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Guerra y resistencia global.- de Carlos Taibo   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #275 de 335 |
Pese a la tragedia que acompaña a la agresión angloestadounidense
contra Irak, y a manera de precario consuelo, la multitudinaria
contestación que los hechos han levantado entre nosotros permite
albergar algún optimismo. Cuando se sopesan las manifestaciones del
15 de febrero -y muchas de sus secuelas más recientes- es común que
se deje en el olvido, con todo, algo que conviene rescatar: la
convocatoria correspondiente corrió a cargo, en noviembre pasado y
en Florencia, de los denostados movimientos de resistencia global.

Nada sería más ingenuo, claro, que atribuir a las redes
antiglobalización la sorprendente capacidad movilización que, en
franco rechazo de la guerra, se ha revelado entre nosotros y en
tantos lugares. Esta última se explica, de forma sñas sencilla, en
virtud de un puñado de datos que casi todos tenemos en mente.
Mencionemos entre ellos la debilidad de los argumentos que
identificaban amenazas del lado de Irak, la certificación de que
EEUU tomó en su momemto, y por su cuenta y riesgo, decisiones
impresentables, el franco desprecio que Washintong y sus acólitos
muestran por Naciones Unidas, los intereses ocultos que se adivinan
en la trastienda, la conciencia de que sobraban los caminos para
resolver, de forma pacífica, la crisis o, en fin, la certificación
de que abraza el presidente norteamericano no hacen sinó engrosar el
caldo de cultivo de eso que ha dado en llamarse terrorismo
internacional. No es que, en otras palabras, el Gobierno español se
haya explicado mal, es que no hay manera de atrapar un átomo de
discurso racional en los mensajes de quienes alimentan esta guerra.

Tras dejar sentado que las percepciones recién invocadas son comunes
a todos, o a casi todos, los que se han manifestado contra la
guerra, tiene su sentido preguntarse por el sesgo que las redes de
resistencia global, y con ellas el movimiento pacifista de siempre,
han procurado aportar a la contestación. Tiene sentido reseñar
cuáles son las diferencias que esas redes muestran con respecto a
muchas de las querencias que, también en oposición a la agresión
contra Irak, se expresan en las fuerzas políticas al uso y en los
medios de comunicación, en el buen entendido de que ni todas las
redes de resistencia global comulgan con los argumentos que siguen
ni todos aquéllos que viven al margen de esas redes están
necesariamente en desacuerdo con ellos.

En el seno de los movimientos despunta, por lo pronto, una visible
desconfianza ante Naciones Unidas y sus reglas. Con argumentos que
no parecen infundados, lo común es que se estime que la máxima
organización internacional muestra desde tiempo atrás, y pese a las
apariencias, una sumisión a los intereses de los grandes, y
singularmente los de EEUU, que no es ni casual ni pasajera. La
prudencia aconsejaba rechazar desde el principio una aresión contra
Irak tato si esta se veía amparada por el Consejo de Seguridad como
si tal circunstancia no se hacía valer. La liviandad de las
protestas que en estas horas blande un personaje tan patético como
Kofi Annan retrataría de manera cabal a la organización que
representa.
Claro es que, en segundo lugar, y si cabe, la miseria se antoja aún
mayor cuando la opción triunfante es la que pasa por prescindir, sin
más de Naciones Unidas. A muchos sorprende, al respecto, que algunas
críticas de la abrasiva política estadounidense de ahora vean la luz
en labios de quienes no dudaron en sortear la legalidad
internacional, en 1999, en Kosovo. El mensaje entonces trasladado no
era precisamente edificante: cuando la ONU interesa, se echa mano de
ella; cuando no, se deja de lado en provecho de una acción, la
acometida por la OTAN en la primavera de aquel año, que exhibía una
condicion manifiestamente unilateral. "El unilateralismo no tiene
que ver con el número de actores, sino con la usurpación de una
misión que pertenece a Naciones Unidas", ha recordado un manifiesto
suscrito por numerosos profesores de Derecho Internacional. Quienes
han venido a sostener que los bombardeos de la OTAN eran defendibles
toda vez que el conjunto de los Estados miembros de la propia
Alianza y de la UE los refrendó se retratan a sí mismos como
sospechosos aduladores de las prácticas que hoy alienta EEUU en
relacion con Irak. Para evitar malentendidos aclaremos la trastienda
del debate: siendo evidente que en Kosovo se violentaban los
derechos humanos, no lo es menos que no era ésa la razón que venía a
dar cuenta de las acciones de la OTAN.
La tercera apreciación pone el dedo en la llaga: la de la
omnipresencia fórmulas de doble rasero que encaran de forma
diferente a amigos y enemigos, poderosos y débiles. Las
consideraciones al respecto, que no gustan a quienes prefieren
bucear en el tenaz recordatorio de la maldad del régimen iraquí,
tampoco comlacen mucho a quienes, hoy del lado de la resistencia
contra la guerra, en el pasado alentaron -ah´li están, para
certificarlo, los ejemplos de Chechenia, el Kurdistan, Palestina o
el Sahara occidental- aberrantes dobles raseros. señalemos, sin
mayores pretensiones, que de la misma suerte que quien aplica
respuestas parejas, quien los alentó en el pasado debe demostrar
hoy, de forma fehaciente, que ha realizado el consecuente ejercicio
de constrición.

En las redes de resistencia global se aprecia también, sin necesidad
de escarbar mucho, un franco recelo ante la textura de las
disidencias que han expresado, en esta crisis, los diriguentes de
Francia y Alemania. El asiento de semejante recelo es doble. Por un
lado, debe recordarse que una cosa es no participar en una guerra, y
otra asumir el liderazgo de un genuino frente de rechazo, horizonte
que no parece haber estado en momento alguno en la lagenda de París
y de Berlín. Pero, por el otro, y más allá de las contingencias del
momento, en los movimientos antiglobalización no sobran los
enamorados de la UE y de sus prestaciones: si dos decenios de
políticas neoliberales han dado al traste con la mayoría de las
señales de lo que algunos entienden que era una modalidad social de
capitalismo, hora es de desprenderse de la asunción de que gentes
como Blair, Schröeder, Chirac, Berlusconi o Aznar mantienen algún
compromiso con la causa de la justicia y la libertad en el conjunto
del planeta. Lo ocurrido en Jenin y Ramala un año atrás, las
artimañas que los miembros de la UE han desplegado en Afganistán
para esquivar la emergente legislación penal internacional y el
designio francoalemán de rebajar, en estas horas, el tono de la
contestación son argumentos suficientes para apuntalar semejante
percepción.

Un quinto criterio que los movimientos abrazan sin mayores dudas
remite a la trama de intereses que se revela al calor de la crisis
actual. Por detrás de ésta no es difícil apreciar la búsqueda
codiciosa de materias primas energéticas y, más allá de ella, el
designio de ratificar viejas explotaciones y exclusiones en provecho
de los Estados ricos del Norte y de la globalización que alientan.
En lo que a esto se refiere, se antoja preferible reconocer que el
proyecto -una suerte de abierta participación en el reparto del
botín- que el Gobierno español defiende, disfruta de un apoyo mayor
que lo que las encuestas invitan a concluir: con la guerra o contra
ella, son muchos nuestros conciudadanos decididos a preservar su
condición de privilegio y a mantener, pese a lo que fuere, los
niveles de consumo -de despilfarro- que caracterizan a nuestras
sociedades.

Agreguemos una última percepción en la que beben muchas de las redes
de resistencia global: aún cuando, entre nosotros, celebran que el
principal partido de la oposición haya optado por plantar cara a
esta guerra, prefieren no olvidar que en medida nada despreciable lo
que ocurre hoy es la secuela de políticas que los ahora opositores
defendieron, a capa y espada, cuando se hallaban en el poder. Al fin
y al cabo, fue en los albores de la era socialista cuando cobró
cuerpo un franco designio encaminado a normalizar las relaciones
exteriores españolas de la mano del ejercicio de una manifiesta
sumisión al dictado que emanaba de Washington. Lo sucedido al calor
del malhadado referéndum sobre la OTAN, en 1986, y del visible
incumplimiento de las tres condiciones entonces postuladas por el
Gobierno españos obliga a desestimar la sugerencia de que los
desafueros que el Partido Popular protagoniza en estas horas carecen
por completo de antecedentes. Y es que a los ojos del grueso de los
integrantes de los movimientos que nos ocupan, más preocupados por
fortalecer las redes sociales que por alcanzar unos u otros
resultados electorales, no hay motivo alguno para dar la espalda a
un lema de antaño que hoy recupera, sibilinamente, su sentido:
OTAN no, bases fuera.






Mié, 2 de Abr, 2003 3:13 pm

mariamadredeus
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2 de Abr, 2003
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