" DEVOCION DEL SAGRADO CORAZON DE JESUS "
( Enviada por Lidia Fernández)
LOS NUEVE PRIMEROS VIERNES DE MES
Promesas de Nuestro Señor Jesucristo a Santa Margarita María
Alacoque, a los devotos de su Sagrado Corazón.
_ Les daré todas las gracias necesarias a su estado.
_ Pondré paz en sus familias.
_ Les consolaré en todas sus penas.
_ Seré su refugio seguro durante su vida y sobre todo en la muerte.
_ Derramaré abundantes bendiciones sobre todas sus empresas.
_ Los pecadores encontrarán en mi Corazón un manantial y el océano
de la misericordia.
_ Las almas tibias se volverán fervorosas.
_ Las almas fervorosas llegarán rápidamente a una gran perfección.
_ Bendeciré las casas en las cuales sea expuesta y honrada la
imagen de mi sagrado Corazón.
_ Daré a los sacerdotes el talento necesario para ablandar los
corazones más endurecidos.
_ El nombre de las personas que propaguen esta devoción quedará
escrito en mi Corazón y jamás se borrará.
La "DEVOCIÓN DE LOS NUEVE PRIMEROS VIERNES", consiste en
comulgar el primer viernes de cada mes, durante nueve meses. Si por
alguna causa se interrumpe, debemos comenzar otra vez a contar. Si
uno comulgase en pecado mortal en un primer Viernes, haría una
injuria al sagrado Corazón de Jesús, cometería un grave sacrilegio y
no alcanzaría la gracia prometida por Dios, teniendo que empezar otra
vez la serie de los nueve primeros Viernes. ¿Qué promete Jesús a los
que comulguen los nueve primeros viernes?
Les promete que morirán en gracia ; no morirán sin recibir los
Sacramentos; no se condenarán, sino que se salvarán.
Ofrecimiento de la Sagrada Comunión
"Corazón de Jesús, que habéis hecho tan grandes promesas a
cuantos comulguen Nueve Primeros Viernes de Mes seguidos, os ofrezco
hoy la Comunión de este Primer Viernes, que es el... (1) de los que
dedico a gloria y honor vuestro, a fin de que cumpláis en mí la gran
Promesa de morir en vuestra gracia y amistad. Amén."
Es práctica muy devota rezar las siguientes jaculatorias y
padrenuestros, en memoria de las tres Insignias, Cruz, Corona de
espinas, y Herida del pecho con que se apareció a Santa Maria
Margarita de Alacoque:
_ Por la Cruz que se levanta sobre vuestro Corazón, concededme,
Jesús mío, de mis pecados perdón. Padre nuestro...
_ Por la Corona de espinas, que os lastima el Corazón,
concededme, Jesús mío, que piense en vuestra Pasión. Padre nuestro.
_ Por esa sangrienta Herida, que os traspasa el Corazón,
concededme, Jesús mío, de mi alma la salvación. Padre nuestro...
Consideraciones Para los nueve primeros viernes
PRIMER VIERNES. ¿Dónde vivía Jesús?
Jesús, Dios y Hombre verdadero, vivía en un pueblecito llamado
Nazaret, tenía sus casas escalonadas en la montaña y edificadas con
piedra blanca. Las casas eran de forma cuadrangular y con la escalera
en su parte exterior. Sus calles, pendientes y mal conservadas, y en
su parte más baja se levantaba una casita, que servía de taller a un
pobre carpintero. Nada en ella de muebles ricos y lujosos, sino todo
pobre, aunque limpio, aseado y en buen orden. Jesús, que podía
disponer de todos los palacios del mundo, vive en aquella humilde
casita. ¿Qué te parece? ¡Qué simpático se hace el Rey de los cielos
habitando en Nazaret! Procura ser humilde y sencillo como Él.
SEGUNDO VIERNES. ¿Como vivía Jesús?
Él era Amo y Señor de cielos y tierra, y quiso vivir pobre y
necesitado de todo. Vivía en una casa pobre y vivía pobremente. Dice
San Buenaventura que algunas veces le faltó a la Sagrada Familia aun
lo más necesario para la vida. Jesús no hacía caso de las cosas de la
tierra. Su Corazón estaba en las cosas del Cielo. Con esto quiso
enseñarnos que hemos de pensar en la vida eterna que nos espera para
después de la muerte. ¿Por qué pensamos tanto en las cosas de este
mundo, que se han de acabar un día...?
TERCER VIERNES. ¿Cómo crecía Jesús?
Jesús iba creciendo en edad y gracia delante de Dios y de los
hombres. No que fuese después más santo y bueno de lo que era antes,
porque fue siempre santísimo y perfectísimo, sino que cada día daba
más muestras de la santidad que poseía, y cada día se veía más la
bondad y Perfecciones de su Divino Corazón. Tú, así como creces en
edad, has de crecer también en bondad y santidad, y cada día, no sólo
has de parecer mejor, sino que en realidad has de serlo. ¡Qué lástima
de ver a ciertos jovencitos que son cada día peores y que con los
años van aumentando los pecados que cometen! No seas tú de ese número
y procura imitar a Jesús. Ámale más cada día y piensa cómo se
portaría Él cuando tenía tu misma edad.
CUARTO VIERNES. ¿Cómo Oraba Jesús?
Mírale en su casita de Nazaret en medio de María y de José, unas
veces de rodillas con su cabeza dulcemente inclinada sobre su
Corazón, otras veces de pie, con las manos levantadas, como entonces
se acostumbraba. Está orando. Tiene sus ojos modestamente bajos o
levantados al Cielo. Su cuerpo está en la tierra; pero su espíritu se
ocupa solamente en las cosas celestiales. ¡Aquélla sí que es oración
que hemos de procurar imitar! Nosotros ¿cómo oramos? ¿Cómo te
encomiendas a Dios, tú que esto lees? ¿Rezas bien? ¿Se reza en tu
casa? Así como coméis juntos, ¿oráis también juntos?
QUINTO VIERNES. ¿Cómo obedecía Jesús?
Jesús era Dios y no tenía obligación de obedecer a nadie. Era
mucho más que María y que José. A Él debían obedecer todos, incluso
sus padres. Sin embargo obedecía con prontitud y alegremente, sin
murmuración, sin réplica. Tú has de obedecer a tus padres y
superiores, porque Dios te lo manda; has de obedecer, aunque te
repugne lo mandado, sin mostrar mala cara ni dar ningún disgusto, a
no ser que se te mandase alguna cosa contra la Ley de Dios, El que es
obediente, se hace amable a todos.
SEXTO VIERNES. ¿Cómo trabajaba Jesús?
Sí, Jesús también trabajaba y quiso ganarse el sustento con el
trabajo de sus manos. Él ayudaba a su Madre en los quehaceres
domésticos, y a José en el oficio de carpintero. Aquel mismo que con
sus omnipotentes manos había creado el cielo y la tierra trabajaba
humildemente en un pobre taller. ¡Qué humildad la suya! Tú debes
también trabajar en las ocupaciones que te hayan enseñado. Aprovecha
el trabajo de tu primera juventud no pierdas el tiempo en bagatelas o
en excesivos juegos.
SÉPTIMO VIERNES. ¿Cómo hablaba Jesús?
¡Qué gusto debía dar el oir a Jesús cuando hablaba! ¡Con qué
amabilidad preguntaba y respondía a sus padres! Sus palabras caerían
como regalada miel sobre los Corazones de María y de José. En aquella
familia nunca se oían palabras torpes o malas, amargas o picantes,
sino que todas eran llenas de inefable amor y caridad. ¡Qué consuelo
el de aquellos padres con un Hijo de tales prendasl ¡Qué benevolencia
y cariño respiraban sus palabras, salidas de aquel Corazón, que era
todo amor y caridad! Y tú ¿cómo hablas? ¿Hablas con orgullo, o cosas
inconvenientes, malas o peligrosas? ¿En qué, cómo y cuándo debes
enmendarte? Reflexiónalo bien.
OCTAVO VIERNES. ¿Cómo se portaba Jesús con las gentes?
Jesús era poco amigo de salir de casa; allí se encontraba bien
con María y con Josté; pero salía cuando era necesario o conveniente
y se portaba con exquisita corrección, cortesía y caridad con todos.
A todos daba excelentes ejemplos de piedad, procurando encaminarlos
por el camino del Cielo. Era el más fiel amigo, el ciudadano más
ejemplar, el modelo de todos, de los pequeños y de los mayores. Nunca
se le veía en lugares de diversiones mundanas. Y tú, ¿a dónde vas?
¿Por qué eres tan amigo de verlo todo, de oirlo todo? Quizá vas a
ciertos sitios no buenos, adonde Jesús no podría acompañarte. ¿Lees
cosas malas?
NOVENO VIERNES. ¿Cuándo iba al templo Jesús?
En la Sagrada Familia se guardaban las buenas costumbres de los
israelitas. Por la mañana rezaban las oraciones mandadas. Los lunes y
jueves acudían por devoción a la Sinagoga para oír la Sagrada
Escritura. Todos los Sábados (que era para ellos lo que es ahora para
nosotros el domingo) no faltaban a la Sinagoga a rezar y cumplir lo
que decía la Ley. Cada año, aun los que es de Jerusalén, habían de ir
tres al templo, porque no había más que uno se adorase al verdadero
Dios. La Sagrada Familia vivía en Nazaret, que distaba más de cien
kilómetros ciudad, y ningún año faltaba a las solemnidades
prescritas.
En una de esas idas al templo, Jesús, que tenía ya doce años, que
sin decirlo a sus Padres, porque esta era la voluntad de su Padre
Celestial. Allí Jesús oraba, leía, cantaba salmos, alababa a Dios.
Allí el presidente explicaba la Sagrada Escritura y preguntó, como
solía hacerse, si alguno de los oyentes deseaba hablar o hacer al
pregunta. Jesús se levantó modestamente y comenzó a explicar los
pasajes de la Escritura que hablaban de Él, que era el Mesías o
Salvador que había de venir al mundo. Todos quedaron admirados al ver
la sa Jesús, que sabía más que todos ellos. Imita a Jesús, y acude al
templo en los días que nos manda la santa Iglesia.
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