El otro día estuve en Madrid, nunca pensé que llegaría tan lejos a
manifestarme ni que me saliese tan caro (en denarios) pero pagaría
de nuevo porque valió la pena. Ëramos el pueblo más tranquilo del
estado, el considerado más dócil, el gallego de lluvia y calma, el
que tranquilamente avanzaba hacia la capital de España, sede del
Gobierno central, con una determinación clara, contenida y pacífica
de exigir responsabilidades políticas a unos petimetres que tenemos
por gobernantes, los de allí y los de aquí, y a dejar claro que lo
que nos han hecho vivir no se nos va a olvidar tan fácilmente.
Ëramos muchos y lo dijimos alto.
Y por si alguien, metido en su casa, siente que se deja llevar por
las palabras de ciertos comisionados del desastre que miden
incluso "la suficiente inteligencia de la naturaleza que todo lo
limpia", no tiene más que acercarse a la costa un día de vendaval
como hoy y comprobar como sigue entrando fuel en sus diferentes
versiones: Galletas, lentejas y nesquik, este es un batido con
espuma marrón en el que se pueden mojar las eufemísticas galletas de
los informativos, porque no hace falta ser muy listos como para
saber que si en general se le llamaba mierda, en pequeñas porciones
no podían ser otra cosa que cagalletas o cagallotas, como se quiera.
Y como el marinero adopta enseguida cualquier palabra no le importó
seguir la corriente al resto y se puso a hablar de galletas, y a
continuacion, cuando llegó la espuma tostadita... pues claro, el
nesquik. A esto se le llama dar por el palo!!!
Llámesele como se le llame sigue entrando.
Pero no sólo quería hablar de nuestra expedición a Madrid, si empecé
por ahí es porque de alguna manera quería relacionarlo con la
oposición mundial a la guerra contra Irak. Ayer leí un artículo de
Vicente Verdú que insiste como siempre en el carácter mediatico de
los acontecimientos. Empieza diciendo que la guerra no ha empezado y
que ya no interesa, cuentan sus consecuencias. Que no puede
permitirse un formato plano, que tiene que ser intensa y rauda sinó
sería insoportable para la audiencia. Y luego lo compara con las
manifestaciones pacifistas. Dice que a las masivas manifestaciones
en la calle han debido sucederse los viajes a Bagdad para ofrecerse
como escudos humanos porque todo lo que no tenga una línea
ascendente desanima, reduce audiencia y aburre. Y acaba en el colmo
del delirio, "¿quien puede dudar de que apartada del Prime time, la
guerra real no será nada?". Pero bueno, digo yo, que haya miles de
estúpidos en el mundo que se crean lo que pasan por las pantallas de
televisión, y que otros miles de estúpidos se fijen en los índices
de audiencia para gobernar, declarar una guerra o emitir una
telenovela, no quiere decir que no haya muchos otros ciudadanos
conscientes de lo que significa una guerra real aunque no se
transmita por tv., y del sufrimiento que provoca en miles de seres
humanos. Lo siento, pero esto de seguirles el juego con los índices
de audiencia me pone enferma. No podemos partir de sus mismas
premisas. Ni en clave irónico-sociológica lo puedo admitir.
Y la relación entre las manifestaciones por una cosa y por la otra
que la busque cada uno (yo ahora ando ocupada con la cena), creo que
tiene que ver con cierto despertar... Que nos pregunten a los
gallegos sinó.
Besos
Maria.