
EL CASTAÑO,
De Juan Berrio,
MacMillan Infantil y Juvenil, Col. Librosaurio,
32 págs, 210 x 210 mm, 2008, 10,90 EUR
También en catalán El castany
De Juan Berrio,
MacMillan Infantil y Juvenil, Col. Librosaurio,
32 págs, 210 x 210 mm, 2008, 10,90 EUR
También en catalán El castany
Recomendado a partir de 3 años
Por Anabel Sáiz Ripoll, doctora en Filología, especialista en LIJ
La literatura destinada a los lectores más pequeños, a aquellos que acaban de aprender a leer e, incluso, a los que todavía no saben, pero se complacen con la lectura oral y las imágenes es una literatura difícil si se quiere hacer bien. Resulta descorazonar leer historias o cuentos presuntamente infantiles llenas de mensajes redundantes u obsoletos, escritas de una manera simple y ramplona y, en fin, sin el mínimo interés. Ya decía Miguel Delibes que para escribir para niños "no hay que poner voz de abuelita boba".
El castaño es un ejemplo hermoso de lo que debe ser un libro destinado a los más pequeños. Su autor, Juan Berrio, con honradez y gracia, escribe una historia bien escrita y llena de imaginación, no se limita a engarzar cuatro diminutivos y una serie de tópicos.
El castaño está escrito en primera persona por un narrador que es un árbol, aunque, al final, descubrimos qué clase de árbol es: por supuesto, es el propio castaño, quien se convierte en un narrador protagonista y, sobre todo, observador, ya que nos cuenta qué personajes y qué situaciones son las que él contempla desde su privilegiada posición de árbol situado en un parque. El castaño, como narrador, describe el escenario, nos habla de un parco, de cómo está todo situado, aunque no da referencias que nos lo permitan identificar, puede ser el parque de cualquier ciudad o pueblo, que es lo que pretende Juan Berrio.
Los personajes que esboza el castaño merecerían, sin duda, otro cuento aparte porque resultan muy atractivos; por ejemplo nos habla de una niña que ve a través de su ventana y que "lee este cuento", lo cual es un ejercicio de metalingüística interesante, el cuento dentro del cuento o de familias que cruzan el parque y, en definitiva, de toda la galería social que él es capaz de ver: personas ... "con balones, con uniformes, con coletas, con hambre... y con prisa y con sombrero". Hay también animales, como los perros que se pasean cerca del castaño y a él le hacen mucha gracia porque el perro chico asusta al grande, nos dice. Y es que El castaño está lleno de antítesis y contrastes y nunca nada es exactamente lo que parece. Las ilustraciones, del propio Juan Berrio, contribuyen a crear la atmósfera precisa para que nos guste el cuento y les guste a los niños que es, al fin y al cabo, a los que les tiene que interesar.
El castaño sabe muchos secretos y ha decidido contarlos en el cuento que estamos reseñando y, es más, hace protagonista al propio lector cuando, al terminar le ofrece un regalo: "Me tengo que despedir y aún no me he presentado. ¿Quieres saber quién soy? Cuando vayas al parque fíjate bien: te tiraré unas castaña si pasas a mi lado". El castaño, como decíamos, puede estar en cualquier parque... se trata de que el niño sepa verlo, sepa mirar y observar; es más, aprenda a contemplar como nos ha enseñado a hacer este árbol especial.
El castaño es un ejemplo hermoso de lo que debe ser un libro destinado a los más pequeños. Su autor, Juan Berrio, con honradez y gracia, escribe una historia bien escrita y llena de imaginación, no se limita a engarzar cuatro diminutivos y una serie de tópicos.
El castaño está escrito en primera persona por un narrador que es un árbol, aunque, al final, descubrimos qué clase de árbol es: por supuesto, es el propio castaño, quien se convierte en un narrador protagonista y, sobre todo, observador, ya que nos cuenta qué personajes y qué situaciones son las que él contempla desde su privilegiada posición de árbol situado en un parque. El castaño, como narrador, describe el escenario, nos habla de un parco, de cómo está todo situado, aunque no da referencias que nos lo permitan identificar, puede ser el parque de cualquier ciudad o pueblo, que es lo que pretende Juan Berrio.
Los personajes que esboza el castaño merecerían, sin duda, otro cuento aparte porque resultan muy atractivos; por ejemplo nos habla de una niña que ve a través de su ventana y que "lee este cuento", lo cual es un ejercicio de metalingüística interesante, el cuento dentro del cuento o de familias que cruzan el parque y, en definitiva, de toda la galería social que él es capaz de ver: personas ... "con balones, con uniformes, con coletas, con hambre... y con prisa y con sombrero". Hay también animales, como los perros que se pasean cerca del castaño y a él le hacen mucha gracia porque el perro chico asusta al grande, nos dice. Y es que El castaño está lleno de antítesis y contrastes y nunca nada es exactamente lo que parece. Las ilustraciones, del propio Juan Berrio, contribuyen a crear la atmósfera precisa para que nos guste el cuento y les guste a los niños que es, al fin y al cabo, a los que les tiene que interesar.
El castaño sabe muchos secretos y ha decidido contarlos en el cuento que estamos reseñando y, es más, hace protagonista al propio lector cuando, al terminar le ofrece un regalo: "Me tengo que despedir y aún no me he presentado. ¿Quieres saber quién soy? Cuando vayas al parque fíjate bien: te tiraré unas castaña si pasas a mi lado". El castaño, como decíamos, puede estar en cualquier parque... se trata de que el niño sepa verlo, sepa mirar y observar; es más, aprenda a contemplar como nos ha enseñado a hacer este árbol especial.
Juan Berrio es vallisoletano afincado en Madrid y se dedica al mundo de la ilustración, en el que tiene cabida también el cómic. No obstante, también escribe de vez en cuando y este libro, en formato de tapas duras, es un buen ejemplo de ello.
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Publicado por Carmen Fernández Etreros para El blog de Pizca de papel el 11/05/2008 10:44:00 PM