Extraído de ABC:
http://www.abc.es/abc/pg051130/prensa/noticias/Cultura/Libros/200511/3
0/NAC-CUL-115.asp
"La poesía de Cirlot se aviva con la edición de «En la llama», que
recoge su obra entre 1943 y 1959
MANUEL DE LA FUENTE
MADRID. Poeta, ensayista, crítico de arte, músico, experto en la
Cábala, estudioso de las religiones, heredero y transmisor del
surrealismo, sabio de los signos y los símbolos, irrealista,
degustador de ismos y vanguardias, coleccionista de espadas (quizá
las espadas como labios de Aleixandre)... Juan Eduardo Cirlot no fue
un adelantado a su tiempo, ni tampoco llegó tarde a los muelles de la
lírica, porque su tiempo era otro, y, a menudo, en otro lugar.
Un lugar en el que fueron surgiendo los poemas ahora recogidos en «En
la llama. Poesía (1943-1959». Una edición magnífica (debida a Eduardo
Granell),bellamente puesta en página como es habitual, como es marca
de la casa (Siruela), que viene a completar lo que ya se intuyera
hace muchos años en la «legendaria» antología de Clara Janés en
Cátedra, legendaria porque pasó de mano en mano como un auténtico
libro iniciático.
Recuperado el ciclo de «Bronwyn» hace cuatro años también por
Siruela, se accede así a títulos que aparecieron en pequeñas
ediciones costeadas por el propio autor. «Es un material -explicó
Granell- apenas conocido debido al celo del propio Cirlot. Pero no
era un desconocido, era un intelectual de prestigio».
Incluso Victoria, experta medievalista e hija del autor, para quien
su padre era «un hombre extremadamente apasionado que vivió siempre
en los extremos», ha experimentado todo un hallazgo. «Este libro me
descubre a un poeta que yo no conocía, porque entonces estaba tan
absorbido por "Bronwyn" que parecía haberse olvidado de lo anterior».
La poesía de Juan Eduardo Cirlot parece un volcán en erupción, la
cólera de un Aquiles del verbo y del ritmo. Sus poesías están
pobladas por un material que en manos de otros, en manos de tantos,
se habría convertido en una pesadilla «cultural» para el lector. Sin
embargo, Cirlot consiguió que en el espeso bosque de su imaginario
acabasen viéndose los versos de la verdadera poesía, porque su obra
acabó siendo como el halcón maltés, hecha del material con el que se
hacen los sueños.
Hay otros mundos, pero están en éste. La obra de Cirlot es un mapa
para orientarse en ellos. La obra de un arqueólogo capaz de hacernos
sentir nostalgia de lo que ni siquera hemos atisbado a vivir."
Saludos,
Lexga