Artículo de J. J. Esparza en "El semanal digital"
(http://www.elsemanaldigital.com/arts/41054.asp)
"Toque de queda
9 de noviembre de 2005. A la luz de las hogueras de París estamos
leyendo cosas muy variopintas, casi todas razonables, casi todas
insuficientes. Simplificando, las posiciones se dividen en dos: unos
creen que la culpa la tenemos nosotros, Occidente opulento e injusto;
otros, que la tienen ellos, bárbaros fanatizados que no se quieren
integrar. A partir de ese paisaje, el cuadro se completa con
distintas y contradictorias atribuciones de responsabilidad.
Los liberales acusan a la economía francesa, que no funciona por
exceso de estatalismo. Los socialistas culpan al mercado, que no
protege a los más necesitados. Pero los sistemas de protección
social, en Francia, son enormes, y la economía francesa, que siempre
ha sido estatalista, ya ha conocido antes otras crisis sin que
surgieran episodios de violencia como los presentes.
Los cristianos culpan al laicismo, a la ausencia de religión, que
lleva a perder la conciencia del mal, alimentando la violencia. Los
laicos culpan a la religión, y concretamente al Islam, que atiza el
descontento. Pero el laicismo republicano, sin ser un dechado de
virtudes, nunca antes había originado estos problemas de subversión
masiva, y los subversivos, por su parte, sólo superficialmente
podrían invocar el Islam: su mundo es otro.
Para los conservadores, la culpa es de los inmigrantes que no desean
integrarse, refractarios a la disciplina social. Para los
progresistas, la culpa es de los sistemas de asistencia, que no
prestan suficiente atención a la juventud de los suburbios. Pero
nadie ha gastado tanto como Francia en unos mecanismos de integración
que, hasta el momento, parecían haber funcionado satisfactoriamente.
Aquí ya hemos echado nuestro cuarto a espadas: pensamos que la raíz
del problema está en la incapacidad de cualquier sociedad para
digerir una cantidad excesiva de diferencias sociales, religiosas y
culturales en tan breve plazo. Y estamos más bien por anteponer, en
materia de inmigración, los criterios de cohesión cultural a los de
rentabilidad de la mano de obra extranjera. Pero este argumento se
tiene que completar con los arriba expuestos: aunque contradictorios,
todos tienen algo de verdad. Y ante un problema tan complejo, es
aconsejable pensar simultáneamente variables contrapuestas.
De momento, y para añadir un nuevo elemento al debate, señalemos que
ahora, con el resplandor de las hogueras al fondo, quizá se entienda
mejor a quienes, como Alain de Benoist, llevan años proponiendo una
suerte de pluriculturalismo dirigido como método para organizar el
caos: hacer que las distintas comunidades organicen su propia
disciplina dentro de un sistema común de orden público; potenciar el
valor normativo de las identidades culturales frente a la anomia de
la sociedad de consumo; detener el flujo de inmigrantes y
reordenarlo, anteponiendo los criterios de cohesión social a los
intereses directos del mercado; separar los conceptos de ciudadanía y
residencia, porque no puede considerarse responsable de la
supervivencia colectiva a cualquiera que obtenga un permiso para
afincarse en el país. ¿Es tan descabellado?
Seguiremos informando."
¿estamos condenados a que ocurran este tipo de situaciones en España?
Un saludo a todos.