Agotamiento de la socialdemocracia
La mundialización de la economía y los cambios sociales que se intensificaron en
la última década han puesto a prueba la capacidad transformadora de los diversos
partidos socialistas europeos. Los recientes congresos de la SPD en Alemania y
del PS en Francia se han enfrentado al dilema de replantear sus postulados
tradicionales para buscar un proyecto de futuro en un contexto marcado por las
pautas del neoliberalismo. En esta página se analiza la crisis del modelo
socialdemócrata europeo y cómo observan ese proceso los reformistas en Estados
Unidos.Ignacio Sotelo es catedrático excedente de Sociología.
EL PAÍS | Opinión - 08-06-2003 -->
Cabe muy bien hablar del final de la socialdemocracia, al haberse evaporado los
contenidos específicos que la diferenciaban de los demás partidos, que antes
llamábamos burgueses y que ahora denominamos conservadores, populares,
democristianos, o simplemente de centro-derecha, y haber desaparecido el modelo
de partido de clase que inventó la socialdemocracia a finales del XIX,
reconvertida hoy en un partido interclasista sin otra perspectiva, al igual que
los demás partidos con los que compite, que ganar elecciones. El hecho básico
del que tiene que partir cualquier reflexión sobre la situación actual de la
socialdemocracia es que en objetivos, organización y militancia poco o nada se
diferencia de los otros partidos mayoritarios. A comienzos del siglo XX la línea
divisoria entre partidos socialistas y partidos burgueses era de trazo grueso; a
comienzos del siglo XXI se ha esfumado por completo. El diagnóstico hay que
completarlo diciendo que se oyen ya los primeros balbuceos de otra izquierda muy
distinta, cuyos rasgos principales todavía no cabe discernir con claridad.
El último modelo socialdemócrata, ahora agotado, se había configurado después de
la II Guerra Mundial con el paso del Estado social al Estado de bienestar. Los
laboristas ponen en marcha el programa de nacionalizaciones anunciado (el Banco
de Inglaterra, la minería del carbón, la electricidad, el transporte), a la vez
que desarrollan el Estado social hasta convertirlo en el Estado de bienestar
(Welfare State), denominación que alude al salto cualitativo que implica el
pasar de los seguros de enfermedad, accidente de trabajo, vejez, maternidad
(Estado social), a la ayuda social que establece la National Assistence Act, con
una cantidad semanal garantizada para todo aquel que la precise, y con la
National Health Service Act, el servicio médico gratuito para todo el mundo.
Pero donde el modelo socialdemócrata llegó a su mayor perfección, tropezando ya
con límites difíciles de franquear, fue en Suecia. La originalidad de la
socialdemocracia sueca en el poder consistió en que renunciara a la
nacionalización de la gran industria, pese a tenerla prevista en su programa. En
vez de nacionalizaciones, con los problemas que conlleva la gestión estatal de
las empresas, el instrumento principal de una política social, encargada de
acortar las diferencias, recayó en la política fiscal. El fracaso del laborismo
británico se debió al amplio espectro de nacionalizaciones, mientras que el
éxito de la socialdemocracia sueca en buena parte se explica por haber dejado la
economía en manos privadas, centrándose el Estado en una política de igualación
social, tan amplia como innovadora, que financia con los impuestos.
El modelo socialdemócrata se desploma en Suecia, como en el resto de Europa, en
el momento en que no logra mantener el pleno empleo, con lo que no le queda otro
remedio que renunciar al Estado de bienestar. El paro lo ha convertido en
impagable: el subsidio de desempleo termina por llevarse la parte del león en el
gasto social. Falto de recursos, no hay ya proyecto social innovador que valga.
Con un paro permanente próximo a los dos dígitos, la socialdemocracia europea no
tiene otra meta que luchar contra él y evitar el desmantelamiento del Estado
social, pero sin un programa claro de cómo recuperar el pleno empleo, ni
alternativa que oponer a las privatizaciones de los servicios sociales que
propone el liberalismo dominante.
El desempleo masivo de los los años veinte y treinta llevaron a la
socialdemocracia al poder. El desempleo que se originó en la recesión de
comienzos de los setenta, ha terminado por sepultar el Estado de bienestar que
construyó la socialdemocracia entre los años cincuenta y setenta. El modelo se
vino abajo cuando el keynesianismo dejó de mostrarse operante en la lucha contra
el desempleo, y hubo que elegir entre una inflación que, si seguía aumentando el
gasto público, amenazaba dispararse, o aceptar el desempleo como inevitable. La
única posiblidad que tenía el modelo socialdemócrata para mantener el pleno
empleo era controlar las inversiones, de modo que se tuviera en cuenta, además
de la rentabilidad, la incidencia en el mercado de trabajo. Una medida que llegó
a debatir la socialdemocracia sueca, pero que no se atrevió a aplicar, dada la
reacción violenta que habría que esperar de los dueños del capital que no se
dejarían arrebatar la libre disposición de su propiedad. Un movimiento como el
socialdemócrata, que había convertido el reformismo gradualista en parte de su
identidad, no podía dar un paso revolucionario de tal envergadura sin barruntar
siquiera todas las gravísimas consecuencias que se derivarían.
La caída del bloque soviético convirtió al planeta en un solo mundo en el que
cabía invertir por doquier, según las ventajas que ofreciera cada localidad. La
internalización del proceso productivo pone en cuestión los fundamentos mismos
de la política socialdemócrata, aplicable únicamente en el interior de un
Estado, capaz de ordenar el mercado. La clase obrera vive un proceso de
disolución, fragmentada en sectores con intereses, cultura, formas de vida muy
diferentes, y sin la protección de las grandes organizaciones de clase,
justamente en un momento en que los dueños del capital no divisan enemigo que
tomar en consideración. Obsérvese que la economía clásica ha vuelto a prevalecer
sobre la keynesiana en cuanto la relación de fuerzas entre las clases ha vuelto
a ser la que fue. De la socialdemocracia no queda hoy más que el nombre, cuya
gestión posibilita aún llegar al poder a los propietarios de marca tan
prestigiosa; su debilidad se muestra en que nada ofrece que no ofrezcan también
los demás.
---------------------------------
Yahoo! Sorteos
Juega a la Lotería Primitiva sin salir de casa
[Se han eliminado los trozos de este mensaje que no contenían texto]