Ley del vino
El Norte de Castilla - Castilla y León,Spain
Entre los casos previstos por esa Ley podría citarse la sanción en que
incurrirían un padre ofreciendo a su hijo de 17 años una copa de cava
para brindar ...
<http://www.nortecastilla.es/prensa/20070208/segovia/vino_20070208.html>
El proyecto de Ley que prepara su Ministerio puede tener graves repercusiones económicas y sociales. La nueva Ley del vino califica de bebidas alcohólicas las superiores al 1,2 grados. Entre los casos previstos por esa Ley podría citarse la sanción en que incurrirían un padre ofreciendo a su hijo de 17 años una copa de cava para brindar por los novios (hasta 100 millones de pesetas). También insiste en que un menor no puede comprar alcohol, cuando todos sabemos cómo se aprovisiona el botellón; se prohíbe la venta y consumo de alcohol por adultos incluso en instalaciones deportivas, recreativas o de esparcimiento público durante el tiempo en que se permita la entrada de menores: parques temáticos, terrazas al aire libre y otras o incluso en la mismísima Feria de Abril de Sevilla llegado el caso. Pero es más: quedaría prohibida la inserción de publicidad sobre bebidas alcohólicas en programas televisivos, radiofónicos, publicaciones impresas, etcétera e incluso la prohibición llegaría hasta la difusión de bebidas o otros usos: nombres, marcas registradas, símbolos o signos que pudieran identificarlos con otros servicios de concurrencia pública; hoteles, restaurantes, urbanizaciones, referencias turísticas o registros que además elaboren otros productos no alcohólicos, que deberían renunciar a la marca.
Parece, pues, descabellado que para salir al paso de algo que se les ha ido de las manos hace tiempo como el consumo de alcohol por los menores, el Gobierno a través pretenda implantar severas restricciones al consumo en general que van a tener sin duda numerosos detractores no sólo consumidores sino de agricultores, productores vitivinícolas, bodegueros, denominaciones de origen, productores de cava y sidra, asociaciones de prensa y televisión, radio y publicidad, grupos políticos, etcétera, que no deben ser las cabezas de turco de una mala política del consumo y de la prevención del alcoholismo, tan frecuente en la juventud. La repercusión social de la futura Ley del vino tendría tal magnitud si prosperase que hasta el propio Ministerio de Agricultura y las comunidades autónomas están dispuestas a impugnar. Sería de las pocas veces, incluso, que dos ministerios entrarían en colisión de intereses. Es de esperar que se imponga el sentido común y tal normativa no pase de mera incongruencia sin aplicación.
El Norte de Castilla - Castilla y León,Spain
Entre los casos previstos por esa Ley podría citarse la sanción en que
incurrirían un padre ofreciendo a su hijo de 17 años una copa de cava
para brindar ...
<http://www.nortecastilla.es/prensa/20070208/segovia/vino_20070208.html>
MIGUEL VELASCO/
Además de los elementos positivos que en alimentación ofrece el consumo moderado del vino (como nutricionista) éste sirve de nexo de relación social tradicionalmente en España. Es bien conocido que en muchos casos un vinito aproxima y evade tensiones. Un consumo moderado, claro. Otra cosa es la ingesta desordenada no sólo del vino sino de otro tipo de licores por menores. Ahí está la masiva y desafortunada concurrencia al botellón; fenómeno que, al parecer, está decidida a eliminar ahora la ministra de Sanidad ante la negativa trascendencia que está adquiriendo. Sin embargo, las medidas que prepara vienen a ser -cuando menos- extemporáneas por lo avanzado del problema e incongruentes por el alcance que se quiere aplicar a las mismas. El problema del alcoholismo por menores ha debido ser atajado mucho tiempo atrás, en que se propició con tolerancia desmedida, aunque constantemente denunciada.El proyecto de Ley que prepara su Ministerio puede tener graves repercusiones económicas y sociales. La nueva Ley del vino califica de bebidas alcohólicas las superiores al 1,2 grados. Entre los casos previstos por esa Ley podría citarse la sanción en que incurrirían un padre ofreciendo a su hijo de 17 años una copa de cava para brindar por los novios (hasta 100 millones de pesetas). También insiste en que un menor no puede comprar alcohol, cuando todos sabemos cómo se aprovisiona el botellón; se prohíbe la venta y consumo de alcohol por adultos incluso en instalaciones deportivas, recreativas o de esparcimiento público durante el tiempo en que se permita la entrada de menores: parques temáticos, terrazas al aire libre y otras o incluso en la mismísima Feria de Abril de Sevilla llegado el caso. Pero es más: quedaría prohibida la inserción de publicidad sobre bebidas alcohólicas en programas televisivos, radiofónicos, publicaciones impresas, etcétera e incluso la prohibición llegaría hasta la difusión de bebidas o otros usos: nombres, marcas registradas, símbolos o signos que pudieran identificarlos con otros servicios de concurrencia pública; hoteles, restaurantes, urbanizaciones, referencias turísticas o registros que además elaboren otros productos no alcohólicos, que deberían renunciar a la marca.
Parece, pues, descabellado que para salir al paso de algo que se les ha ido de las manos hace tiempo como el consumo de alcohol por los menores, el Gobierno a través pretenda implantar severas restricciones al consumo en general que van a tener sin duda numerosos detractores no sólo consumidores sino de agricultores, productores vitivinícolas, bodegueros, denominaciones de origen, productores de cava y sidra, asociaciones de prensa y televisión, radio y publicidad, grupos políticos, etcétera, que no deben ser las cabezas de turco de una mala política del consumo y de la prevención del alcoholismo, tan frecuente en la juventud. La repercusión social de la futura Ley del vino tendría tal magnitud si prosperase que hasta el propio Ministerio de Agricultura y las comunidades autónomas están dispuestas a impugnar. Sería de las pocas veces, incluso, que dos ministerios entrarían en colisión de intereses. Es de esperar que se imponga el sentido común y tal normativa no pase de mera incongruencia sin aplicación.