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Cataluña
Vísperas Catalanas
Andalucía Libre

El próximo 16 de Noviembre, Cataluña vota su Parlamento autonomo. El Presidente
Pujol (CiU, nacionalista liberal) pone fin a 23 años de mandato. Se cierra una
etapa de la historia catalana marcada por la hegemonía del pujolismo y se abre
una nueva fase política, aún incipiente, llena de interrogantes a medio plazo.
Estas elecciones se sitúan en el gozne de estos dos tiempos. Cuando ya se
intuyen emergentes los diversos fenómenos sociales y políticos sumergidos que el
pujolismo ha contenido y a la vez administrado; pero cuando todavía no han
llegado a eclosionar. Son elecciones en vísperas.

Paradojas Catalanas

La política catalana es compleja -y esto se ve especialmente en campaña
electoral- y produce una singular duplicidad entre las definiciones y las
practicas; entre lo que se dice ser y lo que realmente se quiere y se va a
hacer; entre lo que se dice (por ejemplo, esa sentencia hipócrita, tantas veces
repetida, de que "catalán es todo aquel que vive y trabaja en Cataluña") y lo
que se piensa... Duplicidad dúplice, de doble matriz, nacional (derivada de la
pugna de identidades y proyectos nacionales) y social (consecuencia de la lucha
de clases). Lo que no obsta, cuestión aparte, para que la altura profesional de
su personal, no tenga punto de comparación, por ejemplo, con la caterva casposa
y provinciana que ejerce responsabilidades en Andalucía; bizca de tanto mirar a
Madrid esperando consignas o parabienes. Y si no, hagamos el ejercicio
imaginario de situar a Pujol junto a Ortega; a Maragall con Chaves o a Saura con
Valderas (Carod no tendría siquiera equivalente próximo) y comprobaremos que si
los catalanes no son precisamente gigantes sus parejas andaluzas no llegan ni a
enanos. Es una de las consecuencias de más de ciento cincuenta años de curso
histórico diferenciado entre Cataluña y Andalucía.

La burguesía catalana es, valga la redundancia, catalana (no como la andaluza,
que ejerce de española) pero eso no significa que sea mecánicamente
nacionalista, como afirma el tópico. Reparte ecuánimemente sus preferencias
naturales entre el PP y CiU y se manifiesta neutra y cercana ante el PSOE. Tanto
CiU como PSOE le han servido y sirven bien como instrumentos de control del
escenario social catalán, cada uno en su ámbito. Y es también timorata y
entreguista, de ahí su compromiso con el orden estatutario y constitucional.
Hace mucho tiempo -si algún día fue verdad- que la burguesía catalana no genera
nacionalismo sino que más bien lo administra, secuestrándolo y deformándolo,
como medio para preservar su hegemonía social en Cataluña. Bajo su patronazgo,
la trayectoria catalana desde la Transición muestra los efectos combinados de la
capitulación nacional (aceptación del bilingüismo oficial como situación
estable; rechazo a la autodeterminación) y de la política neoliberal que han
construido en comandita una Cataluña íntimamente dividida, enfrentada y
conservadora; que se destaca en las manifestaciones contra la guerra pero
resulta incapaz -hasta el momento- de afrontarse descarnadamente a si misma y a
España y dotarse de un proyecto nacional propio alternativo. Una Cataluña en
donde su ampliamente mayoritaria clase obrera -nutrida en buena parte de la
masiva inmigración andaluza- no juega el papel político que debería desprenderse
de su peso social objetivo a causa del sucursalismo español dominante en sus
organizaciones sindicales y políticas mayoritarias. Como una cruel venganza de
la historia, puede aquí verse que el abdicar del papel de clase nacional (es
decir, de participar y sostener un proyecto nacional alternativo catalán de
contenidos socialistas encarnado en la independencia) en lo que ha redundado no
es en el mantenimiento de una presunta unidad sino en la consolidación de la
escisión social y en el aprovechamiento de esa circunstancia por fuerzas
burguesas catalanas y españolas.

Déficit fiscal y normalización lingüística son dos asuntos distintos pero en los
que puede percibirse el alcance de la situación contradictoria de Cataluña en
relación al Estado español y a sus diversas naciones.

En la política catalana establecida es de buen tono recordar que en Cataluña el
Estado español invierte menos por habitante de lo que recauda impositivamente.
Lo que no se cita es que este hecho no puede disociarse racionalmente del resto
de lo que ha significado y significa la inserción política y económica catalana
en el contexto español y de las ventajas que ello ha proporcionado
históricamente a Cataluña como consecuencia del desarrollo desigual y combinado
del capitalismo español (que desarrolló Cataluña a la vez que paralelamente
subdesarrollaba otras naciones como Andalucía). Porque, paradojas de la
historia, Cataluña en el marco español y haciendo síntesis con trazo grueso, ha
sido tan oprimida política y culturalmente como beneficiada economicamente, por
meritos propios y por decisiones españolas. Sin contemplar simultáneamente ambos
planos no hay forma de entender su realidad.

De igual modo, la política catalana institucional tiende a considerar que el
bilingüismo oficial impuesto por el marco constitucional español es vía
suficiente para la defensa de la lengua catalana (y recurre para ello
habitualmente a las estadísticas sobre el incremento de su conocimiento)
considerando resuelto el núcleo del conflicto lingüístico en Cataluña.
Simultáneamente, desde otras posiciones, lo que se destaca es precisamente que
el catalán -tras más de veinte años de estatuto- sigue sin recuperar su
condición de lengua nacional común de Cataluña; que una cosa es el conocimiento
y otra bien distinta el uso y, en resumen, que sin que el catalán acceda a la
condición de única lengua oficial no hay forma de conseguir su normalización
social.

En ambos pleitos -con todas sus derivaciones- lo que viene a sustanciarse en
definitiva es que sin alcanzar la soberanía e independencia nacional, Cataluña
no puede ni determinar hasta donde llegan sus intereses y donde empieza su
solidaridad en trato y relación abierta con interlocutores reales y sin
intermediarios; ni puede tampoco restablecer una situación cultural y
lingüística propia de un país normal. La pertenencia al Estado español es causa
ultima de fracturas internas y de agravios mutuos externos, que no por ocultas y
soterrados, dejan de actuar en la cotidianidad; convirtiendo las proclamas de
cohesión y fraternidad políticamente correctas en pura retórica huera. Hasta
estas elecciones, el pujolismo ha controlado y gestionado estas contradicciones
y otras; el periodo postpujolista previsiblemente las sacará del armario,
colocándolas en primer plano.

Las Vísperas

El social-liberal Maragall (PSOE) se presenta -haciendo hincapié expreso en su
marca y envoltura catalana como PSC- como si su figura fuera la representación
de ese nuevo tiempo y la solución a los problemas e insatisfacciones que deja en
herencia el pujolismo. Sin embargo, aparte de los cambios de cara y equipo, la
política nacional y social que encarna tiene con la que ha practicado Pujol
muchas más coincidencias que diferencias; tanto sobre su visión interna de
Cataluña como sobre su formula de inclusión en España. Incluso sus pretendidos
matices en relación al resto del PSOE tienen sus limites: no es casualidad que
Maragall haya escogido precisamente para abrir su campaña al expresidente
español Felipe González (en cuya etapa de Gobierno actuaron los GAL; se
permaneció en la OTAN; se privatizaron empresas publicas y se precarizó el
mercado laboral, siempre con el apoyo de Pujol). Su estilo trapacero pudo
comprobarse con su propuesta de euroregion, formula con la que, recuperando
técnicas a lo López Rodó, metiendo rellenos y haciendo referencias al sur
francés, tocaba sin tocar la cuestión tabú para la política española de la
relación de Cataluña con el resto de los Países Catalanes (País Valenciano,
Baleares). Maragall es el abanderado del federalismo -normalizar y regularizar
el Estado español- asimétrico -desde la excepcionalidad, es decir, el
privilegio- y según auditorios y circunstancias, incide en uno u otro de los
planos. A su manera, sigue planteando para Cataluña una versión remozada del
proyecto regeneracionista que arranca históricamente con Prat de la Riba y
Cambó, inspirador de la practica pujolista: pretender mantener la operatividad
conservadora de España pero a la vez dándole protagonismo y mando en ella a una
determinada parte de Cataluña. El mismo proyecto esencialmente contradictorio
que ya en 1918 mereció la atinada sentencia del cacique españolista -luego
republicano- Alcalá Zamora, cuando dirigiéndose a Cambó le espetó en las Cortes
españolas: "Ud. debe escoger entre ser el Bolívar de Cataluña o el Bismarck de
España; pero es imposible que quiera ser las dos cosas al mismo tiempo".

En los últimos tiempos la nacionalista CiU ha gobernado en Cataluña gracias al
sostén del españolista PP. Y le ha pagado asistiendo al PP en el Parlamento
español; como antes hizo con los Gobiernos neoliberales del PSOE de Felipe
González. Pujol siempre ha situado su proyecto de Cataluña dentro del marco de
la Constitución española; buscando, a traves de su fuerza parlamentaria en
Madrid y de su influencia política moderadora en Cataluña, avanzar hacia el
estatus político singular -aunque limitado- pactado durante la Transición, con
el que preservar la situación economicamente privilegiada de Cataluña, aún a
costa de limitar su normalización cultural y lingüistica y renunciar a su
soberanía política.

Esta ultima alianza con el PP, sin embargo, ha afectado a su credibilidad
nacionalista. Ha sido dificilmente explicable para CiU la colusión con una
fuerza tan explícitamente heredera de lo mas rancio del españolismo cuando,
además, era imposible mostrar contraprestaciones sensibles dado que el acuerdo
se producía cuando el marco autonómico ya había dado de si casi todo lo que
podía dar. Súmese a este coste, el acumulado por más de 20 años de gestión
liberal y la jubilación del carismático Pujol. Añádesele a escala amplia el
contradictorio pero inevitable efecto referencial y de demostración vasco. Y
además, entre elites y vanguardias, la creciente sensación de inadecuación del
modelo estatutario dentro del corsé español como instrumento eficaz para
responder a los desafíos europeos y mundiales; incluso para un país industrial
como Cataluña. Inclúyase finalmente su impotencia para evitar la relegación de
Cataluña ante la política gubernamental española de promoción -no por artificial
e inducida menos efectiva- de Madrid; no sólo como centro político sino también
como plaza económica y financiera dominante en el Estado español. Esta ultima
herencia pesa como una losa sobre Mas, el delfín pujolista. De ahí que, para
marcar un punto y aparte, su discurso oficial incida en que sus hipotéticos
acuerdos de Gobierno o parlamentarios futuros con PP o con PSOE, en Cataluña o
en Madrid, pasan por que estos apoyen la reforma estatutaria que ahora propugna,
tras años de haberla descalificado como aventurera.

A todo ello responde la avalancha de presentaciones de nuevas propuestas
estatutarias. Todas las fuerzas con representación parlamentaria catalana (con
la excepción del inmovilista PP) han planteado la necesidad de reformar el
Estatuto vigente. Aún cuando las propuestas sean incoherentes o se sometan al
marco constitucional español o estén pensadas, en algún caso, para ser
archivadas; no por ello, tan alto nivel de coincidencia en la necesidad de un
cambio, deja de manifestar objetivamente el alcance y profundidad subjetiva de
la impresión de que se ha llegado al agotamiento del modelo político vigente.

En este contexto, ERC comparece -tras haber acumulado sensibles subidas en las
ultimas convocatorias electorales- con la apreciación generalizada de su futura
condición determinante para adjudicar el Gobierno de la Generalitat sea al PSOE,
sea a CiU y en disposición para optar por formar coaliciones con uno u otra o
con ambos simultáneamente. Su desenvoltura llega al punto de defender en campaña
un "Gobierno de concentración catalanista" en el que incluye al PSOE (sic)
dejando fuera sólo al PP. ERC es una formación histórica del nacionalismo
catalán de izquierdas que ha cristalizado al día de hoy en una fuerza definible
como socialdemócrata (aunque no haya encontrado problema en acoger en sus listas
a tránsfugas de penúltima hora de CiU, como guiño a su base social). Hace 20
años, en notorio giro con su pasado anterior e inmediato, asumió el
independentismo como referencia y aspiración; buscando erigirse en plataforma
política reconductora del independentismo social y en pos de consolidar un
espacio propio frente a la presión pujolista. Al momento presente, ERC arrastra
un cóctel de propuestas políticas en donde pueden encontrarse en yuxtaposición
opciones que formalmente parecerían incompatibles. Su imagen es independentista
y su candidato Carod hace pocas jornadas ha reivindicado rabiosamente esta
esencia ante su cuestionamiento por parte de CiU. Pero, a la vez, conviene
recordar que su proyecto político articulado para Cataluña se situó con
anticipación en los parámetros que luego ha patentado el PNV con su Propuesta
Ibarretxe, es decir, un federalismo asimétrico fuerte. Tampoco tuvo problemas
para consensuar en 2001 con PSOE e ICV un programa común de federalismo
asimétrico atenuado que ya se acercaba a los máximos de CiU (ver Andalucía Libre
194). Y el mismo Carod acaba de manifestar su disponibilidad para actuar junto
al PSOE incluso en el Gobierno español si Maragall consiguiera para Cataluña un
estatus privilegiado dentro de una España federal (lo que, por otra parte, se
asemeja bastante al proyecto ideológico de CiU y a una de las dos versiones del
ambiguo discurso del PSOE). Pareciera, vista su versatilidad, como si Carod
tampoco hubiera resuelto aún el dilema: Bismarck (o viceBismarck) o Bolivar.

Iniciativa per Catalunya-Verds, por su lado, ha conseguido rejuntar las diversas
porciones supervivientes de lo que fue el antiguo PSUC (el PCE en Cataluña) bajo
la hegemonía de quienes en su día combinaron la asunción de posiciones
socialmente más moderadas con la defensa de su autonomía político-organizativa
en relación a la dirección española de IU de la etapa Anguita. Restablecida la
sintonía política estratégica y táctica con la actual cúpula española de IU y
reconocida de hecho nuevamente en su condición de referente catalán de IU;
recuperados sus hijos pródigos de EUiA (la escisión anguitista) tras su fracaso
electoral y la constatación de su carencia de proyecto estratégico propio como
fuerza catalana, ICV -ahora autodefinida como ecosocialista- ejerce de asistente
y cobertura de izquierda del PSOE catalán, en ansiada y permanente disposición
para completarle mayorías. ICV, como muestra de su ambivalencia, no tiene
escrúpulos en sumarse al discurso agraviado sobre el déficit fiscal catalán a la
vez que usa y abusa del espantajo de la solidaridad (que es como en Cataluña
suele justificarse demagógicamente la renuncia a asumir los desafíos del
independentismo), al tiempo que también reclama un encaje federalista asimétrico
para Cataluña.

El grueso de la izquierda independentista catalana políticamente organizada
(Endavant, MDT, PSAN, Maulets...), empeñada mayoritariamente en los últimos
tiempos en un proceso de convergencia e implantación (Proceso de Vinaroz;
formación y ampliación de la CUP) ha decidido no presentarse a las elecciones;
remarcar sus perfiles políticos diferenciales y a partir de ahí, dar libertad de
actuación a sus afines. Estat Català, otra organización que sigue un curso
propio y separado, ha optado por su lado por una comparecencia testimonial.
Resulta obvio que la mayoría de la izquierda independentista catalana ha
considerado con sensatez que el momento era prematuro para comparecer con
credibilidad como proyecto específico en condiciones aceptables de implantación,
arrostrando además el desgaste sobrevenido de situarse frente a la corriente de
expectativas e ilusiones dominantes en el independentismo social que, por el
momento, tienen hoy como beneficiaria a ERC en forma de voto útil. Mañana, los
mismos resultados que obtenga ERC la enfrentaran con sus propias contradicciones
y ambigüedades y más cuanto más altos sean.

La maduración política, al compás, de la situación catalana y de la propia
izquierda independentista, pasadas estas vísperas, abrirán, sin duda, nuevas
posibilidades.




de ANDALUCIA LIBRE nº 202

domingo, 09 de noviembre de 2003 2:19

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