"Por Óscar Gutiérrez
Periodista Digital
Lunes, 28 de noviembre 2005
No es un duelo nuevo y promete continuar. Al menos si el escritor y
columnista de El Mundo, Francisco Umbral, responde al intercambio que
le ha lanzado el también escritor, periodista, y miembro de la RAE,
Arturo Pérez Reverte. 'El muelle flojo de Umbral' es el último
puñetazo verbal que dedica Reverte a Umbral en las páginas de El
Semanal. Entre las perlas que deja caer contra Umbral un Reverte
retador: "frivolidad superficial", "incultura camuflada"
o "ignorancia asombrosa".
Este lunes, el diario El Mundo, a través de su sección Vox Populi,
responde brevemente a Reverte por lo escrito sobre su
columnista: "Reverte no le llega a Umbral ni a la suela del zapato,
ni como escritor, ni como intelectual". Umbral aún no ha respondido.
Y si se demora tanto como en la anterior ocasión, tardará en replicar
las palabras de Reverte.
El intercambio de halagos entre los dos escritores recobró vida con
motivo de la entrega de los últimos premios Planeta. En la
presentación de la obra ganadora (Pasiones romanas, de María de la
Pau Janer), Umbral le regaló un comentario a Reverte: "Es la novela
sin estilo, pero el estilo es la impronta masculina por excelencia.
Está incardinada en las últimas tendencias, que no sabemos si son
buenas o malas, pero tampoco Pérez-Reverte tiene estilo y no se le
critica por ello".
No es la primera vez que Umbral habla del estilo de Reverte. Así fue
en verdad como comenzó todo.
"Hace unos años", recuerda Reverte en el artículo recién publicado,
criticó a José Luis Borges, llamándole snob (sinónimo de gilipollas
para Reverte) por haber afirmado, Borges, que leído El Quijote en
castellano, la obra de Cervantes le parecía "una mala traducción" de
su edición en inglés.
Precisamente el premio Cervantes, Paco Umbral, reaccionó a las
críticas vertidas por Reverte contra Borges arremetiendo contra el
estilo del autor de la serie sobre el Capitán Alatriste. Y Reverte
contestó. Ahí quedó el duelo hasta hoy.
Por su interés reproducimos de forma íntegra el artículo de Reverte
publicado en El Semanal este domingo:
Hace años tuve una polémica con Francisco Umbral que acabó cuando
escribí un artículo titulado Sobre Borges y sobre gilipollas, donde
el gilipollas no era Borges. Desde entonces, en lo que a mí se
refiere, Umbral ha permanecido mudo; cosa que en un teclista con su
logorrea –«escribe como mea», dijo de él Miguel Delibes– supone un
prodigio de continencia. Pero el tiempo pasa, la edad termina
aflojándole a uno el muelle, y ahora vuelve a meterme los dedos en la
boca. El estilo, o sea. Al maestro de columnistas no le gusta mi
estilo literario, y le sorprende que se lean mis novelas. También, de
paso, le parece inexplicable que nadie lea las suyas, ni aquí ni en
el extranjero. Que fuera de España no sepan quién es Francisco
Umbral, eso dice tenerlo asumido: su prosa es tan perfecta, asegura,
que resulta intraducible a otras lenguas cultas. Pero no vender aquí
un libro lo lleva peor. No se lo explica, el maestro. Con su estilo.
Así que voy a intentar explicárselo. Con el mío.
Francisco Umbral tiene –y nos lo recuerda a cada instante– la mejor
prosa de España. También cultiva una imagen, más social que
literaria, inspirada en el malditismo narcisista y la soledad del
escritor incomprendido y genial. Pero eso es cuanto tiene. Nunca pisó
una universidad como alumno, ni leyó un clásico, ni tuvo una
formación que trascendiera la cita, el plagio entreverado y el
picoteo de lo ajeno. La lectura tranquila de sus libros y columnas
sólo revela frivolidad superficial, incultura camuflada bajo la
brillante escaramuza del estilo. En realidad, Umbral nunca tuvo nada
que decir. La idea, el comentario o el libro citados en abundancia
aquí y allá –a menudo de forma incorrecta, como ocurre con Borges y
la Biblia, entre otros– casi nunca provienen de lecturas directas,
sino que delatan la tercería de la revista, suplemento cultural,
antología o texto ajeno donde fueron espigados. Sospecho, además, que
Umbral anda muy flojo de lenguas, lo mismo vivas que muertas, aunque
para el estilo le baste con la que tan bien maneja. Y en cuanto a la
gran novela básica, la que forma los cimientos de todo novelista
sólido, su ignorancia resulta asombrosa en un escritor de tales
pretensiones. Por eso resulta esclarecedor que, en sus innumerables
intentos frustrados de novelar, mencione siempre con desprecio a
Cervantes, Galdós, Dickens, Tolstoi, Dostoievski o Baroja, y entre
los contemporáneos, a Marsé, Mújica Lainez o Vargas Llosa; o que
cometa la bajeza de situar al honrado José Luis Sampedro o al
dignísimo e impecable Luis Mateo Díez a la misma altura que a Mañas,
el chico del Kronen. En esa línea, las universidades sólo valen para
algo cuando invitan a Umbral, y le pagan. Igual que los premios
literarios, el Cervantes o la Real Academia: sólo tienen prestigio si
él los consigue.
Y es que Umbral no escribe literatura: él es la literatura –«Borges y
yo», afirmaba sin complejos hace unos años–. Y si la gente no lo lee,
es porque a la gente no le interesa la literatura; no porque no le
interese Umbral, ni porque repugne, por ejemplo, el sexo turbio que
impregna sus novelas; más turbio aún cuando imaginamos al propio
Umbral practicándolo. Un personaje de quien Jimmy Gimenez Arnau –que
no se diría, en rigor, espejo de virtudes– ha escrito: «Padece cáncer
de alma».
La cita no es casual, porque, además de ser un periodista que nunca
dio una noticia, de que en sus novelas y columnas no haya una sola
idea, y de alardear de una cultura que no tiene, lo que trufa toda la
obra de Umbral, desde el principio, es su bajeza moral. La «infame
avilantez» que, ya metidos en citas, le atribuyó la poetisa Blanca
Andreu. Siempre estuvo dispuesto a despreciar a novelistas ancianos o
fallecidos como Gironella, Aldecoa, o el Cela a cuya sombra en vida
tanto medró –y a quien dedicó, caliente el cadáver, un librito
oportunista e infame, escrito, eso sí, con estilo sublime–, o a
insultar y señalar con el dedo a antiguas amantes y a mujeres que le
negaron sus favores; aunque esto lo hace sólo cuando no pueden
defenderse y sus maridos están muertos o en la cárcel. Tan miserable
hábito no lo mencionaría aquí de limitarse a lo privado; pero es que
Umbral tiene la bajunería de salpicar con él su literatura. Su bello
estilo. A todo eso añade una proverbial cobardía física, que siempre
le impidió sostener con hechos lo que desliza desde el cobijo de la
tecla. Pero al detalle iremos otro día. Cuando me responda, si tiene
huevos. A ver si esta vez no tarda otros cinco años. El maestro."
Extraído de:
http://www.periodistadigital.com/periodismo/object.php?o=239720
Tal que en la mejor tradición del Siglo de Oro: Quevedo, Góngora,
Cervantes, Lope... (si bien es cierto que, en la comparación,
nuestros contemporáneos pierden)
Saludos.
Lexga