, y el climatólogo más reconocido
en el mundo, coinciden en que aun si nada se hiciera para restringir
el efecto invernadero, la temperatura aumentaría cerca de 1º C en los
próximos 50 a 100 años, a una taza de calentamiento de 0,1 ± 0,04º C
por décadas durante los próximos 50 años.
Las causas que explican los cambios registrados en el siglo pasado
pueden ser interpretadas bajo una variedad de hipótesis. La hipótesis
respecto de que las emisiones de gas invernadero han producido o son
capaces de producir un calentamiento significativo del clima de la
Tierra desde el inicio de la revolución industrial es creíble y por
ello amerita continua atención. Sin embargo, esta hipótesis no ha
podido ser probada a través de argumentos teóricos formales y los
datos existentes permiten cuestionarla creíblemente. Los argumentos
que la apoyan se basan en simulaciones computacionales que nunca
pueden ser decisivas como evidencia.
Un ejercicio altamente especulativo
En efecto, estos modelos adolecen de serias limitaciones debido al
escaso conocimiento que el hombre tiene del clima; no son capaces de
explicar con exactitud ni siquiera eventos pasados, aun siendo
alimentados con todo el conocimiento que se tiene del hecho ex post.
Ello debido a que la física que gobierna al mundo real es demasiado
compleja para ser reflejada por modelos matemáticos y porque para
modelar con precisión el futuro se requiere información de lo que
éste traerá, específicamente respecto de las emisiones de gas
invernadero (GHG) provenientes de la actividad humana. Esto último es
imposible de predecir con exactitud, lo que convierte el ejercicio en
altamente especulativo.
Ya vimos en Chile las consecuencias caóticas de usar un modelo de
simulación del transporte, como fue el caso del Transantiago, aun
cuando se trataba del reemplazo de un sistema tanto menos complejo y
enigmático que el clima; o las serias dificultades para predecir
episodios críticos de contaminación en Santiago, que no involucran
esfuerzos de predicciones futuras a 100 o 200 años plazo.
Finalmente, el cuarto informe del Panel Gubernamental del Cambio
Climático (IPCC) no provee evidencia respecto de la posibilidad de
resolver esta incertidumbre mediante el uso de tests de hipótesis
estadísticas o de ejercicios de simulación. Debido a ello,
inevitablemente se mantendrán los niveles de incertidumbre respecto
de si el cambio climático es algo bueno o malo.
El Informe Stern
El segundo informe fue encargado por el gobierno británico al señor
Stern, para evaluar el riesgo del calentamiento global y el costo de
mitigación. Este informe concluye con una moción de apoyo a las
acciones de mitigación y estima que con un gasto anual de un 1% de
PIB mundial se tendría un ahorro de un 20% de los gastos futuros.
La metodología de evaluación del costo económico presenta serios
problemas. El hecho de utilizar una tasa de descuento irreal y
extremadamente baja tiene como resultado que, en los términos del
informe, los costos de supuestas catástrofes que ocurrirían dentro de
varias décadas tienen el mismo valor que si sucedieran hoy. Stern
considera que moralmente sería injusto para las generaciones
venideras emplear una tasa de descuento alta, léase realista, porque
colocaríamos nuestras necesidades por encima de las suyas.
Tratar la tasa de descuento como un problema moral es un error; los
seres humanos preferimos tener algo ahora que tenerlo más tarde. Sólo
ahorramos cuando se nos ofrece un incentivo adecuado a cambio. Por
ejemplo, un interés del 4%, correspondiente a la media histórica,
valor utilizado habitualmente. Cuando se emplean cifras absurdamente
alejadas de la realidad, se obtienen resultados absurdos.
Pero aun si se tratara de un asunto moral, la cosa no es tan
sencilla. En el futuro, la humanidad será más rica y los enormes
costos que esos supuestos desastres provocarían en las futuras
generaciones serían para ellos algo mucho menos importante. El gasto
que propone Stern es un impuesto que redistribuye recursos de las
generaciones actuales, relativamente pobres, a generaciones que
vivirán dentro de 100 años, las que serán relativamente más ricas que
las actuales. ¿Se imagina usted a las masas pobres previas a la
Revolución Industrial pagando por nosotros y nuestros problemas?
Los pobres serían los más perjudicados
Por estas razones, entre otras, los gobiernos no deberían apresurarse
a castigar el uso de energía, a riesgo de provocar consecuencias
dañinas para los más pobres. Investigaciones recientes muestran un
fuerte impacto negativo en las economías de Europa si se adoptan los
objetivos del Protocolo de Kyoto, con efectos económicos para el año
2010 que implicarían una reducción del PIB de 5,2% para Alemania
(1.800.000 empleos perdidos), del -5% para España (1.000.000 de
empleos perdidos), -4,5% para el Reino Unido (1.000.000 de empleos
perdidos).
El mundo enfrenta severas consecuencias económicas a partir de las
estrategias propuestas para lidiar con el calentamiento global. Ellas
producen pérdidas de puestos de trabajo y consumen los escasos
recursos que podrían ser mejor utilizados en el manejo de otros
problemas globales como el sida o la falta de acceso al agua potable.
Por ello las estrategias de adaptación al cambio climático, en lugar
de mitigación, deberían ser consideradas como una alternativa costo-
eficiente.
Es entendible la ansiedad que produce en algunos el supuesto cambio
climático, pero existe evidencia de que muchas de las tan publicadas
predicciones son confusas y están plagadas de errores. Es vital por
tanto que quienes están involucrados en la toma de decisión pública
presten la adecuada atención a las complejidades que presenta este
tema tan desafiante.