Texto de Pilar Prado. Joan Lluís MontanéPilar Prado, forma, geometría, luz, color y espacio
Pilar Prado indaga en la forma, en la delimitación de la estructura, desde el punto de vista plástico.
La forma es el vehículo, plataforma para la experimentación, es decir que la emplea como recurso, más que como fin en sí mismo.
La forma, o la insinuación de la forma, se va repitiendo de manera cinética a lo largo de su producción, conformando estructuras que van más allá de los límites habituales de lo arquitectónico.
Su formulación geométrica no se basa en la predisposición de lo arquitectónico, sino en la distribución formal de manera iluminada, es decir que, globalmente, es consecuencia de lo fundamental específico que rige el cosmos.
La búsqueda constante de la luz se apoya en el color, también en la predisposición de la forma y la diversificación de la geometría. El resultado es una obra mágica, que es alquimística, porque pretende la transformación del color, en busca de la luz, del sentimiento áureo de la existencia, porque no se interesa por la materia, sino por el resplandor, la iluminación como tal.
Una iluminación que es fundamental en la predisposición de la superación de los límites, de las estructuras que nos conducen hacia estadios de la mente, en los que lo más importante es ser en sí mismos.
Inicia su andadura plástica interesándose, en primer lugar, por las posibilidades de expresar su dinámica compositiva, fundada en el conocimiento plástico.
Indaga en la forma, para consolidar la arquitectura estructural, para, a continuación, establecer los límites de su desarrollo geométrico.
La investigación le conduce al espacio, dado que pretende configurar territorios de gran alcance especialmente ideados para experimentar.
Su obra no busca sorprender sino que trata de ser coherente en su propia enigmaticidad, en la que interviene de manera destacada el color.
El color está concebido a base de difuminados, degradados, tonos de intensa variación, que centellean o bien se vuelven densos, a veces ligeros, otras sutiles, siempre en línea con la transmutación de la esencia de lo representado.
No hay nada estático, todo es movimiento, el ritmo crece, el pulso se acelera, la vida explota, la energía se desborda, vuelve a su cauce, languidece, se vuelve a potenciar, es transmutación continua.
Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA)