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EL TESTAMENTO DE LEON TROTSKY Mi presión arterial alta (que sigue aumentando)
engaña a los que me rodean sobre mi estado de salud real. Me siento activo y en
condiciones de trabajar, pero evidentemente se acerca el desenlace. Estas
líneas se publicarán después de mi muerte.
No necesito refutar una vez más las calumnias estúpidas y viles de Stalin y
sus agentes; en mi honor revolucionario no hay una sola mancha. Nunca entré,
directa ni indirectamente, en acuerdos ni negociaciones ocultas con los enemigos
de la clase obrera. Miles de adversarios de Stalin fueron víctimas de
acusaciones igualmente falsas.
Las nuevas generaciones revolucionarias rehabilitarán su honor político y
tratarán como se lo merecen a los verdugos del Kremlin.
Agradezco calurosamente a los amigos que me siguieron siendo leales en las
horas más difíciles de mi vida. No nombro a ninguno en especial porque no puedo
nombrarlos a todos.
Sin embargo, creo que se justifica hacer una excepción con mi compañera,
Natalia Ivanovna Sedova. El destino me otorgó, además de la felicidad de ser un
luchador de la causa del socialismo, la felicidad de ser su esposo. Durante los
casi 40 años que vivimos juntos ella fue siempre una fuente inextinguible de
amor, bondad y ternura. Soportó grandes sufrimientos especialmente en la última
etapa de nuestras vidas. Pero en algo me reconforta el hecho de que también
conoció días felices.
Fui revolucionario durante mis cuarenta y tres años de vida consciente y
durante cuarenta y dos luche bajos las banderas del marxismo. Si tuviera que
comenzar todo de nuevo trataría, por supuesto de evitar tal o cual error, pero
en lo fundamental mi vida sería la misma. Moriré siendo un revolucionario
proletario, un marxista, un materialista dialéctico y, en consecuencia, un ateo
irreconciliable. Mi fe en el futuro comunista de la humanidad no es hoy menos
ardiente, aunque sí más firme, que en mi juventud.
Natasha se acerca a la ventana y la abre desde el patio para que entre más
aire en mi habitación. Puedo ver la brillante franja de césped verde que se
extiende tras el muro, arriba el cielo claro y azul, y el sol brilla en todas
partes. La vida es hermosa. Que las futuras generaciones la libren de todo mal,
opresión y violencia y la disfruten plenamente.



SER TROTSKISTA HOY
(Fragmento de un texto de Nahuel Moreno)


Empecemos por entender qué significa ser verdaderamente marxista. No
podemos hacer un culto, como se ha hecho de Mao o de Stalin. Ser trotskista hoy
día no significa estar de acuerdo con todo lo que escribió o lo que dijo
Trotsky, sino saber hacerle críticas o superarlo, igual que a Marx, que a Engels
o Lenin, porque el marxismo pretende ser científico y la ciencia enseña que no
hay verdades absolutas. Eso es lo primero, ser trotskista es ser crítico,
incluso del propio trotskismo.
En el aspecto positivo, ser trotskista es responder a tres análisis y
posiciones programáticas claras. La primera, que mientras exista el capitalismo
en el mundo o en un país, no hay solución de fondo para absolutamente ningún
problema: empezando por la educación, el arte, y llegando a los problemas más
generales del hambre, de la miseria creciente, etcétera.
Unido a esto, aunque no es exactamente lo mismo, el criterio de que es
necesaria una lucha sin piedad contra el capitalismo hasta derrocarlo, para
imponer un nuevo orden económico y social en el mundo, que no puede ser otro que
el socialismo.
Segundo problema, en aquellos lugares en donde se ha expropiado a la burguesía
(hablo de Cuba y de todos los países que se reclaman del socialismo), no hay
salida si no se impone la democracia obrera. El gran mal, la sífilis del
movimiento obrero mundial es la burocracia, los métodos totalitarios que existen
en estos países y en las organizaciones obreras, los sindicatos, los partidos
que se reclaman de la clase obrera, y que han sido corrompidos por la
burocracia.
Y éste es un gran acierto de Trotsky, que fue el primero que empleó esta
terminología, que hoy día es universalmente aceptada. Todos hablan de
burocracia, a veces hasta los propios gobernantes de estos estados que nosotros
llamamos obreros. Mientras no haya la más amplia democracia no comienza a
construirse el socialismo. El socialismo no sólo es una construcción
económica. El único que hizo este análisis es el trotskismo, y también fue el
único que sacó la conclusión de que era necesario hacer una revolución en todos
estos estados y también en los sindicatos para lograr la democracia obrera.
Y la tercera cuestión, decisiva, es que es el único consecuente con la
realidad económica y social mundial actual, cuando un grupo de grandes compañías
transnacionales domina prácticamente toda la economía mundial. A este fenómeno
económico-social hay que responderle con una organización y una política
internacional.
En esta era de movimientos nacionalistas que opinan que todo se soluciona
en el propio país, el trotskismo es el único que dice que sólo hay solución al
nivel de la economía mundial inaugurando el nuevo orden, que es el socialismo.
Para eso, es necesario retomar la tradición socialista de la existencia de una
internacional socialista, que encare la estrategia y la táctica para lograr la
derrota de las grandes transnacionales que dominan el mundo entero, para
inaugurar el socialismo mundial, que será mundial o no será…









El "testamento" de Lenin
CARTA AL CONGRESO

Yo aconsejaría mucho que en este Congreso se introdujesen varios cambios en
nuestra estructura política.
Desearía exponerles las consideraciones que estimo más importantes.
Lo primero de todo coloco el aumento del número de miembros del CC hasta
varias decenas e incluso hasta un centenar. Creo que si no emprendiéramos tal
reforma, nuestro Comité Central se vería amenazado de grandes peligros, caso de
que el curso de los acontecimientos no fuera del todo favorable para nosotros (y
no podemos contar con eso).
También pienso proponer al Congreso que, dentro de ciertas condiciones, se dé
carácter legislativo a las decisiones del Gosplán, coincidiendo en este sentido
con el camarada Trotsky, hasta cierto punto y en ciertas condiciones.
Por lo que se refiere al primer punto, es decir, al aumento del número de
miembros del CC, creo que esto es necesario tanto para elevar el prestigio del
CC como para un trabajo serio con objeto de mejorar nuestro aparato y como para
evitar que los conflictos de pequeñas partes del CC puedan adquirir una
importancia excesiva para todos los destinos del Partido.
Opino que nuestro Partido está en su derecho de pedir a la clase obrera de 50
a 100 miembros del CC, y que puede recibirlos de ella sin hacerla poner
demasiado en tensión sus fuerzas.
Esta reforma aumentaría considerablemente la solidez de nuestro Partido y le
facilitaría la lucha que sostiene, rodeado de Estados hostiles, lucha que, a mi
modo de ver, puede y debe agudizarse mucho en los años próximos. Se me figura
que, gracias a esta medida, la estabilidad de nuestro Partido se haría mil veces
mayor.
Lenin
23.XII.22
Taquigrafiado por M. V.



Continuación de las notas.
24 de diciembre del 22
Por estabilidad del Comité Central, de que hablaba más arriba, entiendo las
medidas contra la escisión en el grado en que tales medidas puedan, en general,
adoptarse. Porque, naturalmente, tenía razón el guardia blanco de Rússkaya Mysl
(creo que era S. F. Oldenburg) cuando, lo primero, en el juego de esas gentes
contra la Rusia Soviética ponía sus esperanzas en la escisión de nuestro Partido
y cuando, lo segundo, las esperanzas de que se fuera a producir esta escisión
las cifraba en gravísimas discrepancias en el seno del Partido.
Nuestro Partido se apoya en dos clases, y por eso es posible su inestabilidad
y sería inevitable su caída si estas dos clases no pudieran llegar a un acuerdo.
Sería inútil adoptar unas u otras medidas con vistas a esta eventualidad y, en
general, hacer consideraciones acerca de la estabilidad de nuestro CC. Ninguna
medida sería capaz, en este caso, de evitar la escisión. Pero yo confío que esto
se refiere a un futuro demasiado lejano y es un acontecimiento demasiado
improbable para hablar de ello.
Me refiero a la estabilidad como garantía contra la escisión en un próximo
futuro, y tengo el propósito de exponer aquí varias consideraciones de índole
puramente personal.
Yo creo que lo fundamental en el problema de la estabilidad, desde este punto
de vista, son tales miembros del CC como Stalin y Trotsky. Las relaciones entre
ellos, a mi modo de ver, encierran más de la mitad del peligro de esa escisión
que se podría evitar, y a cuyo objeto debe servir entre otras cosas, según mi
criterio, la ampliación del CC hasta 50 o hasta 100 miembros.
El camarada Stalin, llegado a Secretario General, ha concentrado en sus manos
un poder inmenso, y no estoy seguro que siempre sepa utilizarlo con la
suficiente prudencia. Por otra parte, el camarada Trotsky, según demuestra su
lucha contra el CC con motivo del problema del Comisariado del Pueblo de Vías de
Comunicación, no se distingue únicamente por su gran capacidad. Personalmente,
quizá sea el hombre más capaz del actual CC, pero está demasiado ensoberbecido y
demasiado atraído por el aspecto puramente administrativo de los asuntos.
Estas dos cualidades de dos destacados jefes del CC actual pueden llevar sin
quererlo a la escisión, y si nuestro Partido no toma medidas para impedirlo, la
escisión puede venir sin que nadie lo espere.
No seguiré caracterizando a los demás miembros del CC por sus cualidades
personales. Recordaré sólo que el episodio de Zinoviev y Kamenev en Octubre no
es, naturalmente, una casualidad, y que de esto se les puede culpar
personalmente tan poco como a Trotsky de su no bolchevismo.
En cuanto a los jóvenes miembros del CC, diré algunas palabras acerca de
Bujarin y de Piatakov. Son, a mi juicio, los que más se destacan (entre los más
jóvenes), y en ellos se debería tener en cuenta lo siguiente: Bujarin no sólo es
un valiosísimo y notabilísimo teórico del Partido, sino que, además, se le
considera legítimamente el favorito de todo el Partido; pero sus concepciones
teóricas muy difícilmente pueden calificarse de enteramente marxistas, pues hay
en él algo escolástico (jamás ha estudiado y creo que jamás ha comprendido por
completo la dialéctica).
25.XII. Viene después Piatakov, hombre sin duda de gran voluntad y gran
capacidad, pero a quien atraen demasiado la administración y el aspecto
administrativo de los asuntos para que se pueda confiar en él en un problema
político serio.
Naturalmente, una y otra observación son valederas sólo para el presente, en
el supuesto de que estos dos destacados y fieles militantes no encuentren
ocasión de completar sus conocimientos y de corregir su unilateral formación.

Lenin
25.XII.22
Taquigrafiado por M. V.
Suplemento a la Carta del 24 de Diciembre de 1922
Stalin es demasiado brusco, y este defecto, plenamente tolerable en nuestro
medio y en las relaciones entre nosotros, los comunistas, se hace intolerable en
el cargo de Secretario General. Por eso propongo a los camaradas que piensen la
forma de pasar a Stalin a otro puesto y de nombrar para este cargo a otro hombre
que se diferencie del camarada Stalin en todos los demás aspectos sólo por una
ventaja, a saber: que sea más tolerante, más leal, más correcto y más atento con
los camaradas, menos caprichoso, etc. Esta circunstancia puede parecer una fútil
pequeñez. Pero yo creo que, desde el punto de vista de prevenir la escisión y
desde el punto de vista de lo que he escrito antes acerca de las relaciones
entre Stalin y Trotsky, no es una pequeñez, o se trata de una pequeñez que puede
adquirir importancia decisiva.

Lenin
Taquigrafiado por L. F.
4 de enero de 1923




Continuación de las notas.
26 de diciembre de 1922
La ampliación del CC hasta 50 o incluso 100 miembros debe perseguir, a mi modo
de ver, un fin doble o incluso triple: cuanto mayor sea el número de miembros
del CC, más gente aprenderá a realizar el trabajo de éste y tanto menor será el
peligro de una escisión debida a cualquier imprudencia. La incorporación de
muchos obreros al CC ayudará a los obreros a mejorar nuestro aparato, que es
pésimo. En el fondo lo hemos heredado del viejo régimen, puesto que ha sido
absolutamente imposible rehacerlo en un plazo tan corto, sobre todo con la
guerra, con el hambre, etc. Por eso podemos contestar tranquilamente a los
"críticos" que con sonrisa burlona o con malicia nos señalan los defectos de
nuestro aparato, que son gentes que no comprenden nada las condiciones de
nuestra revolución. En cinco años es imposible por completo reformar el aparato
en medida suficiente, sobre todo atendidas las condiciones en que se ha
producido nuestra revolución. Bastante es si en cinco años hemos
creado un nuevo tipo de Estado en el que los obreros van delante de los
campesinos contra la burguesía, lo que, considerando las condiciones de la
hostil situación internacional, es una obra gigantesca. Pero la conciencia de
que esto es así no debe en modo alguno cerrarnos los ojos ante el hecho de que,
en esencia, hemos tomado el viejo aparato del zar y de la burguesía y que ahora,
al advenir la paz y cubrir en grado mínimo las necesidades relacionadas con el
hambre, todo el trabajo debe orientarse al mejoramiento del aparato.
Según me imagino yo las cosas, una decenas de obreros incluidos en el CC
pueden, mejor que cualquiera otro, entregarse a la labor de revisar, mejorar y
rehacer nuestro aparato. La Inspección Obrera y Campesina, a la que en un
principio pertenecía esta función, ha sido incapaz de cumplirla y únicamente
puede ser empleada como "apéndice" o como auxiliar, en determinadas condiciones,
de estos miembros del CC. Los obreros que pasen a formar parte del CC deben ser
preferentemente, según mi criterio, no de los que han actuado largo tiempo en
las organizaciones soviéticas (en esta parte de la carta, lo que digo de los
obreros se refiere también por completo a los campesinos), porque en ellos han
arraigado ya ciertas tradiciones y ciertos prejuicios con los que es deseable
precisamente luchar.
Los obreros que se incorporen al CC deben ser, de preferencia, personas que se
encuentren por debajo de la capa de los que en los cinco años han pasado a ser
funcionarios soviéticos, y deben hallarse más cerca de los simples obreros y
campesinos, que, sin embargo, no entren, directa o indirectamente, en la
categoría de los explotadores. Creo que esos obreros, que asistirán a todas las
reuniones del CC y del Buró Político, y que leerán todos los documentos del CC,
pueden ser cuadros de fieles partidarios del régimen soviético, capaces, lo
primero, de dar estabilidad al propio CC y, lo segundo, de trabajar realmente en
la renovación y mejoramiento del aparato.

Lenin
Taquigrafiado por L. F.
26.11.22.


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alejandro benedetti
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