EDITORIAL DEL DOMINGO 11 DE ENERO DE 2009
La crisis que conmueve a los países centrales, que barre con las previsiones
de los expertos, y que continúa haciendo subir los índices del desempleo en
los Estados Unidos, es el producto de la extrema insensatez de lo que se
llamó la Globalización. El banquero Madof, que estafó en más de cincuenta
mil millones de dólares a miles y miles de los hombres y mujeres más ricos
del mundo, y que afectó gravemente los aportes de los grupos sionistas
norteamericanos al Estado de Israel, no actuaba de manera demasiado
diferente a como lo hacía cualquiera de esos otros tantos banqueros y
ejecutivos de corporaciones, que ahora están siendo premiados con cientos de
miles de millones de dólares por el gobierno norteamericano, en este caso,
para evitar que el desplome de sus empresas provoque una mayor estampida
financiera. La insensatez reinante no se cura sin embargo, con inyecciones
de dinero. Esta locura que llamamos globalización es la consecuencia de la
codicia sin freno, del desinterés absoluto por la vida humana, del desprecio
por la ecología y por la suerte del planeta, de la pasión por la gran escala
y de la alimentación frenética del consumismo. Lamentablemente, la
insensatez generalizada y los mayores extravíos, parecen señalar los
destinos de una época. La insensatez, es la maraña en que se nos envuelve y
que deberíamos cada mañana limpiar de nuestros ojos, para volver a ver el
mundo con ojos humanos. La maraña conque la insensatez enturbia nuestros
ojos, es una maraña de intereses conspirativos, una maraña de desinformación
y de inauditas complicidades. Que se nos presente como guerra, el ataque de
un ejercito regular sobre una ciudad abierta, con previo ablandamiento por
la artillería y con bombardeos aéreos, la ofensiva de un ejército que avanza
sobre la población con una vanguardia de blindados, sobre una zona
absolutamente urbanizada y encerrada entre el mar y unas fronteras
taponadas, donde se amontonan un millón y medio de seres atrapados, sin
Estado y sin ejército propio, con una infraestructura absolutamente
desmantelada y en una situación de miseria material como no conocieron ni
siquiera los ghetos europeos en su peor época de miserias, es parte de la
manipulación abusiva de la que somos objetos en el reino de la insensatez.
Se trata de cumplimentar con la martirización de Gaza, la doctrina de las
zonas de sacrificio que los sionistas aprendieron en los campos de
exterminio, donde resulta aceptable el crimen horrendo de permitir
concentrar mujeres y niños como refugiados, en los locales de las Naciones
Unidas tal como han hecho reiteradamente, para luego bombardearlos con
impunidad y terminar con la resistencia, no de aquellos a los que se dice
combatir, sino de los que todavía por ser niños, no llegaron siquiera a la
madurez para decidirse a hacerlo… En la antigua Yugoeslavia a estos
genocidios se lo llamó limpieza étnica. ¿Por qué razón en medio oriente, el
mismo sistema parece legalizarse bajo formas de enfrentamientos militares o
acaso de errores de procedimientos militares?
No podemos los argentinos, permitirnos ignorar las relaciones entre aquella
espantosa realidad que esta viviendo Palestina y nuestra propia realidad de
país sometido a las Corporaciones y al poder financiero internacional.
Durante la crisis del campo tuvimos serios debates acerca de la existencia
real de la llamada oligarquía vacuna y acerca del poder de los sojeros en el
nuevo escenario de una Argentina globalizada. Repetidamente recordamos que
la Sociedad Rural no expresaba lo que alguna vez había expresado
socialmente, y que para su dirigencia era más importante los beneficios que
le prestaban el uso del predio ferial de Palermo que sus antiguos rodeos. En
ese sentido, manifestamos reiteradamente que, construirla como enemigo tal
cuál se hizo en los días de la crisis del campo, constituía una maniobra que
empañaba toda interpretación inteligente de la situación, equivocaba la
lectura de las relaciones de poder y ocultaba la tragedia profunda de una
Argentina neocolonizada. Dijimos asimismo, muchas veces, que tanto la
ganadería como la lechería sufrían de una crisis crónica producto del
menoscabo hacia ellas, de las políticas oficiales, y que resultaba común que
muchos productores subsidiaran sus módulos de carne o de leche haciendo soja
en el resto de sus tierras. No obstante, buena parte de esos intelectuales y
de esa izquierda setentista que juegan a ser los nuevos mandarines de una
cultura libresca, insistieron en sus quedadas tesis y no vacilaron en
confrontar abiertamente con las posiciones del GRR. Las consignas contra la
oligarquía vacuna son parte del carnaval tradicional de un progresismo y de
una izquierda insensata. En muchos pudo ser un error de apreciación, tal vez
una incapacidad de adecuar las nuevas miradas a la realidad cambiante de la
nueva Argentina globalizada, una excesiva esquematización de la historia que
conspira contra la comprensión de la realidad. Si, pudo ser un error.
Justamente la Nación del día de ayer trae una interesante crónica sobre la
intimidad de Gustabo Grobocopatel que vale la pena mencionar. En uno de sus
párrafos, los cronistas nos dicen: “En la tierra de la "oligarquía
ganadera", católica, pocas décadas atrás hubiera sido impensable que un
judío llegara a ser "el rey de la soja", el principal referente nacional de
la agricultura. Claro que se trata de una nueva agricultura, donde tener
grandes extensiones de tierra -Grobo las tiene- es menos importante que
saber armar grandes redes de servicios productivos y financieros y de
conocimiento. Hace rato que la elite está cambiando”. Hasta allí La Nación,
que si algo sabe es acerca de esto de si es más o menos importante que
antes, el hecho actual de tener tierras o arrendarlas… Lo que nos
preguntamos es, qué ocurre con nuestros analistas, con esos editorialistas
de izquierda y con esos miles de intelectuales nacionales y populares que no
supieron ver lo que tienen delante de los ojos. Aún más todavía, que no
saben ver, lo que durante más de diez años les pusimos delante de los ojos.
La pregunta que nos hacemos es si no comprenden o acaso no quieren
comprender.
Ahora, a la luz de los acontecimientos de Palestina y debido a los enormes
desmontes que se producen como consecuencia de la aprobación de la Ley de
preservación de los bosques y del apuro de ciertos gobiernos provinciales y
de muchos depredadores por avanzar sobre la selva con pasturas para la
ganadería y la caña para la producción de biocombustibles, quedó al
descubierto, quienes son los mayores tenedores de tierra y los mayores
poseedores de ganado. No es precisamente la vieja oligarquía, derechista,
católica y patricia, contra la que embistieron los progresistas durante los
días de la crisis del campo, sino una nueva oligarquía prebendaria vinculada
con el poder financiero internacional, una oligarquía de origen inmigrante
que, como el señor Elsztain, que es miembro de la Jabad Lubavitch, un grupo
religioso de fanáticos ortodoxos, que usan barbas, sacos y sombreros negros
como en la antigua Rusia, aprendió a vincularse y hacer negocios, con otros
grandes financistas como el señor Midlin y el señor Soros, en los bares y en
los hoteles de Tel Aviv, y que en algunos casos, tal como el señor Elsztain
a pesar de ser de origen argentino, son dirigencia del Consejo Judío
Mundial, el gran sostén norteamericano del Estado de Israel. Cuando nos
informamos que hasta las oficinas de Puerto Madero, desde las que se
teledirige el poder político en la Argentina, pertenecen a este sector de la
nueva oligarquía financiera, comercial y ganadera vinculada al Sionismo, nos
preguntamos con razón si acaso, muchos de los desacuerdos tenidos por
nosotros con tantos intelectuales de la izquierda progresista, acerca de la
interpretación de la realidad argentina, no fueron más que la consecuencia
de sus complicidades intelectuales con las fuentes de financiación que los
subsidian. Así de sencillo y de terrible nos lo estamos planteando y
debemos confesar que nos es doloroso preguntarlo, porque a muchos de esos
intelectuales les hemos tenido un gran respeto.
Que la política excluya lo ecológico resulta cada vez más demencial y nos
sorprende que sean tantos los que no puedan comprenderlo. De hecho ya no
resulta una insensatez, sino algo mucho más grave todavía: la insensatez
deviene en este caso un acto liso y llano de suicidio por estulticia
extrema. No se puede salir de una crisis de sobreproducción y de sobre
consumos con más de lo mismo, o sea incentivando el consumo…. No podemos
tener por consejeros a los mismos personeros de los poderes financieros que
nos condujeron a la debacle que vivimos. Y lamentablemente es lo que se
hace. Si frente a las mayores amenazas al Capitalismo de los últimos ochenta
años, todo lo que se les ocurre es subsidiar a las empresas automotrices
para abaratar los automóviles 0 Kilómetros, y planificar corrales de engorde
para cientos de miles de terneros que no tienen destino por falta de
políticas lecheras, estamos evidentemente, muy, pero muy mal. Estamos en el
paroxismo de la insensatez y de la estupidez, y por ello mismo obligados a
comprender que no tenemos dirigencia, y que deberíamos comenzar a tomar el
destino en las propias manos. Esto que propongo, no implica la
confrontación, ya que desgraciadamente la construcción de la confrontación,
parte corrientemente de las mismas reglas que quedaron sin sustento de razón
en medio de la insensatez y la debacle. No estamos por otra parte, pensando
en cambiar los protagonismos para continuar igual, sino que pensamos en
modificar las reglas para generar un proceso de emancipación que le permita
al común reempoderarse del propio poder que ha ido cediendo con el tiempo.
Estamos sugiriendo actuar en los innumerables espacios que a diario se nos
abren, espacios que son como hemorragias por donde se diluye el poder de la
centralización y de los proyectos de Crecimiento, a la vez que se
acrecienta el poder de la descentralización y de los desarrollos humanos,
que es el poder nuestro, que es nuestro poder... Estamos sugiriendo actuar
en esos nuevos territorios de la creatividad social, para establecer nuevos
escenarios de reflexión y de reconstrucción de la comunidad. Ellos, tal como
en Palestina, como en Alto Palermo y en los Shopping de los que son dueños,
tal como en los nuevos edificios torres de Puerto Madero, en los desiertos
verdes de la soja o en los desmontes salteños, han optado decididamente por
el partido de la gran escala y del Crecimiento, que es el partido de la
muerte, de la debacle financiera y del colapso ambiental. Nosotros, cuando
hablamos de emancipación, de Ecoconsumos, de Soberanía Alimentaria, de
preservación ecológica, de parto y de medicina natural, de reemplazar las
bolsitas de polietileno, de producciones sustentables de alimentos sanos, de
mercados de cercanías o de respeto por los desarrollos locales, estamos
apostando a favor de la vida y de una Sociedad más justa, en que la
felicidad sea un objetivo tanto deseable como posible. No podríamos perder
esta guerra pese al martirio de Gaza y pese a que estos nietos y bisnietos
de inmigrantes paupérrimos, son hoy la nueva oligarquía financiera que ha
tomado el poder, y por más que parezca que ellos vienen ganando esta guerra,
porque si ellos, realmente la ganaran, sería el definitivo triunfo de la
insensatez, el desprecio irreversible por la poesía, por todo lo bello y por
todo lo humano que la historia ha conocido y valorado, y por tanto el
suicidio de la especie y el final del Planeta que habitamos. .
Jorge Eduardo Rulli
http://horizontesurblog.blogspot.com/
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