CAPITANALATRISTE.COM | 9 de marzo de 2006
El escritor y académico Arturo Pérez-Reverte presenta
su nueva novela, El pintor de batallas, el miércoles
15 de marzo a las 20 horas en el Museo Nacional de
Arte Reina Sofía de Madrid. Conversará con el
científico y también académico José Manuel Sánchez
Ron.
En una torre junto al Mediterráneo, en busca de la
foto que nunca pudo hacer, un antiguo fotógrafo pinta
un gran fresco circular en la pared: el paisaje
intemporal de una batalla. Lo acompañan en la tarea un
rostro que regresa del pasado para cobrar una deuda
mortal, y la sombra de una mujer desaparecida diez
años atrás. En torno a esos tres personajes, Arturo
Pérez-Reverte ha escrito la más intensa y turbadora
historia de su larga carrera de novelista.
Deslumbrante de principio a fin, El pintor de batallas
arrastra al lector, subyugado, a través de la compleja
geometría del caos del siglo XXI: el arte, la ciencia,
la guerra, el amor, la lucidez y la soledad, se
combinan en el vasto mural de un mundo que agoniza.
ENTREVISTA
«En El pintor de batallas están muchas claves que
explican mis libros anteriores»
EL PAÍS | José Andrés Rojo | 21 de enero de 2006
El escritor y académico Arturo Pérez-Reverte
(Cartagena, 1951) ha terminado su nueva novela. Se
titula El pintor de batallas, aparecerá en marzo en
Alfaguara con una tirada inicial de 250.000 ejemplares
y ahora el escritor está revisando galeradas, dando
los últimos retoques, firmando sentencia sobre la
versión que será ya la definitiva.
Se trata de una de sus obras más rotundas -tiene 300
páginas-: una pieza destilada que evita cualquier
artificio redundante y que va directamente al grano.
Estrictamente no pasa gran cosa, lo reconoce el propio
escritor, y el peso entero lo sostienen dos personajes
("y medio", dice Pérez-Reverte, refiriéndose a una
mujer que está ahí, pero que no participa en la
acción, si es que se puede hablar en estos términos)
en un texto donde los diálogos son esenciales. No hay
mucho movimiento, todo se desarrolla en un espacio
prácticamente clausurado. Es una novela que habla del
orden y del caos, de la piedad y del horror, de la
responsabilidad de cuantos viven de cerca la
brutalidad de la realidad, ahí donde las categorías de
bien y mal quedan en suspenso, desbordadas por la
lógica cruel que gobierna los hechos del mundo.
Pregunta. Es un libro un tanto diferente en su
trayectoria. ¿Cómo surge y cómo lo aborda?
Respuesta. Era una novela que tenía que escribir. Se
la debía a mis lectores y me la debía, sobre todo, a
mí mismo. Puede interpretarse como un tablero de
ajedrez, como la revelación de las claves que explican
mis otras novelas. Aquí muchos personajes y tramas
anteriores encuentran su porqué.
P. ¿Cómo ha trabajado con esta novela, qué es lo
primero que surge, qué elemento resulta esencial?
R. Una novela podría ser como esta misma habitación,
que está llena de objetos. Puedes acercarte a ella a
través de cualquiera de las piezas que la llenan.
Cuanto más conoces cada objeto, mejor darás cuenta de
lo que hay. Hay novelas que surgen de un personaje,
otras de la estructura, otras de la historia, hay
muchos caminos. Ahora tengo 54 años y una biografía
detrás, que te impone unas obligaciones. Hay que
correr riesgos. Más aún cuando llevas 15 años
escribiendo ficción, y sabes que no eliges tú, que son
las novelas las que te eligen.
P. Pocos personajes, mucho diálogo, y la guerra como
telón de fondo.
R. No es una novela autobiográfica, no es una novela
de periodistas, no es una novela de guerra. Lo que yo
quería contar es la desolación que produce la certeza
de descubrir el caos del universo. Lo que ocurre
cuando se constata que la naturaleza no tiene
sentimientos, y que gobierna el horror. Los hombres
antiguos estaban preparados para semejante desorden,
pero el hombre moderno ha preferido ignorarlo. Y llega
un tsunami y lo arrasa todo. Y se toma como una
novedad cuando ha ocurrido siempre.
P. Aun así, la guerra impregna toda la novela...
R. Pero eso ocurre únicamente por un detalle
biográfico. Conozco las guerras, las he vivido muchos
años, pero el eje, lo esencial de la novela, es otra
cosa. Para contarlo sirve la guerra, es verdad, pero
también podría haberse narrado a través de un médico
de urgencias o de un policía de barrio.
P. La anécdota es, pues, secundaria...
R. Hay tres ejes que arman el libro y que se proyectan
en los tres personajes principales. El arte, la
ciencia, la guerra: el pintor, la mujer que ama, el
visitante que llega de manera sorpresiva. Pero las
cosas no son tan simples, todas las cuestiones
terminan por mezclarse. Lo escribí en una antigua
novela, La tabla de Flandes, donde decía que el
tablero donde se juegan las cosas es gris, nunca
blanco y negro.
P. Arte, ciencia y guerra, pero al final lo que está
en juego es cómo convivir con el desorden.
R. Si cuanto pasa es totalmente casual la existencia
resulta insoportable y sin ninguna salida. Cuando se
desencadena el horror, caben distintas respuestas. Una
es estremecerse, y desentenderse de cuanto pasa. Otra
es negar lo que ocurre, y lavarse las manos. Pero
también se puede asumir que las cosas son así y
aprender a vivir sabiendo cuáles son las reglas de
juego. Frente al horror, se puede pensar que existe un
orden secreto que desencadena las cosas. Lo ha hecho
la ciencia, que ha encontrado que el caos obedece a un
cierto orden. Es quizá una postura más optimista que
entender que todo se rige exclusivamente por el azar:
consuela saber que hay un orden que gobierna el mundo.
P. La mujer dice que sólo hay dos maneras de
comprender el mundo: la lógica y la guerra.
R. La guerra es la manifestación más evidente de la
irrupción de esa crueldad innata que forma parte de
todos los hombres (y de la naturaleza). Y aunque
hablemos de una ficción, y no pueda hacerme cargo de
lo que dicen en la novela los personajes, sí estoy de
acuerdo con esa observación. La guerra de la que trato
no procede de una elaboración teórica. Si me sirvo de
sus horrores es porque los conozco de manera real y
directa.
P. La novela plantea, sin resolverlos, muchos
problemas existenciales, morales. Como el de la
responsabilidad. ¿Cómo podemos responder de actos y
situaciones que nos superan?
R. Cualquier novela que tenga una cierta ambición
tiene que ser ambigua. El escritor tiene que dejar
muchos cabos sueltos para que el lector los amarre
cuando lea el libro. La responsabilidad debe
entenderse siempre en ese contexto donde mandan las
reglas de juego que están detrás del desorden del
mundo. ¿Hasta qué punto es responsable el que roba,
viola y mata en una guerra? ¿Cuánto hay en lo que hace
de ciega respuesta a una vorágine que lo arrastra? ¿Y
quiénes somos nosotros para juzgar la situación?
P. Los tres personajes fundamentales del libro conocen
la guerra de primera mano.
R. Creo que es muy importante estar cerca de lo que
ocurre para poder contarlo. Sobre todo porque cuanto
más te acercas al objeto, más confuso se vuelve el
foco de la lente. Todo es más complejo ahí cuando se
ve de cerca.
P. En la novela, el fotógrafo abandona su cámara y se
convierte en un pintor de batallas. Sólo así, a través
del arte, puede comprender y expresar lo que ocurre.
R. La fotografía sustituyó en su día a la pintura para
dar cuenta de la realidad. Pero la sociedad actual lo
machaca todo, y las fotos ya no sirven para contar el
mundo. Desde que una imagen de guerra ilustra una
campaña publicitaria, su eficacia está gravemente
cuestionada. Habla ya de un mundo que no es real, que
es virtual. El pintor de batallas cree que solamente
el arte puede dar respuesta a esas cuestiones que no
se pueden responder. Vuelve a los viejos métodos, a
los maestros antiguos.
P. Quienes observan su trabajo dicen que en su cuadro
se mezcla lo viejo con lo moderno...
R. El pintor quiere atrapar la esencia de la guerra,
de Troya a las Torres Gemelas. Y si hay un regreso a
los maestros antiguos es porque ellos sabían que
habitamos un mundo hostil, no se hacen ilusiones.
Volvamos a las tragedias griegas, a Homero, a
Cervantes. Ellos transmiten esa verdad terrible: que
la naturaleza es fría, que no hay compasión, que reina
el desorden. Basta ver cómo los dioses utilizan a los
humanos como piezas que sucumben a un destino que
ellos mismos traman. El mundo moderno nos protege de
esa verdad, y nos hace frágiles frente al caos de la
vida.
P. ¿Qué sentido tienen los valores de cuantos presumen
de buena conciencia ante esa realidad que no se ciñe a
categorías simples?
R. Es incomprensible que haya gente que pueda dormir
tranquila después de decir unos cuantos lugares
comunes. Hay que asumir, con estoicismo y lucidez,
nuestra naturaleza, y nuestra naturaleza es cruel. Es
así, y eso no es bueno ni malo. El mal no es ajeno a
nosotros, somos nosotros.
P. Los dos protagonistas comentan que esa crueldad del
mundo es aún mayor cuando tiene que ver con los
hombres, porque son más inteligentes.
R. El talento de un hombre brillante al servicio del
mal puede ser terrible. Aquello de que la maldad es
torpe, y no lo es la bondad, no tiene ningún sentido.
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