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Andalucía Libre Ante las Elecciones del 14 de Marzo   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #3097 de 3442 |

Estimados listeros/as:

Dada la coyuntura electoral y por sus especiales implicaciones políticas,
alteramos excepcionalmente nuestro criterio de remisión de un único correo
mensual con nuestros sumarios, para haceros llegar directamente el análisis y
posicionamiento sobre las elecciones que hemos publicado en nuestro ultimo
numero.

Un cordial saludo,
Andalucía Libre

--------


ANDALUCÍA LIBRE
ANTE LAS ELECCIONES DEL 14 DE MARZO



Las elecciones son un hecho que no se puede ni se debe eludir. Ciertamente, no
son el único acontecimiento político determinante en nuestro destino colectivo.
Pero minusvalorar su importancia sería esconder la cabeza debajo del ala. En
países como el nuestro y en regímenes del tipo del que nos domina, las
elecciones son un momento clave y no sólo para seleccionar los equipos
gobernantes. También y especialmente para hacer balance y medir el alcance de la
influencia y consolidación de los diversos proyectos nacionales y sociales en
conflicto. Por ello, resulta imposible escurrir el bulto y obligado
pronunciarse al respecto, respondiendo a las cuestiones que suscita la doble
convocatoria electoral del 14 de Marzo: elecciones nacionales al Parlamento
andaluz y Generales españolas


Votar o no Votar

El debate sobre votar o no votar es una discusión recurrente entre sectores
nacionales y de izquierda consecuente. Reaparece ante cada comicio. Los
partidarios de la abstención activa inciden habitualmente en algunos hechos
ciertos: 1º. La enorme desigualdad de partida entre las opciones contendientes
que distorsiona los resultados, siempre en sentido favorable a las fuerzas del
Régimen. 2º. La misma naturaleza del Régimen, cuyo núcleo de Poder esencial y
estable siempre es preservado del escrutinio electoral. Tambien hacen hincapié
en los peligros de la participación electoral como posible soporte de la
corrupción y paulatina integración en el Régimen de fuerzas anteriormente
contestatarias o de la devaluación o supeditación que puede amparar en cuanto a
la importancia central de la movilización política y social extraparlamentarias.
Son argumentos serios, avalados por múltiples precedentes y referencias.

No obstante, la conclusión en que termina esta posición encierra diversas
carencias. No sólo no tiene en cuenta que, desgraciadamente, el nivel social
medio de claridad y comprensión de la realidad no tiene ni su lucidez ni su
determinación. De lo contrario, estaríamos evidentemente en muy diferente
situación. Su propuesta tampoco lleva consigo vías que permitan cerrar esa
brecha. Su posicionamiento implica una disociación total, que realmente no
existe, entre la consecución de avances y reformas parciales -o el freno de
contrarreformas y regresiones- y la victoria final; entre los planos de lucha
parlamentario y extraparlamentario, institucional y extrainstitucional y una
incomprensión de los mecanismos por los que es posible -en regímenes y países
como el nuestro- hacer progresar el arraigo y la influencia de un proyecto
nacional y social alternativo. La "negación total" puede estar al final del
camino -o muy cerca- pero no en su comienzo. Es absurdo, además, pensar que una
fuerza que sea ya de entrada incapaz de superar los obstáculos y las trampas del
Régimen para alcanzar un mínimo respaldo electoral y que renuncie por principio
a implicarse, vaya a ser por contra capaz de afrontar satisfactoriamente otras
tareas y desafíos futuros cualitativamente más serios. De otra parte, si bien el
abstencionismo vacuna contra determinados tipos de colaboracionismo -aunque no
frente a otros- puede implicar un serio y también extremadamente arriesgado
menosprecio de los peligros simétricos de una exaltación de la marginalidad y la
impotencia políticas.

Es verdad que la Independencia y el Socialismo para Andalucía no se alcanzaran
solamente amontonando diputados en Madrid o en Sevilla y que un profundo
enfrentamiento social extraparlamentario con el Estado español resultará muy
posiblemente inevitable, si se quiere conquistar la Ruptura con el orden
político y social vigente. Tambien lo es que esta confrontación sólo es
planteable a partir de una previa realidad de fuerza política y social
organizada que, en nuestras condiciones, ha de manifestarse con anterioridad en
la capacidad contrastada de aparecer y actuar como opción política
representativa y articuladora de sectores sociales significativos (lo que
encierra necesariamente un combate exitoso por una presencia parlamentaria e
institucional). Cabe la posibilidad de que el Régimen se proteja
preventivamente, vulnerando su propio discurso, ilegalizando fuerzas realmente
antagónicas para cortar en seco su progresión -hipótesis siempre a tener
presente- pero para ser merecedor de esta "atención" hay que haberse ganado
antes una base social y política y además -en un juego a dos- siempre cabe bien
trabajar para que el gasto le sea impagable o para preparar la confrontación en
mejores circunstancias. La abstención o la no presentación, planteadas como
formula de deslegitimación radical del Régimen, pueden tener sentido y utilidad
practicas en momentos en que sirvan como formulas de expresión de una amplia y
radical movilización social y cuando se les acompañe de propuestas efectivas de
poder alternativo. No es nuestro caso ahora; ni nada indica que lo sea en el
futuro inmediato. En nuestras circunstancias -cuando la mayoría de los
abstencionistas realmente existentes lo son por apatía, confusión o ignorancia-
y las fuerzas de izquierda nacional consecuente son pequeñas, la postulación de
la abstención se reduce inevitablemente a una forma de escape político e
intelectual para encubrir -bajo resultados incuantificables- la propia
debilidad.

Hay también quien recurre para justificar su abstención a resguardarse tras las
huelgas o los movimientos de masas. Serían ejemplos de otra correlación más
favorable. Valorándolos en su extrema importancia -como experiencias de lucha y
como espacios de gestación y formación de militantes- no cabe honestamente
olvidar sus limites. Lo importante aquí es reconocer que sus mismos
protagonistas en amplísima proporción no los confrontan como soportes
antitéticos a la representación electoral; más aún, participan mayoritariamente
y lo hacen dándole respaldo a fuerzas políticas que incluso han estado ausentes
o presentes de mala manera en su propia practica de movilización. Conseguir ser
referencia política de la movilización social es una tarea que tiene sus propias
reglas y en la que han de combinarse el plano inmediato con la consecución de
credibilidad como proyecto político global alternativo.

Otros abstencionistas, desde presupuestos más o menos neoanarquistas, justifican
su postura considerando esencialmente ajena o éticamente negativa la lucha por
el Poder político, valorada como consustancialmente perversa. Sin embargo, es
forzoso reconocer racionalmente que conseguir la liberación nacional de
Andalucía -construir una nación andaluza alternativa- y acceder a la
emancipación socialista -una sociedad igualitaria colectivamente dueña de su
destino- es una tarea imposible de culminar y consolidar bajo la bota de España
y el Estado español. Es verdad que el avance del proyecto nacional andaluz
implica la construcción progresiva de bases sociales y políticas organizadas y
alternativas, pero también lo es que la consumación de este objetivo requiere
como condición inesquivable la ruptura irreversible con España y la destrucción
del Poder capitalista español sobre Andalucía y su sustitución por un nuevo
Estado nacional andaluz; una República democrática andaluza. No cabe apostar por
la coexistencia estable e indefinida entre fenómenos enemigos irreconciliables.
En la plasmación de esa estrategia de emancipación nacional y liberación
socialista, no cabe confundir tampoco conceptos básicamente distintos como
"mayoría social" y "mayoría parlamentaria" (y menos aún otros, esencialmente
tramposos, como "mayoría estatutaria" o "mayoría constitucional") que pueden o
no corresponderse, según la coyuntura. Pero en nuestra realidad -y salvo cambios
muy importantes que no se atisban- conseguir esa mayoría social -sostén y
palanca de la Ruptura independentista y socialista- es sinónimo de alcanzar una
fuerza capaz de traducirse en una sustancial representación parlamentaria en el
Parlamento andaluz -y muy posiblemente en la Junta- que permita usar ambas
instituciones como plataformas de confrontación. Construirla es una tarea
ineludible para poder estar en condiciones de iniciar, con la debida
legitimación y soporte social, la etapa de ruptura política con España y de
eliminación del orden social español en Andalucía.

Ahora mismo en Andalucía, si es posible, participar y contarse -sean cuales
fueren los resultados- es mucho mejor y más educativo que esconderse. Sea bajo
la abstención o sea diluyéndose en forma de un voto nulo importado que, como es
obvio, no se corresponde a ningún proceso político propio.


La coyuntura electoral y los argumentos-trampa

Andalucía -para quien desde la izquierda piense políticamente en andaluz y no en
"surespañol"- es una nación privilegiada para valorar ecuánimemente la coyuntura
electoral. Aquí llevamos soportando no sólo ocho años de Gobierno español del PP
sino también veintidós años de Gobierno andaluz ininterrumpido del PSOE (los
ocho últimos en coalición con los andalucistas). Tenemos pues sobrada
experiencia de lo que son y lo que pretenden PP y PSOE, PSOE y PP.

A la hora de hacer política, forjar tácticas y construir discurso, es cierto que
conviene tener siempre presente las singularidades que definen respectivamente a
PSOE y PP; sus diversas matrices nutricias y sobre todo la diversa percepción
social que provocan. En general, en política siempre conviene atender a los
matices y tenerlos en cuenta. Ahora bien, también es conveniente no verlos
distorsionados colocándoles forzadamente lentes de aumento para justificar
subsidiariedades y encubrir carencias propias. En dos palabras, PP y PSOE no son
lo mismo; pero son sustancialmente parecidos. Sus diferencias, son datos a tener
presente a la hora de diseñar las respectivas formas de combatirlos; sus
acuerdos y coincidencias, elementos esenciales a la hora de caracterizarlos y
definir. PSOE y PP son fuerzas capitalistas que asumen esencialmente el mismo
modelo neoliberal, que comparten una idéntica fe española y un similar
compromiso con el Estado español; proyectos que comulgan con la misma visión de
Andalucía dependiente, sumisa y alienada. PP y PSOE son fuerzas enemigas de la
emancipación nacional y la liberación socialista de Andalucía.

Políticamente, el dato esencial es que tanto PSOE como PP asumen y defienden el
pacto constitucional español, es decir, la formula que saldó la Transición del
franquismo a la Monarquía parlamentaria, dándole sustento jurídico-político,
alterando las formas pero manteniendo los beneficiarios y controladores de la
dominación. Con sus diferencias tácticas -derivadas de sus diversas posiciones,
alianzas e intereses coyunturales- ambos asumen como intocable el acatamiento a
los procedimientos trucados vigentes para bloquear la emersión de nuevos
poderes y procesos constituyentes nacionales y preservar a España. La defensa de
los limites y requisitos establecidos por la Constitución española de 1978 los
sitúa juntos. De igual manera, la deslealtad ante esas condiciones y la voluntad
de subvertirlas, constituye el elemento delimitador más nítido de las fuerzas
realmente de izquierda y andaluzas. No se puede votar a favor de Andalucía, es
decir o lo que es lo mismo, contra el Régimen español, sosteniendo a una u otra
de sus versiones o lecturas. Una prueba de los vínculos existentes entre PSOE y
PP es que, incluso ahora -sea desde la oposición en Madrid o desde el Gobierno
en Andalucía- nunca el PSOE ha defendido el aislamiento total del PP, su
deslegitimación absoluta como expresión social de la derecha neofranquista. Muy
al contrario, ha rubricado y aún propuesto abundantes acuerdos y le ha
manifestado solidaridad siempre que se han planteado cuestiones de entidad para
la perpetuación del orden político, económico y social. De hecho, por encima de
las aspiraciones por sustituirse en las poltronas, prima la conciencia de
continuidad que vincula entre si -desde hace más de un cuarto de siglo- a los
gobiernos que se han sucedido desde el tardofranquismo a Aznar, pasando por los
de Felipe González. No es un fenómeno políticamente irrelevante -que dice mucho
sobre la naturaleza del Estado español- que la actual dirección del PSOE siga
reivindicando vigorosamente la etapa felipista como patrimonio partidario y que
ni siquiera se haya planteado utilizar como recurso oportunista para recuperar
el Gobierno español un tipo de "alejamiento" como el que en su día asumió en
Francia Jospin en relación a la desacreditada gestión de Mitterand.

La precariedad laboral, la fiscalidad regresiva, la promoción de los
"emprendedores", el cinismo sobre la inmigración, el amparo al imperialismo
español o la ortodoxia neoliberal, sea privatizadora (recordemos los servicios
sociales o la situación del SAS) o presupuestaria, son elementos que comparten
PP y PSOE y que han puesto en practica -cada cual con su acento- desde sus
Gobiernos. Los dos amparan el modelo educativo que impide una Educación Nacional
andaluza y coloca al sistema educativo bajo hipoteca clerical. Ambos, además
-sea desde los gobiernos o desde la oposición- defienden las bases esenciales
que condenan a Andalucía al subdesarrollo, la dependencia y la subordinación
(aun cuando se boicoteen y confronten en su respectiva gestión).

Desde una perspectiva que asuma los intereses del pueblo trabajador andaluz y
los derechos de la nación andaluza no cabe sino combatir tanto a los que
pretendan negarlos, sea defendiendo el estancamiento estatutario sea propugnando
reformas insustanciales. De igual manera, no hay motivo para preferir a unos,
porque condenen a Andalucía a vegetar en la uniformidad autonómica
"semifederal", "federal" o "federalizante" -amparándose en el paraguas
paralizante del "agravio comparativo" - o a otros, ejerciendo así de papanatas,
porque estén por su lado en disposición de comprar nuevamente la estabilidad de
España a cambio de conceder españolidades privilegiadas a determinadas fuerzas
catalanas o vascas. Andalucía, por Sí y por la Humanidad.

En resumen, el "mal menor" o el "voto a la contra" no tienen ningún fundamento
político sólido; sólo sirven para fortalecer precisamente aquello que se ha de
derribar. El llamado "voto útil" es otro argumento-trampa. Al respecto, hace
algunos años, el PSR en Portugal acuño la consigna: "voto útil, diputado
inútil". Gran verdad, avalada por la experiencia. El voto útil es aquel que
sirve para cuantificar las fuerzas de quienes quieren una real emancipación
-sean cuales fueren sus perspectivas de resultados- y que se identifica
coherentemente con sus aspiraciones. Ese otro "voto útil", con que se reclama
apoyos aun tapándose la nariz para ampliar el respaldo de personas indignas o de
políticas que se saben falsas, es una argucia igualmente tramposa tanto cuando
lo esgrime el PSOE -"vótanos, para vencer a la derecha"-, cuando lo hace el
andalucismo -"los votos andaluces en un partido andaluz"- o cuando lo utiliza el
PCE/IU -"danos fuerza para condicionar al PSOE desde la izquierda"-. Un recurso
hipócrita de quienes se benefician de un régimen político y electoral que
dificulta sobremanera, de múltiples formas, la expresión de nuevas opciones
alternativas y que usan de este canto de sirena con el mismo desparpajo que a la
vez y contradictoriamente ni en sus opciones de presentación ni en sus
prioridades ni en sus alianzas son coherentes consigo mismos en este punto.


Las fosas sépticas: IU y Andalucistas (PA y PSA)

Las formulas de voto interpuesto o aplazado al PSOE mediante el voto a IU o a
los andalucistas (que también pueden terminar incluso nutriendo al PP) son
desfiladeros hacia el pozo negro del oportunismo y la incoherencia política.

Ocho años de Gobierno de coalición han demostrado sobradamente cuales son los
criterios y prioridades andalucistas (que contaminan de igual modo tanto a PA
como a PSA). Su derechismo es notorio; su inconsecuencia nacional, palpable a
cada ocasión que se presente. La relación de ejemplos sería interminable y
agotadora por redundante. Basta verles y escucharles. Cotidianamente se
envuelven en nuestra bandera para ensuciarla haciendo españolismo tan cobarde
como rabioso y para prostituir con su política sin principios el nombre y la
memoria de Blas Infante, del que se reclaman sin fundamento practico alguno. Si
Andalucía es su excusa, su medro corporativo es realmente su único fundamento.
Ni siquiera tienen imaginación para proponer modelos propios. En lo social, no
van más allá de un híbrido entre PP-PSOE y en lo nacional, su presunta
alternativa no avanza un paso más de la versión más españolista del PSOE o de
IU. Que sean fuerzas de ámbito orgánico nacional con la política y el discurso
español que encarnan resulta irrelevante. Siguen confundiendo interesadamente
como el primer día de su historia partidaria ser andaluces de conciencia
-pervirtiendo conscientemente el significado de este compromiso- con ejercer de
anticatalanes y antivascos, es decir, actuar como españoles.

Nada puede esperarse de los andalucistas mientras sigan representados por los
Ortega, Del'Olmo, Benavides, Pacheco, Vivancos, Rojas Marcos, Calvo, Valenzuela,
Checa... Y estos continuaran al mando mientras tengan resultados electorales que
los sostengan. De ahí que el desastre electoral andalucista sea precondición
para su refundación y depuración. De ahí que cada voto recibido sea un voto
contra la posibilidad de desparasitarse y contribuir así de alguna manera a
partir de entonces a la tarea de levantar Andalucía.

Por lo que respecta a la sucursal andaluza de IU, se presenta a la espera de ser
necesaria para el PSOE (como no hace mucho describía con todo detalle su hoy
candidato Rejón). Carece de todo proyecto y modelo nacional para Andalucía, que
no sea la perpetuación de orden existente, en la forma que concreten aquellos
que la compensen (como en su día se analizó extensamente en este mismo
boletín)(*). Su demagogia y deshonestidad política e intelectual es palmaria,
como ha tenido ocasión de manifestar en incontables ocasiones y en todas las
circunstancias políticas definitorias, desde la elaboración constitucional y
estatutaria hasta hoy día (por no remontarnos más atrás). Notoria es su practica
en la tradición de utilizar quejas y expresar demandas genéricas, rechazando
luchar por los instrumentos políticos imprescindibles para hacerlas efectivas.
Su lealtad de fondo al Régimen español está acreditada y es flagrante su
condición de sucursal (esencial, por otra parte, para la continuidad de su
matriz estatal). Su trayectoria afirma con reiteración su versatilidad y
disponibilidad para adecuarse prestamente a los limites impuestos, archivando
con toda diligencia anteriores declaraciones hechas cara a la galeria. La fuerza
de IU no potencia las luchas y protestas actuales ni desarrolla las posibles
sino que las integra y reconduce.

Al votar IU se vota Alcaraz, Romero, Rejón, Valderas, Aguilar, Meyer, García,
Vaquero, Cervantes...; este es un hecho objetivo inapelable. El programa
político del PCE-IU empieza y acaba con esta sucesión de nombres propios que la
definen y en sus ansias de perpetuación. Nadie puede equivocarse. La inclusión
supeditada e instrumental en sus listas de personas que responden a otros
presupuestos políticos y éticos (llámense Gordillo o Villa) no altera el hecho
de que lo que realmente se vote en esos casos sea en la practica Caballero,
Alcaraz o Vaquero. Lo que es la sucursal andaluza de IU se ejemplifica con el
mero dato de que su cartel Valderas sea un dirigente eterno -experto en
transformismo interno- tan singularmente lucido que apoyó públicamente con vigor
la invasión militar española del islote marroquí Perejil por un retraso técnico
en recibir la correspondiente consigna desde Madrid. Y se remacha con que,
incluso con esas características, reciba hoy el apoyo unánime -integrando sus
candidaturas y silenciando sus criticas- de quienes hasta hace poco lo
consideraban en sus mismas filas, expresamente impresentable (en toda la
extensión de la palabra).

Se equivocan quienes como Corriente Roja, El Militante, Nuevo Claridad, Espacio
Alternativo, PRT-IR o CUT-BAI repiten por enésima vez, de una forma u otra, sus
criticas a IU desde la izquierda para terminar concluyendo forzadamente en una
nueva petición de apoyo a la formación que los acoge (pero que, por otra parte,
no parece muy predispuesta a reconocerles alguna capacidad para representarla).
Sus aspiraciones y propuestas poco tienen que ver con las que animan a IU y con
las que en la practica está comprometida. IU no está siquiera por una ruptura
franca con el modelo neoliberal (a manera de ejemplo, aún esta reciente su
ultimo Congreso en que optó por aplazar un pronunciamiento expreso sobre la
Constitución europea para evitarse una definición incomoda para sus
aspiraciones de acuerdo con el PSOE); menos aún por combatir por el ejercicio
real del derecho a la autodeterminación y a la Soberanía Nacional a partir de la
apertura de reales procesos constituyentes nacionales. Quienes de entre estos
-como Espacio Alternativo- además, manifiestan apoyo político a los Gobiernos
tripartitos de Euskadi o Cataluña (ninguno de los cuales asume ni posiciones
socialistas o antineoliberales ni tampoco propugna la plena Soberanía Nacional
respectiva ni aspira a romper con España) y aún confían en su capacidad de
influir positivamente sobre el escenario político general y en particular sobre
IU, evidencian que no sólo no leen bien la realidad multinacional del Estado
español -condicionados quizá por sus patronazgos particulares en esas naciones-
sino que tampoco la ven con ojos andaluces (que han de ser solidarios con
quienes aspiran a su libertad nacional pero no con quienes sólo pretenden su
privilegio dentro de España). Quienes no lo hacen, pero tampoco apuestan por la
lucha por la independencia nacional y un marco de construcción política nacional
y se quedan, por ejemplo, en la defensa de una hipotética "neoEspaña", reformada
en forma de III Republica española, denotan de otra manera -pero con similares
consecuencias- los costes políticos de actuar bajo criterios españoles o con
anteojeras doctrinarias.

Tanto el andalucismo como la sucursal andaluza de IU no defienden alternativas a
la dependencia y a la explotación de Andalucía; más aún, retienen en su espacio
fuerzas necesarias para construir la izquierda andaluza y el movimiento
nacionalista. Cuantos menos votos reciban, más fácil será que las crisis
subsiguientes puedan concluir en la apertura de nuevas propuestas y
expectativas.


¿Qué hacer el 14 de Marzo?

El 14 de Marzo concurren muchas formaciones -y especialmente las parlamentarias-
que se presentan con gruesos librotes a la espalda que tienen la desfachatez de
denominar "programas". Es verdad que en esos pesados recetarios hay dispersas
entre sus paginas -aquí y allá- algunas propuestas sectoriales interesantes en
algún caso. Sin embargo, les falta lo esencial: un diagnostico claro de los
objetivos por los que luchar y de las tareas a concluir para conquistar la
liberación de Andalucía.

No obstante, hay una candidatura que, en sólo unas cuantas paginas, exige:
"Parlamento, Gobierno y Poder Judicial Andaluces con competencias plenas en
materias legislativa, ejecutiva y judicial" (es decir, Soberanía Nacional plena,
capacidad para desde Andalucía y por Andalucía resolver nuestras carencias y
autoorganizar nuestra vida). Tambien esa candidatura reclama: "Creación de una
Hacienda Andaluza, con capacidad de recaudación y administración de todos los
impuestos pagados en Andalucía" (es decir, soberanía fiscal, lo que implica
demandar una renegociación global de la relación fiscal de Andalucía con
España). Podría seguirse enumerando y encontrar otras propuestas de calado pero,
ya sólo con estas dos y en cuatro fases, esta formación se sitúa políticamente
en solitario en el único espacio político capacitado para combatir eficazmente
la dominación política y económica española sobre Andalucía y abrir puertas a
otro modelo social. Quienes la integran -además- son fuerzas andaluzas -o lo que
es lo mismo, fuerzas que no tienen su cerebro en Madrid o en cualquier otro
punto del Estado- que piensan en y desde Andalucía, incluso para ejercer su
internacionalismo. La lista que asume estos objetivos y estas tareas es la que
presenta la federación de partidos Asamblea de Andalucía (**). Votándola el 14
de Marzo, se sostienen y apoyan ambos. Con todas sus debilidades y con todas sus
carencias (incluso con las diferencias que pueden existir con tal o cual de sus
reivindicaciones o tal o cual aspecto de su practica) lo cierto es que es el
único voto -en nuestra opinión- que se postula el 14 de Marzo comprometido con
las necesidades de Andalucía y de su clase trabajadora y que asume y exige
honestamente instrumentos políticos consecuentes para satisfacerlas.

Es cierto que el 15 de Marzo seguirán pendientes muchas tareas cruciales:
avanzar en la implantación, clarificar y desarrollarse politicamente... La
relación sería larga. Y que ese día después habrá nuevamente que seguir pugnando
por confluir con quienes hayan optado finalmente por otras opciones y que quizá
el futuro de la izquierda andaluza depare en adelante nuevas formulas. Pero
también lo es que el 14 de Marzo no habrá otra lista de similares
características y otra opción que tenga igual utilidad. Así pues, ese día la
forma de cuantificar los apoyos a la emancipación nacional y social de Andalucía
y de animar a su crecimiento será conseguir el máximo de votos posibles a sus
candidaturas. Por eso, desde nuestra independencia, votaremos ese día a Asamblea
de Andalucía.

Andalucía Libre, 1 de Marzo de 2004.

(*)Ver: IU: Retratos de la izquierda inútil, Andalucía Libre nº 204, de 21 de
noviembre de 2003, a modo de ejemplo

(**): http://www.asambleadeandalucia.org/

Publicado en ANDALUCIA LIBRE nº 225
lunes, 1 de marzo de 2004 10:48


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ANDALUCÍA LIBRE
Independencia República Socialismo
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