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EDITORIAL DE HOY EN HORIZONTE SUR RADIO NACIONAL AM   Lista de mensajes  
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EDITORIAL DE HOY EN HORIZONTE SUR RADIO NACIONAL AM

EDITORIAL DEL DOMINGO 4 DE ENERO DE 2009



La terrible debacle del Capitalismo que, sacude actualmente a los Estados
Unidos y a Europa, y que los medios denominan crisis financiera, es en
realidad, una gigantesca crisis de sobreproducción y de sobreconsumo. La
circulación fantástica de bienes y de recursos monetarios, especialmente
virtuales, favorecidos por las dimensiones de los nuevos mercados globales y
por las transacciones instantáneas, la desregulación a ultranza, el
fundamentalismo de mercado y la especulación convertida en única ley,
condujeron a una sobreeexasperación de la llamada Globalización y por fin,
al colapso presente. La compleja red de Corporaciones transnacionales,
grupos de investigación y desarrollo, bancos y compañías aseguradoras,
empresas certificadoras y consultorías, Universidades y partidos políticos,
grupos financieros y de lobbys, fondos de inversión y mercados de hipotecas,
llegado un momento, se hicieron ingobernables e imprevisibles, y
favorecieron el surgimiento de una crisis que, probablemente, no será el fin
del Capitalismo según algunos románticos empedernidos pronostican, sino una
debacle pronunciada que acarreará a las poblaciones enormes sufrimientos y
que conducirá mediante concentraciones brutales, hambrunas e indigencias, a
un nuevo escenario del Capitalismo global, pero con muchísimos menos
protagonismos.



Nos dice el economista argentino, Bernardo Kliksberg, en un texto que le
pertenece: “En Estados Unidos se perdieron en noviembre de 2008, 533.000
puestos de trabajo, en octubre 320.000 y en septiembre 430.000. Esta es la
mayor destrucción de fuentes de trabajo desde la crisis de 1930. Son dos
millones de puestos de trabajo en lo que va de este año. Esto disparó la
desocupación al 6,7 por ciento, el porcentaje más alto de los últimos años.
Si le suman las personas que están subocupadas y los desalentados, que se
retiraron del mercado porque no consiguen trabajo, la tasa es actualmente
del 12,5 por ciento. Una de cada diez personas que tiene una vivienda en los
Estados Unidos por un crédito, está actualmente en mora o está siendo
ejecutado judicialmente. La ciudad de Nueva York alcanzó un triste record,
el de gente que vive en las calles: son ya 50.000. Noviembre fue el peor mes
de ventas de los comercios de Estados Unidos desde 1982. La economía
norteamericana representa la cuarta parte del producto bruto mundial, de
manera que en un mundo globalizado todo esto tiene impacto en todo el
planeta: desde el 13 por ciento de desocupación que tiene España, hasta la
reducción del crecimiento de la economía china, que se pensaba que iba a ser
el motor compensatorio y está afectada ya por la crisis. La situación de
dificultades económicas severas ya afecta a todo el planeta a través de las
múltiples conexiones de la economía americana con el resto del mundo”.



Estamos sin duda, en el final de un sistema que se consideró eterno y que no
dudó en arriesgarlo todo en aras de la ganancia irrestricta. Alan Greenspan
que fuera durante muchos años el responsable de la Reserva Federal, lo
confiesa sin ambages ante el Congreso norteamericano que lo interpeló:
“Estoy en estado de shock, de estupor. Creía que en un sistema de libre
mercado las empresas iban a defender los intereses de sus inversores y
accionistas, y eso no ocurrió”. No, eso no ocurrió. Cada cuál trató de ganar
lo más que pudo, incluso arriesgando al conjunto y sacrificando los bienes
de aquellos que habían depositado en ellos su confianza. Extraviada toda
ética, volvemos como en el tango cambalache, a mezclar la Biblia con el
calefón. El resultado lo conocemos, lo hemos sufrido reiteradamente. La
crisis deviene en catástrofe y la catástrofe nos arrastra, sin que podamos
asirnos de valores o conductas que considerábamos confiables. Los
principales desmontadores actuales de la provincia de Salta son los mismos
que ayer como Directores vaciaron el Banco Hipotecario y que antes de ayer,
funcionaron como empresas consultoras de la privatización de la Caja
Nacional de Ahorro y Seguro. Contaron seguramente con la complicidad de
importantes funcionarios, e incluimos en una de las últimas operatorias, a
la ministra a la que se le encontró una bolsa con dólares en el baño privado
y que hoy reciclada por las madres de la plaza y homenajeada en reuniones de
antiguos militantes setentistas, impulsa importantísimos planes de
construcción de viviendas a cargo de presupuestos oficiales. Es el
cambalache. El dueño de la empresa que en el Chaco salteño habría
desmontado en una sola estancia, la Estancia Los Pozos, en el Departamento
Rivadavia, alrededor de 25 millones de árboles nativos, luego donó una
escuelita para los niños de la zona, y el gobernador Juan Carlos Romero lo
homenajea en el acto de inauguración, tanto por la escuela donada, como por
haber “alterado favorablemente la zona con la tecnología”.



Además de la corrupción, del prebendismo, del incumplimiento de los deberes
de funcionario público, de la incompetencia o de la complicidad con los
negocios privados, que comúnmente se inculpan en casos como estos, lo que se
configura es, evidentemente, un desprecio absoluto por el entorno, un
rechazo por todo aquello que tenga que ver con la ecología, a la vez que un
fundamentalismo en la relación con las tecnologías. ¿A quién se le puede
ocurrir que toda alteración del entorno mediante las nuevas tecnologías,
resulte necesariamente favorable? Seguramente a un colonizado por las
empresas que venden esas tecnologías, a alguien que ve el mundo circundante
con los ojos de un invasor, que lo ve como un extraño, como un extraño que,
en primer lugar, siente la pulsión de modificar de manera arbitraria los
ecosistemas, a la vez que de reemplazar la fauna y la flora nativa por otras
especies que le resultan aceptables a los propios fines. El invasor es
alguien que no puede complementar su humanidad con el medio que lo rodea
sino brutalizándola y modificándola. Lo que estamos planteando, es, en
definitiva, el desafío de cómo resolver el estar en el mundo que nos tocó
por suerte, de cómo considerarlo propio y de cómo adaptarnos a él, con el
mismo respeto que empleamos en otros actos íntimos de nuestra vida… Es el
desafío de arraigar en la tierra. Si lo vemos de esta manera comprenderemos
que, entre el común de nosotros y ese gobernador de Salta que consideramos
emblemático del abuso de poder, o entre ese desmontador implacable, dueño a
la vez de Alto Palermo y de casi todos los shopping de Buenos Aires, que usa
su respectiva kipá como distintivo religioso y que es conocido en su
colectividad por su honorabilidad y filantropía, no existen tan grandes
diferencias como habitualmente suponemos, sino en escala.



La lucha por salvar el Planeta a la vez que por construir una Sociedad más
justa, exige una conducta en los pequeños actos de la vida, exige una
entrega a los propios ideales y un activismo vivido como acto de servicio,
que nos han enseñado a menospreciar desde izquierdas y derechas, en nombre
de la toma del poder, de los grandes éxitos de la gran escala o
sencillamente, por un culto irracional a la eficiencia. Es que se han
compartido escalas de valores entre víctimas y victimarios y eso es
precisamente lo que hoy está cambiando. En ese sentido, modificar la mirada
implica una revolución. Desmontar la selva Salteña como hace el Señor
Esztain de la empresa CRESUD, que es también, dueño del shopping Alto
Palermo en Buenos Aires, es a todas luces un crimen incalificable contra los
ecosistemas de selva, que aporta al cambio climático y a la desaparición de
los bienes de que podrían disponer las próximas generaciones de argentinos.
El problema es que hasta ahora a la rapiña a gran escala de esta oligarquía,
solamente le hemos opuesto el maltrato relativo del monte, por parte de
campesinos que utilizan un quebrachito de veinte años para hacer un
miserable poste o que, hacen carbón con los árboles del monte para el típico
asado de los argentinos. Es el caso asimismo, de tantas familias que
utilizan el Chaco para la cría de cabras, y resulta fácil ver desde el aire
los “peladales” alrededor de las casas, consecuencia de la desaparición de
toda cobertura, por el modo en que se alimentan los caprinos. Y los hemos
exculpado porque el daño resulta irrisorio comparado con las devastaciones
tecnológicas que ahora se aplauden como progresistas. Pero eso no justifica
que en tantos años, no hayamos sido capaces de hallar modelos productivos
adecuados al medio, modelos que posibiliten sustentabilidad. Que, debido a
modelos extractivos y de agricultura industrial, provincias enteras vivan en
la emergencia año tras año, pasando con aceptación resignada de la sequía a
las inundaciones, y reclamando cada vez, ayudas y subsidios, sin reconocerse
que esa situación es el producto de la estulticia de sus gobernantes y de la
extrema sumisión a los Agronegocios, de organismos como el INTA.



No hay víctimas, lo que hay en todo caso, es gente que no pelea
suficientemente sus derechos. Todos tienen armas a su alcance para reclamar
justicia y también, para luchar por la justicia, y las primeras armas son
siempre la conducta, la conciencia y la palabra, después viene el espíritu
de la Ley que nos ampara en nuestros derechos a un ambiente sano, y que cada
vez más, y más jueces están reconociendo operativa. El primer deber de todo
hombre y mujer es el de asumir la propia humanidad. Ello implica muchas
veces, tener que luchar y arriesgar la propia vida, y ello implica también
una conducta con el medio que permita ser reconocido. No podremos enfrentar
a los devastadores sino somos capaces de generar modelos sustentables, sino
somos capaces de asumir el entorno como parte de una humanidad que se nos
retacea también, en la injusticia y en la iniquidad.



Se pretende detener la debacle que viene con inversiones en nuevas rutas y
en obra pública, con aliento al consumo especialmente automotriz, con planes
de viviendas y la generación de empleos urbanos. Se refieren al necesario
aumento del producto bruto y del crecimiento, y nos lo repiten como si fuera
un mantra. Eso está absolutamente destinado al fracaso. Es justamente la
economía del crecimiento la que está en crisis, la que ha llegado a un punto
de no retorno. Ese modo de tratar de salir de las complicaciones actuales
con mayor crecimiento, como si dijéramos que para salir de los problemas,
deberíamos problematizarnos más… es lo que ha fracasado a nivel global, pero
es también, lo que ha fracasado entre nosotros. Es esa idea del país
campamento, la mirada del invasor en quienes no terminan de aceptarse y
aceptar el entorno. Es esa idea del derrame que prima en las reuniones de
los intelectuales, ese desarrollismo progresista que pasa indiferente frente
a los niños que duermen en la calle…. Este modo de vivir es insensato y
estoy convencido que nuestros funcionarios lo sospechan, pero los negocios y
los compromisos los tienen atrapados. Frente a la economía del crecimiento
existe como antinomia una economía de los cuidados, de los cuidados por el
medio y por los más indefensos. Llegó el momento de cuidar a nuestra gente,
ya crecimos, ya desmontamos; ya tenemos mucho, pero mucho más parque
automotor del que necesitamos, ya tenemos carreteras, ya tenemos mucho más
de todo lo que necesitamos…o que podríamos necesitar… llegó el momento de
cuidar de nuestra gente, de cuidar de la tierra, de cuidar del bosque que ha
sobrevivido, llegó el momento de planificar el esfuerzo, de medir las
inversiones en energías humanas que se realizan. Es el momento de pensar con
criterios de sustentabilidad los modelos productivos, es el momento de
planificar para que los alimentos que pongamos en la mesa sean llegados de
cercanías, sin packaching, sin cadenas de fríos, sin fechas de vencimiento.
Es la hora de los mercados de pequeños productores, la hora de bajarse de la
soja y de los modelos de agro exportación. Es la hora de modificar las
miradas que han fracasado, el momento de ver el mundo con otros ojos…



Jorge Eduardo Rulli

http://horizontesurblog.blogspot.com/



[Se han eliminado los trozos de este mensaje que no contenían texto]




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