Remitimos, por su posible interés, dos artículos contra la conmemoración de la
Toma de Granada recientemente recuperados, publicados en 1996 en el diario IDEAL
y que se han incluido en nuestro Archivo de Documentos - Carpeta Andalucía.
Saludos.
La Toma
Javier González Pulido
Las celebraciones oficiales, los juramentos las banderas y los himnos son algo
más que excusas festivas, trámites administrativos, trapos coloreados o simples
melodías. Si así fuera no suscitarían adhesiones o rechazos. Son símbolos que
sirven para la autoidentificación y afirmación colectivas; útiles políticos que
resumen, a manera de iconos, una situación y un proyecto político y social.
Cuando su hegemonía es absoluta tórnanse rutina y predomina la estética, pero
basta que sean contestados para que su función ideológica vuelva a primera
plano.
La Toma es un acto descarnadamente representativo del genuino nacionalismo
español y síntesis ejemplar de su relación con Andalucía y los andaluces. El
surgimiento del nacionalismo andaluz rompió ese falso consenso y llamó la
atención sobre los fundamentos integristas y xenófobos del nacionalismo español.
Si el debate consecuente sale a la calle y no queda recluido en las cátedras es
precisamente porque, a cuentas del pasado, se contraponen dos perspectivas
políticas de nuestro presente y futuro como país: la españolista y la
nacionalista andaluza. De un lado, quienes ven a Andalucía como una región
subordinada de la nación española; de otro, quienes quieren construirla como
nación libre y soberana.
El nacionalismo español reconvierte la Conquista en Reconquista; reniega
tanto de los andalusíes de ayer como de los magrebíes de hoy; atrasa a su gusto
y conveniencia el nacimiento de la idea de España como unidad de destino en lo
universal y del Estado español como su cobertura. Surgido históricamente de la
hoguera inquisitorial a lomos de la limpieza de sangre, se codifica en la
Restauración para culminar con el legionario de la Guerra del Rif. Los andaluces
son, a sus ojos, castellanos o españoles del sur con un acento y gracejo
peculiar que induce a la risa ajena, sin cultura ni historia propias; oriundos
de una tierra a la que el destino hizo pobre y que progresara al ritmo que
España disponga. La Alhambra o el Legado Andalusí se degradan al nivel de meros
recursos a exprimir para solaz de turistas y reclamo de inversores.
El nacionalismo andaluz no cae en el absurdo de querer sustituir a los Reyes
Católicos por Boabdil o al fundamentalismo católico por el musulmán. La
historia de Andalucía -como la de todos los países- es una suma de continuidades
y rupturas que confluyen configurando una identidad singular y dinámica. Lo que
se demanda al rechazar la Toma no es cambiar nuestra historia sino eliminar la
mitología de Cruzada que impide asumirla en su plenitud y reconciliar a los
andaluces de hoy con toda ella. Actúa igual que cuando subraya que flamenco y
copla son patrimonio andaluz y no fachada de una pretendida españolidad o cuando
recuerda que nuestra pobreza nace de nuestras derrotas seculares; de la forma en
que el capitalismo español se desarrolló subdesarrollando Andalucía y de nuestra
carencia de poder político propio.
Así, la exaltación de la Conquista es una apología, no sólo del sufrimiento
pasado sino también de la pasividad y el sometimiento futuros. Una Andalucía
consciente de sí misma -como demostró un 4 de Diciembre y un 28 de Febrero-
transformada en sujeto activo de su propia emancipación nacional; que por tanto
entienda su relación con el Estado español en términos estrictamente de
intereses, no puede aplaudir a los antecesores directos de quienes hoy la
subordinan. Por eso, aquellos -pocos o muchos- que la quieren libre y
solidaria, se seguirán confrontando cada 2 de Enero con quienes quieren
conservarla en su actual postración.
Texto de la versión extractada publicada como articulo de opinión en el diario
Ideal, Lunes 8 de Enero de 1996
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Granada y la Toma
Javier González Pulido
El 2 de Enero de 1492 culminó la anexión castellana del emirato andalusí de
Granada. Este hecho histórico es fundamento aún, mas de quinientos años después,
de una conmemoración oficial conocida como Día de la Toma. Los actos, a tono con
el contenido ideológico que los sostiene, incluyen la participación protagonista
del Ejército español y una destacada vinculación a la Iglesia Católica. Dado
todo su desarrollo, la Toma resulta ser una apología de la conquista militar y
la uniformidad religiosa; una identificación excluyente con una visión
conservadora y españolista de la historia de Granada y Andalucía y una
exaltación de los Reyes Católicos que, a través del homenaje oficial que
reciben, son convertidos en presunto modelo cívico. La vergonzante introducción
subordinada de la figura de Boabdil, ultimo rey nazarí, no modifica en absoluto
los términos de la Conmemoración.
La historia es de por sí inmodificable y su investigación e interpretación
son, por naturaleza, abiertas. Sin embargo, la celebración de un hecho, sus
circunstancias y contenidos son, por contra, una decisión política sujeta a la
contraposición de valores y proyectos sociales colectivos y por tanto,
susceptible de alteración. El Ayuntamiento de Granada, a finales del siglo XX y
gracias a los votos de PP y PSOE, acaba de reafirmar su identificación con un
anacrónico y reaccionario modelo de ciudad, de país y de sociedad; resumible en
la tríada Trono, Espada y Altar.
Al rechazar la moción de transformación de los actos del 2 de Enero presentada
por Izquierda Unida y hacer oídos sordos a las propuestas de otros colectivos,
el Ayuntamiento congela la imagen de Granada en el siglo XV; como si creyera que
la iconografía de cruzada de 1492 siguiera aún vigente. El debate sobre el Día
de la Toma no es, por tanto, sólo una discusión sobre lejanos acontecimientos
insertos en un concreto contexto histórico, sino, sobre todo, una cuestión
ligada al modelo de Andalucía contemporánea que se quiera construir. Es así
lógico que, reiteradamente, los actos de la Toma sean rechazados por quienes se
identifican con principios socialistas y aún liberales y/o apuestan por la
construcción nacional de Andalucía como país de larga y plural historia y cuya
identidad nacional ha de recuperar críticamente todo su pasado, sin exclusiones
ni privilegios, para poder levantar su presente y su futuro.
La propuesta de IULV-CA pretendía iniciar un proceso, abierto y participativo,
de profunda modificación del contenido y desarrollo de los actos del 2 de Enero
que les confiriera forma y fondo realmente integradores. Una transformación
perfectamente compatible con el mantenimiento de aquellos elementos populares
-como el requerimiento a la ciudadanía en la Plaza del Carmen que provoca su
respuesta ¿Qué? - que se han incorporado al ambiente festivo de principios de
año.
Queríamos que el 2 de Enero conocido hasta ahora como Día de la Toma se
denominara en adelante como Día de Granada, manteniéndose como fiesta local. Que
el Pendón castellano se quedara bien guardado en su histórico arcón y que de
tremolarse una bandera, fuera la Verdiblanca que representa e identifica a toda
la Andalucía de hoy, de la que Granada forma parte. Que desde el balcón del
Ayuntamiento, tras gritar el nombre de Granada y escuchar los ¿qué? de los
granadinos y granadinas, en lugar de rendir vasallaje a unos reyes castellanos
de hace cinco siglos, se vitorease a la Libertad, a la Igualdad y a la
Solidaridad. Que en vez de ensalzar a unos controvertidos monarcas, visitándolos
en su tumba, se rindiera tributo de admiración y respeto a figuras
inequívocamente granadinas de ejemplar e indiscutible contribución a la libertad
o a la cultura como pudieran ser Mariana Pineda o Federico García Lorca. Una
celebración cívica y civil, aconfesional, democrática y andaluza; en consonancia
con lo mejor del pasado de la Ciudad de la Alhambra y de lo que queremos que sea
su futuro. La cerrazón y la intolerancia no han permitido que este sueño se
haga ya realidad. Aún así, seguiremos batallando cada año hasta que los actos de
la Toma se conviertan en un mal recuerdo superado.
Publicado en el diario Ideal, Martes, 31 de Diciembre de 1996
NOTA
No se dispone en este momento del texto de la Moción en donde se desarrollaba de
forma articulada la propuesta de transformación del 2 de Enero -a la que se
refiere el segundo articulo- redactada, presentada y defendida por su autor en
el Pleno del Ayuntamiento de Granada durante su etapa como concejal. El autor
abandono -con otras personas- IU a finales de diciembre de 1999.
En lo que respecta a los actos de la Toma, el Gobierno municipal tripartito de
Granada (PSOE-IU-PSA) los mantuvo durante su mandato en todo lo fundamental, con
mínimos añadidos accesorios luego retirados y la supresión de la ofrenda floral
ante la estatua de Boabdil que el PP incorporó en el mandato anterior como
recurso para atenuar las criticas. El Grupo de IU en el Ayuntamiento de Granada
ni ha recuperado la moción ni ha vuelto nunca a proponer nada parecido a lo que
en ella se recogía.
Ni IU ni PA (donde militaba el concejal que luego paso al PSA, en donde además
es hoy aún su secretario general nacional) plantearon al PSOE nada relativo a la
Toma a la hora de formalizar la pasada coalición de gobierno, limitándose a no
acudir a los actos.
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