El tradicional mercado de los domingos en la plaza Reial de Barcelona apenas se vio alterado ayer por el escándalo de Afinsa y Fórum Filatélico. La compra y venta de sellos, postales, monedas o chapas de cava se mantuvo como siempre, incluso algo más animada por la bonanza climática.
- Nosotros somos coleccionistas de sellos, no inversores, dígalo así de claro en su diario.
- Por muy poco que entendieras de sellos ya se veía que eso era un engaño, no creo que nadie de los que vienen aquí haya invertido en estas empresas.
Los comentarios eran rotundos, porque entre los compradores y propietarios de los tenderetes el tema del día era la reciente estafa.
- Lo que ya no entiendo es por qué el Gobierno no ha intervenido antes. ¡pobre gente!
- Es lo de siempre. Ahora resulta que todo el mundo lo sabía, como en Marbella, pero nadie dice nada hasta que interviene la justicia.
- Bueno, dicen que se ha descubierto porque en la investigación de la trama de Marbella aparece dinero negro procedente de estas empresas.
La tertulia está servida, pero al lado un coleccionista pregunta por un diminuto sello procedente de Rusia, de 1910, en buen estado, y que según catálogo vale mil euros.
- Le hago un descuento del 40%.
Quienes coleccionan sellos saben que es difícil hacer grandes negocios. Hay sellos cuyos precios no paran de subir; otros se estabilizan o pierden valor.
- Mire, yo compré hace veinte años la hojita 1 de Berlín, con 3 sellos, por 40.000 pesetas, y si hoy me la vendiera me darían prácticamente lo mismo.
- Y no se fíe de los precios de catálogo. Aquí nos regimos por el Ivert francés para los sellos extranjeros, y por el Edifil para los españoles, o también por el Anfil, pero los precios los marcan los comerciantes y en el mercado se pagan a mitad de precio o menos.
- Este sello de Baden, de 1850, cuando era Estado independiente, está catalogado en 325 euros, y se lo puedo dejar por 32.
Es evidente que quien no sea coleccionista no lo entenderá fácilmente. Por eso los inversores de Afinsa o el Fórum se dejaron llevar más por los intereses prometidos que por los sellos. A los expertos de la plaza Reial les ha bastado con ver por televisión las series de sellos que guardaban las cajas fuertes de estas empresas para darse cuenta de la estafa. "Tenían poco valor", dicen al unísono. De ahí que los comerciales convencían a los clientes para que no se los llevaran a casa, no fuera que alguien les pusiera su precio real. El argumento era que se podían estropear o los podían robar.
- Sabe qué es lo peor. Que hace treinta años ya hubo una estafa parecida con Cafisa. Y dentro de treinta años nadie se acordará y otros volverán a caer en el mismo timo.
JOSEP PLAYÀ MASET - LA VANGUARDIA- 15/05/2006