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alejandro benedetti
Ningún cheque en blanco al Partido de Dios
Fecha Wednesday, 23 August a las 11:01:00
Tema Editorial
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EDITORIAL
Ninguna confianza en Hezbollah
Por Sebastián Robles
Nadie puede negar la victoria de Hezbollah. Durante 34 días se mantuvo
luchando frente al ejercito con fama de “invencible” en el Medio Oriente y ahora
se ha puesto al frente de la lucha por la reconstrucción mientras continua
acechando al invasor Israelí que continua sus operaciones militares contra lo
ordenado por el “cese al fuego” de la ONU.
Hezbollah, y su máximo dirigente Nasrallah, han ganado el prestigio de haberse
enfrentando al ejército Sionista y obtenido lo que las masas del Medio Oriente
perciben como una victoria histórica. Deslumbrados por la victoria militar y por
el apoyo de masas que recibe Hezbollah en el Medio Oriente, muchas
organizaciones de izquierda han procedido a darle al Partido de Dios un cheque
en blanco, aun cuando en algunos casos esté disfrazado de “apoyo militar” o
“apoyo táctico”. Nada más equivocado. En la cumbre de su prestigio, y sin
desmerecer su victoria táctica contra Israel y ubicándonos en el terreno de la
defensa del Líbano y su pueblo contra la invasión Sionista apoyada por EEUU y
Europa, es necesario delimitar y definir el papel que juega Hezbollah en la
guerra y la política del Líbano. Debemos decir categóricamente que la
izquierda no tiene políticamente y en tanto a objetivos nada que ver con
Hezbollah. Más aun, la izquierda se opone a su teoría y practica
política. Desde el punto de vista militar, Hezbollah conduce a las masas del
Líbano a un callejón sin salida. A muchos les sorprende que publiquemos en
Izquierda.Info reportajes a Nasrallah, dirigente de Hezbollah o artículos de la
izquierda reformista mundial que intentan justificar o apoyar acríticamente a
ese movimiento ( Entrevista exclusiva con Sabed Hassan Nasrallah). Esto es así
porque, a diferencia de Nasrallah y Hezbollah por un lado, y la izquierda
estalinista y socialdemócrata por el otro, nosotros no ejercemos la censura
sobre las posiciones que criticamos. Ni Hezbollah ni los reformistas de
izquierda publicarían nunca nuestras posiciones, es más, las censuran
activamente cada vez que pueden. Eso, en sí mismo, es todo un programa que nos
separa de ellos. Nasrallah, jefe de Hezbollah, advierte, en un reportaje a un
periódico turco maoísta, que publicamos mas abajo, que está dispuesto a aceptar
un frente único contra el imperialismo con el “movimiento
socialista”, pero le indica antes que nada que no se les ocurra a estos
socialistas “decir que la religión es un opio”. Niega con ello,
categóricamente, lo elemental de todo frente único o unidad de acción
antiimperialista: la lucha contra el enemigo común sosteniendo el derecho
irrenunciable a las posiciones políticas propias. Hezbollah no lleva a cabo
ningún frente único con la izquierda del Líbano a la que critica por no haber
luchado a su lado. Esto es así, porque el Partido de Dios no admite ningún
trabajo en conjunto que no hegemonize con organizaciones populares, mientras
llega a acuerdos por arriba con las organizaciones burguesas sunitas o
cristianas. Llevando esto al extremo, Hezbollah se niega a trabajar en conjunto
con la izquierda en las operaciones de rescate y ayuda de refugiados ya que en
ello ven una fuente de influencia política partidaria. El movimiento
socialista se opone, por principio, a los estados teocráticos, la imposición
religiosa desde el
estado, a la religión misma como fraude ideológico para sostener el estatus quo
o facilitar un estadio más reaccionario aun que la “democracia” burguesa. Los
socialistas no tememos al debate libre sobre estas cuestiones. Nasrallah y
Hezbollah no solo temen a este debate, sino que lo prohíben. Muchas veces a
través de la violencia. Demás esta decir que el retrato del movimiento
socialista que pinta Nasrallah nada tiene que ver con la realidad. Habla, en la
entrevista que mencionamos, de grupos marginales terroristas turcos que
combinaban el estalinismo del tercer periodo con posiciones ultra-nacionalistas
y reformistas de alianza con la burguesía, particularmente de las nacionalidades
como la kurda. También dice el dirigente de Hezbollah que se alegra de que el
movimiento socialista haya salido públicamente “algo que no venia haciendo en
los últimos tiempos” para oponerse al imperialismo. Nada más falso. Los
movimientos de masas contra la guerra en Europa, EEUU,
Latinoamérica o Asia simplemente no existirían – y existen con altibajos desde
la primar Guerra del Golfo – sin la organización y movilización de la izquierda
socialista. Más aun, es Hezbollah y Nasrallah quienes se han mostrado ausentes
de toda lucha internacional contra el capitalismo o la acción imperialista.
Excepto en las regiones de mayorías musulmanas del planeta, a lo que restringe
su acción contra el imperio. No se conoce ni una sola manifestación de protesta
en apoyo a grandes luchas de masas contra el imperialismo europeo o
norteamericano en países o regiones donde el Islamismo no exista o sea una
minoría insignificante. Hezbollah es a la vez un grupo religioso,
fundamentalista, que tiene como objetivo la creación de un estado islámico
regido por leyes religiosas en el Líbano y una organización representativa, y
cada vez más, de la burguesía shia del país. Nada tiene que ver esto con la
ideología, los principios o los objetivos del movimiento socialista.
Hezbollah – y la mayoría de sus dirigentes en forma individual -- son
propietarios de cadenas de supermercados, estaciones de radio y televisión,
hoteles, tierras de cultivo, granjas, agencias de viajes y centros financieros.
En ellos trabajan decenas de miles de libaneses con los que se relacionan en
base a la religión, no a las relaciones laborales, en una forma similar a la que
funcionan las sectas shias en el poder en Irán o la secta multimillonaria
Coreana de Moon. Obviamente, esto se contrapone por el vértice con la práctica
de los socialistas, al menos los socialistas revolucionarios, que fomentan la
creación de sindicatos y la independencia política de los trabajadores de la
clase burguesa y las iglesias. Hezbollah reprime o coarta los derechos de los
trabajadores y los supedita a sus necesidades políticas y religiosas. Ni
hablemos de las mujeres quienes tienen un rol secundario en la sociedad dominada
por el Partido de Dios, donde no se les permite el libre
accionar, ni siquiera en la defensa armada contra la invasión Sionista.
Hezbollah, a pesar de sus objetivos fundamentalistas, ha tomado una línea
pragmática para la prosecución de los mismos. En el plano nacional es parte del
gobierno burgués del Presidente Emile Lahoud, un ex General del ejército, donde
participa con dos Ministros de su gabinete en el cual confluyen los partidos
burgueses representantes de las burguesías Sunita, Shia y cristiana. Su
permanencia en el gobierno se basa en la defensa de sus propios intereses y en
un pacto que, de hecho, divide el país en zonas de influencia entre las
distintas religiones. El llamado de Hezbollah a la “unidad nacional” para
defenderse del enemigo común, Israel, se limita entonces a la defensa de todos
los sectores burgueses y del status quo. Esto choca violentamente contra los
objetivos socialistas de unificar a la clase trabajadora y el pueblo libanés
sobre bases de clase, no de defensa de los intereses de los diversos
explotadores. Esta política de Hezbollah es un espejo de la adoptada por sus
jefes políticos en Irán que instauraron una dictadura teocrática a través de una
contrarrevolución que dió por tierra las grandes conquistas de la revolución que
derrocó al Shah a finales de los 70s. Esa contrarrevolución tuvo su epicentro en
el desmontaje, a través de la represión más salvaje, de las organizaciones
obreras y juveniles de Irán. En el plano internacional, la política de
relaciones exteriores, la diplomacia de Hezbollah, no es sino la continuación de
su política doméstica. En esta misma sección publicamos un artículo de defensa
de la posición de Hezbollah de apoyar, aunque críticamente, la resolución del
“cese al fuego” declarado por la ONU y la intervención de tropas de la
organización nacional, y el ejercito libanés, en la zona sur del país, la región
del conflicto con Israel (Ver articulo La guerra de los 33 días y la resolución
1701 del Consejo de Seguridad de Gilbert
Achcar) Mas allá del hecho de que Hezbollah acepto la “tregua” (en realidad
imposible de sostener como lo demuestran las constantes incursiones del ejército
Israelí) y que le dió un respiro a las tropas sionistas cuando se encontraban en
riesgo de colapsar en sus objetivos militares, la defensa del artículo de la
metodología de la negociación con los distintos sectores del imperialismo
mundial – uniéndose alternativamente con unos u otros -- y la presentación de
dichas negociaciones como la mejor estrategia y que esta dió frutos, es una
decepción política solo destinada a sostener los intereses de Hezbollah y su
propaganda, no para mantener la independencia del Líbano. Hezbollah se juega a
ganar a sectores del ejército libanés y a la incompetencia de las fuerzas
militares de la ONU – o la negativa de muchos países a ser parte de ellas por
temor a tener enfrentamientos con Hezbollah que generen atentados en sus países.
Esto no es políticamente una estrategia para ganar
sino para extender en el tiempo y la geografía el conflicto militar. La
estrategia de ganar a sectores del ejército libanés es el reconocimiento que, a
no ser por un golpe de estado o una guerra civil, el Partido de Dios no
obtendría el poder total del país. Y aquí sobreviene la crítica militar más
aguda de la estrategia de Hezbollah, y la más peligrosa para el Líbano y,
particularmente, para su clase trabajadora. Así como Israel necesita, para
mantener la ayuda militar y económica del imperialismo y la comunidad judía
mundial, para sobrevivir como estado, a través de la guerra permanente,
Hezbollah busca la misma estrategia de “guerra sin fin” para asegurarse el fluir
de la ayuda militar y económica de Siria e Irán y de los estados y comunidades
islámicas del Medio Oriente y el mundo. Así como el Estado de Israel, enclave
del imperialismo, se derrumbaría con el corte de la ayuda internacional, la red
del clientelismo y los “planes sociales” de Hezbollah, verdadero
pivote de su poder político en el Líbano, colapsaría sin un estado de guerra
perpetua con Israel. Para los socialistas revolucionarios, solo una estrategia
revolucionaria y el poder de los trabajadores podrían detener esta espiral
guerrerista de los negocios de Hezbollah e Israel. Claro está, guardando las
diferencias entre un estado con pretensiones de desarrollo industrial y
supremacía sobre la región (Israel) y los tenderos de Hezbollah. La derrota
militar de Israel es clave en esta estrategia. La paz armada, el conflicto
permanente sin definición, la supresión de las energías revolucionarias de las
masas del Medio Oriente – contenidas por un lado por los regímenes despóticos
árabes y las organizaciones como Hezbollah y en el propio Israel a través del
fraude del mantenimiento de un estado artificial religioso– solo garantizan la
prosecución sin fin de la guerra. La paz solo puede sobrevenir en el Medio
Oriente a través de la revolución, la fraternidad de los
trabajadores de los distintos países, la federación socialista del Medio
Oriente y un cuadro de frente sólido, militar y político, contra Israel y el
imperialismo norteamericano y europeo. La izquierda reformista, incluidos
aquellos que otrora fueran revolucionarios y hoy están en proceso de
socialdemocratización, apoyan (aunque, repetimos, algunos digan que
críticamente) a Hezbollah como una extensión de su política de transar alianzas
con la burguesía de sus países en frentes populares. No importa que Hezbollah
represente un salto al pasado, a las etapas más oscuras de la historia de la
humanidad en términos estratégicos. Por supuesto que esta “izquierda” de la
reforma y las etapas artificiales en el proceso revolucionario aducirán: “en una
guerra hay dos bandos, y el que no esta con uno, esta con el otro.” La izquierda
revolucionaria debe responder a esta falsedad con energía: el único bando en el
terreno militar, así como en el político, esta determinado por los
intereses de la clase obrera. Esta misma “izquierda” fue la que adujo razones
similares para sostener los regímenes Sandinista (que ya vimos en lo que
terminó), o “la vía pacifica al socialismo” de Chile bajo Allende (que llevó
directamente a la dictadura Pinochetista) o que debatían la importancia de
apoyar sin críticas al “socialismo real” de la Unión Soviética antes de su
colapso. Ahora, apoyando a Hezbollah o Hamas, o la dirección Iraní, desarman
al movimiento de izquierda y los trabajadores del mundo y retroceden aun mas, a
formas mas retrógradas de apoyo a salidas pro-burguesas. Esta manía de apoyar
sin debatir a cualquier fuerza en la línea de fuego ha sido la fuente de muchos
fracasos, el de apoyo al fundamentalismo islámico es la preparación de uno mucho
más desastroso. Hezbollah no esta solo en el Líbano, aunque hoy por hoy
hegemonize la lucha militar contra Israel. Existen las tradiciones, la cultura y
la organización – aunque sean pequeñas – de una
izquierda laica, con tendencias democráticas y aun algunos grupos
revolucionarios de izquierda. Ellos deben ser los depositarios de la ayuda
material y política de la izquierda mundial. Si no existieran en el Líbano, las
organizaciones revolucionarias y de izquierda de importancia a nivel nacional e
internacional, deberían volcar todos sus esfuerzos en crearlas, reclutando y
enviando cuadros y ayuda material. Hezbollah no quiere un frente único contra
el imperialismo e Israel aunque lo predique para las tribunas de la izquierda
reformista de Occidente. La izquierda revolucionaria debe imponérselo por sus
propios medios: a través de la movilización contra la agresión de Israel, el
apoyo irrestricto a la izquierda revolucionaria en el Líbano y el debate
democrático entre las masas, del Líbano e internacionalmente, con Hezbollah,
Hamas, la dirección Iraní, los gobiernos burgueses corruptos y decadentes del
Medio Oriente… Mientras defendemos al Líbano, Palestina, Siria,
Irán e Iraq contra los ataques de EEUU y su enclave, Israel, luchamos por la
formación de una corriente internacional y partidos de los trabajadores y la
izquierda revolucionaria en la región. Golpeamos juntos aunque marchemos
definitivamente en forma separada. Así también podrá la izquierda revolucionaria
ganar para sus filas a muchos trabajadores del Medio Oriente que, por la falta
de una política realmente de izquierda, se ven compelidos a seguir a las
direcciones fundamentalistas, y reformistas, cuando no retrógradas, como
Hezbollah y Hamas. Los trabajadores y jóvenes del Medio Oriente deben ver que
existe una oposición al imperialismo y al Sionismo en la región que lucha en
forma consistente contra ellos a nivel internacional, despojada de prejuicios
religiosos y sectarios. Estamos seguros que verán en esas fuerzas el futuro.
Esto es posible a condición solo de que las mismas no capitulen a las
direcciones existentes que, en el plano histórico, llevaran a las masas
de la región a un callejón sin salida.
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Enlaces relacionados • La guerra de los 33 días y la resolución 1701 del
Consejo de Seguridad
Líbano: La "continuación de la guerra por otros medios" ha comenzado ya con
fuerza...
Gilbert Achcar * Viento del Sur
Traducción de Alberto Nadal
La resolución adoptada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas el 11
de agosto de 2006 no ha satisfecho ni a Israel ni a Washington ni a Hezbollah.
Esto no significa que sea "justa y equilibrada", sino sólo que es la expresión
temporal de un impasse militar.
• Líbano: Ensayo general para Irán
La Casa Blanca tuvo una estrecha relación con la planificación de la ofensiva
israelí de Líbano. Proximo paso ¿Irán?
Por Seymour Hersh
Seymour Hersh, el laureado periodista norteamericano que descubrió las torturas
en la cárcel iraquí de Abu Ghraib, sostiene que la Casa Blanca estuvo
involucrada en la planificación de la ofensiva israelí en Líbano, una especie de
preludio a un potencial ataque norteamericano a las instalaciones nucleares
iraníes.
• Guerra del Líbano: La opinión de un conservador de Estados Unidos
Israel, derrotado
Por Wlliam S. Lind CounterPunch
Con el actual cese al fuego en Líbano, la segunda guerra Hezbolá-Israel entró en
remisión temporaria. Hasta ahora, Israel ha sido derrotado. • Entrevista
exclusiva con Sabed Hassan Nasrallah
Sabed Hassan Nasrallah, dirigente máximo de Hezbollah: Habla sobre la
resistencia contra las tropas de Israel, los regimenes colaboracionistas, el
Ché, Chávez, los socialistas y el frente único contra el imperialismo
Por Roza Çiðdem Erdoðan / Mutlu Þahin - Periodistas turcos
Traducción y notas de pie de página: Sebastián Robles
• El alto el fuego decretado por la ONU no garantiza el cese de hostilidades
ni de los muertos Israelíes y de guerrilleros de Hezbollah
Por el contrario, intensifica la muerte de ambos. Movilizarse para exigirle a
Kirchner la ruptura de relaciones económicas y diplomáticas con Israel Por
Carlos Petroni
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